El mundo cambia, se impone un cambio de valores: practica el «slow parenting» y disfruta más de tus hijos

Nuestro actual ritmo de vida nos impone prisas y estrés. La velocidad no es buena para nadie, pero menos para los niños. Ellos tienen su propio ritmo. Las madres y padres tenemos que adaptarnos a ellos, y no al revés. Pero, ¿cómo conseguirlo sin renunciar a nuestro estilo de vida? Te proponemos practicar el «slow parenting» para disfrutar más de tus hijos.

¿Qué es el «slow parenting»?

Las prisas nunca son buenas y mucho menos para el desarrollo y la educación de los niños y niñas. El «slow parenting» es un modelo de vida para familias que nos permite educar en la calma.
El concepto de maternidad/paternidad «slow» es un enfoque que nace del «Movimiento Slow», que aboga por llevar una vida más plena y desacelerada, poniendo especial énfasis en disfrutar de un contacto prolongado con el presente.
Pero, ¿cómo conseguir que que el momento actual no quede sepultado por las preocupaciones, el trabajo, los quehaceres cotidianos y las obligaciones del futuro inmediato? ¿Cómo poner en práctica el slow parenting con nuestros hijos?

12 ideas para llevar a caso el slow parenting con nuestros hijos

Los siguientes 12 consejos prácticos te ayudarán a conseguir ser capaz de disfrutar de tu familia y ofrecer una crianza plena a tus hijos, sean cuáles sean tus rutinas y estilo de vida.

Ser un modelo de “calma” para tus hijos

Parece que en la actualidad tenemos muchísimo miedo a que los niños «se aburran». Sin embargo, combatir el aburrimiento hace que los peques desarrollen muchísimo la imaginación, una capacidad innata a todos los seres humanos que, no obstante, muchos adultos vamos perdiendo con el paso del tiempo. El aburrimiento nos estresa… ¿No resulta un poco contradictorio?

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Nuestro ritmo de vida y nuestro sistema socioeconómico, nos han hecho sentir culpables por «no hacer nada». Parece que tenemos que ser productivos todo el tiempo, a cada hora. Pero la quietud y el silencio son, en realidad, una herramienta de salud física y emocional.

Enseñemos a nuestros hijos a detenerse para escuchar los sonidos de los pájaros, el viento entre las ramas de los árboles o una canción con los ojos cerrados. Démosles ejemplo para que aprendan a disfrutar mirando las estrellas, el vaivén de las olas del mar, el vuelo de una mariposa o un atardecer. Busquemos junto a ellos formas en las nubes o aspiremos la fragancia de una flor… en silencio. 

Acompaña y observa a tus hijos. Ellos te enseñarán cómo

Los hijos son grandes maestros de vida. Obsérvales para aprender de ellos. Fíjate en qué actividades de observación llevan a cabo a lo largo del día… Si exploran el entorno o siguen el camino de unas hormigas, si miran las formas de las sombras proyectadas sobre una pared o les gusta ver llover a través de la ventana.

Siéntate a su lado y no les interrumpas. Aprende de ellos en silencio. Entrena tu curiosidad para estar a su altura, y la empatía para poder ponerte en sus zapatos y ver las cosas con sus ojos. No comentes nada, solo acompáñalos.

No programes todo su tiempo

¿Quién no tiene un grupo de whatsapp con las familias del cole, y observa como hay madres y padres «perfectos»? Esos que nos hacen sentir «inferiores» y nos estresan porque sus hijos e hijas no dejan de hacer cosas «productivas» en todo el día… mientras los nuestros saltan sobre el sofá, persiguen al gato o pintan las paredes.

Sí… ¡ya sé que muchos os vais a sentir identificados! ¡Yo también! ¿Y dónde deja todo eso espacio a la espontaneidad y la improvisación? ¿Dónde a la felicidad de hacer «lo que nos nace» en cada momento?

La necesidad de controlar cada aspecto de la vida de nuestros hijos es, en realidad, una actitud neurótica fruto de un mal común en nuestro tiempo: la falsa sensación de seguridad que nos da tener el control. En realidad no se puede tener todo bajo control ¡y tampoco es saludable!

La vida tiene un componente de incertidumbre maravilloso que hace que esta se desenvuelva a nuestro alrededor independientemente de nuestros planes.

Al dejar a los peques tiempo y espacio para la improvisación, su innata creatividad florece en todo su esplendor. Si les dirigimos toda su jornada, no solo pierden la posibilidad de desarrollar su imaginación… Sino que también les estamos impidiendo mostrarse como realmente son.

Déjales ser ellos mismos. Ellos no son tú

No proyectes expectativas en tus hijos. Atrévete a descubrirles tal y como son. Olvídate de tus deseos y planes sobre que quieres que sean de mayores o como quieres que actúen de pequeños… Y escúchales.

