«Ande yo valiente», la segunda colección de cuentos sin estereotipos de los autores de Érase dos veces

No sé si os acordáis, pero hace tiempo apoyamos la campaña de crowdfunding a través de la cual Cuatro Tuercas sacaría a la luz los primeros títulos de su nueva colección de libros que hoy es ya una realidad: Ande yo valiente es una serie de divertidos cuentos escritos en rima que empoderan a niñas y niños, y les alejan de todo tipo de estereotipos.

Ande yo valiente…

Seguro que a estas alturas todos conocéis ya los cuentos de Érase dos veces (los que no, los tenéis reseñados en el Rincón de Lectura del blog). Se trata de una colección que reescribe los clásicos de siempre para infundirles valores educativos e igualitarios.

Érase dos veces

En esta ocasión, jugando con el refrán que nos invita a dejar correr la opinión de los demás y ser felices, Ande yo valiente invita a las familias a infundir confianza y libertad en los/as niños/as, educándoles al margen de estereotipos. También anima a niños y niñas a atreverse a ser ellos mismos sin importar lo que les digan o piensen los demás.

Ande yo valiente

La colección de Belén y Pablo está formada, hasta la fecha, por 6 títulos, a cada cual más increíble: Teresa no quiere ser princesaBenito y su carritoMarta no da besos, Nicolás comparte con mucho arte, Violeta se harta de los Reyes Magos y Gracias, Renata, por ser tan chivata. 

Como podéis deducir por sus títulos, cada volumen trata un tema relacionado con la crianza cuyos valores han de ser revisados y actualizados: estereotipos de género, obligar a los/as niños/as a dar besos o a compartir, chantajearles para que se porten bien a cambio de regalos y asociar connotaciones negativas a que los/as niños/as denuncien comportamientos nocivos, como el acoso escolar.

Además, el equipo ya tiene en el horno otros 2 volúmenes (y es que esta promete ser una colección tan amplia como la primera): Isa no tiene prisaArmando, ¿no estarás llorando? sobre dos temazos: las prisas y las lágrimas reprimidas. Si queréis contribuir a que se publiquen, podéis participar de su proyecto de crowdfunding en Verkami. Podéis contribuir con diferentes cantidades, en función de vuestras posibilidades. ¡Ser mecenas siempre tiene regalo!

Esta colección, como la primera, mantiene intacta su esencia educativa: dejemos libertad a los/as niños/as para que sean lo que ellos/as quieran, respetémosles y no les inculquemos estereotipos que les impidan evolucionar y desarrollarse.

La diferencia básica está en que, en tanto los cuentos de Érase dos veces reescriben cuentos infantiles populares para adaptarlos a las necesidades educativas actuales, los cuentos de Ande yo valiente son completamente originales. Las ilustraciones, como podéis ver, también son muy diferentes en esta ocasión…

Érase dos veces Pinocho

Ande yo valiente

Belén ha sido tan amable de enviarnos 4 ejemplares a casa para que pudiésemos disfrutar de ellos, reseñarlos y compartirlos con vosotros/as. Nos ha hecho ilusión bárbara tenerlos en casa y han superado con creces nuestras expectativas. Ya veréis por qué…

Benito y su carrito

Benito y su carrito tiene el mismo objetivo que otro título de la colección: Teresa no quiere ser princesa. El tema de ambos títulos es el estereotipo de género y cómo afecta este al desarrollo de los/as peques durante la infancia.

Solo que en este caso se invierten los papeles y es un niño el protagonista de la historia. A Benito le encanta jugar con su muñeco. Le saca a pasear en su carrito, le da de comer y en general le cuida como a un bebé.

Su tío está muy preocupado y no para de ofrecerle juguetes tradicionalmente considerados de «chicos». Y es que es tristemente cierto: a menudo solemos relacionar el juego con la orientación sexual de nuestros/as hijos/as cuando, en realidad, los juguetes no tienen género.

