Montessori, la Navidad, Papá Noel y los Reyes Magos

Montessori, la Navidad, Papá Noel y los Reyes Magos

Una de las cosas que más choca de la pedagogía Montessori es la diferenciación que establece entre «imaginación» y «fantasía», oponiéndose a contaminar las vivencias del niño durante su primera infancia con esta última, lo que pone en tela de juicio muchas creencias de la Navidad.

Montessori y la magia de la Navidad: imaginación y fantasía

Montessori establece una clara diferencia entre la imaginación (intrínseca al niño) y la fantasía (un factor extrínseco). Una cosa es fomentar la imaginación y creatividad infantiles y otra, muy distinta, propulsar la creencia en universos ficticios creados por el hombre y popularizados a través de costumbres populares y productos culturales como películas, libros, juguetes, etc.

Es decir, una cosa es dejar al niño inventar sus propios mundos imaginarios y desarrollarlos mediante el juego simbólico jugando, por ejemplo, a los astronautas; y otra, fomentar creencias oníricas diciéndoles, por ejemplo, que los dragones existen.

Para María Montessori los primeros años de vida del niño eran fundamentales para todo su posterior desarrollo y aprendizaje como adulto. Esto hoy en día nos lo confirma la neurociencia: jamás el hombre vuelve a aprender tanto ni tan deprisa como en los primeros 6 años de vida, especialmente durante la etapa de 0 a 3 años.

Y no solo eso: las vivencias que acumule durante este periodo de tiempo vital van a conformar los pilares básicos sobre los que asentará posteriormente su vida adulta.

Por eso la pedagogía Montessori se centra en que los pequeños conozcan la realidad del mundo que les rodea. La de su entorno y su ambiente inmediatos, sin interferencias. Criar y educar niños autónomos con buena autoestima capaces de desarrollar sus habilidades innatas y de convertirse en adultos capaces que además se sienten realizados.

Ya que Montessori no fomenta la fantasía, en sentido no sería coherente según su pedagogía hacer creer a los niños en Papá Noel, los Reyes Magos, el Hombre del Saco o el Hada de los Dientes (por poner algunos ejemplos).

Pero también es cierto que no podemos abstraer al niño del entorno cultural en el que vive y crece. Al final, todo niño debe ser un individuo socialmente integrado y sentirse plenamente identificado con su grupo de pertenencia (aunque luego, a medida que crezca, sea libre de tener también un grupo de referencia, que es al que deseamos pertenecer y que no tiene que coincidir necesariamente con el primero).

Montessori, Papá Noel y los Reyes Magos

Hace tiempo leí un post muy bueno de Bei, la autora de los blogs Tigriteando y Montessorizate al que os remito porque obliga a la reflexión: Sobre la Navidad, Montessori y la Magia.

Esta mamá que, como yo, se siente incómoda fomentando en sus hijas la creencia en los Reyes Magos, explica muy detalladamente cómo en su casa se vive la «magia» de la Navidad con otras alternativas y como trata ella de mantenerse al margen para que sus niñas puedan disfrutar de lo que, libremente, han optado por considerar cierto al recibir la influencia de su entorno.

Es decir: opta por «seguir al niño» que, en definitiva, es la máxima de Montessori.

¿Deben o no «creer» los niños?

Esta polémica no es nueva ni atañe tan solo a la metodología de María Montessori. Siempre ha existido cierto desacuerdo entre las familias que desean que sus hijos crean en Papá Noel, los Reyes Magos, el Ratoncito Pérez, etc. y las que no son partidarias de fomentar una creencia irreal en sus hijos porque sienten que les están engañando.

Esta es una decisión personal que cada familia toma en función de sus propias creencias, su cultura, su experiencia personal, etc. Y ambas posturas son igualmente respetables. También entiendo que es un tema delicado porque los niños que antes conocen la verdad o la han sabido siempre (actualmente las escuelas infantiles son magníficos ambientes de inclusión sociocultural) suelen desvelársela a sus amiguitos, lo que no suele sentar muy bien a los papás.

Cuando hablo de este tema con alguien y comento que yo personalmente no me siento cómoda mintiendo a mi hijo, las objeciones más comunes suelen ser que al desvelar el «secreto» de la Navidad a los niños se les hace perder la ilusión, se les roba la inocencia, etc. Porque se considera algo así como que los niños ya vienen de serie creyendo en los Reyes Magos y demás personajes populares.

