Niños, mascotas y mudanzas

Niños, mascotas y mudanzas

Las mudanzas son caóticas y estresantes por definición. Los adultos las llevan mal y las mascotas peor, pero si además hay peques en casa la cosa puede complicarse hasta límites insospechados. Te contamos cómo sobrevivimos a la nuestra y qué trucos nos resultaron útiles para no morir en el intento.

Cómo sobrevivir a una mudanza con niños y mascotas

Los que nos seguís habitualmente sabréis que hace ya cosa de 6 meses nos mudamos de casa. Como también sabéis, nuestra familia está formada por un peque, dos adultos, dos gatos y un perro así que podéis imaginaros la fiesta…

Los adultos se desubican con las mudanzas y los cambios de ambiente, pero los niños también y las mascotas ya ni os cuento. Así que si estáis a punto de mudaros de casa y tenéis peques y/o mascotas, creo que nuestra experiencia os puede servir de ayuda.

1. Hacerles partícipes del proceso de búsqueda

Evidentemente, este truco se refiere a l@s niñ@s, no a las mascotas. ;P

Mostrar y contagiarles entusiasmo, por más cansados que estemos de hablar con agentes inmobiliarios, de patear calles y de mirar casas (no sé muy bien por qué las inmobiliarias tardan en entender qué es lo que NO quieres de ninguna manera y en cada cita te “cuelan” visitas que todos nos podríamos haber ahorrado…) es importante para ir preparando a l@s peques de cara al tránsito.

No es necesario que l@s peques nos acompañen en cada visita, pero yo sí os aconsejaría llevarles a algunas de las que mejor “pinta” tengan a priori para vosotros (para que vayan entendiendo que estamos buscando casa nueva, algo que por supuesto hay que explicarles) y lo convirtáis en algo divertido.

Si dejáis que la impresión que ell@s se llevan del proceso sea de nervios, tensión, cansancio y otras sensaciones negativas, relacionarán todo esto con el cambio de casa y lo comenzarán a vivir negativamente. El ambiente positivo es fundamental para conseguir que tengan predisposición al cambio.

2. Entusiasmarles con la nueva elección

Cuando tuvimos claro que habíamos encontrado la casa de nuestros sueños (como se suele decir), la visitamos varias veces en familia y empezamos a imaginarnos los espacios juntos, diciéndole al peque cosas como: “¿Te imaginas qué chula quedaría tu bola del mundo aquí?”, “¡Mira, aquí podemos plantar tomatitos!” y cosas por el estilo, que nos ayudan a convertir en nuestros espacios todavía vacíos e impersonales.

Os parecerá una tontería, pero l@s niñ@s tienen una gran imaginación y son capaces de personalizar espacios mejor que nadie. El día de la mudanza, nuestro hijo tenía clarísimo dónde quería colocar sus cosas y en qué baño dejar sus juguetes de agua, porque llevábamos tiempo asociando rincones e imaginando juntos la disposición de los objetos. 🙂

3. Pasear a menudo por el nuevo barrio

Por lo general, desde que señalas una casa hasta que te mudas a ella pasan al menos varias semanas. Emplead este tiempo de feliz espera en pasear a menudo por el nuevo barrio para que el peque y vuestras mascotas se vayan familiarizando con el nuevo entorno.

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En nuestro caso el barrio no nos era del todo desconocido porque acabamos mudándonos a la urbanización de al lado de las primitas, pero bien es cierto que vivir en una zona no es lo mismo que ir de visita, y descubrimos muchas más cosas cuando comenzamos a patearla por nuestra cuenta.

Eso nos permitió descubrir dónde estaban los parques infantiles y para perros, dónde la farmacia y el super, dónde conseguir frutas y verduras frescas, comer un helado, ir al veterinario o comprar el mejor pan del barrio y a qué hora para que esté calentito. ;P

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Así, cuando nos mudamos, no estábamos para nada desorientados. Sabíamos dónde estaba cada cosa que necesitábamos en cada momento y al peque y a nuestra perra el cambio no les resultó nada extraño porque llevaban semanas paseando por esas calles y ya tenían sus lugares favoritos localizados (o, en el caso de nuestra perra, sus “árboles” favoritos). 🙂

4. De mudanza con la casa a cuestas: etiquetar bien todo

Esto parece algo obvio pero sé por experiencia que muy poca gente lo hace. Yo tengo más experiencia con las mudanzas de la que quisiera ya que, debido al trabajo, me pasé una década de mi vida cambiando de ciudad constantemente. Por eso sé que a la hora de empaquetar las cosas no basta con rotular “salón” o “cocina”.

