¿Por qué desobedecen los niños?

¿Por qué desobedecen los niños?

¿Te sientes directamente criticada cuando te echan en cara lo desobediente que es tu hijo? ¿Te desesperas porque no te hace nunca caso a la primera? A veces esperamos que los niños actúen como si fuesen adultos. Conocer su naturaleza y saber cómo funciona su cerebro es vital para acompañar su desarrollo. ¿Sabes por qué desobedecen los niños?

¿Por qué desobedecen los niños?

Lxs niñxs desobedecen básicamente por 3 razones:

  1. Para llamar la atención.
  2. Por impulso, instinto, falta de memoria, inmadurez o por naturaleza.
  3. Como síntoma de inteligencia.

Veamos en detalle cada una de estas opciones a continuación:

Desobedecer es de listos (muchas veces)

¡Sí, habéis leído bien la última opción! ¿No os lo esperabais, verdad? Pues así es: si vuestro retoño desobedece, la causa puede ser que es muy inteligente.

La desobediencia es el primer síntoma de inteligencia. Tener un espíritu crítico y enfrentarte a la vida no asumiendo verdades absolutas, sino esperando aprender en base a la experiencia personal y el propio criterio, es el motor del progreso.

¿Por qué desobedecen los niños?

De lo contrario, todos actuaríamos como borregos, influenciados por corrientes de moda sin plantearnos nada más allá de los estándares preestablecidos. Eduardo Galeano decía que «ojalá podamos ser desobedientes cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común». 😉

Por impulso, instinto o naturaleza

Un niño es un niño. Da igual la de veces que le digas que no debe cruzar la calle. Si pierde la pelota con la que está jugando, la cruzará. Y esto es así porque su impulso primario le lleva a seguir el movimiento y la dirección de su objeto de deseo (un objeto esférico, probablemente de colorines ¡y en movimiento nada menos!). Está inmerso en un juego que le entretiene y divierte, está centrado solo en eso y distraído de todo lo demás. No es que no quiera obedecer, es que NO PUEDE. Sencillamente.

En su primera infancia lxs niñxs están aprendiendo absolutamente TODO del mundo que les rodea. Hay muchas normas y reglas, hábitos y rutinas que tienen que interiorizar, practicar y memorizar. ¡Estar al tanto de todo eso es muy difícil! Imagina que llegaras por primera vez a un trabajo que nunca has desempeñado y esperaran de ti que absorbieras toda la información de golpe y rindieras como si llevaras años en ese puesto. ¡Es de locura!

Tenemos que ser más conscientes de que los niñxs tienen que madurar a su ritmo. Además, llegan al mundo sin tener experiencia previa de absolutamente nada, y su memoria está por desarrollar, no funciona tan bien como la nuestra. Con paciencia y empatía, cariño y serenidad les ayudamos mucho más que si nos desesperamos con ellxs y les asustamos con gritos, amenazas o les tratamos injustamente con castigos.

¿Por qué desobedecen los niños?

El instinto y la naturaleza de un niño es el motor de todo su desarrollo. Gracias a ellxs y a las experiencias de vida que van acumulando, lxs peques pueden aprender y forjar su carácter y su personalidad. A veces, los críxs desobedecen porque su instinto natural les dicta una necesidad.

Sé que meto en debate si subrayo que a veces HARÁN BIEN en desobedecernos e incluso llevarán razón al hacerlo. ¡Pero es cierto! Lxs niñxs actúan muchas veces por instinto primario y la naturaleza les dicta necesidades que hace tiempo nosotros hemos olvidado. 

Si os fijáis, lxs niñxs más pequeñxs están siempre deseando descalzarse. Cualquier excusa para andar descalzxs por cualquier superficie es buena para ellxs. Y los adultos siempre andamos detrás impidiéndoselo porque tememos que se claven algo, se hagan daño, se golpeen los deditos o incluso de resfríen (hace tiempo escribí un post sobre lo absurdo de este último temor, que carece de base científica), cuando en realidad lo mejor para su desarrollo es, precisamente, andar descalzos.

A menudo los adultos reproducimos inconscientemente patrones de conducta porque nos los han inculcado o a nuestro alrededor están normalizados (o ambas cosas) sin plantearnos «los por qués», ¡que es justo lo que lxs niñxs sí hacen!

En este sentido, en otros casos la rebeldía de un niño o una niña es una fase natural, relacionada con su fase de crecimiento y/o desarrollo (lease «adolescencia»), cuando en determinada etapa lxs más jóvenes de la casa sienten la necesidad de autodefinirse rompiendo con los estándares y normas preestablecidos por otros, para encontrar las propias.

Para llamar la atención

Esta es una causa por desgracia común y la más triste de todas por cuanto no tiene nada de natural. Lxs niñxs, por lo general, desean encajar y agradar. Un niño no «desafía» ni entra en lucha de poder con un adulto si es un niño sano y feliz. Cuando un niño utiliza la desobediencia como reclamo, está pidiendo a gritos que le prestemos atención.

Es entonces cuando debemos considerar cuántas horas al día pasamos en compañía de nuestrxs hijxs, cuántas de ellas les prestamos atención plena y si les dedicamos tiempo de calidad. A menudo lxs niñxs prefieren que nos enfademos con ellxs antes que les ignoremos.

Todo el tiempo que pasamos junto a nuestrxs hijxs es importante. Importa todo: la cantidad y la calidad. Pero evidentemente, no es lo mismo acompañar a un niño al parque y dejarle en el área de juego mientras nosotros consultamos nuestro teléfono móvil o aprovechamos para hacer una llamada, que ser partícipes de su juego y acompañarles en la actividad.

Asimismo, no hay punto de comparación entre la familia que come con todos sus miembros juntos sentados a la misma mesa y charlando sobre cómo les ha ido su día, a la que enciende la tele y pone el «piloto automático en modo on» (si el estrés o la falta de horas al día te obliga a estar en modo piloto automático a menudo, consulta este post sobre maternidad consciente y mindfulness, ¡te va a ayudar muchísimo!).

¿Por qué desobedecen los niños?

Como podéis comprobar, ninguna de las razones anteriormente expuestas como la causa de la desobediencia de lxs niñxs tiene que ver con la lucha de poder, el reto o el desafío, como solemos considerar los adultos. A lxs niñxs no les causa placer desobedecer.

Tampoco estoy diciendo que se les deba dejar a su libre albedrío. Debemos corregir todas aquellas conductas inadecuadas, que desestabilizan la convivencia familiar o cuyas consecuencias pueden ser peligrosas para su bienestar físico o emocional, o el de otros. Pero conocer las causas reales de su desobediencia nos permite escoger la mejor forma de tratarlas.

Demasiado a menudo sucede que castigamos a los niños por ser niños (por no «saberse comportar» en una tienda en la que se supone que tendrían que estarse quietos durante una hora, por ejemplo). Si nos olvidamos de los convencionalismos sociales y atendemos al bienestar de nuestrxs hijxs, es fácil darse cuenta de que educarles en una sana desobediencia les convertirá en adultos más capaces y seguros de sí mismos.

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