Sin embargo, no parecen tener problemas a la hora de decirles a sus hijos que los dragones, las hadas y los unicornios no existen. Igual que no existen los monstruos o los fantasmas, que a los niños también les encantan aunque sepan que no son reales (de hecho, en Halloween disfrutan tanto más que en Navidad).

Para mí, la diferencia entre estas figuras y las pertenecientes al imaginario popular infantil es que estas últimas son iconos culturales. Eso no las hace más reales, simplemente son costumbres socialmente interiorizadas, aceptadas y queridas por la simpatía que despiertan estos entrañables personajes. Que alguien no crea en ellos o no fomente la tradición, resulta chocante y a veces hasta parece que un poquito amenazador. En el caso de los Reyes Magos, además, hay un origen religioso lo cual hace que se les respete especialmente y se les tenga en mayor estima.

Montessori, Papá Noel y los Reyes Magos

Yo, personalmente, hago lo mismo que Bei. No fomento la creencia y me muerdo la lengua muchas veces. Pero lo permito. Lo tolero porque mi hijo se lo pasa bien entregando a los Reyes Magos su carta y recogiendo caramelos en la cabalgata, le gusta que los Reyes le visiten a él y a sus amigos en la guarde y le dejen regalos en casa. Le gusta hacer lo mismo que hacen los otros niños y sentirse integrado. 

Por eso yo he optado por respetar la tradición sin participar yo misma muy activamente en ella y dejar que el niño disfrute de la Navidad de manera «tradicional», aunque sin hablarle yo misma de los temas que mayor incomodidad me provocan.

Y me provocan incomodidad porque no creo que mentir sea una buena forma de fomentar la confianza entre padres e hijos. Y da igual como vistamos la mentira, lo bien envuelta que esté, lo mucho que brille o el tamaño que tenga. El que sea bienintencionada no hace que al final les haga sentir mejor o menos desengañados. Es una mentira. Bonita, sí; pero una mentira al fin y al cabo.

Así que me mantengo al margen y observo a mi hijo. Y si él finalmente crece creyendo en este tipo de figuras, me da igual la edad que tenga: cuando llegue el día en que me pregunte acerca de la verdad, se la diré.

No daré preámbulos ni camuflaré las respuestas, no propondré alternativas ni acusaré a otros niños de ser unos descreídos. Le diré la verdad y también le pediré perdón por habérsela ocultado durante todo ese tiempo.

Si el que mi hijo conozca la verdad antes que otros niños (que no sé si será el caso) causará un dilema o no a otras familias es algo que desconozco. Es algo con lo que tenemos que lidiar los padres constantemente. A mí también me toca hacerlo, si no en este, en otros temas: cuando los niños juegan con pistolas o espadas, usan vehículos motorizados o juegan con videojuegos. Yo, por mi parte, trataré siempre de hacerle respetar las diferentes creencias bien sean estas culturales, religiosas o ideológicas.

¿Navidad menos «mágica» sin Reyes?

Prescindir de la creencia en personajes míticos no es sinónimo de prescindir de los regalos sorpresa, de la fiesta, la decoración navideña, los momentos especiales, los muñecos de nieve, las figuritas hechas en familia con piñas, las luces luminosas adornando las ventanas, los dulces de navidad caseros, las comidas familiares… Todas esas pequeñas cosas que en realidad son las que de verdad importan y hacen que esta época del año sea mágica, pero de verdad.

Es cierto que hay algo mágico y entrañable en la mañana de Reyes, cuando un niño se despierta y descubre sus regalos envueltos bajo el árbol de navidad y se lleva una gran sorpresa. Y en los nervios e ilusión de la noche anterior, en la emocionante espera… Y aún antes: en la redacción de la carta, su entrega, etc. Y por supuesto después, cuando estrenan sus juguetes nuevos. 🙂

Montessori, Papá Noel y los Reyes Magos

Es indudable que hay magia en los preparativos previos y también en la visita final a casa de los abuelos y otros familiares a ver qué les han dejado allí a ellos y a sus primitos/as… Hay inocencia en sus miradas, e ilusión en sus sonrisas…

Pero no nos engañemos: es algo más mágico para nosotros que para ellos. A ellos les da igual quien les entregue el regalo. De hecho, aún es mejor y le cogen más cariño cuando proviene de alguien que les quiere y a quien ellos conocen. Mi hijo tiene dos años y ocho meses y le hace la misma ilusión abrir una caja de Amazon que recibir un regalo. Porque una caja de cartón cerrada siempre es un misterioso maravilloso, y un regalo siempre es un regalo. 🙂

Esa es la magia de la infancia. Y está en los niños, no en los Reyes.