Pero el tío de Benito no está tranquilo y llega incluso a hablar con el padre del niño, que pacientemente le explica que Benito solo está reproduciendo los roles que ve en casa (su papá le cuida a él y él cuida a su muñeco) y que eso hará que el día de mañana sea un estupendo papá.

Finalmente, el tío de Benito comprende que el niño es feliz siendo él mismo, y que le da igual lo que piensen los demás (si a su tío le preocupa, es problema de él, no de Benito). Al final, ver a su sobrino tan dichoso hace que su tío deje de intentar cambiarle.

En esta ocasión, el niño le da una enorme lección a este adulto, que le acaba aceptando como es ¡y hasta le regala una sombrilla rosa, a juego con su carrito!

Este es uno de mis cuentos favorito de la colección, sin lugar a dudas. Y es que trata un tema que nos toca muy de cerca, ya que mi hijo ha jugado desde pequeño con todo tipo de juguetes y esto es algo que no todo el mundo acepta fácilmente…

Sé que los padres de niñas luchan diariamente contra el prejuicio y el estereotipo sexista, pero de verdad os digo que tener un niño y querer educarle en igualdad no es más sencillo. Todo el mundo se empeña en decirles cosas como «eso es de niñas» o «aquello no es de hombres» y sigue estando casi peor visto que un niño se disfrace de princesa o juegue con un carrito rosa, que una niña lo haga con una pelota o un robot.

El tema de los colores rosa y azul también da para hablar largo y tendido… Cuando María Montessori diseñó la Torre Rosa (uno los materiales más emblemáticos de esta pedagogía) la terminó fabricando en ese color, y no en otro, porque en las primeras pruebas la encargó hacer en varios colores y el rosa era el que más manipulaban, tanto niñas como niños.

La Torre Rosa Montessori

Durante su infancia, es muy común que tanto a niños como a niñas les guste el color rosa, la purpurina, las muñecas con pelo largo, las flores o los unicornios. ¡Es que son cosas muy bonitas y llamativas! Es después, cuando nosotros les transmitimos nuestra propia influencia sociocultural, cuando van asociando connotaciones que influyen en la formación de sus gustos personales.

De hecho, todo lo que conocemos sobre los colores asociados a los géneros es incierto. De hecho, aunque hemos crecido con la idea de que todo lo rosa es de chicas y todo lo azul es de chicos, hubo un tiempo en el que todos los bebés vestían de blanco y con faldones hasta los 6 ó 7 años porque era más fácil limpiarles si llevaban faldones, y el color blanco era más sencillo de lavar y blanquear.

Franklin D. Roosevelt en 1884, a la edad de 2 años

Es más: en la época victoriana los niños vestían vestidos por una cuestión práctica, y es que así se les podía cambiar los pañales sin necesidad de desvestirlos. Levantar sus faldas era suficiente. Después, ya siendo infantes, llevar faldas les facilitaba mucho aprender a ir al baño solitos.

Boston, niño y niña

La moda de los colores pastel para vestir a los/as niños/as pequeños/as llegó en el siglo XIX, pero aún entonces el color no definía el género de los bebés. Tanto es así, que era común vestir a los niños de rosa y a las niñas de azul. No fue hasta los años 30 que se impuso el rosa para las niñas y el azul para los niños. Así que fijaos qué absurdo resulta aferrarnos a estos estúpidos clichés cuando uno resulta estar bien instruido…

Marta no da besos

Marta no da besos trata otro tema importante en la crianza y educación de los/as niños/as: la manía de obligarles a hacer cosas que no quieren porque es «de buena educación». Como besar a desconocidos o dar besos cuando no les apetece hacerlo…

A Marta no le gusta dar besos. Para ella dar un beso es algo importante. Demuestra cariño y alegría por ver y estar con alguien. Pero a ella todo el mundo quiere besarla: las ancianas, las desconocidas, las amigas de mamá, los familiares…

¡Y además se empeñan en «chantajearla» cuando se niega a darles un beso!

Al principio la mamá de Marta intenta explicarle a su hija que es una cuestión de «modales» pero a Marta, sin duda, le parecen mucho más maleducadas las personas que no respetan su postura y siguen intentando conseguir un beso.

