Tres años de maternidad

Tres años de maternidad

Hoy mi pequeño cumple 3 años. Es un día muy especial para él y también para nosotros, que nos sentimos felices y orgullosos de verle crecer sano, feliz, libre… Y enormemente afortunados por haber podido acompañarle en cada día de esta maravillosa etapa de su vida. También nosotros cumplimos 3 años como padres. 3 años de maternidad, 3 años desde que su llegada nos cambió la vida y lo llenó todo de luz y alegría.

Tres años juntos y triple celebración

Tres años juntos. Tres años de risas y abrazos, de fiebres y constipados, de lactancia, de colecho (con sus luces y sus sombras), de crianza con apego, de rabietas, de caricias, de llantos, de abrazos, de preocupaciones y alegrías, de saltos en la cama, de virus infantiles, de primeros pasos, de primeras palabras, de no tener nunca la casa recogida y de ser más felices que nunca.

Tres años viéndole crecer. Tres años de insomnio nocturno. Tres años de dicha diaria, de momentos inolvidables, de sueños e ilusiones compartidas… Y también de agotamiento, y de inquietudes que eran nuevas para los tres. Tres intensos años de meses cortos y días largos.

Hoy celebramos que nuestro pequeño hace 3 años. En un plano secundario, yo también cumplo años como mamá, el mejor regalo que me ha hecho la vida. Y por último, también cumple 3 años este blog en el que tanto de mí he puesto cada día. 🙂

Su cumpleaños

Hoy miro a mi hijo y me siento feliz. Está muy contento. Sabe que es su cumple y ya ha abierto sus primeros regalos. Ha hablado con sus abuelos por teléfono y le han felicitado. Después le hemos acompañado (como cada mañana) a la guarde, pero hoy es un día especial porque va a celebrar su cumple allí, con sus compañeros de clase.

Ayer eligió la tarta (de chocolate y colorines) que quería compartir con ellos hoy. Y está muy orgulloso porque sabe que le van a poner una corona de papel en la cabeza, todos le cantarán el cumpleaños feliz y después repartirá gusanitos a todos sus amiguitos. Se siente protagonista y está muy sonriente. 🙂

Después, por la tarde, celebraremos una merienda especial en casa con la familia. Hemos decorado la azotea y vamos a merendar en la terraza. Hemos hecho todos los preparativos juntos y está muy ilusionado. ¡Le encantan las visitas! Y sabe que esta vez, la gente viene a verle a él… ¡Y además le traerán más regalos! También sabe que hoy nadie le impedirá comer chocolate y otras golosinas. XD

Dentro de unos días va a celebrar otra fiesta con sus amigos y sus prim@s. Está muy ilusionado porque ha repartido sus primeras invitaciones y eran muy chulas… Yo me río, y le digo que los cumpleaños son especiales porque la gente que nos quiere celebra nuestro nacimiento y nuestra vida junto a ellos, que lo de los regalos da igual, que lo importante es el cariño y la compañía. Él me dice que sí: “mamá, yo te quiero a ti hasta la luna”. “Yo a ti hasta el infinito”, le contesto… ¡Y después vuelve a centrarse en los preparativos de su día! XD

Y yo le miro, le veo llevar la bolsa de los regalitos para sus compis (“mamá, yo solo, yo puedo”), y veo a un mitad bebé-mitad niño; y me sorprendo pensando: “¿pero cómo ha pasado?, ¿en qué momento ha dejado de ser un bebé?”. Y me queda claro (mientras me dice que la ropa que yo le enseño no; que él quiere ponerse esa otra) que lo que dicen de la crianza es cierto: “Los días son largos, pero los años son cortos”.

Vemos crecer a nuestr@s hij@s. En realidad lo vemos cada día (pero en los cumpleaños se hace aún más evidente, ¿verdad?), pero a veces no somos del todo conscientes (centrados como estamos en dejar nuestra huella en su vida) de lo realmente importante que es la huella que ellos dejan en nuestra vida, y no al revés.

Ver crecer a un hijo es una experiencia tan reconfortante y maravillosa, tan feliz e inspiradora… Me siento inmensamente agradecida por haber podido disfrutar de esta experiencia y por cada día que mi hijo me regala junto a él. Pero también un poquito triste porque nadie nos devuelve el tiempo que ya fue, el que ya pasó, aquel que es ya irrecuperable y pervivirá para siempre en nuestro corazón y en nuestros recuerdos. Es la dicotomía de ser madre, me temo. 🙂

Así que lo que le deseo de corazón hoy a mi hijo es que nunca pierda esa capacidad de sorpresa que hace que cada día que vivimos junto a él sea nuevo, diferente y especial, desde la mañana hasta la noche. Que nunca pierda ese entusiasmo y esas ganas de vivir tan intensas. Que nunca deje de crecer y alimentar sus sueños, esperanzas e ilusiones. 

Mi cumpleaños como mamá

Yo siempre digo que en un parto nacen dos personas: un bebé y su madre. Porque es cierto, a partir de ese momento hay una nueva persona dentro de ti que no conocías, que no tenías ni idea de que existiera y que despierta en el primer instante en que coge a su hij@ en brazos y siente su contacto. Ya está, atrás quedó tu otro yo. Ahora, además de ti misma, eres madre.

