Laura Aguilera, directora del centro PAI, nos explica qué es la Inteligencia Emocional y su enorme valor en la educación de nuestros hijos

Laura Aguilera, directora del centro PAI, nos explica qué es la Inteligencia Emocional y su enorme valor en la educación de nuestros hijos

Entrevistamos a Laura Aguilera, psicóloga y psicopedagoga especializada en Inteligencia Emocional, que nos explica por qué es importante una correcta educación emocional para el desarrollo de nuestros hijos y cómo ayudarles a identificar y gestionar sus emociones.

P: ¿Qué es la inteligencia emocional y por qué es importante cultivarla?

R: La inteligencia emocional se refiere al conjunto de habilidades psicológicas que nos permiten entender y expresar nuestras propias emociones y sentimientos, así como la de los demás.

Es importante cultivarla debido a que forma parte de la toma de decisiones de nuestro día a día, desde qué siento en cierto momento y cómo debería actuar, qué quiero hacer con mi vida y cuál es el camino que debo tomar…

P: ¿Por qué está asociada a personas con éxito en la vida? ¿Tan importantes son las capacidades que nos ayuda a adquirir? ¿Qué capacidades o habilidades caracterizan a una persona con gran inteligencia emocional?

R: Se asocia a personas con éxito, porque éstas son personas que saben lo que piensan, lo que sienten y lo que quieren en su vida. Son personas que se escuchan a sí mismas y saben expresar de forma adecuada lo que quieren y lo que les emociona.

La Inteligencia Emocional se asocia a personas con éxito en la vida

Aun y así, no todas las personas con éxito gozan de una buena inteligencia emocional, pero es una probabilidad importante.

La persona que tiene desarrollada una buena inteligencia emocional podrá escoger y encaminar sus objetivos de una forma mucho más fiel a sí misma.

Las características de la inteligencia emocional y por lo que es tan importante que los niños empiecen a cultivarla son:

  • La conciencia de uno mismo (la concienciación de nuestras emociones y sentimientos).
  • La autoregulación (el control para gestionar nuestros propios impulsos y emociones).
  • La motivación (la iniciativa y las ganas por conseguir nuestros objetivos)
  • La empatía (la concienciación de las mociones y sentimientos de las otras personas).
  • Las habilidades sociales (la interacción con las otras personas de forma adecuada y exitosa).

P: ¿Cuándo y cómo podemos empezar a educar emocionalmente a nuestros hijos?

R: Desde el momento del nacimiento ya se asientan algunas bases de la inteligencia emocional de forma prácticamente indirecta. Algunas acciones son los abrazos que los padres dan a su bebé, las caricias… Así como cuando el bebé llora, los padres acuden a su ayuda, ya bien sea para cambiarle el pañal o acunarlo. O bien satisfaciendo las necesidades básicas del bebé, como es alimentarlo.

El bebé ya está aprendiendo la relación entre lo que él desea y lo que le ofrecen los padres. A partir de ahí, en toda la etapa de crecimiento del pequeño debe ir desarrollándose la inteligencia emocional, para que sea capaz de identificar sus emociones, expresarlas y comprender a sus padres para mantener una relación equilibrada y transparente. Si se “trabaja” desde el seno familiar con naturalidad, esto se apreciará cuando el niño acuda a la escuela y deba relacionarse con profesores y compañeros de clase.

Es muy importante trabajar la comunicación y educar en emociones desde la familia

Considero muy importante trabajar la comunicación y educar en emociones desde la familia. Desde mi experiencia profesional en mi centro de psicología, he visto niños de nueve o diez años, no explican sus sentimientos a sus padres, les cuesta expresar lo que les pasa si les conlleva un conflicto emocional importante y que se lo guardan para ellos mismos; dando exteriormente la sensación de que no confían en sus padres, cuando en realidad, lo que sucede es que no están acostumbrados a darle importancia a hablar sobre sentimientos y no saben cómo hacerlo porque en el seno familiar no se ha llevado a cabo durante el desarrollo del niño.

Laura Aguilera, directora del centro PAI, nos explica qué es la Inteligencia Emocional y su enorme valor en la educación de nuestros hijos

Por ello, preguntarle al niño cada día algún aspecto relacionado con los sentimientos es ir asentando pequeños granitos día a día, para construir una montaña gigante de sentimientos y conocimiento en emociones. A la hora de la cena, por ejemplo, cuando estén todos en familia, cada persona debería explicar su mejor momento del día, un momento que no le haya gustado mucho (si lo ha tenido), cómo se ha sentido en las dos situaciones y cómo se siente en ese momento de cierre del día. El dialogo, la comprensión y la naturalidad es clave.

