Día Internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer

25N – Día Internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer

Mujer, A(r)mate. No dejes que nadie te haga jirones… El 25 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Día Internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer

La violencia contra la mujer es la forma más extrema de discriminación. En la actualidad, sigue siendo una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas del mundo. Está unida al machismo y a la desigualdad, y profundamente enraizada en actitudes patriarcales y normas sociales.

La violencia basada en género es un problema de tod@s. Podemos combatirla en nuestro presente pero, sobre todo, prevenirla y erradicarla de nuestro futuro, educando en igualdad (feminismo), tolerancia y respeto a nuestrxs hijxs.

Una experiencia real

Os invito a leer los post de @mamatambienaprende para aprender a identificarla a tiempo… y si os apetece, dejarle un comentario porque se requiere ser muy fuerte para salir de eso tan joven y ser capaz de rehacer tu vida.

 

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EL PRIMER GOLPE. Capítulo I – Anulación Imagina que conoces a alguien, te gusta, le gustas, y empezáis una relación. Lleváis solo un mes cuando te dice que te vayas a vivir con él. Quieres emanciparte y no ves mejor momento para hacerlo que con el chico que te gusta, además vas a un piso al lado de la casa de tu familia, nada puede salir mal. Dos semanas después te dice que no le gusta que salgas con ese pantalón tan corto. Protestas, le dices que es tu pantalón favorito, y eso se lo toma como un vacile. Os peleáis, y como no tienes ganas de discutir más y tu armario está repleto de pantalones, te pones uno un poco más largo que también te gusta. Te dice que así estás preciosa, y te desea que lo pases bien en la cafetería. Lleváis dos meses, y cada vez quedas menos con tus amigas. Ahora repartes el tiempo entre él y ellas. Llega un día en el que te dice que Lorena es una puta, que mira cómo viste, y que si sigues saliendo con ella, inevitablemente acabarás siéndole infiel. Entonces decides quedar con Ana, pero él te dice que esa es más golfa aún. Tú le contestas que tiene novio, y él te dice que seguro que le pone los cuernos, que acabará mal. Así una y otra vez, con cada amiga de tu lista. Te presiona tanto que cada vez las ves menos. Te aíslas. Te aísla. Llevas tres meses con él y un día te da por comprarte un tinte y cambiarte el color de pelo. No le dices nada porque quieres sorprenderlo. Cuando llega y te ve, se enfada y te grita que vas feísima y que eso seguro que lo has hecho para gustar a tu amigo José, ese que no ves desde hace un montón de semanas. Pocos días después, te ve sin depilar. Te dice que además de no tener tetas, tienes pelo, que qué asco. Que menos mal que estás con él, que aunque estés plana, te hayas tintado el pelo y tengas vello, te quiere igual. Dejas de mostrar tu cuerpo cuando te acuestas con él. Cuando ocurre es siempre con la luz apagada y con el sujetador con relleno puesto. Lo haces cuando no te apetece, porque siempre te cuenta que tiene muchas chicas detrás que morirían por pasar una noche con él.