Tu hijo YA ES. Cada niño tiene su carácter, su personalidad, sus gustos y preferencias, sus sueños e ilusiones, sus capacidades únicas y maravillosas… Descúbre sus talentos y acompáñalo en su desarrollo. Aprende a querer a tu hijo por quien es, no por lo que hace. No le obligues a hacer cosas para ganarse tu aprobación. Transmítele que el amor verdadero es incondicional.

Puede que tu peque tenga tu color de ojos o tu misma habilidad para practicar un deporte… pero tal vez haya una o varias capacidades distintas en él que le hagan ser único y especial. No te frustres ni te decepciones si prefiere el pincel a la calculadora científica. Tal vez no sea tan hábil como tú en las matemáticas… ¡pero Picasso nunca las necesitó!

Dedícales un tiempo exclusivo

Estamos acostumbrados a escuchar que el único tiempo «válido» que pasamos con los hijos es aquel que es «de calidad». Pero no es cierto, todo el tiempo que pasamos con ellos, cuenta. Los niños aprenden por imitación y nosotros somos su ejemplo, su modelo de referencia.

De ahí la famosa frase: «No te preocupes porque tus hijos no te escuchan, ellos te observan todo el día». Y lo hacen incluso cuando no les estamos prestando atención. Ellos sí que nos la prestan a nosotros. Todo el día. A cada momento. En realidad, ellos nos prestan a nosotros mucha más atención que nosotros a ellos. Y la suya es una «constante», aunque no siempre sea «consciente».

Además, ¿qué es exactamente el «tiempo de calidad»? Transmitimos valores a nuestros hijos incluso cuando no somos conscientes de ello… Pero si sustituimos la palabra «tiempo» por «atención» se entiende mucho mejor, ¿verdad? Así que si tu apretado horario solo te permite estar con ellos varias horas al día, durante las mismas deja de hacer otras cosas. Préstales «atención de calidad».

Nos han inculcado la función «multitarea» como si fuera algo positivo, pero no lo es. No sé a vosotros, pero a mí los champús y acondicionadores 2 en 1 nunca me han dado tan buen resultado como los productos específicos… Prestar «compañía» a los peques mientras «trabajamos» a su lado no vale. Eso no es estar con ellos.

Regálales parte de tu tiempo en exclusiva. Cuando estés con ellos, estate solo para ellos. Sin nada más que hacer que prestarles atención. Ese SÍ que va a ser un tiempo de calidad, aunque sea poco. Ellos lo valoran muchísimo.

No ir siempre con prisas

El tiempo libre es un valor caro y escaso en nuestra sociedad. Como consecuencia, vamos acelerados todo el día… ¡Incluso cuando hacemos cosas con los niños! Queremos que terminen de comer en una hora, que nos de tiempo a verlo todo en un museo, que acaben todas sus tareas programadas en el día, que nos de tiempo a realizar todos los recados antes de ir al parque…

Y así, sin darnos cuenta, les contagiamos un estrés para el que no están emocionalmente preparados y que afecta muchísimo a su desarrollo. Hay que dar tiempo y espacio a las actividades con los niños y empatizar con ellos.

A menudo estos seres humanos pequeñitos oyen “la llamada” de algo en especial y se quedan ensimismados observando durante un buen tiempo eso que les llamó tanto la atención o necesitan repetir lo mismo infinidad de veces.

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Los niños son así. No son adultos. Es un error pretender que se comporten como tales (link castigarles x ser niños). También lo es enfadarse si no lo hacen. Es un error pretender que se comporten como tales. Sus tiempos son diferentes. Sus prioridades también.

No les estreses con tus “tenemos que”, relájate y disfruta con ellos. Si no eres capaz de experimentar la vida, aprende de ellos. Sentir es más importante que hacer. Al fin y al cabo, la vida no es una lista de tareas cumplidas.

Menos es más

No es necesario que un niño tenga todos los juguetes o cosas que desea, que están de moda o que tienen sus amigos. Eso son meras distracciones y entretenimientos. Lo único que un niño realmente necesita es a ti como madre o padre. Tu compañía, tu atención y tu cariño son sus principales nutrientes. NADA puede sustituir eso. 

Recuerda que la infancia es efímera. Disfruta de cada momento de esta etapa de la vida de tus hijos, porque pasará… Y ya no será recuperable. Así que date tiempo para observarles mientras duermen, prolonga los abrazos y disfruta oliéndoles el cabello con los ojos cerrados… Les estarás enseñando lo que es el AMOR, la única gasolina que necesitan para ser felices.

Apaga las pantallas

La televisión, la tablet, el ordenador, la vídeo consola y el teléfono móvil deben permanecer apagados cuando estemos dedicando atención y tiempo a nuestros hijos. Dales ejemplo y hazlo tú primero.

No puedes pretender controlar el uso que tus hijos hacen de las tecnologías si cuando estás con ellos en casa, en el parque o en de vacaciones estás con la cabeza baja revisando el correo electrónico o whatsappeando desde tu teléfono.