P: ¿Cuáles son las emociones principales o básicas con las que debemos empezar a trabajar con ellos? ¿Cuándo ampliarlas y con cuáles o en qué orden?

R: Las emociones básicas que se deben trabajar son la rabia, la tristeza, la alegría, el amor y el miedo. Se irán ampliando a la vergüenza, la sorpresa y hasta un infinito de emociones. Se deberán ir ampliando poco a poco a medida que el niño las va experimentado, ya que no debemos explicarle una emoción que desconoce y que no ha experimentado aún a menos que tengamos una referencia para que pueda entenderla.

Por ejemplo, si vemos la oportunidad de explicar una emoción como la nostalgia, mediante el personaje de una película, o bien de un ser querido que está sintiendo esta emoción que el niño no comprende, se le puede explicar cuáles son los sentimientos y motivos por los que se suele sentir esta emoción, el motivo por el que esta persona la está sintiendo y el nombre de dicha emoción. De esta manera, podrá identificarla en el futuro tanto en otros como cuando la experimente él mismo.

P: ¿Es importante verbalizar la emoción? ¿Cómo se relaciona la inteligencia emocional con la comunicación positiva? ¿Nos ayuda a fomentar las relaciones horizontales con nuestros hijos?

R: Es importante no decirle directamente al niño que emoción está sintiendo, sino animarle a que exponga sus sensaciones tanto fisiológicas como psicológicas para que vaya comprendiendo su cuerpo y con la guía de los padres vaya identificando las relaciones entre la emoción y experimentación.

Es importante no decirle directamente al niño que emoción está sintiendo, sino animarle a que exponga sus sensaciones para que vaya las vaya identificando por sí mismo

Es decir, si vemos a nuestro hijo experimentando claramente la emoción de la rabia, no es adecuado decirle “estás enfadado”, “veo que estás sintiendo rabia…”. Sino darle siempre primero la oportunidad de que él piense y relacione experimentación con emoción. Así, en este precioso esfuerzo, es cuando aprende y desarrolla de una forma mucho más significante su inteligencia emocional. Sería más acertado, por tanto, guiarlo y decirle “¿cómo estás sintiendo tu cuerpo?” “qué emoción estás sintiendo?” (si no sabe decirlo es cuando a través de lo que nos ha ido diciendo previamente podemos guiarlo en la respuesta). Siempre se le debe preguntar, diciéndole previamente que mamá y/o papá lo quieren ayudar, ya que se sentirá más cercano y menos juzgado a la hora de poder expresarse.

Darle la oportunidad previamente al niño de que aprenda y se comprenda a él mismo con la guía de los padres, sin la autoridad de decirle qué es lo que siente, sino que él mismo haga ese razonamiento, marcará una relación con los padres mucho más estrecha y equilibrada, por lo que fomenta sin lugar a dudas, las relaciones horizontales en la familia y una seguridad y autoestima mucho mayor en los niños.

P: ¿Qué materiales y/o libros son adecuados para trabajar las emociones con los niños?

R: Los juegos para descubrir emociones son una base fundamental, por ejemplo, jugar a poner caras y que el otro identifique qué emoción está sintiendo, ya que ayudan al niño a poner nombre a las emociones y a identificarlas mediante los gestos.

También se puede jugar a imaginar situaciones ficticias y al final preguntarle al peque cómo cree que se sentirá la persona del pequeño relato. De esta manera, aprenderá a prever situaciones y reacciones de otros, identificándose previamente con ellos. Esto también puede llevarse a cabo mediante la lectura de algún cuento o la visualización de películas. Si paramos en un momento determinado de leer el cuento o de visualizar la película y le preguntamos al niño, cómo cree que se está sintiendo en esos momentos tal personaje o cómo cree que reaccionará a partir de ahora, estaremos trabajando en el desarrollo de la inteligencia emocional del niño, a la vez que se divierte en adivinar e inventar.

Enseñarles a gestionar sus emociones mediante juegos y cuentos es fundamental

Enseñarles a gestionar sus emociones es fundamental, por ejemplo, en el caso de la emoción de la rabia, enseñarles qué conductas son adecuadas e inadecuadas y cómo gestionar una emoción tan complicada. En el cuento que publiqué el año pasado, Mi volcán, se ofrece precisamente el afrontamiento y gestión del enfado trabajándolo en familia de una forma donde la imaginación tiene un papel fundamental.

Laura Aguilera, directora del centro PAI, nos explica qué es la Inteligencia Emocional y su enorme valor en la educación de nuestros hijos

En mi primera publicación, a la que le tengo un cariño muy especial, El descubrimiento de las inteligencias múltiples, mediante un cuento, los niños averiguan las diferentes inteligencias, entre ellas, la inteligencia emocional, la cual, según la teoría de Howard Gardner, la desglosaríamos en inteligencia interpersonal e inteligencia intrapersonal.

