Disciplina Positiva y Resolución de conflictos I: el tiempo fuera positivo

Disciplina Positiva y Resolución de conflictos I: el tiempo fuera positivo

La Disciplina Positiva se centra en la búsqueda de soluciones en lugar de culpables a la hora de resolver conflictos familiares. Para orientar de manera positiva la conducta de los niños nos hace considerar el error como una oportunidad para aprender y mejorar y nos proporciona útiles herramientas. Dos de ellas son el tiempo fuera positivo y las consecuencias naturales y consecuencias lógicas.

El tiempo fuera positivo

Hace unos días, comenté de pasada en un post la importancia de utilizar el tiempo fuera positivo en relación con el autocuidado. Pero en realidad, el tiempo fuera positivo es un concepto utilizado en la Disciplina Positiva (también aplicado en la metodología Montessori) para designar una útil herramienta en la educación de los niños.

Como os comentaba en ese post anterior, el tiempo fuera positivo es un tiempo de reflexión tanto para los padres/educadores como para los hijos, que nos permite no perder el control de las emociones (estallar sin control) y así ser más capaces de resolver de forma positiva un conflicto con los niños.

Muchos adultos creen que es necesario ocuparse del problema de inmediato, pero a no ser que sean capaces de hacerlo de forma sosegada, suele perderse el control con facilidad. La psicología y la neurociencia nos demuestran que es mucho más efectivo actuar con calma y racionalidad. Y esto sencillamente a veces no es posible si no nos detenemos un poco antes de actuar.

Los niños reaccionan mejor cuando no se sienten mal. Los gritos, azotes, castigos, amenazas e insultos los humillan y excitan, los vuelven rencorosos y merma su autoestima. Aunque a corto plazo puede que estas actitudes den resultado, es poco probable que piensen que detrás de ellas existe un sentimiento de amor que motiva nuestros actos. Como consecuencia se sienten incomprendidos y poco valorados y, a la larga, tienden a desobedecer en los mismos u otros asuntos y se cierran ante el diálogo con sus padres o tutores.

El tiempo fuera positivo no se trata de una herramienta de evasión, sino todo lo contrario. Siempre va unido a un posterior diálogo y una comunicación respetuosa para resolver el conflicto. También resulta muy útil como elemento de prevención para evitar las crisis cotidianas en la medida en la que estas dependan de nuestras reacciones, y estas últimas de nuestro estado de ánimo.

Por ejemplo: si nos duele mucho la cabeza y los niños están jugando a nuestro alrededor, es mejor que nos tomemos unos minutos para inspirar y expirar aire (tiempo fuera positivo), antes de dirigirnos amablemente a los niños para pedirles de forma respetuosa que dejen de hacer ruido. Si no actuamos de esta forma, lo más probable es que acabemos gritándoles o castigándoles por ser desconsiderados, cuando en realidad quizás ellos no se están portando mal, sino que solo están obedeciendo a su naturaleza. De esta forma, estaremos evitando el conflicto antes de que estalle.

Disciplina Positiva y Resolución de conflictos I: el tiempo fuera positivo

Explicado de otra manera, se trata de “salir” de la situación que nos genera malestar, estrés o inseguridad para poder serenarnos y encarar el problema de la mejor forma posible: buscando soluciones constructivas y positivas (lo que incluye evitar los gritos, los castigos y las luchas de poder) enfocándonos en resolver la situación en lugar de empeorarla.

Por ejemplo: imaginaos que llegáis a casa muy cansados y os encontráis con que el peque tiene una rabieta en el peor momento posible. Es la hora del baño, pero no quiere dejar de jugar. Antes de reaccionar discutiendo con él (lucha de poder), gritándole o castigándole (medidas desagradables que en lugar de solucionar el problema, lo agravan, empeoran la rabieta y generan rencor, baja autoestima y deseos de venganza), podemos respirar hondo, contar hasta 10 y serenarnos para a continuación dirigirnos al peque: “Ya veo que estás muy enfadado, pero no puedo hablar contigo si no dejas de gritar. ¿Quieres que te de un abrazo? ¿Por qué no me cuentas lo que sucede y buscamos entre los dos una solución?”, sería una buena forma de empezar.

Reconocer sus sentimientos para que sientan que los escuchamos y comprendemos, y ofrecerles una gama de opciones limitadas adecuadas a la solución del problema para que ellos elijan, en lugar de imponerles una propia, también es efectivo: “Ya veo que estás muy disgustado. Sé que quieres jugar, pero ahora toca bañarse. ¿Quieres que recojamos estos juguetes entre los dos y saquemos los de agua? ¿O prefieres ir al baño directamente y recogerlos antes de cenar?”, por ejemplo.

