La AEP recibe dinero de empresas y marcas por poner su logotipo a productos infantiles para promover su venta

La AEP cobró más de dos millones de euros entre 2013 y 2017 por prestar su logotipo a productos infantiles. A cambio del dinero, la AEP autoriza a marcas y fabricantes a estampar su logotipo en el envase y usarlo en reclamos publicitarios de productos destinados al mercado infantil. La mayor parte de estos ingresos provenía de fabricantes de dulces y bollería.

AEP y marcas: conflicto de intereses

Empresas de alimentación, farmacéuticas, marcas de puericultura… Pagan cada año cientos de miles de euros a la Asociación Española de Pediatría para poder utilizar su logo como reclamo.Este sello identifica al fabricante como una empresa colaboradora de la Asociación Española de Pediatría, pero el efecto es confuso: los consumidores perciben estos sellos como un aval o recomendación, cuando en realidad se trata de productos muy cuestionados en el sector de la salud pediátrica.

De esta forma, galletas de marcas como Artiach, Cuétara, cereales de Nestlé o lácteos como los de Puleva y Danone dirigidos al público infantil, han podido lucir el logotipo de la AEP en sus envases en diferentes momentos durante años gracias a acuerdos comerciales con el organismo, quien percibió cantidades que oscilaron entre los 332.000 euros en el año 2013 y los 633.000 de 2016. La media de ingresos por esta técnica comercial supone casi 470.000 euros anuales para el organismo.

AEP cobra por dejar usar su logo

En 2016, la propia AEP hizo público un informe de transparencia en el que se desglosa la partida de ingresos proveniente de las autorizaciones para el uso del logotipo de la AEP durante al año previo: la AEP ingresó más de medio millón de euros por este servicio, 13 veces más que lo que ingresó por las cuotas de sus socios.

La industria alimentaria fue la más generosa, la industria de los productos de puericultura y cuidados infantiles fue el segundo mejor cliente de la AEP que pagó por usar sus siglas de la AEP. Muy por detrás, la industria farmacéutica y otros sectores.

Pero más vergonzoso aún es que la AEP recoge en sus estatutos una mención expresa al potencial de su marca como fuente de ingresos. En el artículo 42, al referirse a las posibles fuentes de ingresos, señala “los rendimientos de su patrimonio”. Y como «patrimonio» los estatutos solo hacen referencia concreta a un único bien mobiliario de la AEP: “El nombre, rótulo y logotipo de la asociación”.

La AEP mantiene también acuerdos con estas empresas para organizar y patrocinar sus congresos anuales. Marcas de alimentación industrial infantil como Nestlè o Danone, de cosmética infantil, productos de puericultura o laboratorios farmacéuticos como GSK o Novartis patrocinan desde hace años este evento.

De esta forma, en un espacio donde en teoría se debería tratar de promover la salud infantil, el congreso se llena de áreas comercial y de promociones de marcas como Artiach, Danone, Hero, Nestlé, Nutribén, Ordesa, Astrazeneca, Novartis, Diepharmex, Pfizer, GSK, Johnson & Johnson, Dodot, etc.

¿Comercialización de la salud de los niños?

Este escándalo provocó el análisis y la reacción Comisión Central de Deontología de la Organización Médica Colegial analizara este tipo de casos: “El prestigio de las instituciones, organizaciones y sociedades científico-médicas y de los médicos que las dirigen debería aprovecharse para promover estilos de vida saludables a la población, y no promocionar productos de dudoso beneficio para la salud y mucho menos cuando puedan ser incluso perjudiciales”.

Y es que estas prácticas suponen «una forma de publicidad subliminal asociativa en la que se entiende que el producto lo avala la sociedad científica». En realidad una galleta NO es un alimento nutritivo y sano, aunque lleve el logo de la AEP.

Por su parte, la asociación Justicia Alimentaria VSF publica en su informe «Mi primer veneno», sobre la gran estafa de la alimentación infantil, que la industria alimentaria lanza productos cuestionables orientados al público infantil.

Según este informe, hay 60.000 toneladas de producto «cuyas cualidades nutricionales carecen de respaldo científico sólido y que, más bien, son una maniobra de marketing para captar clientela infantil y familiar desde los primeros meses de vida de las criaturas.»

El principal problema de este tipo de productos es que contienen altos niveles de azúcar. Tras analizar los productos de las principales marcas, Justicia Alimentaria observa que las papillas contienen entre 21 y 23 gr. de azúcares cada 100 gr. de media, lo que significa que, si un bebé consume estos productos durante unos 4 meses, ingerirá solamente por este medio casi 1,5 kg de azúcar. En contraposición, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no dar azúcar ni sal a estas edades.

La AEP recibe dinero de empresas y marcas por poner su logotipo a productos infantiles para promover su venta

Peor aún es que la mayoría de estos productos que contienen grandes cantidades de azúcar, no lo detallan en el etiquetado. Esto es posible por el proceso de hidrólisis al que están sometidos los cereales y por el vacío legal al respecto. Estos productos contienen un 20-30 % de azúcar fruto de este proceso industrial, pero no aparece como ingrediente y, además, se etiquetan como «0 % azúcares añadidos».

El gran fraude de la alimentación infantil: la alimentación procesada

Justicia Alimentaria destaca que lo que entendemos actualmente por alimentación infantil se inventó en el siglo pasado. Hasta los años 20 no existía categoría alguna llamada «alimentación infantil» y la población menor de 3 ó 4 años, una vez destetada, comía comida real, no procesada (como potitos, papillas, etc.).

Hoy en día, el primer problema de salud pública en el Estado español son las enfermedades relacionadas con la mala alimentación. Algunas enfermedades derivadas de esto, como el sobrepeso y la obesidad, tienen una prevalencia muy alta en la población infantil y están relacionadas con la alimentación procesada.

Aunque el Estado español está a la cabeza de los países con problemas de salud infantil derivados de la alimentación insana, se encuentra a la cola de los países que aplican medidas políticas efectivas para luchar contra ellos.

Prohibir la publicidad de alimentos insanos dirigidos a la infancia, prohibir la propaganda y venta de estos productos alimentarios en centros médicos y farmacéuticos, regular el conflicto de intereses de las empresas en temas de salud y prohibir la participación de organizaciones que tengan conflictos de intereses entre sus objetivos privados y públicos en la toma de decisiones sobre la salud pública son algunas de las medidas que Justicia Alimentaria reclama para revertir este panorama.

2 thoughts on “La AEP recibe dinero de empresas y marcas por poner su logotipo a productos infantiles para promover su venta

  1. Me parece vergonzoso, pero así funciona este país, lo peor de todo es que no sabemos que les damos de comer a nuestros hijos. Es completamente una vergüenza.

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