¡Adiós guarde! ¡Hola cole! Cómo ha sido nuestro cambio de ciclo y el periodo de adaptación

De la guarde al cole: cómo ha sido nuestro cambio de ciclo y el periodo de adaptación

El paso de la guarde al cole es un hito importante en la vida de nuestrxs enanxs. Os contamos cómo lo hemos vivido nosotros y qué pautas seguimos para facilitarle al peque el periodo de adaptación.

¡Adiós guarde! ¡Hola cole!

Bueno, creo que ya es vox populi, como suele decirse, el hecho de que en casa aplicamos la metodología Montessori y que, por tanto, también escogimos un colegio con esta pedagogía para el peque.

Diego va a clase con su tita, que es profesora Montessori en uno de los pocos centros públicos sin libros que en nuestra comunidad aplica la metodología alternativa.

Debido al ambiente familiar y porque el niño está súper habituado a los materiales que ahora trabaja en el cole, ya que también jugamos con ellos en casa, la transición ha sido, en nuestro caso, muy amable. 🙂

 

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¿Qué tal vuestra #vueltaalcole ? ¿Tenéis peques en casa que comienzan la escuela infantil este año como nosotros? Nuestro primer día de #colegio ha sido muy dulce. Como sabéis, escogimos un centro #Montessori y entre que el peque está acostumbrado a la metodología y que con el periodo de adaptación la mañana es corta y pasa volando, ha ido todo genial. (Que su tita sea la profe, también ayuda). 😅 ¿Cómo ha sido vuestra experiencia? . . #pedagogia #escuela #cole #maternidad #maternity #madre #mother #mom #mommy #mum #madrereal #proudmom #momlife #crianza #crianzarespetuosa #crianzaconapego #infancia #infanciafeliz #infanciarespetada #blogger #bloggerspain #mamablogger #igersspain #igers #unamamanovata

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El último mes que fue a la guardería (que era un centro concertado que también aplicaba metodologías alternativas respetuosas con la infancia) fue el de julio. Ya entonces comenzamos a concienciarle diciéndole que al curso siguiente iba a ir al cole de la tita y las primas.

La fiesta de despedida de la guarde también ayudó a cambiar un poco el chip de los peques. En ella hubo muchos abrazos, muchos “hasta luego” y alguna que otra lagrimita… Y es que a partir de ese momento, cada uno de los 20 niños y niñas que habían compartido a diario horas de juego, tomaría un camino diferente.

Cada cambio de ciclo es emotivo y aleccionador, ¿verdad? Te hace darte cuenta de que la infancia es efímera y nuestrxs hijxs crecen muy rápido…

Durante el verano, le hablábamos mucho y de forma natural de todas las cosas nuevas que iba a hacer en el cole de la tita, de los muchos amigos y amigas que iba a conocer, de lo bien que se lo iba a pasar…

Visitamos el colegio 3 veces en su compañía, para que estuviera familiarizado tanto con el camino que íbamos a recorrer a diario a partir de septiembre, como con el nuevo espacio, su aula, la zona de recreo, el huerto…

Como nunca le hemos hablado usando diminutivos o adaptando el lenguaje a un vocabulario infantil o inventado, no tuvimos que seguir el clásico consejo de los profes de infantil en este sentido.

Tampoco le dijimos cosas como “ya eres mayor, vas a ir al cole de los niños grandes”, que en mi opinión les agobia e intimida.

Siempre que nos referimos al nuevo cole, lo hicimos con la mayor naturalidad y normalidad posible, dejando caer cosas aquí y allá, pero sin resultar machacones, sin insistir demasiado cada vez. Dejándole asimilar, a su ritmo, como siempre.

Una semana antes de la vuelta cole, comenzamos a adaptar los horarios y los hábitos para que el primer día no resultara un chocazo. También realizamos la última visita al nuevo centro escolar y a su nueva aula, donde se le permitió jugar con otros compis todo el tiempo que ellxs estimaron necesario hasta que comenzaron a cansarse. 🙂

El finde anterior a su comienzo escolar hicimos algo especial juntos: pasamos el día en familia en una zona de ocio infantil al aire libre donde el peque saltó en camas elásticas, montó en castillos hinchables, corrió, jugó con otros niños, comió su comida favorita, se tiró por los toboganes, se columpió…

De esa forma pretendíamos darle a entender, y no solo con palabras, que por más que las horas lectivas supongan una separación, esta es cortita y temporal. Que le queremos y que siempre habrá momentos para estar y pasarlo bien juntos. 🙂

De camino al cole, el día de inicio de curso, le dijimos que le íbamos a acompañar hasta la clase los primeros días, que iba a estar solo un par de horas jugando con otros niños, sus nuevos compañeros, que haría nuevos amigos, y que en seguida iríamos a recogerle y le traeríamos de vuelta a casa.

Esa misma mañana yo le había enseñado lo que llevaba en la tartera (cosas ricas que le gustan, para que todo fuera lo más agradable posible ese día) y preparé con él su mochilita con una muda completa, la botella de agua y la fiambrera, para que supiera lo que podía encontrar en ella en cualquier momento, si lo necesitaba.

El colegio también ayudó adaptando el horario de los primeros días al periodo de adaptación. De esta forma, en lugar de pasar de estar en casa de vacaciones con la familia todo el día a las 5 horas escolares diarias de golpe; el tránsito fue mucho más suave, ya que los peques solo iban a clase 2 ó 3 horas cada día. Así también han ido familiarizándose poco a poco con los nuevos materiales (en el caso de mi hijo, esto último no ha sido necesario).

Durante las dos primeras semanas, además, los papis entramos con los peques hasta la misma puerta del aula. A partir de la tercera semana, y ya más familiarizados, los niños ya hacían fila fuera para entrar de la mano encabezados por su profe.

Durante las tardes, procuramos hacer más cosas que nunca en familia, en casa y fuera de ella, para reforzar el vínculo familiar y que no se sintiera abandonado ni durante ni tras las horas de cole.

Como veis, todo ha sido un proceso natural y gradual. Hablarle del cole, de su profe, familiarizarle con los nuevos espacios, dedicarle tiempo de calidad a solas… todo ello generó un buen caldo de cultivo para que el peque fuera al cole con confianza y sin recelos, temores o nerviosismo.

Evidentemente, aún así ha habido días en los que no le ha apetecido mucho ir (como a nosotros al trabajo, ¿verdad?), ha echado alguna lagrimita o se ha enfadado por hacerle entrar en clase. Pero todo esto ha sido muy puntual y le ha durado el tiempo que la profe comienza a sacar los materiales didácticos.

La pedagogía, claro está, también ayuda. No es lo mismo obligar a un niño de 3 años a permanecer sentado y atento; que permitirle andar descalzo a sus anchas por un espacio despejado y proporcionarle elementos de estímulo adecuados a su edad y dejarle total libertad de movimientos. Entre otras codas, porque Montessori es mucho, mucho, mucho más que todo eso. 🙂

Al peque le gusta su cole nuevo y lo que hace en él. Cada vez que vamos a recogerle, esta feliz y sereno. Nos cuenta entusiasmado lo que ha hecho cada día y por la tarde volvemos a preparar la mochilita con ilusión por ver qué nos depara el día siguiente. Para nosotros ese es el máximo indicativo de que la adaptación está siendo todo un éxito. 🙂

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