Si lo que hay dentro de una caja es una cubertería, pon justo eso. Si la cubertería comparte espacio con el contenido de los 2 siguientes cajones de la cocina, pon “cajones cocina” porque te va a hacer la vida mucho más fácil.

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Mientras empaquetas crees que será fácil volver a localizar todas tus cosas, pero quizás te resulte imposible desempaquetar todas las cajas de golpe durante los primeros días (sobre todo si pensáis hacer reforma, pintar las paredes, cambiar el suelo o necesitáis comprar o montar muebles) así que trata siempre de tener localizado lo que puedas ir necesitando en cada momento.

5. Coloca, lo primero, sus cosas y deja que se familiarice con su espacio

Cuanto antes se vean de nuevo rodeados por sus cosas, tanto niñ@s como mascotas se quedarán mucho más tranquilos porque sus objetos personales son su mundo y les dan tranquilidad.

Así que asegúrate primero un entorno seguro para ellos (coloca vallas en puertas y/o escaleras y barrotes en ventanas para l@s niñ@s, mosquiteras para los gatos, rascadores, trepadores, etc.) y así todos ganaréis en tranquilidad.

Después monta la habitación del peque y coloca en ella sus cosas. Coloca también las camitas de las mascotas, sus platos de agua y comida y el cajón de arena donde irán definitivamente, y proporciónales a todos sus juguetes. ;P De esta forma se sentirán verdaderamente en casa. 🙂

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Con los gatos la cosa es mucho más complicada. Ellos llevan fatal los viajes, los cambios y las mudanzas. No se puede ir de visita con ellos y siempre que salen de casa lo pasan mal. No queda otra que armarse de paciencia con ellos. En nuestro caso, nuestro gato se adaptó en las primeras 24 horas. En cambio nuestra gata se pasó prácticamente un mes entero escondida detrás de la lavadora. 🙁

6. Localizar las áreas family friendly

Durante nuestros paseos por el barrio, exploramos tanto la urbanización como las zonas adyacentes. Prestamos especial atención a los lugares kids friendly. De esta forma, localizamos los espacios de los que empezamos a disfrutar a diario recién mudados: los parques infantiles, las zonas de columpios, etc.

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Una vez instalados en nuestro nuevo hogar, bajamos todos los días a la calle para disfrutar de nuestros espacios especiales. A mi hijo, por ejemplo, le encanta el chocolate con churros, así que enseguida localizamos una cafetería genial con una terraza de invierno donde podíamos ir con nuestra perra durante cualquier época del año y en el interior había juguetes para peques. 🙂

También descubrimos justo al lado de casa una cafetería-pastelería-heladería con un parque de bolas en su interior, que nos ha salvado muchísimas tardes de mal tiempo. 😉

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Lo mismo sucede con las mascotas. En nuestra comunidad autónoma hay “pipicans” o parques para perros, y encontramos uno de ellos a 5 minutos andando de nuestra casa. Así que tras la mudanza nuestra perra comenzó una intensa vida social casi antes que nosotros mismos. XD

7. Su entorno, mejor si es el mismo

Cuando nosotros nos mudamos, teníamos claro que queríamos que el peque continuara teniendo contacto con sus amiguitos y mantuviera su guardería. Lo primero, porque nos parecía fundamental para su bienestar.

Lo segundo, en parte porque nos encanta su guarde y también porque solo le quedaba un año de permanencia en ella hasta que comenzara el cole y nos parecía que iban a ser demasiados cambios escolares en muy poco tiempo (un centro escolar por año es demasiado para cualquier niño, pero aún más para uno tan pequeño).

Así que le seguimos llevando a la misma escuela infantil aunque antes nos quedara a 20 minutos andando de casa y ahora nos quede a 20 minutos en coche. También seguimos quedando cuando podemos con su mejor amigo, que vivía en el portal de al lado de nuestra antigua casa. 🙂

Evidentemente esto no es siempre posible. A veces las distancias convierten las cosas en poco prácticas o en completamente impracticables. Pero si podéis mantener al menos un par de cosas invariables (sus clases de natación, el parque donde paseabais o el cole) que le proporcionen seguridad, el peque sufrirá menos el cambio. 🙂

8. En vacaciones mejor

Mucha gente aprovecha las vacaciones de navidad o de verano para mudarse. De esta forma, es mucho más fácil disponer de tiempo libre para la mudanza y esta resulta mucho menos agotadora y estresante.

