Trabajar desde casa

Trabajar desde casa sin morir en el intento: cómo organizar tiempo y espacio (sobre todo si eres madre)

Cada vez más mujeres se reciclan profesionalmente y deciden emprender en solitario para poder conciliar. Para muchas de ellas, trabajar desde casa se plantea como una buena opción. ¡Pero estas son las trampas que hay que evitar!

Cómo trabajar desde casa

Cuando me quedé embarazada, me di cuenta de que la que había sido mi profesión hasta ese momento (reportera de televisión) no era muy compatible con una vida familiar. En estos últimos 4 años he aprendido muchas cosas sobre lo que se debe y no se debe hacer si decides quedarte en casa trabajando.

Así que si te estás planteando trabajar desde casa o ya has iniciado alguna actividad que te permite realizarte profesionalmente desde tu hogar, estas son las pautas que debes tener muy en cuenta para que todo vaya bien.

Empezar por un horario

La organización depende de ti. Esto puede parecer una súper ventaja al principio, pero pronto te darás cuenta de que es uno de los factores más difíciles de conciliar. Lo más importante es ser capaz de establecer un horario para no acabar pringando todo el día. Durante el mismo, céntrate solo en tu actividad profesional. La sensación de pensar que deberías estar trabajando mientras realizas tareas domésticas puede llegar a desgastar mucho psicológicamente. No tiene porque ser un horario convencional. ¡Ahora tú eres tu jefa! Fíjate si eres de las que rinde más por la mañana, por la tarde o por la noche (o de cuándo tu vida familiar te deja centrarte más en las horas de trabajo). Una vez que lo tengas claro, mantén el mismo horario cada día para poder organizarte el resto de tu vida. Así, desde el ocio a las citas con el médico, siempre tendrás clara cuál es tu disponibilidad.

En una oficina los descansos siempre son más espontáneos porque paras unos minutos a charlar con el de al lado, pero trabajar desde casa exige establecerlos y acotarlos. Durante las pausas cortas, toma un tentempié ligero o una infusión y despeja tu mente de temas profesionales. Si realmente quieres conciliar, aprovecha los momentos de desconexión más largos para hacer otras cosas como sacar a pasear al perro, sacar la basura o hacer la compra. Para ello tendrás que tener muy claro cuánto tardas en hacer cada cosa y no entretenerte con otras actividades… ¡Como ir de compras! Descansar los fines de semana, te ayudará a despejarte y a reconectar con tus amigos y familiares.

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No te distraigas 

Cuando se trabaja en casa hay mil cosas que desvían tu atención de lo que tienes que hacer. Prioriza necesidades y economiza tu tiempo y esfuerzo: poner la lavadora te permite trabajar hasta que la colada está lista y puedes aprovechar tu momento de descanso para tender. Pero barrer la casa entera exige más tiempo y esfuerzo… Utiliza el horno o el robot de cocina para preparar las comidas. Así durante el tiempo que estos electrodomésticos estén trabajando por ti, tú podrás centrarte en tus tareas. 😉

También es importante que no estés pendiente de WhatsApp o las redes sociales mientras trabajas. Este punto es realmente complicado si, como yo, necesitas estar disponible en Internet, consultar el correo electrónico o hacer uso de las redes sociales como Instagram o Facebook. Tienes que tener fuerza de voluntad, sobre todo si el trabajo es creativo y/o necesita concentración. Identifica las cosas que te hacen perder el tiempo y ponles solución. Es la clave.

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Un espacio de trabajo bien definido

Para trabajar desde casa es fundamental contar con un espacio dedicado en exclusiva al trabajo. Si colocas tu mesa de trabajo en el dormitorio, por experiencia te digo que la frontera entre trabajar desde la silla o sentada en la cama debajo de una manta es difusa y muy difícil de gestionar. Cuanto más separadas estén la zona de trabajo y la de descanso, mejor.

