Kit de limpieza Montessori: Por qué es buena idea regalar a los peques utensilios de limpieza

En casa todos colaboramos con las tareas del hogar. ¡Sí, sí: el peque también! Los niños son imitadores innatos y podemos aprovechar ese instinto natural de imitación para inculcarles desde pequeñitos sus responsabilidades mediante el juego de forma segura con un kit de limpieza Montessori.

Vida práctica Montessori: kit de limpieza Montessori

Hay una vertiente de la pedagogía Montessori fascinante, que promueve la autonomía de los peques y enseña a los niños y niñas las habilidades para la vida cotidiana. Es lo que se denomina Vida Práctica, e incluye multitud de materiales tales como kits de limpieza para limpiar cristales, zapatos, suelos, pelar y cortar fruta, etc.

A mi hijo le encanta ayudar a limpiar la casa, participar de las actividades cotidianas (así se fomenta en los niños el sentido de pertenencia) y mostrarse participativo y colaborador con las tareas domésticas. Lleva haciéndolo desde los 2 ó 3 años pero claro, resulta peligroso dejar a sus anchas a un peque de estas edades con el mango de una escoba porque podría lastimarse. ¿La solución? Regalarles materiales seguros diseñados y testados para el uso infantil.

Nuestro set de limpieza de madera, por ejemplo, es de la tienda online de juguetes educativos Mumuchu. Nos gustó, no sólo porque ya habíamos probado muchos materiales de Janod con fantásticos resultados, sino porque tiene un precioso diseño e incluye todos los accesorios de limpieza necesarios para que los peques pueden barrer, quitar las migas de la mesa o las pelusillas del sofá y fregar el suelo.

Se trata de un set de limpieza de madera, con un tamaño adecuado para ser usado por los niños. Es ideal para enseñar e incitar a los niños desde pequeños a mantener el orden y la limpieza, así como un accesorio perfecto para los juegos de rol o simbólicos.

Con él pueden colaborar en las tareas del hogar de forma segura. ¡Es una forma divertida de aprender jugando! Incluye una escoba o cepillo de barrer, una fregona, un cubo, un recogedor y una escobilla. Está fabricado en madera de excelente calidad con piezas de plástico resistente. Todo ello, en una gama de colores unisex muy fresca y divertida: verde, rojo y amarillo.

Los accesorios son ligeros y su tamaño es perfecto para peques de entre 2 y 6 años. ¡El peque está encantado! Creedme cuando os digo que hasta la fecha, es uno de los juguetes que más éxito ha tenido en casa. La clave de su triunfo está en que permite hacer al niño la misma actividad que sus papás, pero de forma segura para él.

Juego simbólico

El carrito de limpieza no es el único juguete para imitar las tareas cotidianas que podéis encontrar en Mumuchu. La tienda especializada en materiales de juego pedagógicos cuenta con un gran catálogo de juguetes de imitación (aquellos que posibilitan a los niños y niñas practicar diferentes roles y les ayudan a aprender a realizar actividades que ven en su vida cotidiana) como cocinitas, juegos de oficios, etc.

La ventaja de los materiales para las tareas domésticas es que además de proporcionarles una sana actividad con la que divertirse jugando, los peques aprenden mientras juegan. Y es que colaborando en las tareas del hogar los niños y niñas aprenden orden, limpieza, rutinas, responsabilidad, trabajo en equipo…

Todos los materiales son réplicas a tamaño reducido de las herramientas y accesorios que los adultos utilizamos en la vida real. De hecho, más que juguetes son útiles de limpieza en miniatura, fabricados de forma resistente y con materiales adecuados al uso que se les va a dar.

Son materiales realistas, réplica de diferentes utensilios cotidianos que los peques están acostumbrados a ver en casa y con los que también quieren jugar: escobas, cepillos, fregonas, etc.

Sentido de pertenencia y significado

El sentido de pertenencia es el sentimiento o la conciencia de formar parte de un grupo del que adquirimos modelos de referencia que influyen directamente en la formación de nuestra personalidad.

Tiene su origen en la familia, ya que es el primer grupo al que pertenecemos, y está muy relacionado con la construcción de la propia identidad. El sentido de pertenencia es vital para nuestro desarrollo como especie y fundamental para el desarrollo evolutivo de los pequeños.

Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza, necesitamos establecer lazos de conexión y vínculos afectivos con las personas que nos rodean, sentir que somos importantes para ellos y que se nos tiene en cuenta.

Por eso, para los más pequeños es especialmente importante el sentido de pertenencia y el de significado. Todo comportamiento tiene un propósito cuya meta es la pertenencia y el significado. Es decir, sentir conexión con nuestro entorno y sentir que somos importantes, que somos tenidos en cuenta.

Manipular herramientas reales es bueno para su desarrollo

Cuando hablamos de Vida Práctica Montessori, a muchas familias les da miedo que sus hijos puedan hacerse daño manipulando herramientas reales, como utensilios de cocina o de bricolaje. Pero si preparamos el ambiente, les proporcionamos los materiales adecuados y supervisamos sus actividades, no hay nada que temer.