Este fue nuestro caso, aunque no es que lo planificáramos. Sencillamente surgió así. Mudarnos en verano (a una urbanización con piscina, además) nos permitió hacer muchas más cosas en menos tiempo (ya que no teníamos que posponer o interrumpir las tareas para ir a trabajar) y a un ritmo más pausado. Todo lo cual repercutió positivamente en el estado anímico de toda la familia.

Al estar los dos libres, mientras uno realizaba tareas el otro podía estar con el peque en la piscina, jugando a la pelota en las zonas comunes o en los columpios.

Bouncin Babies Nadando con delfi

Las mudanzas desbaratan por completo las rutinas. Algo que también sucede con las vacaciones. Como no hay cole, los horarios y las actividades varían enormemente. También los lugares en los que disfrutamos de las vacaciones son diferentes a nuestra casa.

Creemos que parte del éxito de que nuestro peque se adaptara tan rápida y fácilmente a nuestro nuevo hogar está en que la mudanza coincidió con las vacaciones. No era la primera vez que viajábamos fuera de casa con él y pensamos que al principio pudo asociar la mudanza a una divertida estancia veraniega.

9. Recupera la rutina cuanto antes y evita hacer coincidir nuevos y más cambios

Los hábitos y las rutinas son buenos y necesarios para los niños (también para las mascotas). Les aportan seguridad y estabilidad. Por eso, trata de recuperar vuestra vida normal y vuestros horarios cuanto antes y realiza todas vuestras actividades cotidianas.

Tampoco es bueno hacer coincidir varios cambios al mismo tiempo. Por ejemplo: si el peque duerme con vosotros, tal vez no consigas que de repente duerma en su propia camita solo porque esta sea nueva y reluciente. Espera un poco a que se haya adaptado a su nuevo entorno y este le haga sentir seguro y cómodo para ir quemando etapas. 🙂

A lo mejor no puedes evitar que la mudanza coincida con un cambio de ciclo escolar, pero no fuerces (por ejemplo) el inició de la operación pañal para hacerlo coincidir con la mudanza porque demasiados cambios pueden causar inseguridad en l@s niñ@s.

Con las mascotas sucede justo lo contrario. Una de las cosas que queríamos evitar que sucediera en la nueva casa es que nuestra perra se adueñara del sofá. Esto es algo que nos resultó imposible de evitar en nuestro anterior hogar, pero en esta lo entendió a la primera. Nueva casa, nuevo sofá, nuevas normas. 😉 A cambio, ganó un bonito y estupendo espacio exterior para tumbarse al sol por las mañanas. 🙂

10. Las visitas al antiguo barrio, ni mucho ni pronto

Sé que mucha gente recomienda a las familias que se mudan realizar visitas periódicas al antiguo barrio para que los niños se adapten con mayor facilidad al cambio y este no les resulte tan drástico. Sin embargo, según nuestra experiencia esto no es en absoluto positivo.

Nosotros tuvimos hasta que modificar algunos trayectos en coche para no pasar frente a nuestra anterior casa, porque cada vez que la veía mi hijo se ponía fatal. La señalaba con el dedito y se ponía a llorar porque quería entrar en ella. Él no entendía que aquella casa ya no era nuestra y no podíamos, simplemente, abrir la puerta y entrar. Sin embargo, si no la veía ni se acordaba de que había existido. Con el tiempo, sí ha sido capaz de ir a nuestro anterior barrio sin sentirse mal. 🙂

En nuestro caso todo sucedió de forma sencilla y natural, pero si vuestr@s hij@s ya son mayores, puede que les cueste un poco más sentirse a gusto con el cambio. No hay una receta mágica para conseguir que nuestra familia se adapte fácilmente a los cambios, pero la paciencia, la empatía y el sentido común pueden lograr lo inimaginable. 😉

3 thoughts on “Niños, mascotas y mudanzas

  1. Un post súper completo. Si ya de por sí las mudanzas resultan un estrés no puedo imaginar con niños y mascotas. Pero os habéis organizado muy bien.

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