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Maternidad Libre II: pecho, porteo y colecho o biberón, cochecito y cuna

Hace tiempo empecé una serie de posts sobre la necesidad de respetar las diferentes formas de maternidad porque la verdad es que llega a ser fastidioso y cansado el tener que estar constantemente posicionándote para que todo el mundo pueda etiquetarte en el tipo de madre que necesitan creer que eres para estar de acuerdo contigo o no contigo.

Me parece lamentable la manera que tienen algunas madres de atacarse las unas a las otras o de tratar de imponer su criterio frente al de las demás, como si no existiera más criterio ni maternidad en el mundo que los suyos propios.

Uno de los temas que más controversia generan dentro de este blog es el de la educación igualitaria. El que los niños puedan jugar con muñecas o ir a clases de baile en lugar de jugar al fútbol, si es lo que quieren; o las niñas jueguen con coches y balones, es algo que todavía despierta mucha polémica y se relaciona muchísimo (y de forma totalmente inapropiada e ignorante) con la sexualidad de nuestr@s hij@s. Por eso comencé esta ronda de post con Maternidad Libre I: educación igualitaria, que os dejo enlazado por si queréis echarle un vistazo.

Esta vez he querido continuar con otra batalla frecuente entre madres: ¿se es peor madre por dar el biberón?, ¿está el apego basado exclusivamente en el pecho, en particular; y el contacto físico, en general? ¿Quiénes somos para juzgar a los demás?

Pecho y biberón, dos equipos enfrentados de forma absurda

Las madres que damos el pecho nos enfrentamos prácticamente a diario a críticas del tipo “si tu hijo te pide tantas veces el pecho es que se queda con hambre porque tu leche no es buena o es insuficiente”, y a preguntas como: “¿hasta cuándo?” (sobre todo en las lactancias de larga duración), de la misma manera que las que dan el biberón son atacadas constantemente por no dar el pecho a sus hij@s.

Y, sin embargo, en lugar de unirnos y hacer frente común a las críticas, como os contaba en el post Tetas o misilesa menudo hay quien prefiere emprender batalla. Bien porque se da el pecho y el biberón se concibe como una amenaza a su forma de entender la crianza, bien porque se da el biberón y el pecho se considera ofensivo.

Cuando atacamos a una madre, le hacemos una observación gratuita, o le damos un consejo que no ha pedido; a veces no nos damos cuenta de que le estamos haciendo una crítica y exactamente así es como se lo tomará ella.

Además, nuestra reticencia a considerar positivas las diferentes decisiones sobre maternidad y crianza de otras madres se basa en una consideración subjetiva: la de que no ha optado por la mejor opción de todas porque está desinformada o porque es egoísta.

Partimos siempre de la premisa de que si nosotras hacemos lo que creemos firmemente que es lo mejor para nuestros hijos, las que no lo hacen como nosotras necesariamente lo tienen que estar haciendo mal. ¿Pero y si no es así?

Igual que no hay dos madres iguales, no hay dos hijos iguales. Lo que a un niño le viene bien puede no encajarle a otro. Y exactamente igual sucede con las madres y con las familias.

Yo llevo casi 3 años dando el pecho. No ha sido algo planeado ni decidido. Simplemente ha surgido así. ¿Hasta cuándo seguiré dándolo? Pues más o menos hasta que me salga de la flor. Y cuando decida destetar os aseguro que me dará igual lo que diga Carlos González, por que él no es la madre de mi hijo.

Pero si el mío no es tu caso, no has tenido una buena experiencia con la lactancia y pasas de melodramas, ¡ole tu flor también!

Por regla general y en base a mi propia experiencia y a lo que observo a mi alrededor, cuando una madre NUNCA ha querido dar el pecho, efectivamente se trata de una decisión basada en una mala o escasa información. Dar el pecho es infinitamente mejor que dar el biberón. Como los beneficios de la leche materna están científicamente probados y existe muchísima documentación fidedigna al respecto al alcance de tod@s, en este post no voy a profundizar en ello.

Ninguna madre que da el biberón se puede sentir molesta u ofendida por escuchar que la leche materna es mejor que la leche de fórmula (de la misma forma que yo no podría obviar el hecho de que es una ventaja que una madre bilingüe le enseñe desde pequeño varios idiomas a la vez a su hijo, aunque sea algo que yo no puedo hacer por el mío).

Pero sí tiene todo el derecho a sentirse molesta si constantemente se cuestiona su decisión de no amamantar a su bebé o se la tilda de mala madre, egoísta, irresponsable o desinteresada. Porque sea cual sea la base de su decisión, no es justo ni lícito que se enfrente a todo tipo de críticas (a veces muy malintencionadas y lanzadas con intención de hacer daño) por parte de las madres lactivistas.

