El error de castigar a los niños por ser niños

El error de castigar a los niños por ser niños

Muchas veces esperamos que lxs peques actúen de forma distinta a la que les dicta su naturaleza infantil y les reñimos o castigamos por comportamientos que no son inadecuados en un niño aunque resulten socialmente incómodos. Y es que castigar a lxs niñxs por ser niñxs es un error y una tremenda injusticia.

Una escena habitual

El otro día estábamos la familia al completo (menos los peluditos de 4 patas) en una tienda de deportes buscando una gorrita para el sol para el peque, y fuimos testigos impotentes de una situación tan injusta que nos hizo abandonar el lugar.

Había una pareja más o menos de nuestra edad con dos hermanitos de unos 5 años corriendo divertidos por los pasillos de la tienda. Es cierto que causaban cierto alboroto, pero era mediodía y no había más clientes en el lugar.

Durante todo el tiempo que estuvieron corriendo, ni la madre ni el padre les reprocharon su actitud, pero en el momento en que se percataron de que las dependientas ponían mala cara porque jugaban a esconderse entre los percheros, la madre les gritó y fue directa hacia ellos.

Nada más ver acercarse a su madre, uno de los niños salió corriendo. El otro se quedó petrificado en el sitio muy serio y precisamente fue este, el más obediente de los dos, el que recibió un tremendo tortazo en la cara cuando su madre llegó a su altura.

Nosotros nos quedamos impactados, la verdad. No nos esperábamos la violenta respuesta, y nos dio una pena horrible ver como el niño era zarandeado mientras pedía perdón para que su madre le soltara sin saber si quiera qué había hecho mal, porque entre las risas del juego compartido con su hermano (que por ser desobediente precisamente había quedado inmune) y el bofetón de su madre no había mediado una sola explicación.

Nos fuimos antes de ver qué sucedía con su hermanito, pero poco a poco y ya en la calle, nuestra pena fue siendo sustituida por la indignación. ¡Los niños no estaban haciendo nada malo! Además, la madre había castigado precisamente al que se había detenido a la espera de una explicación. Lo peor de todo era el tortazo, que además había sido completamente gratuito. Le había pegado en lugar de explicarle que dentro de una tienda no era adecuado correr o llevárselo a un parque y posponer las compras para otro momento. Es decir: no le había enseñado absolutamente nada.

Pero además lo había hecho no porque pensara que su hijo estaba haciendo algo malo (que no lo estaba haciendo, en realidad) sino porque lo pensaban las dependientas de la tienda. Es decir, se había sentido juzgada como madre y había actuado en base a lo que los demás pudieran creer de ella. Nos pareció sumamente injusto para los niños.

Y esta escena, con tortazo o sin tortazo, es muy habitual. Seguro que habéis presenciado momentos similares en el supermercado, el parque, un restaurante… A menudo se regaña o castiga a lxs niñxs por comportarse precisamente como niñxs por comportamientos que resultan socialmente incómodos, inaceptables o molestos (como saltar, correr o gritar de alborozo); y que realmente solo obedecen a la propia naturaleza infantil.

El “siéntate ahí y quédate quieto”

Parece absurdo que un niño menor de 6 años sea capaz de cumplir esta orden a rajatabla, ¿verdad? Y sin embargo, seguimos esperando que nuestrxs hijxs se conviertan en estatuas cuando entramos en una tienda, esperamos en la consulta del médico, estamos de visita en casa de unos amigos o vamos a un restaurante…

¡Pues no, no lo hacen! ¡No pueden hacerlo! ¿Por qué amarra la gente a sus perros cuando entra en un establecimiento? Porque teme que se vayan. Por muy buenos, obedientes y bien adiestrados que estén, los seres vivos se mueven… ¡Imaginaos un niño o una niña de 3 ó 5 años! ¡Con todo ese nivel de energía que tienen en el cuerpo, esa curiosidad innata y ese tremendo afán por explorar y descubrir el mundo que les rodea!

No, lxs niñxs no se quedan quietxs. Y no lo hacen porque no quiera complacernos, sino porque no comprenden qué necesidad hay de hacerlo y porque a los 5 minutos probablemente hayan visto algo tan sumamente atractivo que todo su cuerpo le impulsa hacia delante… ¡Y se olvidan de lo que les habíamos dicho!