Todo esto termina poniendo muy triste a la niña, que se siente incomprendida y poco tenida en cuenta. Además, su mamá no la apoya…

Y es que Marta no es arisca ni antipática; ni quiere que le «compren» los besos con regalos, dinero o caramelos. Marta besa a quien ella quiere, a quien le cae bien o a quien la divierte. Porque los besos no se compran, se regalan.

Ande yo Valiente

Al final su madre tiene que reconocer que no se puede obligar a los/as niños/as a hacer algo que les sienta mal, en contra de su voluntad, y le pide disculpas a Marta. La niña se alegra mucho de que su mamá apoye su forma de ser, pensar y sentir.

Este libro pretende hacernos reflexionar sobre la cantidad de cosas que inculcamos a los/as niños/as sin reflexionar, y que ellos/as tienen que hacer, o dejar de hacer, solo porque está socialmente bien visto o mal visto. Las personas deben ser libres para ser ellas mismas y actuar como mejor les haga sentirse consigo mismas, mientras no hagan daño a nadie.

Demasiado a menudo se nos olvida que criando niños/as complacientes, estamos formando adultos/as sumisos/as. ¿Es así como de verdad queremos que sean nuestros/as hijos/as el día de mañana?

Nicolás comparte con mucho arte

Que levante la mano quien tenga un/a peque en casa al que le cueste compartir sus cosas. Nicolás comparte con mucho arte refleja un tema bastante controvertido en la crianza: enseñar a compartir no es obligar a compartir.

A Nicolás le cuesta compartir sus juguetes con niños/as a quien no conoce o que no le gustan. No es que no sea generoso, simplemente es que son sus cosas, le gustan y tiene mucho cuidado con ellas.

Sin embargo, no tiene problema en dejárselas a quien conoce, le cae bien y/o sabe que las cuida tan bien como él.

La generosidad es, sin duda, un gran valor de vida que todas las familias nos esforzamos por enseñar a nuestros/as hijos/as, pero a menudo nos equivocamos en la forma de inculcarla porque malinterpretamos su significado.

Y no solo eso, ¡sino que tendemos a discutir con aquellos padres/madres cuando sus hijos/as no les dan sus juguetes a los nuestros/as!

¿Qué pasaría si una persona adulta desconocida nos abordase por la calle y nos pidiese las llaves de nuestro coche? Aquí los autores vuelven a plantear una cuestión importante que ya habíamos visto en Marta no da besos: criar niños/as complacientes, genera adultos/as sumisos/as.

Ser generoso no implica fiarse de cualquiera. Tampoco es saludable obligar a los/as niños/as a ser amigos/as y confiar en todo el mundo. La generosidad tiene un límite y la confianza y la amistad se construyen con el tiempo. 

Para los/as peques resulta muy agobiante que un pelotón de niños/as se abalancen sobre sus cosas, sobre todo si no piden permiso para cogerlas o para incorporarse al juego. ¡Esa es una actitud muy abusiva!

Por eso es muy natural que los/as peques no quieran perder sus cosas prestándoselas a cualquiera, desconocidos o personas que no son de su agrado. Y cuando les quitamos de las manos los objetos a los/as niños/as para dárselos a otros/as no les estamos enseñando a compartir, sino a quitar.

Es mucho más saludable enseñar a nuestros/as hijos/as a pensar por sí mismos/as y decidir. No es lo mismo, por ejemplo, compartir con amigos que prestar nuestras cosas a desconocidos. Compartir no es una obligación y son ellos/as quienes deben decidir cuándo es una buena opción y dónde está el límite. 

Violeta se harta de los Reyes Magos

Violeta se harta de los Reyes Magos trata otro temazo: la manía que tenemos los/as adultos/as de chantajear a los/as niños/as para que se porten bien «a cambio de». Una mala costumbre que se acentúa, sobre todo, de cara a la llegada de los Reyes Magos.