Siendo respetuosos con el niño y teniendo en cuenta sus sentimientos, él se sentirá mucho más propuesto a colaborar que si le regañamos, gritamos, castigamos o tratamos de engañarles o engatusarles con trucos, por ejemplo: chantajeándoles para que hagan algo a cambio de un premio. Este tipo de actitud entraña una lucha de poder y, aunque puede funcionar a corto plazo, en la próxima ocasión que se le presente será el niño quien nos recuerde que para hacer algo que no le apetece, debemos ofrecerle siempre antes una compensación.

Recordemos siempre que nuestro ejemplo es el modelo a seguir de nuestros hijos. Si respondemos de forma agresiva, inadecuada y/o negativa ante un problema, estaremos enseñando a nuestros hijos a resolver los problemas discutiendo y/o gritando. Si os interesa profundizar más sobre este tema, os recomiendo el libro Cómo educar con cariño y firmeza, – enlace afiliado – de la psicóloga infantil y madre de siete hijos, Jane Nelsen.

Disciplina Positiva y Resolución de conflictos I: el tiempo fuera positivo

Si el conflicto lo provoca una situación que se repite de forma constante (la hora de las comidas, del baño o del sueño, por ejemplo), apelar a su colaboración buscando juntos una solución también suele dar buen resultado ya que a los niños les gusta ser tenidos en cuenta, sentir que importan y que pueden hacer cosas por ellos mismos. En este sentido, es importante recordar que surte más efecto preguntar que ordenar.

Por ejemplo: “¿Qué crees que podemos hacer para no volver a tener este problema? ¿Qué te parece si establecemos una hora fija para el baño y te avisamos 20 minutos antes ara que puedas ir recogiendo tus juguetes y haciéndote a la idea?” en lugar de “A partir de ahora recogerás tus juguetes a las siete en punto y no volverás a jugar más con ellos hasta que te hayas bañado”. La finalidad es la misma, pero el primer enfoque equilibra amabilidad con firmeza e inculca autodisciplina y el segundo, en cambio, es meramente autoritario y conlleva más enfado, lágrimas y rencor. El segundo no es una solución, es un castigo.

Imponiéndoles algo que no comprenden por qué debe ser así, no les estamos enseñando nada. Les estamos obligando, simplemente. Hay una especie de instinto en el adulto de imponerse a los niños “ganándoles” en lugar de “ganándoselos” cuando, en realidad “conquistarles” es mucho mejor, más sano y efectivo que “vencerles”.

Dialogando y consensuando con ellos, en cambio, les proporcionamos una herramienta útil y positiva de aprendizaje y desarrollo. Los niños se sentirán parte de la solución, en lugar de la causa del problema. Y tendrán (con la práctica), la capacidad para evitar esa situación que les hace sentir mal (cuando se portan mal, los niños no lo hacen para “chincharnos”, es que ellos se sienten mal). También adquirirán los recursos necesarios para evitarla y, lo que es más importante: la motivación adecuada. Todo lo cual, es un regalo.

Disciplina Positiva y Resolución de conflictos I: el tiempo fuera positivo

Cuando el niño es muy pequeño, tiene una rabieta y aún no se puede razonar con él, el contacto físico suele ayudarles a calmarse. Y también es más rápido y efectivo que el grito. 🙂 Para que los niños actúen bien, antes deben sentirse bien. Si tienen una rabieta conseguir que salgan del estado de sufrimiento en el que están debe ser nuestro primer objetivo.

Diversos estudios neurocientíficos han demostrado que la zona del córtex de nuestro cerebro no madura hasta después de los 20 años y continúa sufriendo cambios hasta los 30. Más concretamente, la zona cerebral más ligada al uso del razonamiento resulta ser la última en madurar.