Establece normas para ello. Por ejemplo, cuando la familia se siente a comer, apagad la tele y silenciad los móviles. De esta forma fomentaremos la comunicación y el diálogo familiar. Todo lo cual nos permite reformar la confianza y el vínculo afectivo. Y no, no vale echar un vistazo rápido y a escondidas al móvil. Si sientes la tentación, es mejor que no lo lleves encima en casa.

Proporciona a tus hijos juguetes sin pilas

Los Slow Toys son los juguetes que más favorecen el desarrollo de nuestros hijos. Se trata de juguetes sin pilas, con valores educativos y medioambientales, que están fabricados en casi su totalidad con materiales nobles y naturales (como el cartón, el papel, la madera, el fieltro, el corcho, etc.).

Grapat

Su principal beneficio reside en que al tratarse de juguetes «estáticos», que no disponen de «efectos especiales» tales como luces, sonidos, movimientos mecánicos, etc. no roban el protagonismo de los niños durante el juego. 

De esta forma se fomenta el desarrollo de su imaginación y de sus habilidades psicomotoras. Los juguetes de madera son, en general, un buen material de juego para los más pequeños.

Practica el mindfulness

Es posible que hayas oído o leído ya la palabra Mindfulness, sobre todo si en tu entorno hay personas que, tras sufrir problemas de estrés, estén en el proceso de aprender a vivir la vida de otra manera. El Mindfulness es una práctica basada en la meditación vipassana que promueve el prestar una atención plena al momento presente, de manera intencionada al momento presente y sin enjuiciar.

¿Y esto es compatible con la vida de una madre o un padre contemporáneos? ¡Pues claro que sí! De hecho, el Mindfulness nace de la necesidad de unir los conceptos de Oriente con el estilo de vida de Occidente, donde la mayoría de nosotros caemos en la trampa de vivir en modo “piloto automático”. 

¿Cuántas veces estás haciendo dos cosas al mismo tiempo? Por ejemplo: ¿llevando a tu hijo al cole y pensando en todo lo que tienes que hacer durante el día? La mayoría del tiempo, ¿a qué sí?

Maternidad Consciente, Maternidad Mindfulness

Practicando el prestar atención plena a la realidad, a lo que sucede a nuestro alrededor, escuchando nuestro cuerpo y dándonos cuenta de cómo nos sentimos; nos reconectamos con el momento presente, con nosotros mismos y con nuestros hijos.

Pon en marcha el «tiempo fuera positivo» en la resolución de conflictos familiares

El tiempo fuera positivo es una herramienta de la Disciplina Positiva, que nos ayuda a reaccionar con serenidad y respeto ante los conflictos familiares para gestionar los problemas de forma correcta sin rabietas, discusiones ni enfados.

Se trata de una variante del famoso “toma aire y cuenta hasta 10 antes de contestar”. Una práctica que potencia la crianza respetuosa y las relaciones horizontales en la familia, ya que nos enseña a corregir actitudes y comportamientos imponiendo límites con respeto, sin gritos ni castigos (ni mucho menos azotes).

Tomarnos un tiempo de reflexión nos permite no perder el control de las emociones (sufriendo lo que se denomina un «secuestro emocional», que nos haga estallar irracionalmente y sin medida), y así ser más capaces de abordar y resolver de forma positiva un conflicto.

Consiste en aprender a distanciarnos del problema para serenarnos, valorarlo, no sobredimensionarlo y así medir nuestra respuesta ante él. Esto evita que reaccionemos de forma impulsiva e irreflexiva, perdiendo los nervios y actuando sin control.

Experimenta el amor que sientes por tus hijos

A pesar de que la crianza es en ocasiones una tarea difícil y agotadora, nuestros hijos nos inspiran profundos y maravillosos sentimientos de agradecimiento, ternura, orgullo, satisfacción, admiración, plenitud… y sobre todo Amor. No pierdas ocasión de decirles que les quieres a tus hijos.

El mejor regalo de Navidad

Díselo a menudo y abrázales. Ya sabemos que les quieres, y ellos a ti; pero transmitirlo y enseñarles a ellos a hacerlo, también es importante. Párate, respira y no pienses… solo siente. ¿Qué significa para ti ser madre o padre?

El mundo cambia, se impone un cambio de valores

Tras la crisis por coronavirus nuestro estilo de vida ha cambiado. Nos hemos dado cuenta de que nuestro paradigma socioeconómico está resquebrajándose, y nuevos valores aparecen en el horizonte… Ahora, por ejemplo, valoramos mucho más la importancia del contacto físico y la regulación emocional.

También nos hemos visto obligados a desacelerar, evitando las proyecciones futuras y las expectativas, para poder aprender a vivir el día a día. De todo ello podemos sacar buen partido aplicándolo en la crianza de nuestros hijos.

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No se trata conseguir ser «los mejores padres», ni de tener “hijos perfectos”, sino de saber apreciar las etapas y circunstancias de cada familia, y cultivar el vínculo afectivo y la cohesión familiar creando un ambiente propicio para el desarrollo y crecimiento de los niños y niñas y que su infancia sea siempre una etapa respetada.

 

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