Solemos amenazar a los/as peques con quedarse sin juguetes ni regalos si no se portan bien (lo que suele ser sinónimo de que nos obedezcan en todo) e incluso nos aprovechamos en Navidad, obligándoles a hacer cosas que sabemos que no les gusta o que les cuesta hacer, ¡como comer lentejas!

Es lo que le sucede a Violeta, la pequeña protagonista de esta historia. Está harta de que todo el mundo le advierta, sin que haya hecho nada malo, que debe ser buena porque si no… los Reyes Magos solo le dejarán carbón.

Condicionar el comportamiento a la recompensa no es un buen método de enseñanza. De hecho, lo único que conseguimos de esa forma es criar niños/as interesados/as que de adultos/as no moverán un dedo si no sacan provecho de la situación.

Deberíamos esforzarnos por educar a nuestros/as hijos/as para que sean libres, por encima de todas las demás cosas.

Los/as niños/as deben interiorizar que el deber y la responsabilidad son valores de vida y códigos éticos que les harán convertirse en mejores personas, enseñándoles a reflexionar para actuar en consecuencia a sus principios, incluso cuando no haya recompensa material a cambio, porque hacer las cosas bien ya es suficiente recompensa.

Y estos son los 4 ejemplares que nos mandaron los autores, pero nosotros además teníamos otro cuento de la colección en casa, de los primeritos que se publicaron:

Teresa no quiere ser princesa

Teresa no quiere ser princesa es la historia de una niña que le pregunta a su mamá qué significa ser princesa…

Pero a medida que su madre le va explicando cómo es una princesa, a Teresa le va gustando cada vez menos…

Ande yo Valiente

Teresa no quiere estar todo el día esperando en una torre porque le parece muy aburrido…

Tampoco quiere vestir lindos trajes que la impidan moverse libremente, jugar y ensuciarse…

No quiere maquillarse porque prefiere pintarse la cara de gato…

¡Y desde luego a Teresa no le gustaría estar todo el día limpiando y cocinando!

Lo que le gusta a Teresa es hacer experimentos, practicar deportes, jugar con sus amigos e imaginarse mil aventuras…

Lo que opinen los demás, a ella le da completamente igual…

Pero Teresa, como todos/as los/as niños/as, sigue siendo testigo de injusticias… Por ejemplo: le duele que los/as demás niños/as se rían si su mejor amigo, que es un niño, quiere disfrazarse de princesa. A ella no le gusta hacerlo, pero ¡todo el mundo debería poder hacer lo que quisiera si no hace daño a los demás!

Es un cuento precioso y muy colorido, que defiende el feminismo, que es la igualdad de género y nos hace darnos cuenta de que los/as niños/as son muchísimo más liberales y respetuosos/as que nosotros/as. También de que ninguna niña, ni ningún niño, deberían estar obligados/as a «encajar» dentro de los ridículos y limitadores sistemas de etiquetas generalistas que socialmente resultan «aceptables».

Y es que la cuestión no es que las niñas no puedan disfrazarse de princesas, sino que deberíamos dejarles libertad para elegir si quieren ser bomberos, astronautas o futbolistas. ¡O princesas-guerrero y hadas-superhéroes, si eso es lo que quieren!

Yo sigo viendo demasiado a menudo madres y padres empeñados en prohibir a sus hijas tener un disfraz o un juguete «de chico», y muchas veces me veo obligada a debatir sus argumentos porque los esgrimen delante de mi hijo, que les está escuchando…

Todos los libros de la colección Ande yo valiente que hemos leído, nos han parecido pequeñas grandes joyas coeducativas que se convierten en excelentes herramientas para inculcar valores a los/as niños/as. Además, si os dais cuenta, están protagonizados por niñas y niños con diversos colores de piel, fomentando de esta forma la apertura hacia la diversidad.

Y como genial detalle, sus autores Belén y Pablo han incluido en cada uno de ellos una pequeña dedicatoria:

Todos los títulos que hemos leído en casa hasta ahora me parecen geniales desde cualquier punto de vista. Cuentos fantásticos que juntos forman una fantástica colección, ideal para educar en libertad, igualdad y respeto a nuestros/as hijos/as.

 

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