Mesa de la Paz VS Silla de Pensar

Mesa de la Paz VS Silla de Pensar

La Mesa de la Paz es un recurso de la pedagogía Montessori que se practica en las aulas con l@s peques y que también se puede poner en marcha en el hogar. Es una medida respetuosa y efectiva que fomenta la armonía y la convivencia.

El otro día una mamá me dijo en el parque que su hija estaba muy triste porque ese día su profesora la había mandado a la “silla de pensar” por “portarse mal” (no querer estar sentada y quieta con menos de 3 años) y a mí, que me sorprende que muchos docentes sigan llevando a la práctica métodos tan arcaicos, ese incidente me inspiró para preparar este post (sobre el tema de los castigos en general y de lo que se considera un mal comportamiento en un niño hablamos otro día porque también da para hablar largo y tendido…).

¿Qué es la mesa de la paz?

La Mesa de la Paz es un instrumento Montessori que tiene una doble finalidad: favorecer la convivencia dentro de un grupo (entre los compañeros en un aula o entre los miembros de la familia en un hogar) o ayudarnos a serenarnos cuando algo nos agobia, irrita o preocupa. Por lo tanto su uso puede ser tanto colectivo como individual.

Como instrumento de convivencia sirve para resolver los conflictos que puedan surgir entre l@s niñ@s en una clase (peleas, discusiones, asperezas, etc.) se usa de modo colectivo (acompañando al niño o a la niña para, de forma serena, dialogar con ellos). Como instrumento de calma se usa de forma individual, ayudando al peque a tomarse un tiempo fuera positivo antes de emprender con él/ella la búsqueda de soluciones a su malestar (a veces, después de pasar un rato a solas haciendo una actividad agradable, ni siquiera es necesario).

Físicamente, es un rinconcito (no tiene que ser literalmente una mesa; aunque suele ser lo más común, también puede ser un tipi o cualquier otro rincón especial que ayude a l@s peques a relajarse) o espacio claramente definido, que es mejor que no se use para ninguna otra cosa para que l@s niñ@s aprendan rápidamente cuál es su uso y propósito.

Cubos apilables arco iris Waldorf

En ella nos vamos a encontrar siempre materiales que nos ayuden a combatir el estrés: un objeto especial al que damos el uso de “toma” la palabra para hablar por turnos (en el caso de un uso colectivo), un árbol musical que nos ayude a serenarnos, pastas para moldear que sirvan a l@s más pequeños para combatir la furia y/o el estrés, cascadas sensoriales o relojes de arena que relajan al mirarlas, cuentos, etc. Siempre son slow toys que proponen actividades relajantes.

árbol musical

No me quiero extender demasiado, pero os animo a visitar los muchos blogs “montessorianos” estupendos que hay en la red, donde podéis encontrar mucha información al respecto de la Mesa de la Paz, como en este post de Tigriteando o en este otro en el que Bei nos da ideas sobre qué materiales incluir en ella. También hay muchos sites especializados que nos explican cómo preparar vuestra propia Mesa de la Paz en casa como este artículo de Jaisa Educativos, expertos en materiales Montessori.

¿Qué es la silla de pensar?

La famosa “silla o rincón de pensar” es, en cambio, un método impositivo y abusivo totalmente vertical (el adulto impone, el/la niñ@ se somete). Es un castigo considerado “benigno”, disfrazado de “tiempo reflexivo”, cuando en realidad es una técnica punitiva.

Consiste en expulsar (o aislar, como prefiráis) a un/a niñ@ mandándole a sentarse contra la pared (o a su cuarto, etc.) sin proporcionarle ningún tipo de herramienta para que aprenda a gestionar el conflicto. Como dice De mamas & de papas en este artículo de El País sobre los efectos negativos de la silla de pensar: “Un niño no sabe pensar si no es guiado y acompañado con un adulto y desde luego, nadie puede pensar inundado de ira o de frustración. Aislar e ignorar física y afectivamente a un niño no educa. Por el contrario, contenerle, ayudarle a calmarse (respiración, frasco de la calma, un cojín preferido, un abrazo si se deja, unas cuantas carreras…), para después guiarle hacia una reflexión sobre lo ocurrido y tratar conjuntamente de encontrar una mejor manera de hacer las cosas, sí educa.”

Esta técnica, además de inútil por todo lo anteriormente expuesto, conlleva un error de base. El clásico: “¡Quédate ahí y piensa en lo que has hecho!”. Porque resulta que pensar no es un castigo. De hecho, pensar es algo bueno.

Como dice Louma Sader (autora de múltiples bestsellers de Crianza Respetuosa), al hablar sobre la violencia psicológica implícita en la silla de pensar a través de su blog Amor Maternal: “Cabe preguntarnos, ¿les estamos enseñando empatía a nuestros hijos cuando les tratamos así? ¿Qué sentiríamos nosotros si ante un problema, disgusto o comportamiento que desagrada a nuestra pareja nos tratara de esta manera? ¿Y si hiciéramos algo desagradable a nuestros hijos y nos mandaran ellos al rincón de pensar? Me da una sensación de bullying, así de simple.”

Así es, l@s niñ@s aprenden por imitación. Nos esforzamos mucho por transmitirles oralmente el mensaje correcto pero mucho más importante que lo que les decimos es lo que ellos ven que hacemos. Porque como vean que nos comportamos nosotros, así aprenderán a actuar ellos y se comportaran el día de mañana. Teniendo esto presente: ¿excluir a un niño por un error de comportamiento os parece el método más adecuado para educarlo?

¿En qué se diferencian?

La Mesa de la Paz es respetuosa y se basa en el time-in (tiempo compatido, tiempo juntos), es voluntaria, pero cuando se familiarizan con su uso y propósito, l@s niñ@s acuden a ella para calmarse o resolver conflictos de forma voluntaria. Fomenta las relaciones horizontales. Es un método positivo y efectivo.

La Silla de Pensar es un castigo camuflado e impuesto que se basa en el time-out (tiempo de aislamiento) basado en la expulsión del espacio común del niño o de la niña sin más explicaciones ni búsqueda de soluciones. Va acompañada de regañinas y discusiones, no de diálogo. Fomenta las relaciones verticales. Es un método negativo e ineficaz.

 

¿Cuándo es el momento de preparar una Mesa de la Paz en casa?

Si no tienen edad para acudir a ella solos, tampoco la tienen para comprender su propósito. Con l@s niñ@s menores de 3 años no se puede emplear aún. A partir de esta edad (siempre teniendo en cuenta la madurez de cada niñ@) podemos llevarla a cabo poco a poco, introduciendo a l@s peques en su dinámica progresivamente, decorando con ellos su espacio y eligiendo los materiales con ellos. Las primeras veces debemos acompañarles siempre y no forzarles nunca, ya que no es en modo alguno un castigo ni deben entenderlo así.

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