¿Tu hijo se muerde las uñas? Puede que no sean nervios ni estrés, sino perfeccionismo

La onicofagia o hábito de morderse las uñas, es un problema frecuente en la infancia. De hecho, se calcula que hay un 40-45% de niños que se muerden las uñas.

La edad en la que comienzan a hacerlo ronda los 3 ó 4 años y la mayoría supera esta costumbre con la edad, pero un 10% continúa mordiéndoselas de adulto. Por eso conviene eliminar esta mala costumbre antes de que se vuelva rutinaria. Este mal hábito que puede estar relacionado con varias causas y, para tratarlo adecuadamente, lo primero es saber qué lo provoca.

¿Por qué hay niños que se muerden las uñas?

Morderse las uñas tiene importantes consecuencias para la salud, ya que puede causar infecciones bacterianas, afectar a la unidad ungueal y la cavidad oral. También afecta a la autoestima, ya que podemos sentirnos acomplejados por el aspecto de nuestras manos, y eso puede perjudicar a la interacción con los demás.

Tradicionalmente se ha considerado que morderse las uñas es un hábito nervioso que afecta al 20-30% de la población, sin importar la edad. Sin embargo, en sus últimas investigaciones, los especialistas relacionan este hábito con múltiples y variados factores de origen psicológico como el aburrimiento, el estrés, la preocupación, la frustración, la ansiedad, los nervios, la costumbre e incluso la imitación (si nosotros nos mordemos las uñas, es más probable que los peques también lo hagan).

Incluso (y aquí viene la novedad) puede estar relacionado con el grado de perfeccionismo del niño o adulto que se muerde las uñas. Esto me pareció sumamente curioso cuando lo leí, ya que mi peque se muerde las uñas desde hace relativamente poco tiempo (desde los 4 años), sin que sufra nerviosismo ni sea una costumbre que haya podido observar de ninguno de sus progenitores ni familiares cercanos. Y sí, ¡es un niño extremadamente perfeccionista!

El nerviosismo y el perfeccionismo, las dos causas más comunes de ña onicofagia

Estas son las causas más comunes de la onicofagia. Este hábito es una de las formas de aliviar las preocupaciones o nervios en la niñez (como escuchar discusiones, empezar el cole, hacer amigos nuevos siendo tímido, esperar la llegada de un hermanito, padecer miedo de noche, tener que aprobar un examen, trasladarse de barrio, cambiar de escuela, empezar el insti… etc.).

En cuanto al perfeccionismo, merece la pena mencionar (por lo curioso de su resultado), un estudio publicado en 2015 en el Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry. Dicho artículo académico asevera que el motor de la onicofagia no es la ansiedad, sino el perfeccionismo.

Y es que al estudiar el impacto de las emociones en las conductas repetitivas centradas en el cuerpo concluye que quienes se muerden las uñas suelen ser perfeccionistas y que hacerlo puede ayudarles a calmar su irritación, aburrimiento, frustración o insatisfacción.

No le regañes ni le castigues

Con castigos y amenazas no le vas a ayudar a sentirse bien ni a dejar de hacerlo, porque no lo hace a posta. Es importante, en cambio, identificar si nuestro hijo se muerde las uñas cuando está distraído o si se las muerde cuando existe un motivo para que sufra estrés o ansiedad.

¿Por qué desobedecen los niños?

En el primer caso, morderse las uñas es un hábito inconsciente y lo más probable es que lo deje de hacer por sí mismo (cuando, al madurar, sea más consciente de sus actos y las consecuencias de los mismos). En el segundo caso, tendríamos que intentar descubrir cuál es la causa de su ansiedad (un problema en el cole, la llegada de un hermanito, un divorcio, timidez asociada a interacciones sociales, vergüenza, un cambio de vivienda…)

Morderse las uñas también puede ser una manía asociada a una actividad concreta como ver la tele. Lo mejor en este caso es hacer consciente al niño del momento en que se muerde las uñas y proporcionarle algún pequeño objeto para que lo manipule o hacerle entrelazar los dedos de las manos. Así conseguimos sustituir el mal hábito por una asociación inocua (ver la tele y apretar una pelota de goma, en lugar de ver la tele y morderse las uñas, por ejemplo).

En el resto de casos de niños que se muerden las uñas, aunque no les regañemos sí es conveniente intervenir para que lo identifiquen y empiecen a controlarlo. Lo haremos siempre con paciencia, naturalidad y suavidad; sin mostrar insistencia ni enfado (si insistimos mucho se puede convertir en una lucha de poder).

Los niños pequeños también pueden morderse las uñas para imitar a alguno de sus padres. En tal caso el trabajo comienza por nosotros mismos. Como a menudo se trata de un acto inconsciente, es aconsejable explicarle que aunque nosotros lo hagamos, es un mal hábito que nos gustaría corregir. Para ello podemos pedirle su ayuda y hacer que nos avise para corregirnos cada vez que nos vea hacerlo.

Cómo corregir este mal hábito

Para contribuir a que deje de morderse las uñas, debemos intentar que sea consciente de lo que hace y de sus consecuencias, y ayudarle a abandonar esta costumbre siguiendo los siguientes pasos:

  • Haz que se dé cuenta. Debes alertarle cuando esté haciéndolo para que sea consciente, no como reproche.
  • Explícale que le perjudica. Le explicaremos las consecuencias que tiene para su salud morderse las uñas y así sabrá que no le damos «la tabarra» por capricho, sino por su propio bienestar (se hace daño, provoca heridas e infecciones, los dientes se desgastan, da mala imagen…). Hay que adaptar la explicación a la edad del pequeño. Es importante explicarles las cosas a los niños, para que las entiendan, asimilen e interioricen. Evitad el «porque sí» o «porque lo digo yo y punto». No sirven de nada.

  • Busca soluciones. Pacta con él las soluciones: poner tiritas divertidas en las uñas o comprar en la farmacia algún producto no tóxico específico para evitar que se las muerda. Practicar algún método de relajación (en el caso de que e las muerda debido a los nervios o la ansiedad), también puede ser útil.
  • Felicítale por sus avances. La burla o el castigo aumentan el problema, ya que favorece la ansiedad.

Cada niño es un mundo y es necesario ir probando hasta acertar con lo que funciona en el caso concreto de nuestros hijos.

 

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