Autocuidado y tiempo fuera positivo

Autocuidado: cuidarnos para poder cuidar

La primera regla básica del cuidador es cuidarse para poder cuidar. De nuestro propio bienestar depende el de nuestros hijos. En este post encontrarás trucos y consejos útiles para practicar el autocuidado viviendo con niños.

El autocuidado: su importancia + trucos para conseguir tiempo fuera positivo viviendo niños

Es muy frecuente que los papás y las mamás se pierdan en el cuidado de los niños durante sus primeros 3 años de vida. Durante este periodo conseguir una ducha en solitario ya es toda una proeza. También es habitual sentirse culpable cuando necesitamos tiempo para nosotros mismos. Sin embargo, nuestro bienestar personal es vital para la salud de nuestra familia.

El sentimiento de culpabilidad

Hacer running o nadar, comer chocolate o ir al cine, practicar yoga o leer, escuchar música o salir a tomar algo con los amigos, cocinar o escribir, pasear por el campo o tomar el sol en la playa…

Todas las personas tenemos hobbies, aficiones y hábitos que nos hacen sentirnos bien. Aunque por sí mismos no parezcan actividades muy importantes, de ellas depende nuestra estabilidad emocional y nuestra salud mental.

Hay personas que necesitan poco tiempo para sí mismas, y otras que necesitan mucho. Pero todas las personas necesitan dedicarse tiempo a sí mismas y practicar las actividades que les hacen sentirse bien, realizadas y felices. A esto lo llamamos autocuidado.

Yo, por ejemplo, necesito leer y escribir. Mi pareja necesita construir Legos y mi hijo descargar energía física bajando a jugar al parque un rato cada día. Si pasan muchos días sin que podamos hacer las cosas que nos gustan, estimulan y relajan, nos volvemos mucho menos agradables y menos funcionales. 😉

Por qué el autocuidado no es egoísmo

Una mamá/papá feliz equivale a un hijo feliz. Y cuando todos los miembros de la familia se sienten bien consigo mismos, la familia al completo está sana y feliz. 🙂

El cuidado de los niños precisa una gran dosis de paciencia. Las actividades placenteras nos ayudan a desconectar, sentirnos bien e interactuar de forma positiva y constructiva con las personas que nos rodean: nuestros hijos, nuestra pareja, nuestros compañeros de trabajo, etc.

Cuando no practicamos el deporte que nos gusta, no encontramos la forma de cuidarnos, relajarnos o desconectar, y no conseguimos encontrar tiempo para nosotros mismos; nos volvemos personas irritables, perdemos la paciencia fácilmente y tendemos a actuar de forma negativa con mucha más frecuencia.

Los niños son como esponjas, absorben todos los estados emocionales que captan a su alrededor. Para poder seguir teniendo paciencia, poder ofrecerles siempre la mejor versión de nosotros mismos, enfrentarnos a las pequeñas crisis familiares cotidianas, solucionar los conflictos del día a día y tratarles con respeto en todo momento, necesitamos dedicarnos algo de tiempo para cuidarnos a nosotros mismos.

Autocuidado y tiempo fuera positivo

El autocuidado no es egoísmo. Más bien todo lo contrario. Aunque seas madre o padre, el autocuidado es sinónimo de bienestar y estabilidad emocional. Algo que tus hijos necesitan de ti. Conocerse bien a sí mismo y saber cuáles son las cosas que nos gustan y nos hacen sentir mejor, es un síntoma de madurez y responsabilidad. 

Estar bien con nosotros mismos no es solo una necesidad individual. También es un regalo que le hacemos a las personas que nos quieren y están a nuestro alrededor. 🙂

Todo esto parece algo tan evidente como razonable, sin embargo es fácil que se nos olvide cuando somos padres y los peques demandan cuidado y atención constantes. Hace poco he terminado un curso de Disciplina Positiva (podéis leer mis conclusiones sobre el curso en este post), que me ayudó a recordar lo importante que es quererse a uno mismo y me proporcionó herramientas útiles para llevar a cabo esta tarea (entre otras).

La Disciplina Positiva incide muchísimo en la necesidad de cultivar el autocuidado como base para educar de forma positiva a nuestros hijos. Al cuidarnos a nosotros mismos, mejoramos nuestra calidad de vida y, al mismo tiempo, ofrecemos a nuestros hijos un ejemplo de autocuidado que les resultará una habilidad muy útil de aprender para aplicar en su vida adulta. 🙂

¿Qué puedo hacer para cuidarme mas teniendo niños pequeños?

