Sororidad

Sororidad: ¿realmente la practicamos y sabemos lo que significa?

La sororidad es un concepto que forma parte del glosario feminista y que expresa la necesidad de reducir la rivalidad entre mujeres y generar lazos de amistad entre ellas, por muy distintas que sean entre sí. Pero ¿de verdad comprendemos su significado y la practicamos?

Sororidad: una utopía por la que seguir trabajando

Según la RAE:

sororidad. (Del ingl. sorority).
I. 1. f. PR. Agrupación que se forma por la amistad y reciprocidad entre mujeres que comparten el mismo ideal y trabajan por alcanzar un mismo objetivo.

Sin embargo, a las palabras «gigantes» como esta, su propia definición las empequeñece… En su sentido más profundo, la sororidad trata de la confraternidad con una igual, de la cual aprendemos y a la cual enseñamos, a quien acompañamos, por quien nos sentimos acompañadas y junto a la que construimos.

 

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En Francia sororité viene del latín y significa «hermana»; en Italia, sororitá, lo mismo; y en Estados Unidos, sisterhood, que alude a una amistad entre mujeres diferentes y pares, cómplices que se proponen trabajar, crear, convencer juntas. Iguales que se encuentran, reconocen y respetan mutuamente.

Es decir: la palabra sororidad hace referencia al respeto y la tolerancia, a la unión por encima de las diferencias. Y todo esto, claro está, en un contexto patriarcal; donde la unión hace la fuerza.

 

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Hoy en día es casi imposible no considerarse mujer y feminista, pero en la práctica, es abrumador y descorazonador el número de veces que las mujeres nos atacamos las unas a las otras. En el ámbito laboral, sentimental, en la maternidad…

Estoy cansada y aburrida (e indignada) de los debates y las competiciones entre mujeres en general, y madres en particular. Apenas es imposible abrir una red social sin encontrar ataques de este tipo. Que si el método educativo que yo elijo es el único válido, que si eres del equipo de la teta o el biberón…

Creo que hemos estado pervirtiendo el concepto de «igualdad» y haciendo demasiado hincapié en él, basándolo todo de forma errónea… Creo que es un error considerar que todxs somos iguales. Porque todxs somos diferentes. Iguales pero diferentes. Y he aquí nuestra auténtica belleza y donde las palabras respeto y tolerancia son necesarias como puente de unión entre nosotras.

 

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A mí tener amigas, dar el pecho, quitarme el sujetador, tatuarme a Frida o teñirme el flequillo de rosa no me hace sentir más feliz, ni más mujer, ni mejor madre, ni más plena, ni más femenina, ni más loba, ni me conecta con el resto de mujeres del mundo, ni con mis antecesoras, ni con mis ancestros, ni con mi código genético, ni con la Madre Naturaleza…

A mí lo que me hace sentir bien es la empatía, la solidaridad, el diálogo, la comunicación, la escucha activa, la voluntad de entendimiento, el apoyo mutuo, el respeto, la tolerancia, el intercambio de ideas, el debate constructivo, el enriquecimiento mutuo…

 

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Creo que no estamos escuchando realmente a nuestra interlocutora si, al comenzar esta a hablar, no estamos dispuestas a que lo que tenga que decir sea capaz de cambiarnos. A veces no, esto no sucede, pero ¡y lo hermoso que es cuando alguien te revela un mundo nuevo, nuevos horizontes, nuevos valores que valen la pena!

Todas las mujeres tenemos nexos de unión, todas las madres somos capaces de simpatizar unas con otras. Compartimos preocupaciones y alegrías, objetivos y vivencias. ¿Por qué nos cuesta tanto entonces entendernos? 

 

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Los sistemas de valores, las creencias personales… son pilares que nos sostienen y nos ayudan a interpretar el mundo de forma que a nuestro esquema mental le resulte comprensible, de manera tal que tengamos cabida en él, de acuerdo a nuestro código ético y de conducta. ¿Tan difícil es entender que esto puede variar de una mujer a otra?

A mí me han criticado por dar demasiado pecho durante demasiado tiempo, por dormir con mi hijo, por portear, por cogerlo en brazos, por no dejarle llorar, por reciclarme profesionalmente para poder trabajar desde casa para ser una madre presente en la vida de su hijo y, años después, también por querer recuperarme a mí misma poniendo límite a mi familia en el número 3.

Hombres, sí; pero aunque sea políticamente incorrecto decirlo, muchas más veces he sido juzgada por otras madres, por otras mujeres… por mis iguales.

Yo soy optimista y creo que llegará un día en el que nos respetaremos y apoyaremos las unas a las otras, pero de verdad: aceptando que las mujeres somos diversas y, por ende, las madres también; y que lo bonito de la vida es que cada individuo es libre para autodefinirse como quiera y que el mundo es un espacio lo suficientemente amplio para que la felicidad de todos quepa en él.

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