Madre feminista

Se puede ser madre feminista: la crianza con apego es mi forma de cambiar el mundo.

Después de más de 3 años de lactancia materna nuestra lactancia ya está llegando a su fin, de forma natural y progresiva, y cada vez me cuesta más conseguir inmortalizar este momento. Por eso, para celebrar la Semana Mundial de la Lactancia Materna prefiero echar mano de esta imagen de hace unos meses antes que forzar una toma.

Y aprovecho para expresar que, aunque leo textos preciosos y reivindicativos a diario en las redes sobre la lactancia , a mí dar el pecho no me hace sentir más feliz, ni mejor madre, ni más plena, ni más femenina, ni más mujer, ni más loba, ni me conecta con el resto de mujeres del mundo, ni con mis antecesoras, ni con mis ancestros, ni con mi código genético, ni con la Madre Naturaleza (a la que tanto mencionamos en las redes mientras llenamos las playas de colillas y plásticos)… ni nada de eso.

Lo doy porque soy una madre consciente e informada y sé que es lo mejor para él, y yo quiero darle a mi hijo lo mejor de mí. Y sí, creo que ser madre es sacrificado. Pero también que sacrificar unos pocos años de mi vida adulta para dedicárselos a mi persona favorita cuando más lo necesita también es ser feminista porque es algo que nadie más que yo, como mujer, puede hacer por él.

Me han criticado por dar demasiado pecho durante demasiado tiempo, por dormir con mi hijo, por portear, por cogerlo en brazos, por no dejarle llorar, por no darle un cachete cuando tenía un berrinche, por reciclarme profesionalmente para poder trabajar desde casa para ser una madre presente en la vida de su hijo y, años después, también por querer recuperarme a mí misma poniendo límite a mi familia en el número 3.

Hombres, sí; pero aunque sea políticamente incorrecto decirlo, muchas más veces he sido juzgada por otras madres, por otras mujeres… por mis iguales. Por mujeres que luchan a diario por ganarse el respeto profesional en un mundo de hombres, olvidando que tomar cualquier otra decisión consciente es igual de respetable si se hace en libertad. Al fin y al cabo, la crianza con apego es mi forma de cambiar el mundo.

Yo soy optimista y creo que llegará un día en el que nos respetaremos y apoyaremos las unas a las otras, pero de verdad: aceptando que las mujeres somos diversas y, por ende, las madres también; y que lo bonito de la vida es que cada individuo es libre para autodefinirse como quiera y que el mundo es un espacio lo suficientemente amplio para que la felicidad de todos quepa en él.

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