¿Por qué seguimos entonces dando órdenes que sabemos que no pueden ser obedecidas? ¿Por qué nos empeñamos en malgastar nuestra autoridad como padres en cosas absurdas para perderla por desgaste cuando la necesitemos para las cosas que son realmente importantes?

Sabéis que en casa no somos partidarios del castigo ni mucho menos de pegar a lxs niñxs. Educar en positivo implica cambiar nuestra mentalidad y en lugar de actuar jueces y estar constantemente juzgando las conductas negativas de lxs niñxs y aplicando castigos a esas conductas, debemos esforzarnos por adoptar el papel de acompañantes, educándonos primero a nosotros mismos para comprender cómo funciona el cerebro infantil, observando todo lo que hacen bien y ayudándoles cuando se equivocan porque siempre podemos considerar el error como una oportunidad para aprender.

Yo no creo que los niños que estaban corriendo en la tienda estuvieran portándose mal. Solo estaban respondiendo a sus impulsos innatos. Se habían equivocado de lugar para correr, eso sí (igual que los padres se habían equivocado de momento para ir de tiendas). Pero se les podía haber mostrado su equivocación mediante comunicación y diálogo.

Nuestro hijo corre en las tiendas como cualquier otro niño. Y claro que sí, resulta estresante y molesto. Molesto sobre todo para todos los demás; pero también estresante para nosotros que tenemos que salir corriendo cada dos por tres detrás de él para que no desaparezca de la vista. ¿Qué es lo que hacemos en esta situación? Uno se quede jugando con él (en esta ocasión, admirando las pelotas de fútbol) mientras el otro realiza la tarea. ¿Y cuándo va uno solo con él? Reducir el tiempo de permanencia en las tiendas y limitar este tipo de salidas a las absolutamente necesarias. Por lo general, yo las tardes me las paso jugando en el parque o en casa con el niño. Porque tuve hijos para ser feliz, no para estar todo el día cabreada luchando con ellos.

Correr, saltar, reír y tocar…

Y en general alborotar alegre e inocentemente es parte de la magia de la infancia. Cambiando el enfoque y dejando de tratar que lxs niñxs se pongan en nuestro lugar (algo imposible, por otra parte) y poniéndonos nosotros en el suyo podemos darnos cuenta de lo injustamente que tratamos a veces a lxs niñxs.

Hace poco, mi hijo se soltó de la mano de su abuela en un comercio bastante grande y se escondió… Nos dio un buen susto a todos y nos tiramos un buen rato buscándole por todas partes (una persona fija de inmediato en la puerta del establecimiento para evitar que saliera o se lo llevaran). Cuando por fin le encontramos tuvimos que serenarnos antes de hablar seriamente, pero con tranquilidad, con él acerca de lo inadecuado de ese comportamiento. Pero no le castigamos, porque él solo estaba jugando…

No era su intención causarnos malestar ni inquietud, y era muy pequeño para comprender lo que le puede suceder si se separa de nosotros porque, a pesar de que este es un tema del que ya hemos hablado con él hasta la saciedad, sencillamente se le olvida cuando ve la posibilidad de jugar al escondite… Es decir, él no tiene experiencia real sobre lo que significa perderse, que le atropelle un coche o que le secuestren; por lo tanto, por más que le expliquemos, debemos tener paciencia y seguir resaltando lo importante que es que no se suelte nunca de la mano ni se aleje de papá y mamá. Todo es cuestión de tiempo y del mismo proceso madurativo (aunque he de decir que nos vio tan preocupados que nos pidió perdón llorando y no lo ha vuelto a hacer).

También hay ciertos libros que nos ofrecen pautas útiles. Os dejo los enlaces de afiliado a Amazon:

Si os interesa documentaros sobre este tema o comprender cómo funciona el cerebro del niño según la neurociencia, pero con un enfoque para padres y con un lenguaje ameno y sencillo, os recomiendo el El cerebro del niño.

También para mejorar la comunicación y el diálogo en familia es muy interesante Cómo hablar para que los niños escuchen. Y cómo escuchar para que los niños hablen (que además es muy baratito) y, como no, no me canso nunca de recomendar la obra de la educadora y psicóloga infantil Jane Nelsen Cómo educar con firmeza y cariño, que es la biblia de la displina positiva.

A veces, simplemente, basta con sentir empatía y aplicar el sentido común para encontrar la solución a un conflicto familiar o incluso prevenirlo. Por ejemplo: si vas a estar más de 15 minutos en una tienda los lxs niñxs no van a poder ser niñxs, sencillamente no les lleves.

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