¿Tu peque tiene un juguete del que no se separa? Se trata de un objeto de apego ¡y es mejor no quitárselo!

¿Tu peque tiene un juguete del que no se separa? Se trata de un objeto de apego ¡y es mejor no quitárselo!

Algunos niños pequeños tienen un objeto especial del que no les gusta separarse o al que recurren cuando necesitan consuelo. Puede ser un osito, un muñeco, una mantita, una almohada, un cojín o cualquier otra cosa especial para ellos. Los objetos de apego de los niños son fetiches que necesitan para sentirse tranquilos y seguros. Antes o después terminan por separarse de ellos, pero no debemos quitárselos a la fuerza ya que es un importante recurso para su desarrollo emocional y afectivo.

¿Qué es un objeto de apego?

Un objeto de apego es un compañero inseparable y especial que ayuda a un niño pequeño a gestionar sus emociones negativas y necesidades no satisfechas (los momentos de soledad y separación de sus progenitores, sobre todo de la madre; por ejemplo).

También le hace sentir consuelo cuando se siente triste o preocupado por algo. El objeto de apego lo elige el niño y es insustituible. Es el peque quien le ha dado ese importante valor que tiene para él. Por eso, no es posible convencerle para que lo cambie por otro (aunque sea muy parecido).

¿Tu peque tiene un juguete del que no se separa? Se trata de un objeto de apego ¡y es mejor no quitárselo!

No son señal de debilidad ni perjudican el desarrollo y la madurez del niño. Más bien al revés: la relación del niño con su objeto de apego estimula su capacidad de establecer vínculos afectivos y ayuda al niño a expresar sus emociones.

Los beneficios de los abrazos… y las brazadas

Mi hijo de 5 años se pasa el día pidiendo abrazos. ¡Los abrazos para los niños son como el agua para las plantas! Según la OMS, el contacto físico y el cariño ayuda a los peques a crecer sanos y felices. Así que, durante su etapa de crecimiento, el niño necesita abrazos.

El contacto físico amoroso estimula el nervio vago y hace descender la tensión. El abrazo libera dopamina y oxitocina, que son las hormonas del placer. También reduce el nivel de cortisol, asociada al estrés. Los adultos también necesitamos abrazos para estar sanos pero, por desgracia, hay toda una serie de carencias que los adultos normalizamos.

En cambio, las carencias de los niños son necesidades. Así que cuando no reciben los suficientes abrazos (o no saben cómo pedirlos), utilizan un sustituto: las brazadas. La brazadas u objetos de apego, son objetos a los que el niño puede abrazarse tanto tiempo como quiera o necesite.

Son como pequeños «fetiches» que les calman y les tranquilizan. Muchos adultos también los tienen: una piedra de la suerte, una medallita especial para nosotros, una pata de conejo, una almohada favorita sin la que no se puede dormir…

De alguna manera, tiene que ver con la seguridad que da una madre/padre. Nuestro estilo y ritmo de vida nos separa de nuestros hijos muchas horas al día. Sin embargo los niños nos necesitan 24 horas al día a su lado. ¿Cómo concilia entonces el pequeño su necesidad con su realidad? Recurriendo a fetiches exteriores como objetos de consuelo: los objetos de apego o brazadas. Ellos actúan como sustitutos de los abrazos que necesita.

No es bueno quitárselo, pero no te preocupes: es un objeto transicional

A los objetos de apego de los niños también se les denomina objetos transicionales porque objetos de transición, es decir: de paso de una etapa a otra. Puede que les ayuden a superar la etapa en la que el bebé se da cuenta que no es parte de la mamá (sino una persona aparte), que les ayuden a dejar de ser bebés para alcanzar la niñez, acostumbrarse a cambios (como la llegada de un hermanito o el divorcio de sus padres), o quizás les alivie la ansiedad por separación cuando su mami se reincorpore al trabajo…

En cualquier caso, son etapas intermedias en las que los pequeños necesitan aferrarse a algo que les proporcione seguridad y confort. Los objetos transicionales son objetos a los que poder vincularse porque el niño lo necesita.

L@s niñ@s pasan por etapas de transición en varias ocasiones (desde los 6 meses hasta los 7 años, aproximadamente). Como cada niño/a es un mundo, no todos sentirán la necesidad de tener apego hacia un objeto; pero el niño que tenga un objeto de apego no significa que tenga problemas emocionales o los vaya a tener en el futuro.
Es una conducta adaptativa perfectamente normal, e incluso inteligente, que los bebés adoptan por la sociedad en la que vivimos. No es recomendable que le quites ese objeto de apego porque lo necesita para sentirse bien y seguro. Ya llegará el día en el que, simplemente, deje de necesitarlo.

Nuestra sociedad fomenta la necesidad de los objetos de apego

No todas las sociedades fomentan los objetos de apego en los bebés, pero en nuestra cultura se fomenta mucho la independencia de los niños desde que son bebés. Los padres debemos separarnos muy pronto de nuestros hijos e hijas para salir de casa a trabajar, poder ganar dinero y así estar dentro del sistema social establecido. Sin embargo, los bebés no están preparados para separarse de nosotros tan pronto.

