Acuario de Sevilla

Cómo logré que mi hijo comiera pescado

Mi hijo es buen comedor. Siempre lo ha sido (para alivio y satisfacción nuestra). Y empezó comiendo de todo. Pero… llegó ese momento (alrededor de los 2 años) en el que entró en la etapa “menú infantil” y solo quería comer sus cosas favoritas a todas horas. Y adiós pescado. ¿Qué podía hacer para conseguir que volviera a comerlo? Esto fue lo que se me ocurrió (¡y funcionó!)…

La etapa del menú infantil

¿Qué cosas le gustaban más y quería comer siempre? Pues lo típico: salchichas, patatas, nuggets de pollo, macarrones con tomate, croquetas, empanadillas, galletas, magdalenas, chocolate… Para abreviar: todo aquello que a l@s niñ@s les chifla pero de lo que no se puede abusar.

Cuando los niños se ponen en ese plan, la estrategia para reconducirles ha de ser sutil y debemos llevarla  acabo con mano izquierda. Hace tiempo yo había tenido que escribir un artículo para el blog de una compañía médica para el que tuve que documentarme a fondo, por lo que sabía que nunca se debe obligar a comer a un niño si no queremos que asocie la comida con un castigo y empeoremos la situación.

El problema que yo tenía con mi hijo no era que comiese poco, sino que empezaba a comer “mal”. La peor parte se la llevaba el pescado: no quería ni acercarse a él, ya fuera blanco o azul. Yo no quería obligarle, ni utilizar las amenazas o los castigos. Tampoco quería tener que empezar a camuflar los sabores de los alimentos (rebozando el pescado o triturando las verduras) o engañar al niño diciéndole que lo que comía era otra cosa… Entonces, ¿qué podía hacer?

Así logré que comiera pescado

Después de realizar una visita al Acuario de nuestra ciudad durante un fin de semana, se me encendió una bombilla… A mi hijo le encantan los peces. Le gustan todos los animales marinos. Le apasiona todo lo que tiene que ver con los mares y océanos….

Acuario de Sevilla

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Como acababa de ver muchísimos peces en tanques gigantescos en el acuario, decidí aprovechar y no tardar mucho en poner en práctica mi idea. Iba a hacerle partícipe de todo el proceso

Al día siguiente fuimos todos juntos en familia a una pescadería donde además sabíamos que tenían una pecera enorme con mariscos y crustáceos para que pudiera verlos en vivo. Después estuvimos identificando y nombrando a todos los pescados que tenían para la venta en el mostrador.

Decidimos juntos que pescado íbamos a comprar: medio kilo de acedías (no sé si en todas partes las hay o si se llaman igual, son como lenguaditos), pedimos que nos las limpiaran y después nos fuimos a casa y las cocinamos juntos.

Para que veáis que no os estoy contando un rollo patatero ni vendiendo la moto, tengo constancia del momento:

¡Y funcionó! A mi hijo volvió a gustarle el pescado. No tanto como los espaguetis o las patatas fritas (evidentemente), pero al menos ya no presentaba batalla cada vez que lo veía en el plato. Lo preparamos casi siempre al horno o a la plancha y lo come sin problemas. Y no solo acedías. También lenguado, lubina, dorada, boquerones, pez espada, merluza, salmón, palometa, cazón… Desde entonces ha probado muchos productos del mar y le encantan los calamares y las gulas, ¡que dejamos para ocasiones un poco más especiales! XD

Una vez más la realidad me lo demostró: a l@s niñ@s les gusta participar, entender, pertenecer, colaborar… Cuando conseguimos despertar su interés y su curiosidad natural, y logramos que el aprendizaje se consiga mediante una experiencia vivencial, amena y divertida, estamos invirtiendo en ellos, en su futuro, en sus valores, en sus habilidades para la vida.

Seguramente a much@s papás les de pereza poner en marcha todo este operativo para que sus peques coman pescado, fruta o verdura. Y sí, estoy de acuerdo: gritar, castigar y amenazar es una salida mucho más fácil y rápida. Pero no es en absoluto efectiva. Al niño no le va a gustar más el pescado porque le castiguemos (más bien todo lo contrario). Reaccionar negativamente y de forma inmediata tampoco es una opción tan rápida como parece… Nosotros tuvimos que ir al acuario una sola vez y no no hemos tenido que volver a insistir en que coma pescado. ¡Os animo a intentarlo!

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