Los besos no se piden ni se compran ni se roban. ¡Los besos se regalan!

¿Sabéis esa manía que tienen muchos adultos de besuquear a los niños y niñas sin permiso? Que sean pequeños, adorables y achuchables no nos licita para no respetar su espacio físico, exactamente igual que hacemos con los adultos. Los besos no se pueden exigir. Simplemente, no tenemos derecho a ello.

Los besos tienen que ser voluntarios

Según la la RAEun beso es una muestra de afecto, amor, deseo o una señal de amistad o reverencia. Así lo hemos interiorizado los adultos, que solo nos besamos por amor, nos besamos por deseo o por convencionalismo sociocultural (para saludarnos o al conocernos).

Está claro que en el caso de los peques el deseo queda descartado. Y tampoco se les puede exigir que besen por convencionalismo (de hecho, a muchas personas les incomoda este gesto entre desconocidos y ya hay cada vez más gente que prefiere ignorar este protocolo).

Así pues, nos queda solo un motivo realmente válido por el cual los niños y niñas nos pueden besar o pueden dejarse besar por nosotros: el amor. Es decir, solo podemos dar y recibir besos como muestra de cariño y afecto.

¿Te quiere el niño al que intentas besar, comprar un beso, sobornar para que se deje achuchar o al que estás criticando porque no consiente que te acerques? Porque si no es así, no deberías pedirle un beso. Y si es así, debería ser él quien eligiese el momento.

Los besos tienen que ser voluntarios, exactamente igual que cualquier otra manifestación de afecto. Si esto lo tenemos tan claro los adultos, ¿qué derecho tenemos a aplicar otras reglas a los niños?

Las emociones y su expresión

Los niños son mucho más honestos que nosotros. No les guía el convencionalismo ni el deber. Actúan guiados solo por sus instintos y sentimientos. A un niño le va a dar igual que seas su abuelo, su tía o la vecina de enfrente. Si no le apetece, no te va a dar un beso. Y debemos respetarlo. Porque no tenemos derecho a robarle ni exigirle a nadie una manifestación de cariño. No podemos obligar a nadie, independientemente de su edad, a que nos bese.

Obligándoles, chantajeándoles o comprándoles los besos a cambio de moneditas o caramelos les estamos enseñando que el amor es una moneda de cambio. Les estamos cosificando y faltando al respeto. Criticándoles o haciéndoles sentir mal por ello, les estamos haciendo dudar de sus emociones y les estamos enseñando una mala gestión emocional.

¿Qué ocurre si enseñamos a los niños a ceder ante los deseos de los demás en este aspecto? ¿Incluso cuando les hace sentir mal, incómodos o contrariados? Pues que les estamos confundiendo. Les estamos enseñando que más vale agradar y cumplir los deseos de los demás que sentirse bien con ellos mismos.

A veces toleramos este tipo de actitudes en familiares y conocidos por no «quedar mal» con ellos, pero ¿y si el día de mañana el beso se lo exige un desconocido? Hay un cuento ilustrado escrito en verso estupendo para reflexionar en familia sobre este tema: Marta no da besos, de la Colección Ande yo valiente de Cuatro Tuercas (los mismos autores de la famosa anterior colección Érase dos veces).

Debemos ayudara nuestros hijos e hijas a comprender que las muestras de cariño deben darse solo hacia las personas que ellos quieran y en el momento en que de verdad les apetezca. Dar besos para regocijo de los demás NO es lo correcto. Los besos no se piden, se regalan.

 

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