Cuando se tienen niños muy pequeños en casa hasta una ducha de 5 minutos es una victoria difícil de lograr. A lo mejor aún no tienes tiempo suficiente para retomar tus clases de yoga o estás demasiado cansada para salir a cenar fuera de casa.

Sin embargo, hay muchas formas de practicar el autocuidado en el hogar dedicándonos pequeñas pausas de pocos minutos al día. Aprovechando que el peque está dormido, relajado o al cuidado de un familiar que haya acudido a echarte una mano, puedes:

  • Prepararte una infusión o un zumo natural (5 minutos).
  • Ir al cuarto de baño para refrescarte la cara con un poco de agua fresca (3 minutos).
  • Ver un capítulo de tu serie favorita (esto incluso lo puedes hacer con tu bebé en brazos).
  • Leer un capítulo de ese libro que tienes pendiente (también lo puedes hacer con tu bebé).
  • Tumbarte 10 minutos sobre la cama o el sofá para escuchar música a solas.
  • Darte una ducha o tomar un baño de 10 minutos.
  • Tomarte 15 minutos para peinarte o arreglarte las uñas.
  • Si dispones de más tiempo (pero no del suficiente para ir al gimnasio), también puedes una tabla de ejercicios o practicar yoga en casa.
  • Comer un poco de chocolate (tomado con moderación, el chocolate es un antidepresivo y estimulante fantástico).

Autocuidado y tiempo fuera positivo

También hay actividades que podéis practicar junto a vuestro bebé y que os vienen genial a ambos. Como, por ejemplo:

  • Salir a dar un paseo por un sitio tranquilo y bonito, como el parque.
  • Montar en bicicleta (con sillita para bebés, casco, coderas y rodilleras).
  • Practicar running con el peque (hay muchas sillas de paseo diseñadas para correr empujándolas).
  • Ir a clases de yoga para padres con niños.

Si cuentas con ayuda de algún familiar, o tu pareja se queda con los peques, puedes:

  • Ir a yoga una o dos horas a la semana.
  • Tomarte un café con las amigas una o dos veces al mes.
  • Regalarte un masaje o una sesión de spa ocasionalmente.
  • Ir de compras sola.
  • Salir a correr durante media hora tan frecuentemente como puedas.
  • Pasear a solas, simplemente (caminar relaja mucho y despeja la mente).

Las sensaciones olfativas y visuales también son importantes y contribuyen a nuestro bienestar. Disponer de elementos visuales bonitos y relajantes para posar la vista en ellos durante el día, también nos ayuda a sentirnos bien y relajar nuestra mente. Podemos, por ejemplo, regalarnos flores para decorar un rinconcito del salón y encender velas aromáticas (lejos del alcance de los peques). 🙂

Autocuidado y tiempo fuera positivo

Ofrecerles a los niños la posibilidad de crecer observando un sano ejemplo de autocuidado es algo muy positivo para ellos. Al fin y al cabo, como decía María Montessori: “No te preocupes porque tus hijos no te escuchan, ellos te observan todo el día”. 🙂

¿Y la pareja qué?

Durante los primeros años de vida de un bebé, no suele apetecernos mucho hacer planes para dos. Esto sucede sobre todo en el caso de las mamás (entre las que me incluyo) ya que en nuestro caso, además del vínculo afectivo, suele haber una fuerte dependencia física (sobre todo si damos el pecho). 

Esto es completamente humano y natural (los papás tiene que ser comprensivos, muchas veces incluso son ellos los que sustituyen por completo “pareja” por “familia”). Pero con el paso de los meses (y de los años) vamos perdiendo el hábito y todos nuestros planes acaban siendo de 3 (¡o de más, si tenéis varios peques en casa!).

Descuidar del todo a nuestra pareja a la larga repercute negativamente en la familia. Nosotros somos los pilares sobre los que ha crecido nuestro hogar y el ejemplo que damos a nuestros hijos es fundamental, no solo durante su infancia, sino para toda su posterior vida adulta. Y no solo a título personal, también es importante ofrecerles un modelo de relación sana. Por tanto, es nuestra responsabilidad cuidar de nuestro yo, de nuestra relación, de nuestro hijo y de todo el conjunto, que es nuestra familia.