Es bueno que los niños y las niñas pequeños manipulen desde el principio objetos reales (no peligrosos), para acompañar su desarrollo. Y es que utilizar herramientas reales (martillos, destornilladores, cuchillos infantiles, etc.) para realizar sencillas tareas cotidianas es una actividad muy característica de las actividades de Vida Práctica Montessori. De hecho, todas las pedagogías respetuosas con la infancia defienden que los pequeños «trabajen» con objetos reales y cotidianos.

De esta manera, niños y niñas se familiarizan con los objetos que hay a su disposición en la vida real y que necesitan saber utilizar para realizar sus actividades cotidianas. No es lo mismo aprender a manejar un pequeño martillo de madera, por ejemplo, que usar uno de juguete, hueco y fabricado con plástico. Ni el peso, ni la dimensión, ni la experiencia de uso, ni su funcionalidad pueden ser nunca las mismas.

Esta vertiente de la pedagogía trata de dotar de autonomía a los niños pequeños para favorecer su desarrollo e involucrarles en las actividades cotidianas (cocina, higiene, limpieza, bricolaje, etc.). De esta forma, pueden participar de la vida familiar, aprenden cómo funciona el mundo a su alrededor y se desarrollan y crecen como personas capaces.

Por supuesto, el sentido común debe imperar. No debemos dejar que, por ejemplo, los más pequeños entren solos en la cocina o practiquen al lado de los fuegos encendidos. Un entorno supervisado y seguro, libre de objetos o zonas peligrosas y una correcta supervisión (sin intervenir si no es preciso), son necesarios en las primeras etapas.

Pero también lo es la confianza en los niños y en su capacidad de aprendizaje. Ellos, de forma innata, nacen con todos sus sentidos preparados para explorar y adaptarse a su entorno. Su mente nunca vuelve a ser tan absorbente como en sus primeros años de vida y nuestro papel es saber acompañarles sin resultar invasivos, con respeto y confianza.

Autonomía: «¡enséñame a hacerlo solo!»

En los hogares y aulas Montessori, a los niños y niñas se les enseña desde muy pequeños a hacer tareas cotidianas tales como barrer el suelo, limpiar la mesa, cortar el pan, limpiar zapatos, servir agua con recipientes de cristal, prepararse un almuerzo sencillo, hacer pan, etc. Estas actividades además, fomentan muchísimo el desarrollo psicomotriz de los pequeños.

De esta forma, aprenden jugando desde muy pequeños cómo se cocina o se lava, cómo se limpia o se ordena, etc. Además, este tipo de juegos (siempre supervisados) ofrece un riesgo mínimo que les resulta atractivo y desafiante.

Por otra parte, a los peques les motiva e incentiva sentir que forman parte y son incluidos en las actividades familiares. ¿No os habéis fijado el gozo que obtienen imitando a sus padres? Cuando pueden realizar las mismas actividades que los adultos se sienten capaces y ganan confianza, independencia y autoestima.

De ahí el famoso: «¡yo puedo solo!» infantil. Y es que, sentirse capaz es un sentimiento valioso que fortalece muchísimo la construcción de una visión positiva de nosotros mismos.

La metodología Montessori da mucha importancia a la autonomía de los niños a la hora de llevar a cabo actividades que les permiten crecer, desarrollarse y acercarse al mundo de los adultos. Las tareas cotidianas realizadas con herramientas y objetos reales les enseñan a cuidar de ellos mismos y ayudar a los demás, desarrollando su autonomía y habilidades.

Educar en valores, educar en igualdad

Hace años tuvimos una pequeña invitada en casa que se sorprendió muchísimo cuando vio que el papá de Diego sacaba la escoba para barrer la cocina. «¿Tú papá limpia?», preguntó (o exclamó, más bien) al aire la peque. «Sí, cielo, en esta casa todos hacemos de todo. Como debe ser», fue mi respuesta.

Así es. Nosotros somos partidarios de educar en igualdad a los niños y las niñas. Los juguetes de imitación y los materiales de la Vida Práctica Montessori nos ayudan a cumplir este objetivo. Mi peque ha tenido tiene balones, coches y garajes; pero también una casita de muñecas, cocinitas de juguete, carritos de mercado y ahora su propio set de limpieza.

De pequeños, los niños no hacen diferenciaciones de género. De hecho, a todos (niños y niñas) les encanta ayudar a sus mamis y papis a limpiar la casa cogiendo trapitos para limpiar el polvo, moviendo el plumero de aquí para allá o sujetando el recogedor mientras barremos. Somos nosotros, los adultos, quienes les transmitimos estereotipos.

Durante la primera infancia, los niños y niñas comienzan a convertirse en pequeños clones de sus mamis y papis y empiezan a reproducir los roles y patrones que han visto hasta ese momento en su casa y en su entorno. Educarles en igualdad es la única manera de construir una sociedad igualitaria para los hombres y mujeres que la formarán el día de mañana. Nuestros hijos e hijas.

 

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