Los niños nacen sin prejuicios

Los niños nacen sin prejuicios

Psicólogos norteamericanos y europeos demuestran que los niños de entre 5 y 6 años no asocian el color de la piel a características sociales o de personalidad. Otras disciplinas como la genética, la biología evolutiva y la antropología confirman que el racismo es una categoría social y no natural. Todos l@s niñ@s nacen sin prejuicios.

Todos los seres humanos nacemos sin prejuicios

Es curioso lo que sucede cuando observas atentamente a los niños comportarse libremente, sin tapujos ni directrices de ningún tipo… A menudo el resultado de esta observación se traduce en que son ellos los que nos educan a nosotros.

El otro día, cuando fui con mi hijo al parque como tantas tardes, se puso a jugar con un grupo de niños y niñas en la arena. Al rato observé que tenían algunas diferencias de opinión respecto al modo en que debían hacerse los montoncitos de arena pero como parecía que estaban debatiendo de forma bastante civilizada, no intervine y les deje arreglar sus diferencias.

Poco después, mi hijo se apartó del grupo. Estaba enfadado porque al parecer una de las niñas no le dejaba coger su cubo para la arena. Como yo no sabía a quién se refería, le pregunté de qué niña estaba hablando y él me señaló un grupo donde había varias nenas. “¿La más alta?”, le pregunté yo. “No, la más alta no. La del vestido VERDE”. 

Lo que me llamó la atención de este incidente sin importancia y de esta conversación tan banal, es que la niña del vestido verde era una linda mulata de piel oscura. Sin embargo mi hijo no la había descrito por el color de su piel (aunque era la forma más clara de identificarla, pues no había más niños de tez oscura alrededor) sino por el de su vestido.

El color de la piel le había pasado TOTALMENTE INADVERTIDO.

El hecho es que, efectivamente, l@s niñ@s nacen sin prejuicios. Es después cuando, tristemente, los van adquiriendo a través de la observación de la sociedad que les rodea.

Los niños nacen sin prejuicios

“Los niños nacen sin prejuicios y sus padres los corrompen”

Hace unos días leí este fantástico artículo: Los niños nacen sin prejuicios y los padres los corrompen e inmediatamente me vino a la mente el episodio del parque.

En él se explica que un estudio internacional liderado por la Universidad de Nueva York en colaboración con la Universidad de Ámsterdam han demostrado que la idea de raza (entendida como ciertos rasgos que dividen a las personas en diferentes categorías), no es innata. Según los resultados de sus estudios, publicados en la revista Child Development, “los niños no perciben el color de la piel como un factor determinante en la personalidad. Al contrario, creen que lo más importante es el entorno en el que se desarrolla cada individuo.”

Lo más curioso es que la conclusión a la que llegan l@s niñ@s de forma innata, es la misma que a nosotros nos ha costado siglos de evolución y de lucha por los derechos civiles.

Sin embargo, el estudio sí que señala otros factores como determinantes para que los niños desarrollen prejuicios a lo largo de su desarrollo: “Hemos medido dos factores que creemos que podrían afectar lo que los niños opinan sobre la raza: la exposición a la diversidad y las creencias de sus padres sobre esta”. Y añade: “Pero hay muchos más factores que también podrían influir, como es el caso de los grupos de amigos o incluso la escuela”.

Es decir, que es el entorno cercano al niño (hogar, barrio, escuela) y la influencia de las personas con las que se relaciona (padres, docentes, familiares, amigos) quienes le inculcan sus propios prejuicios.

Crecer en un entorno plural, el mejor antídoto contra los estereotipos y prejuicios raciales

Los científicos observaron que el criterio de los niños dependía del entorno donde habían crecido. Si en su barrio, su grupo de amigos, su familia y/o y su colegio convivían personas de distintos orígenes, la raza perdía inmediatamente importancia para ellos. Es decir: crecer en un ambiente diverso ayuda a combatir la segregación.

En el susodicho estudio participaron 203 niños de Nueva York de entre 5 y 6 años, así como 430 adultos procedentes de distintas ciudades de EE.UU., tanto blancos como negros. Los investigadores les preguntaron si consideraban el color de la piel como un rasgo heredado o si, por el contrario; creían que la raza determinaba cómo sería la persona cuando creciera (lista, tonta, agradable, desagradable, atlética, etc.)

Los resultados obtenidos fueron claros: las respuestas variaban en función de su exposición a la diversidad. Los niños de vecindarios en los que predominaba una sola etnia daban más importancia a la raza en el desarrollo de la persona. Sin embargo, para los que vivían en barrios diversos la raza era sólo un factor heredado. Para estos niños, libres de prejuicios, el comportamiento y los rasgos psicológicos de cada individuo dependen exclusivamente de su ambiente.

Los niños nacen sin prejuicios

Asimismo, las actitudes y el lenguaje usado por sus padres para referirse a personas de diferentes etnias también influían poderosamente en las creencias de los niños.

Estos resultados son sumamente importantes y esclarecedores, ya que como concluye la investigación: “Nuestros resultados nos ayudan a entender cómo y cuándo se desarrollan los estereotipos y prejuicios sobre la raza y qué podríamos hacer para combatirlos”.

Dado que los barrios y las escuelas son hoy en día lugares plurales y de convivencia, donde la diversidad tiene un papel mucho más protagonista que en décadas pasadas, cabe suponer que ahora nos toca a los adultos luchar contra nuestros propios prejuicios para borrar los estereotipos de la sociedad que queremos para nuestros hijos.

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