Así que si a los adultos nos resulta tan difícil controlar las emociones, ¿cómo podemos esperar de los niños que hagan algo que a nosotros mismos nos cuesta años de experiencia conseguir? ¿Y cómo podemos culpabilizarles de algo que escapa a su control? Los niños pequeños son pura emoción…

Si nosotros perdemos la paciencia y no somos capaces de gestionar los sentimientos, tampoco seremos capaces de ayudar a los niños a reconocer y gestionar las emociones en una situación de conflicto. Como consecuencia las emociones (suyas y nuestras) surgirán de forma desbordada y sin ningún tipo de filtro. Así perderemos el control de la situación, y la razón se nos irá de las manos…

Disciplina Positiva y Resolución de conflictos I: el tiempo fuera positivo

Yo no me voy a meter mucho más en este tema, pero sobra decir que los peques no razonan como nosotros. Para ahondar en cómo funciona el cerebro de los niños y poder empatizar con ellos cuando atraviesan una crisis, y ayudarles en general contribuyendo de forma positiva a su desarrollo y su educación, podéis leer El cerebro del niño explicado a los padres del neuropsicólogo y padre de 3 niños, Álvaro Bilbao.

Sin embargo, es una situación que tiene fácil solución. Si somos capaces de practicar el tiempo fuera positivo y nos dedicamos algo de tiempo a nosotros mismos para hacer las cosas que nos gustan (leer, escribir, salir a correr, pasear, etc.) y dejamos que los niños hagan las cosas que necesitan (correr, saltar, jugar, etc.) seremos mucho más capaces de reducir los conflictos cotidianos.

En el curso de Disciplina Positiva que hice, la profesora insistía mucho en un punto: “No podemos dar lo que no tenemos. Si no tenemos paciencia, comprensión, cariño, alegría… Tampoco tendremos las herramientas y los recursos necesarios para modelar a nuestros hijos de forma que se conviertan en los adultos que deseamos que sean”.

Por último me gustaría destacar que el tiempo fuera positivo pueden practicarlo tanto los adultos como los niños. Cuando estos son muy pequeños, pueden acostumbrarse a ir acompañados a un espacio donde sea posible que se serenen leyéndoles cuentos, pintando, modelando plastilina, etc. Por regla general las actividades manuales, creativas y/o sensoriales son una buena terapia. 🙂

Disciplina Positiva y Resolución de conflictos I: el tiempo fuera positivo

Puede ayudar que este espacio sea siempre el mismo y disponga siempre de las cosas que al niño le relajan y le hacen sentir bien. Así a los peques les resulta más fácil identificarlo como un punto clave del hogar libre de “malos rollos”. Si adquieren el hábito de ir acompañados por sus papás, más adelante acudirán ellos solos a realizar una actividad placentera para desconectar de una situación (o emoción) que les hace sentir mal (Montessori denomina a este espacio la “mesa de la paz”). 

Las consecuencias naturales y consecuencias lógicas

El tiempo fuera positivo es un primer paso a dar a la hora de enfrentarnos a un conflicto con los niños y solucionarlo. Algunas de las herramientas relacionadas con las que después podemos resolver la situación son el diálogo respetuoso basado en la comunicación positiva y las consecuencias naturales y las consecuencias lógicas.

Ambas también están muy relacionadas con el enfoque Montessori y consisten en dejar que el niño “sufra” las consecuencias de sus actos y decisiones. Evidentemente, a los niños muy pequeños no podemos dejarles experimentar las consecuencias naturales de la gravedad al caer desde una ventana abierta, ni las consecuencias lógicas de soltarle la mano para dejarle cruzar la calle sin mirar como él quiere. Pero sí podemos, por ejemplo, dejar que aprendan que si no comen verduras no habrá otro alimento que sustituya su plato hasta la cena y, por lo tanto, pasarán hambre hasta entonces.

“¿No quieres tu comida? Está bien. Pero entonces tampoco podrás tomar postre ni comer galletas.” Sin discutir, obligar ni castigar al niño. Eso sí, debemos mostrarnos firmes: será él quien tome la decisión de pasar hambre y se enfrentará a sus consecuencias.

No me quiero meter demasiado aún en estos conceptos, ya que pienso desarrollarlos más adelante, pero si tenéis ganas de aprender más sobre cómo guiar a vuestros hijos o necesitáis un enfoque más práctico para llevar a cabo una comunicación eficaz con ellos, os recomiendo Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y Cómo escuchar para que sus hijos le hablen, que muestra métodos comunicativos acompañados de ilustraciones que muestran las habilidades en la práctica y ofrecen formas de solucionar problemas comunes que nos ayudan a enfrentarnos a los sentimientos negativos de los niños, expresar nuestro enfado sin herirles, conseguir su colaboración, establecer límites, usar alternativas al castigo y solucionar los conflictos familiares de forma pacífica, desde el respeto y el diálogo mutuo. 🙂

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