5 thoughts on “Montessori, la Navidad, Papá Noel y los Reyes Magos

  1. Me vas a perdonar, pero creo que tu actitud es simplemente hipocresía revestida de lógica forzada. Sí, pero no. No me gusta pero tolero porque queda bonito y lo paso bien… Deja de buscar tres pies al gato y de jusrificarte a ti misma que eres mejor que los demás, y disfruta de la vida dejando disfrutar a tus hijos.

    1. A ver, en este blog todos los comentarios son moderados. Es decir: requieren de mi vista previa y aprobación para ser publicados. Para mí sería muy fácil aprobar solo aquellos que refuercen mi propia opinión, pero aún así, me interesa mucho contestar este mensaje porque es un claro ejemplo de disonancia cognitiva (cuando una idea entra en conflicto con nuestro propio sistema de creencias y produce malestar e incluso un shock emocional) y de falacia lógica (cuando se ataca al mensajero porque no se dispone de argumentos con los que rebatir el mensaje). Ante la incapacidad de discutir que engañar a los niños no está bien o de defender que los reyes existen, muchos papás y mamás terminan atacando a quienes no hacen lo mismo que ellos al sentirse ellos mismos atacados en su sistema de creencias cuando una persona no está de acuerdo con él. Mi intención en este post no es criticar ni hacer tambalear el sistema de creencias o los valores de nadie, sino expresar mi propia opinión al respecto. Mi postura ante este tema y otros es más bien la siguiente: si tú lo haces de una manera en la que crees y con la que te sientes cómodo, y te va bien; y yo lo hago de otra en la que creo, me siento cómoda y me va bien; ¡pues qué bien por ambas partes!, ¿no?
      También advierto cierta falta de coherencia en este tipo de ataques: o estoy jodiendo la infancia a mi hijo por no engañarle, o soy hipócrita por engañarle y después defender que no debería hacerlo; pero no puedo ser acusada de ambas cosas a la vez, ya que ambos postulados son incompatibles y excluyentes. Para ser totalmente justa, creo que de lo que se me podría acusar en todo caso es de ser cobarde, pero no hipócrita. Cobarde por no llevar a la máxima consecuencia mi postura, pero es que en este tema (como en tantos otros relacionados con la crianza), tengo dudas; y las tengo porque no soy una persona extremista y mi pensamiento no es dual. Es decir: no hay blanco o negro, todo tiene sus cosas buenas y malas. Y en este caso, el contexto sociocultural pesa demasiado. Sé que hay personas que no reflexionan ni se plantean tantísimas cosas, que hacen lo que se ha hecho toda la vida y eso les produce bienestar, seguridad y tranquilidad. Yo no me creo mejor ni peor que nadie por tener ideas propias. Cuando tengo que decidir acerca de algo, sencillamente reflexiono, me informo, valoro, decido… En función a mi propio sistema de creencias y valores. En este punto no suelo fijarme en lo que hacen o dejan de hacer los demás. Si coincido en mi punto de vista con alguien, perfecto; si no, pues no pasa nada porque cada uno tenga el suyo. Creo que la diferencia, lejos de alejarnos nos enriquece. Cuando una idea es minoritaria, es cierto que es muchísimo más difícil de defender, pero no por ello ha de estar equivocada. Simplemente, a veces hay varias formas de ver y hacer las cosas. Esto no debería de suponer un peligro ni una amenaza para nadie. A menudo no existe la verdad absoluta, sino diferentes versiones. Y no podemos enriquecernos con el diálogo si no estamos dispuestos a escuchar realmente, a ponernos delante de alguien que piensa diferente y estar dispuestos a aceptar esa diferencia, a mantener la mente abierta y estar dispuestos a la posibilidad de que lo que escuchamos cambie o refuerce nuestras propias ideas. Solo de esta forma prestamos verdadera atención y nos escuchamos realmente los unos a los otros. Ante mi opinión sobre este tema, se puede optar por empatizar con el hecho de que los padres siempre quieren hacer lo mejor para sus hijos y a veces es difícil saber cómo acertar. O simpatizar con el hecho de