La primera, hace referencia a la inteligencia con respecto al exterior del individuo, es decir, las personas de nuestro alrededor y sus sentimientos, la capacidad que tenemos de relacionarnos de forma exitosa con ellos y de reconocer sus emociones, etc. La segunda, hacer referencia al interior de la persona, sus propios sentimientos, su capacidad de comprenderse, hacerse preguntas, plantearse objetivos personales, etc.

Ambas forman la inteligencia emocional. Es un cuento que acerca a los niños a comprender no sólo la inteligencia emocional y averiguar en qué medida la tienen desarrollada, sino a averiguar las distintas inteligencias que poseen.

P: Entiendo que es básico que como padres demos ejemplo a nuestros hijos cultivando nosotros mismos nuestra inteligencia emocional y que, a medida que ayudamos a nuestros hijos en su educación emocional, nosotros mismos iremos esforzándonos por mejorar en este aspecto. ¿Cómo nos recomiendas hacerlo o qué bibliografía para adultos consideras necesaria?

R: Efectivamente, para poder fomentar la inteligencia emocional de los hijos, los padres deben estar preparados y gozar de esta habilidad. De no ser así, requiere de un esfuerzo extra y es importante que se informen, lean y se asesoren.

Fomentar la inteligencia emocional de los hijos requiere que los padres se informen, lean y se asesoren

El libro que recomendaría en primer lugar es Inteligencia emocional de Daniel Goleman, ya que fue el percusor de la inteligencia emocional y es de lo más interesante.

Por otro lado, recomendaría Inteligencia emocional para niños. Guía práctica para padres y educadores y Educar con inteligencia emocional: Cómo conseguir que nuestros hijos sean sociables, felices y responsables. Ambos están enfocados no sólo a la inteligencia emocional del adulto, sino que se centran en gran parte del libro a la crianza y la educación de los niños.

P: ¿Cómo nos ayuda la inteligencia emocional a los padres a resolver situaciones de conflicto con los niños? (pataletas, rabietas, etc.)

R: La inteligencia emocional ayuda a los padres a gestionar de forma positiva esas rabietas y enfados de sus hijos, así como conflictos entre hermanos relacionado con celos o con la dificultad de compartir sus juguetes, a que los niños cuando tengan un problema en la escuela lo cuenten a los padres… Por ejemplo, en casos de Bullying escolar, si un niño está sufriendo acoso escolar probablemente se lo diga a sus padres (expresará sus emociones de forma abierta) y buscará ayuda para resolver la situación.

La inteligencia emocional ayuda a los padres a gestionar de forma positiva las rabietas

Lo cierto es que en cualquier situación en el día a día, en la toma de decisiones y en la resolución de conflictos (hasta el más mínimo berrinche porque el peque quiere que le compremos un cruasán cuando ya ha merendado) pone en práctica la inteligencia emocional: “sentir una emoción ante cierta situación, expresar dicha emoción, saber gestionarla adecuadamente para que no me haga daño y saque algo productivo de ella buscando una solución”.

P: ¿En tu opinión, debería la comunidad docente incluir la educación emocional como parte de las materias académicas?

R: Sin lugar a dudas, y lo cierto es que poquito a poco, al estar tomando notoriedad este término, cada vez hay más interés por la educación emocional y ello puede promover un avance y que los centros se animen a incorporarla.

Lo ideal sería que formara parte de los objetivos curriculares y se estableciera como una asignatura más, teniendo un peso importante en la que los niños aprendieran las emociones, a identificarlas en ellos mismos y en los demás, y ser capaces de gestionarlas de forma adecuada y positiva. Esto ayudaría enormemente a que los niños fueran capaces de resolver futuros conflictos, y de la misma manera, los conflictos escolares entre compañeros se verían disminuidos si todos los alumnos gozaran de un buen conocimiento en educación emocional.

Laura Aguilera, directora del centro PAI, nos explica qué es la Inteligencia Emocional y su enorme valor en la educación de nuestros hijos

Laura también es especialista en Inteligencias Múltiples y experta en Atención Temprana y en Intervención de Trastornos de la infancia y adolescencia. Dirige el centro PAI, situado en Barcelona, en el que ofrece múltiples servicios dirigidos a la infancia y adolescencia, a las familias y a los docentes.

Desde su página web Psico Ayuda Infantil difunde sus propios artículos de psicología infanto-juvenil para dar a conocer temas de interés de psicología, crianza, educación y aprendizaje dirigidos especialmente a los padres, ofreciéndoles también, asesoramiento y orientación.

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