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EL PRIMER GOLPE. Capítulo II – El primer golpe. La cosa se tensa, la relación ha llegado a un punto en el que las peleas son casi a diario, y que cuando ocurren, te deja de hablar durante días. No sales, no te relacionas. Ves la vida pasar. Pasas horas metida entre cuatro paredes y llega un momento en el que piensas que nada puede ir a peor. Pero siempre puede ir a peor. Un día, te acercas por detrás y le suplicas que vayáis a dar un paseo. Está en el ordenador, en mitad de un partido online. Te grita que te calles. No discutes. Precisamente ese día no discutes. Le dices que te vas tú sola, y de repente, no sabes como, te coge del pelo y te lanza a la cama. El primer golpe no lo ves en cámara lenta, como todo el mundo piensa, simplemente no lo ves. No puedes respirar, estás llorando y tienes los ojos tan llenos de lagrimas que no puedes fijar la vista en nada. Te tocas el costado como puedes. Jadeas. Entiendes que después de lanzarte a la cama, te ha pegado dos putas patadas. Intentas decirle que crees que te ha roto las costillas, pero te cuesta tanto respirar que no puedes montar una frase. Te pones como puedes en postura fetal y te cubres la cabeza, no sabes si te va a seguir pegando. Esos segundos son un infierno. Pasan horas, horas que parecen días. Y cuando dejas de llorar, lo ves a tu lado pidiéndote perdón. No lo miras, simplemente asientes para que te deje tranquila. El dolor se va pasando poco a poco. Esa noche no cenas. Estás algo dolorida, pero te levantas. Él sigue en el ordenador. Te mira, sonríe y tú le haces una mueca. Le dices que vas a tirar la basura. Ya es de noche, en tu bolsillo está tu móvil sin saldo y poco mas de dos euros. Tiras la basura al primer contenedor que ves, pero sigues andando. A los cinco minutos él ya te está llamando, pero tú cuelgas. Primer mensaje: “¿dónde coño estás?” Buscas una cabina, y desde ahí llamas a la única amiga que tienes, mientras que al móvil te siguen llegando mensajes, los últimos ya pidiéndote perdón. […]

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EL PRIMER GOLPE. Capítulo III – La rutina. Pasáis unos días sin discutir. Es amable e incluso algo cariñoso. Cuando te duchas, ves gran parte de tu torso con moratones. Cada día tienen un color diferente, a veces verdes, a veces violáceos. Te llenas de maquillaje hasta que se van, eres tú misma la que no te los quieres ver. Pero no sabes porqué, una tarde, algo se tuerce. Esta vez no es una patada. Es un puñetazo en el brazo. No te callas, le gritas, y él contesta con otro golpe más fuerte. Este te duele más, lo has visto venir. Te quedas quieta. Esto ya te lo conoces. Esta vez se adelanta y coge tu móvil del escritorio. Tú le dices que te lo de, pero no lo hace. Se lo guarda en el bolsillo, sale de la habitación y te encierra. Sales hecha una furia y vas a abrir la puerta de la calle cuando te la encuentras cerrada con llave. Vas corriendo a la cama, te tapas hasta arriba y te pierdes entre tu llanto. Hasta que no le dices que está perdonado, no te da el móvil y las llaves de casa. La cosa sigue igual. Siempre que te pega lo hace de barbilla para abajo, nunca en la cara. A veces se le va la cabeza y te coge del cuello. Hay días que le plantas cara. Hay días que piensas “ojalá me mate ya”. Esa amiga a la que llamaste, acaba contándole a tu madre lo que estás pasando, ella se presenta en tu casa y acabáis peleadas. La alejas, le dices que ya eres mayor de edad y que te deje tranquila. Él está orgulloso de lo que has hecho, te reitera que te ama. Un día más os peleáis, te escupe en la cara. Tú, harta de tanta humillación, le escupes también. Esta vez no controla y cuando te pega, te da en la cara. Te parte el labio y empiezas a chorrear sangre. Te asustas, estás acostumbrada a los moratones y crees que la sangre ya es otro nivel. Esa vez él también se asusta. Se pone nervioso y grita. Tú te limpias con el brazo, piensas “¿cómo he llegado hasta aquí?”. […]