que a veces el entorno dicta y cuesta educar de otra manera. O solidarizase con una verdad universal: todos los padres del mundo quieren que la relación con sus hijos se base en la confianza mutua… Y luego ya se puede estar o no de acuerdo con la conclusión de cada uno. Sin embargo, este tipo de respuesta elige el rechazo, el ataque y el descrédito porque es consecuencia de un pensamiento egocentrista, en el que el mensaje o la idea que subyace es: «yo, haciendo esto, hago que la infancia de mis hijos sea buena; por consiguiente, todo el que no haga lo mismo que yo lo está haciendo necesariamente mal, y causa un efecto negativo en la infancia de sus hijos». Es decir: yo tengo razón, los demás se equivocan. ¿Quién se cree entonces mejor que los demás? Con este tipo de argumento se está dando por hecho que todos los niños del mundo que no creen o no tienen reyes por motivos socioculturales, religiosos, económicos, etc. son infelices. Sin embargo, hay países donde los niños ni siquiera tienen un nombre cuando nacen porque la tasa de mortalidad infantil es tan sumamente alta, que sus familias prefieren no encariñarse demasiado pronto con ellos… Mientras tanto, en los países desarrollados los adultos se empujan entre sí por rapiñear más caramelos que nadie en una cabalgata de reyes en la que este año he visto hasta disfraces de superhéroes, como si fuera un Carnaval… ¿Esto es disfrutar de la vida y dar buen ejemplo? Claro que no se puede generalizar, pero hay muchas cosas de la Navidad que a mí me irritan, me generan dudas y ponen mi sistema de creencias en tela de juicio. Por ejemplo: se utiliza demasiado a menudo el chantaje para forzar a los niños a portarse bien a cambio de recibir sus regalos, haciéndoles creer que tres magos inmortales cruzan los cielos (solo del mundo desarrollado) para premiarles con regalos, aleccionándoles inconscientemente de esta forma para formarles en el futuro como adultos que se comporten de determinada manera solo si pueden conseguir algo a cambio… Y todo esto, ¿no es hipocresía?
      A todo esto se suma, el hecho de que hoy en día los niños están más cerca que nunca de la información (y la de desinformación), se les deja demasiado pronto acceder a la televisión y tener tabletas en las manos, y descubren más cosas más rápido y antes que nos de tiempo a advertirles… Y no son tontos. Son niños, pero no tontos. Mi hijo, de 3 años y medio, al llegar a la cabalgata este año, nos dijo: «van disfrazados…». Este tipo de respuesta inteligente pone a muchos padres en situaciones incómodas y les fuerza a mantener posturas tan ridículas como la de un padre que fue capaz de crear toda una página web para mostrar «pruebas» de que los reyes magos existen, en lugar de premiar la capacidad de lógica y observación de sus hijos con la verdad, esforzándose hasta más allá de lo razonable por seguir manteniendo un engaño. Esto, desde mi punto de vista, confunde a los niños a una edad en la que todo lo que les dicen sus padres es creído a rajatabla porque confían en ellos ciegamente. Y luego pretendemos que confíen en nosotros y ellos siempre digan la verdad. Pero, ¿qué verdad y qué mentiras son admisibles? Y todo esto, ¿tampoco es hipocresía?

  2. Hola Tania:
    Voy a ser sincero, he sido incapapaz de leerme la entrada completa, ya que los montessori, en algunos casos, sois muy radicales, hasta el punto de que ya hemos tenido problemas con una mamá de cole del primer curso de infantil (3años), que sacó a la hija del cole porque el profe no aplicaba métodos acordes a todo lo que ella había creído. La niña volvió pero la mamá no para de levantar polémicas con los métodos o actividades del centro y nos hace sentir bastante incómodos.
    Al grano, si crias a tus hijos sin la necesidad forzada de la fantasía de los Reyes Magos, por qué sí celebráis la navidad? Al fin y al cabo es una viesta pagana adaptada al cristianismo. Por qué inculcarle la creencia decque Dios existe? Y si existe Dios por qué no va a existir los Reyes Magos?