Y lo mismo con todo lo demás.

Muchos falsos mitos siguen propagándose (incluso desde fuentes médicas, lo que parece increíble pero es cierto) respecto a la lactancia materna, y desaniman a muchas madres inexpertas y desinformadas. El mito de los pechos pequeños, el de los pezones inadecuados, el de la “mala” leche, etc. socavan con facilidad la confianza de una madre primeriza.

Sin embargo, yo misma he sido testigo de las grandes proezas que las madres que SÍ están informadas llevan a cabo con tal de ofrecer lo mejor de sí mismas a sus bebés, incluso siendo madres novatas. ¡Qué digo! ¡Incluso siendo madres adoptivas! (lactancia inducida).

Estas mamás bien informadas superan malos agarres de pezón, problemas de frenillo corto, mastitis, grietas en los pezones, bimaternidades, segundos embarazos con hijos aún lactantes, lactancias en tándem, de larga duración y lactancias diferidas con tal de conseguir dar el pecho a sus bebés contra viento y marea.

Porque dar el pecho es querer hacerlo. No hay truco ni secreto. 

Ahora bien, si otra madre a pesar de estar informada decide NO pasar por estas dificultades; si dar el pecho no va con ella y le resta capacidad de disfrute de su bebé y de su maternidad, si el bienestar de la familia, del bebé o de ella misma está en riesgo; o incluso si no desea ser informada al respecto, está en todo su derecho. Y nadie debe juzgarla.

En cuanto a la lactancia en público, es un tema que da para todo un debate a parte… Creo que en esto deberíamos estar todas más unidas que nunca porque es algo que afecta, no solo a la salud de nuestr@s hij@s, sino a nuestra propia identidad femenina. Des el pecho o no.

Los senos femeninos se han sexualizado tanto, que a nadie le extraña ver un anuncio de medias de lana de invierno con modelos que muestran el torso desnudo (¡hola Calzedonia!). Sin embargo, todavía hoy en día a muchos les resulta ofensivo ver como una madre alimenta a su bebé.

Esto es, sin duda, un problema cultural. Tanto si das el pecho como si no, debemos defender todas juntas el derecho natural de nuestr@s hij@s a ser alimentados como y cuando lo necesiten. Y es algo que nos atañe a tod@s porque cuando no nos ofende ver pechos desnudos en la playa, pero en cambio nos horroriza que una madre le de el pecho en público a su bebé es que nuestra sociedad está podrida.

Dar el pecho no es hacer exhibicionismo. No es ilegal. No es un delito. No es ofensivo. Yo soy mujer, nací en este cuerpo. Ésta es mi naturaleza: mis órganos sexuales también cumplen las funciones naturales de reproducción y crianza. Si tienes un problema con eso, háztelo mirar. Porque el problema lo tienes tú, no yo. Y mira tú también dentro de ti mism@ a ver qué está torcido. Enjoy.

Maternidad consciente, maternidad afectiva, crianza respetuosa y crianza con apego

Yo practiqué el porteo hasta los 30 meses y aún practico el colecho. Pero nada de eso me hace ser mejor madre. Si tú no lo haces, me parece divino.

Con el paso del tiempo, me he ido alejando cada vez más del término “crianza con apego” porque la interpretación que a menudo se hace de este término es demasiado limitada y estrecha. La crianza con apego defiende que para que los padres deben estar presentes en el desarrollo y la crianza de sus hijos. Pero a veces parece que la maternidad afectiva sea plena, debemos cumplir a rajatabla las ocho “B” que la definen. Entre ellas: dar el pecho, portear a nuestro bebé y dormir con él. ¿Y qué pasa si una madre no portea, no colecha y/o no da el pecho? Pues que queda inmediatamente excluida del club de las madres que van a cambiar el mundo con la forma de criar a sus hij@s. ¿No os parece una perspectiva un tanto absurda y estrecha de miras?

Una maternidad plena, consciente y sana no nos exige nada que nos haga sentir incómodas o mal con nosotras mismas. El vínculo afectivo entre madre e hijo, el apego, se basa en muchas más cosas además de la forma de alimentación, transporte o el hecho de dormir con ellos o no hacerlo.

El tiempo que les dedicamos a nuestros hijos, la forma en la que nos relacionamos con ellos y les hablamos, las cosas que les decimos, el ejemplo que les damos, compartir juegos con ellos, acumular experiencias juntos, las veces que les acariciamos, les abrazamos y les decimos “te quiero” a lo largo del día son factores mucho más determinantes para el vínculo afectivo que dar el pecho, portearlos o dormir con ellos.