Ser madre te cambia la vida. Te reforma la cabeza y ordena los muebles de otra manera. Cambia tu lista de prioridades. Si tuviera que hacer una lista de las cosas que me ha enseñado la maternidad, a la cabeza estarían la capacidad de superación, el esfuerzo por reinventarme a mí misma para ser cada día un poquito mejor, la necesidad de ofrecer siempre lo mejor de mí misma y seguir creciendo como persona para poder dar el mejor ejemplo posible a mi hijo.

La maternidad está muy idealizada, os compartía esta misma idea hace unos días a través de Instagram en esta imagen:

Mi pequeño garrapatoso cumple 3 años dentro de nada, lo que significa que yo también los cumpliré como mamá. Miro hacia atrás y me doy cuenta de que lo que siempre se dice de la crianza, es verdad: “los días son largos, pero los años son cortos”. Tengo grabado en la memoria el momento en el que vi por primera vez su carita en su primer instante de vida en el exterior, y todavía recuerdo el temor y la inseguridad de nuestro primer día solos, él y yo, en casa. ¡Ni siquiera me atreví a ponerme el pijama por si le pasaba algo y tenía que salir corriendo! No conseguía dormir porque, aunque él descansara, yo me inclinaba sobre él constantemente para comprobar que respiraba. Eran tantas cosas nuevas… Por más que creas que sabes lo que es la maternidad, hasta que no la vives no tienes ni idea. El embarazo, el parto, la lactancia… la maternidad en general está hiper idealizada. Los primeros años, sobre todo si eres primeriza, son duros. Hay momentos de duda en los que no sabes si lo estás haciendo bien, instantes en los que te miras en el espejo y no te reconoces a ti misma, días en los que no recuerdas si te has lavado la cara o eso fue ayer, y la mayor parte del tiempo estás agotada como nunca antes en tu vida. No tienes tiempo para ti y tampoco para tu pareja, y nuestro ritmo de vida no nos pone las cosas fáciles. Pero yo siempre digo que en el parto nacen dos personas: una nueva vida y una mujer nueva, una segunda personalidad que ni siquiera sabías que tenías y que de repente te entrega capacidades innatas que desconocías. Y a pesar de la cuesta arriba de los primeros años, un hijo te hace tan feliz… Es un amor tan incondicional, tan inabarcable e infinito, que te impulsa siempre hacia delante, animándote a esforzarte por ser siempre la mejor versión de ti misma. Por él, para él. Porque un día te das cuenta de que él te va a querer seas como seas, solo por estar ahí, porque eres su mamá y te necesita. Entonces sabes que él no te debe nada a ti, pero lo mínimo que le debes tú a él es estar a su altura y merecerte todo ese cariño. Dicen que los niñ@s te cambian la vida, pero lo más importante es que te cambian por dentro y te hacen desear atrapar el tiempo…

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La maternidad es maravillosa, pero igual que tiene sus luces; tiene sus sombras. Creo que para mí lo más difícil durante estos últimos 3 años ha sido perder mi propio espacio (no del todo, pero sí se limita al máximo) y no ser dueña de mi tiempo.

No sé si me explico bien… Me refiero a que difícilmente puedo tan siquiera darme una ducha sola. Porque, ¿sabéis eso que dicen de que más vale pasar con l@s niñ@s un par de horas al día pero de calidad (prestándoles atención, me imagino que quieren decir) que las 24 horas del día? Pues no es cierto. Ell@s necesitan que se les preste atención constante.

También echo de menos a mi pareja. A veces caemos tan rendidos al final del día que apenas hablamos de temas de relevancia. Y el tiempo que pasamos a solas, que es muy muy escaso, es para hacer tareas domésticas o cotidianas. El horario de l@s niñ@s se impone en la familia y a veces no es fácil compaginarlo todo. Pero los 3 seguimos juntos, y somos felices, que es lo importante. Y me siento por ello agradecida. 🙂

El cumpleaños del blog

Por último, también me llena de satisfacción ver crecer este blog, que nació al mismo tiempo que mi hijo. Cuando comencé a escribir esta bitácora apenas compartía mis reflexiones con un par de centenares de lectores que ni siquiera eran asiduos…

Hoy compartimos nuestras experiencias con casi 6.000 lectores diarios, lo que me hace sentir inmensamente feliz, ya que he volcado en estas páginas parte de mi propio ser, todos los días, desde hace 1.095 días. Y también me siento enormemente agradecida por todo el cariño y apoyo que recibo cada día. 🙂

Cuando comencé a escribir el blog, no buscaba más que un medio de desahogo y un ejercicio de gimnasia mental que me permitiera “mantenerse en forma” ya que pasaba la mayor parte del día a solas con el bebé (como ya sabéis, tengo a mi familia a más de 500 km. de distancia). También para compartir inquietudes y dudas, aciertos y desaciertos, e incluso anécdotas divertidas…

Lo que nunca imaginé es que acabara devolviéndome tanto a cambio… La maternidad compartida siempre es mejor, diría mi amiga Elena (autora del blog Mamirami). Y así es. Las madres necesitamos formar tribu con otras madres, para apoyarnos y compartir nuestras experiencias (buenas o malas) sin juzgarnos las unas a las otras.

Todo tiene sus pros y sus contras, está claro; pero hoy me he dado cuenta de que la palabra que más repito en estos últimos 3 años es GRACIAS. Y eso… Eso es bonito, ¿verdad? 😉

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