    1. Hola Manuel, gracias por comentar. 🙂 Yo sí me he leído entero tu comentario, hasta el final, y te voy a contestar. 😉 En primer lugar, mi hijo asiste a una escuela Montessori pública y como tal, su profesora no puede aplicar plenamente la pedagogía Montessori porque ha de seguir y cumplir ciertas directrices que le imponen desde Educación. ¡Y no tenemos absolutamente ningún problema con eso! Nosotros no somos realmente una familia Montessori radical… Basta leer periódicamente el blog para darse cuenta, de hecho yo sostengo que de los enfoques de crianza y las pedagogías cada familia debe coger lo que les resulte a ellos particularmente útil en cada caso… ¡Así que me sorprende mucho que alguien me diga eso a mí precisamente! (de hecho, suelen criticarme por lo contrario: por no ser absolutamente estricta en este punto, jeje). Entiendo el caso que comentas (en el cole de mi peque también hay papás y mamás así y son un dolor de cabeza para todo el mundo), pero no es el nuestro. 🙂 En cuanto a la pregunta concreta que me planteas: en mi caso particular (no puedo contestar por todas las familias, Montessori o no, del mundo): en mi casa no se inculca la creencia de que Dios existe, ni la contraria. Mi hijo no está bautizado, pero si él desea bautizarse en el futuro, ningún problema. No somos creyentes (al menos no como miembros de ninguna iglesia). Y tampoco le hacemos creer ni descreer ninguna creencia respecto a los Reyes Magos ni Papá Noel. En mi casa sí se celebran ambas fiestas porque el padre del niño es partidario de ello (por costumbre, por tradición, porque le hace ilusión, etc.) y porque el propio niño según ha ido creciendo ha ido viviendo estas fechas con ilusión (ya que el entorno al final lo promueve, y al fin y al cabo el niño ha de ser un ser humano adaptado), pero a mí me genera un gran dilema interno… No es por la pedagogía Montessori, que como verás en este caso y en otros muchos nos saltamos un poco a la ligera en la práctica aunque su punto de vista (en este caso) refuerce el mío… Es una cuestión meramente personal, porque entiendo (insisto: es mi punto de vista, tan libre y válido como el de cualquier otro y, además, entiendo que minoritario), que no hay necesidad de hacerles creer en mitos para disfrutar más de la vida o el tiempo en familia, ni contarles una trola para que crean en la magia. La magia está por todas partes: en una puesta de sol, en una caricia inesperada, en una sonrisa, en un abrazo… ¡La propia infancia es Magia! Pero magia real, de la buena, no de la ficticia ni inventada… De la que sí que hay inculcarles amar y preservar. Y además no hay peque en el mundo que no se sienta engañado cuando conoce la verdad. Porque, seamos honestos, se les engaña. ¿Cuántas familias de las que celebran la Navidad lo hacen porque son realmente creyentes y/o practicantes? E incluso aunque se celebre por este motivo… No estamos hablando de inculcar una creencia religiosa o una fé en lxs peques (que tiene toda la validez del mundo porque todos los padres transmitimos nuestras propias creencias a nuestrxs hijxs), sino de escenificar la noche de Reyes y hacerles creer que sucede algo que no es real. Como comento justo AL FINAL del post, en mi opinión personal la necesidad de hacer a lxs niñxs creer en estas cosas obedece más a un deseo adulto que a una necesidad de ellxs. No sé si me he explicado bien… Sé que es un tema que genera polémica y me agota mucho este tipo de debate. Simplemente: no somos radicales aplicando esta ni ninguna otra metodología, no se inculca ni se prohibe creencia religiosa alguna en nuestro hogar, sí que cedo a la hora de celebrar este tipo de festividades y, por último, mi conflicto interno respecto a este tema obedece puramente a una cuestión personal… Espero haberte aclarado mi punto de vista, aunque no sea compartido. ;P En resumen: EN MI CASA LOS NIÑXS SON LA MAGIA Y LO SON DURANTE TODO EL AÑO.

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