¿Qué tipo de apego tienes con tus hijos/as?

Los bebés humanos son totalmente dependientes de su cuidador. Sin ellos no sobrevivirían. Pero no solo las necesidades más básicas de los bebés son importantes (alimentación, refugio, ropa, etc.). También tienen otras igual de importantes: las necesidades emocionales, de afecto y de contacto directo con sus cuidadores principales.

El bebé necesita crear un vínculo afectivo con su cuidador para sentirse seguro, protegido y querido. Resulta imprescindible para su bienestar emocional del futuro. Cuando, por el motivo que sea, el niño tiene que separarse de sus padres (yendo a dormir solo en otra habitación, por ejemplo), necesitan establecer otro vínculo temporal para satisfacer su necesidad de seguridad y confianza que les hace sentir bien.

¿Cuánto tiempo le durará la necesidad de su objeto de apego?

Ya puede estar roto, viejo, mordido, babeado o feo pero el objeto de apego seguirá siendo muy importante para el niño. Este lo seguirá llevando a todas partes o lo buscará cuando necesite consuelo. Aunque muchas madres se plantean quitarles ese objeto cuando ya no son bebés, esto no es recomendable. Debe ser el propio niño el que decida cuándo está preparado para dejarlo.

Por lo general, la edad habitual a la que un niño se apega a un objeto suele ser entre los 4 y los 6 meses de edad. Dicho apego puede durar hasta los 12 años. Sin embargo, cada niñ@ es diferente. Lo habitual es que el objeto pierda significado y valor para el niño de forma progresiva, hasta que ya no lo necesite.

¿Tu peque tiene un juguete del que no se separa? Se trata de un objeto de apego ¡y es mejor no quitárselo!

Así que es recomendable permitir al niño su uso hasta que desarrolle de manera gradual otros recursos que le permitan gestionar sus emociones sin dificultad y con soltura. Entretanto podemos esforzarnos por darles cariño, hacerles sentir amados y hacerles entender que aunque papá y mamá no siempre pueden estar presentes, siempre regresarán. 

Incluso puede decidir conservarlo para siempre. ¡Y no hay nada de malo en ello! Muchos adultos guardan su peluche favorito de la niñez. Conservar recuerdos de infancia con cariño es algo maravilloso.

¿Y si se pierde o necesito quitárselo para lavarlo?

Cuando era pequeña, yo también tenía un peluche del que era inseparable. Se trataba de un conejito al que abrazaba cuando dormía por las noches. Me costaba mucho dormir sola porque tenía miedo a la oscuridad, así que aquel muñeco (que ni siquiera era bonito pero al que aún recuerdo con cariño, a pesar de que desapareció de mi vida hace décadas), era mi objeto de apego.

Como os podéis imaginar, acabó adoptando un feo color gris y mi madre siempre iba detrás de mí intentando lavarlo. Sin embargo, a mí me daba la sensación de que perdería parte de su «magia» reconfortante y tranquilizadora si alguien más lo tocaba o si cambiaba su imagen; así que me convertí en experta en esconderlo por las mañanas.

Entiendo perfectamente que por ser el compañero inseparable de tu hijo el conejito blanco quede de color gris. Y sí, por supuesto, la higiene es importante pero, en el caso de los objetos de apego, es un tema un poco complicado porque parte de su encanto es el olor que ellos mismos dejan en él cuando lo babean, lo arrastran, lo sudan… A ellos no les da asco, sino todo lo contrario: eso lo hace aun más personal, único y especial.

Así que si lo vas a lavar ten mucho cuidado, porque el aspecto y el olor que ha adquirido por uso continuado y el contacto con la piel de tu peque, será determinante y puede ser rechazado por el niño si al lavarlo cambia su imagen, textura o aroma habitual.

Quizás puedas tratas de higienizarlo con un spray específico y no tóxico para niños. O puedes conversar con tu peque para que se de un baño en compañía de su peluche favorito… Pero nunca le engañes para lavarlo sin que se dé cuenta porque notará el cambio y no te perdonará con facilidad. Y, desde luego, bajo ningún pretexto se lo arranques de las manos para meterlo en la lavadora. Tu hijo sentirá que no les estás tratando, ni a él ni a su objeto especial, como se merecen.
¿Y qué hago si se pierde este objeto insustituible? Como decíamos al principio del post, el objeto de apego lo elige el niño y es insustituible por el importante valor que el mismo pequeño le ha otorgado. Por eso, no es posible convencerle para que lo cambie por otro (aunque sea muy parecido).

¿Tu peque tiene un juguete del que no se separa? Se trata de un objeto de apego ¡y es mejor no quitárselo!

Si tu hij@ es de los que van a todas partes con su objeto de apego y, por desgracia, este termina por perderse… A parte de tratar de no entrar en pánico, conserva la calma y ten paciencia. Probablemente el berrinche sea monumental, pero trata de empatizar con tu hij@ y comprender su tristeza.

Toca tener una delicada conversación sobre el sentido de los objetos. Pero ten cuidado: aunque sean solo cosas, para tu peque este objeto tenía un valor muy especial. Además, le tenía cariño. Si el niño se siente comprendido, es más fácil que supere la pérdida en menos tiempo.

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