Como todo en esta vida, todo tienes sus pros y sus contras. El pecho es mejor alimento (y otras cosas) que el biberón, pero también esclaviza mucho más a la madre y en ocasiones resta autonomía al niño (llevo 2 años y 11 meses dándolo, sé de lo que hablo). Dormir con nuestro bebé es una experiencia maravillosa, pero resta mucha intimidad a la pareja. El porteo desde el nacimiento sin duda es genial para el bebé y favorece el contacto físico entre él y su madre/padre, tranquilizándole y permitiéndole alimentarse y descansar mejor, pero por muy ergonómico que sea el portabebés, hay situaciones en las que es más cómoda la silla de paseo (y también he porteado durante más de 2 años en todo tipo de situaciones, así que creo saber muy bien de lo que hablo y si no me crees, prueba a elegir un vestido y meterte en un probador con tu bebé en plan canguro o dejárselo a los abuelos para que le den un paseo por la calle sin cochecito para que tú puedas ir a cortarte el pelo una vez cada 6 meses).

La crianza respetuosa y la maternidad consciente, en cambio, se basan en acompañar al niño (que no “dirigirlo”), y ser conscientes de sus necesidades en casa etapa, cubriéndolas de la mejor manera posible para ellos. Esto implica muchas veces informarse y formarse como padres para poder ofrecerles la mejor versión de nosotros mismos. Y si hay algo en un determinado método de crianza que nos hace sentir mal o que no funciona adecuadamente con nuestr@s hij@s (o con nosotras o con la familia), debemos ser lo suficientemente inteligentes como para descartarlo, corregirlo o adaptarlo, y no hacer de ello un melodrama.

Si eres de las que critica constantemente piensa que ninguna de nosotras ha nacido siendo madre, pero todas queremos ser la mejor madre posible para nuestros hijos. Por eso cada una de nosotras toma la que cree que es la mejor decisión posible en cada momento. Piensa también que nadie te va a dar un premio por ocuparte de tus hijos y de los de los demás (para eso ya está el Defensor del Menor, así que si crees que algún niño a tu alrededor necesita su intervención, te animo a que contactes directamente con él). Y ya de paso, también puedes darle vueltas a la idea de que el hijo de la vecina no es tu hijo, que cada niño es un mundo y que cada madre conoce a su hijo mejor que nadie. No pienses que porque eres la mejor madre para TU hijo (siempre en tu opinión), también eres la madre que MI hijo necesita.

Y si eres de las que está hasta la concha de las críticas no te dejes avasallar, que más vale una vez colorada que ciento amarilla. Pon freno, marca límites. A tu madre, a tu suegra o a tu mejor amiga. Sigue tu instinto, busca aliadas. Si quieres dar el pecho apóyate en las mamás que lo dan. Si no quieres darlo, es tu opción y de nadie más.

Si eres primeriza y te sientes desbordada, que sepas que no estás sola. Todas hemos pasado por eso. Aquí nadie tiene un máster en Maternidad. Tranquila, no te pongas nerviosa ni te dejes llevar por las dudas. Si estás bien informada, seguro que lo vas a hacer genial. Y si no, infórmate antes. Porque si te preparaste durante meses (o años) para sacarte el carnet de conducir, ¿acaso no vas a prepararte para lo más grande que te sucederá en la vida? Una vez informada, toma tus propias decisiones. Y no caigas en el desánimo. Te equivocarás, seguro, muchas veces. Porque, ¿te cuento un secreto? A veces la maternidad es una cuestión de mera supervivencia. Para todas. Para esa que es tan listilla también.

Y a la que no comparta tus opiniones, que le vaya bien con las suyas propias. No consientas que te critiquen o te generen dudas. A la que crea que sería mejor madre que tú para tu hijo dedícale un inmenso CORTE DE MANGAS. Y después te quedas tan pancha.

La mejor madre para un niño es su madre. ¡Porque es SU madre!

Así que, por favor, la próxima vez que seáis testigos de la lapidación de otra madre, incluso aunque esta no lleve a cabo las mismas técnicas de crianza que vosotras, ayudadla a ponerle freno. Alzad una voz en contra, tendedle una mano amiga, no la cuestionéis, no la hagáis preguntas ni la ofrezcáis respuestas a preguntas que ella no ha formulado. Y, desde luego, no seáis nunca vosotras quienes lancéis una piedra contra ella.

La maternidad compartida es mucho mejor. Siempre. Sin excepción.

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