Lo ideal es usar una habitación a modo de despacho, pero si esto no es posible en tu caso (en el mío tampoco lo es), trata de colocar tu escritorio en el salón o trabaja en la mesa de la cocina (siempre que nadie pueda descentrarte durante tus horas de trabajo). Colocar una alfombra bajo el escritorio para delimitar el espacio es un truco simple que ayuda a mentalizar tu cerebro: esta es la zona de trabajo.

Quizás no te apetezca demasiado invertir en una buena mesa y una silla de escritorio, pero créeme: es algo que necesitas. Pronto te darás cuenta de que encontrar una que reúna ergonomía, estética y precio es complicado. Sobre todo si necesitas que encaje con la decoración general del espacio donde irá integrada.

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Trabajar en pijama es una mala idea

Una de las fantasías de las personas que trabajamos en casa es andar todo el día en pijama (sobre todo en invierno). Pero arreglarse y cambiarse de ropa ayuda a mejorar la actitud y la predisposición. Lávate la cara y peínate siempre. Si te gusta maquillarte, hazlo, aunque sea levemente. Prepárate como si fueras a salir a trabajar fuera de casa. Para vestir, ponte siempre ropa de día, aunque sea para llevar algo cómodo y/o deportivo. Todo esto ayuda mucho cumplir el siguiente objetivo: si estás vestida, salir de casa (aunque sea a comprar el pan) se hace menos cuesta arriba.

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Haz actividades que te obliguen a salir de casa

No descuides el tiempo ni las actividades que haces fuera de casa. Aprovecha que ir al trabajo no te quita horas para invertirlas en ir a otros sitios. ¡Es una de las ventajas de trabajar desde casa! Apúntate a hacer algo que te apetezca y te ayude a despejarte. Evitar el sedentarismo es una cuestión de salud física y mental. Aprender un idioma está bien, pero también debes realizar alguna actividad física. Apúntate al gimnasio, haz natación, haz running o sal a caminar una hora todos los días, toma clases de yoga o baile…

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Si eres madre, separa horarios y responsabilidades

Si, como yo, eres madre, procura dejar claro desde el principio al resto de tu familia que en tu horario laboral no puedes cumplir como cuidadora ni como ama de casa. Plantéate si es buen momento para que los peques comiencen a ir a la guarde, pide ayuda a las abuelas y haced un reparto inteligente de las tareas domésticas entre los miembros adultos del hogar (los hijos adolescentes también tienen que cumplirlo).
Por experiencia sé lo mucho que cuesta concentrarse en el trabajo cuando a tu lado el montón de ropa limpia para planchar parece estar clavando sus ojos en ti… Ignóralo. Podéis ocuparos de él (tú o tu pareja) en vuestro tiempo libre. Si puedes y quieres permitírtelo, contrata una asistenta doméstica que te ayude al menos un par de veces por semana.
Si tienes un bebé a tu cargo, hazte ya mismo con un buen portabebés ergonómico que te permita moverte con él por toda la casa y tener las manos libres al mismo tiempo para ocuparte de todas las tareas.
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No descuides tu vida social

Seguir en contacto real (no virtual) con la gente es casi como una obligación (sobre todo si vives sola). Si no, te aseguro que a la larga acabarás sola y deprimida comiendo helado en la cama mientras empalmas series de televisión los fines de semana. Sal a desayunar a la cafetería, queda a comer o a tomar café con tus amigas, queda para cenar o salir a bailar… Los fines de semana es cuando la gente suele estar más disponible, pero también puedes buscar planes para hacer sola entre semana, como asistir a un concierto o ir al cine para desconectar un rato.

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Si, por el contrario, compartes casa, trata de coincidir con tu/s compañerx/s en las comidas o cenas para tener un rato de conversación, tal y como harías en la oficina. Mentalízate desde ya: mantener la vida social es necesario para compensar la horas de trabajo en soledad.

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