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EL PRIMER GOLPE. Capítulo IV – La salida. Los golpes siguen, llega un momento en el que tú ya no quieres vivir. La inocencia con la que empezaste con ilusión a salir con él ha desaparecido. Él te hace creer que vuestra relación es una relación normal y corriente, que cuando dos personas se pelean, las manos vuelan. Te dice que si lo dejas, el día que rehagas tu vida, vivirás lo mismo. Lo normaliza hasta tal punto que crees de verdad que esto es lo que te espera hasta el día que te mueras. O hasta el día que te mate. Pero llega un momento en el que te cansas. Decides poner distancia y aunque bajo amenazas, vuelves a casa de tu madre. Abres los ojos poco a poco, día a día. Cada vez que hablas con él, sientes una mezcla de odio y miedo. A veces te amenaza con que si no vuelves a su lado, se tirará a la vía del tren. Otras te dice que ojalá te mueras. Después te comenta lo mucho que te ama, que es que actúa así porque te quiere y no quiere que te vayas con otro. Mentira. Mentira. Mentira. Cada vez las amenazas suben de nivel. Lo bloqueas, pero entonces te manda e-mails. Decides no meterte al correo, pero entonces te llama al móvil. Lo apagas, pero decide llamar al fijo de tu madre. El acoso cada vez es mayor, y llega un momento en el que no solo te amenaza a ti, te dice que va a matar a tu madre, a tus hermanos y hasta a tus abuelos. Te asustas, crees que sería capaz. Vas a comisaría, lo denuncias. Te citan para un juicio rápido al día siguiente. A él van a buscarlo a su casa y se lo llevan esposado. Te llama su familia. Te dice que cómo has sido capaz de denunciarlo. Que saben que te pega, pero que hubiese bastado con dejarle. Les dices que lo has intentado, lloras y les cuentas todo lo vivido. Les da igual, la mala eres tú. Sus amigos empiezan a mandarle mensajes de apoyo por las redes sociales. “Seguro que se merecía cada hostia” “Algo habrá hecho” “Estamos contigo” “Si ella te hubiese dejado a la primera, no estarías así, la culpa es suya” Esto no puede ser real. Esa noche apenas duermes, el juicio es a las 9:00. El día esta nublado, y cuando llega al juzgado, empieza a llover. Llueve en tu alma también. […]

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EL PRIMER GOLPE. Capítulo V – Lo que hay después. Pasa el tiempo, tu sigues retraída. Has cambiado, te has vuelto fría. Ya no sueles salir sola, y cuando no te queda más remedio, pasas más tiempo mirando a tus espaldas que mirando hacia delante. Sigues creyendo que va a ir a por ti. Duermes poco, duermes mal. Las pesadillas no se van. Vas a un centro de ayuda a la mujer víctima de violencia de género y a una psicóloga especializada. Intenta que veas que se sale de esto, que te vas a curar, que vas a ser feliz. Tú no te crees nada, todos tus sueños se rompieron el día que aceptaste ir a vivir con él. Meses después y varias sesiones más tarde, descubres que estás mejor. Cada vez entiendes más, que nada de lo que te ha pasado ha sido tu culpa, que quien te quiere no te pega. Un día conoces a un chico. Te cierras herméticamente, pero aunque lo intentas controlar, cada ve que hablas con él sientes fuegos artificiales dentro. Dejas, poco a poco y con mucho cuidado, que se vaya haciendo un hueco en tu corazón. Él se enamora de ti, pero esta vez de verdad. Al principio quedas con él siempre en lugares muy concurridos. Así te sientes un poco más protegida. Poco a poco y sin saber cómo ha pasado, empiezas a confiar en él. Soporta mucho. Algunas personas podrían incluso pensar que soporta demasiado. Cuando te va a abrazar, tú te cubres. Estás acostumbrada a los golpes. Cuando os peleáis por cualquier tontería, coges el móvil corriendo, no vaya a ser que te lo quite. Tardas en acostarte con él, y cuando lo haces, te avergüenza tanto tu cuerpo que sigues haciéndolo con la luz apagada y con el sujetador con relleno puesto. No sabes lo que es un orgasmo hasta que él se molesta en ir más allá y en hacer de ese momento, un momento maravilloso para los dos. Hablas mucho con tu familia y ellos te reiteran una y otra vez que esto es lo normal. Que dejes de esperar ese primer golpe, que no va a suceder. Y entonces comprendes que te mereces ser feliz. Y te lo crees. Y decides teñirte el pelo de naranja. Y vuelves a llevar pantalones cortos. Y a salir con tus amigas. Y empiezas a quererte. Y vuelves a reír.

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Y no nos olvidemos que hay muchas formas de violencia y no todas dejan huella…

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