Autocuidado y tiempo fuera positivo

Si tenemos en cuenta el cansancio y el escaso tiempo libre que nos queda al final del día después de dedicarnos a los niños, el trabajo y las tareas domésticas… Y si además tenemos que enfocarnos más en el autocuidado personal… Resulta un poco agobiante tener que pensar también en el bienestar de otro adulto, ¿verdad? XD

Pero dedicarle tiempo, cuidado y atención a nuestra pareja repercute no solo en su bienestar, sino también en el nuestro y en el de nuestros hijos. ¡Y para ello no hace falta hacer grandes planes!

Es importante, por ejemplo, establecer tiempo juntos en las actividades cotidianas. A veces, durante los primeros meses de vida de un bebé, es muy frecuente que los papás no puedan ni siquiera sentarse a comer juntos.

A medida que todo se va normalizando, las horas de las comidas deberían ser espacios respetados donde pasar tiempo juntos y en los que la comunicación (y no la televisión) sea la actividad protagonista ante la mesa. Este es un cambio muy pequeño que exige muy poco esfuerzo y, sin embargo, supone una diferencia enorme. Es todo un comienzo. 🙂

Autocuidado y tiempo fuera positivo

También podemos jugar a un juego de mesa o de cartas, ver una peli en casa juntos cuando el peque se haya quedado dormido, seguir viendo esa serie que tanto nos gustaba o prepararnos una cena especial para conversar con nuestra pareja a la luz de las velas. 🙂

Cuando los peques crecen, si contamos con personas de confianza con las que los niños estén familiarizados y les guste pasar el tiempo (los abuelos, tíos, etc.) podemos ir juntos al spa en una fecha especial, visitar una exposición interesante o ir al cine. Todas estas son actividades que no nos alejarán de casa más de un par de horas. Y siempre podemos mantenernos cerca del entorno familiar por si nos necesitan. 🙂

También podemos cuadrar horarios para desayunar, merendar o tomar el aperitivo juntos fuera de casa alguna que otra vez (mientras los peques están en la guarde, el cole o con los abuelos), si las comidas y las cenas preferimos hacerlas con los niños.

Hacer las actividades cotidianas juntos es otro recurso que sirve para afianzar la unidad familiar. Si el peque ya tiene edad para pasar un trapo sobe la mesa baja del salón, permitidle sentirse útil (aunque la mesa no quede precisamente lo que se dice “brillante”) mientras vosotros barréis o pasáis la aspiradora por el suelo de la misma estancia. Así el peque aprenderá que las responsabilidades son importantes, comenzará a familiarizarse con las tareas domésticas, entenderá el valor del trabajo en equipo y se sentirá parte de la unidad familiar al sentirse involucrado en sus actividades diarias.

Ir a hacer la compra en familia puede que sea un desgaste de recursos humanos innecesario (siempre cunde más el tiempo cuando vamos solos mientras nuestra pareja cuida a los peques), pero también es una buena ocasión para pasar más tiempo juntos y hacer que el peque aprenda nuevos hábitos y vocabulario. 🙂

El autocuidado y el tiempo fuera positivo

El tiempo fuera positivo es un concepto utilizado en la Disciplina Positiva (también aplicado en la metodología Montessori) para designar una herramienta muy útil para el autocuidado y el cuidado de los niños.

Se trata de un tiempo respetuoso de reflexión/relajación/desconexión tanto para los padres/educadores como para los hijos, para no perder el control de las emociones y poder actuar de forma positiva cuando nos enfrentamos a un conflicto.

No se trata de una herramienta de evasión (siempre va unido a un posterior diálogo y una comunicación respetuosa). Y aunque suela asociarse con la resolución de conflictos, el tiempo fuera positivo también está muy relacionado con el autocuidado, en el sentido de que implica una actitud respetuosa con los demás (los niños) y con uno mismo. Algo que resulta muy útil para mantener la armonía en el hogar y evitar una crisis cotidiana en la medida en la que esta dependa de nuestras reacciones, y estas últimas de nuestro estado de ánimo.

Explicado de otra manera, se trata de “salir” de la situación que nos genera malestar, estrés o inseguridad para poder serenarnos y encarar el problema de forma posible: buscando soluciones constructivas y positivas (lo que incluye evitar los gritos, los castigos y las luchas de poder) enfocándonos en resolver la situación en lugar de empeorarla.

En este post no me voy a adentrar mucho más en este concepto (porque quiero desarrollarlo más adelante), pero si queréis ver lo que os puede aportar en general el método Montessori aplicado al hogar, podéis echar un vistazo a este otro post. ¡Espero que os resulte útil!

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