maternidad libre

Por una maternidad libre (incluso de nosotras mismas) I: Educación Igualitaria

Desde el comienzo de este blog, años atrás, siempre he tenido muy claro que éste iba a ser un espacio de confluencia y diversidad. Una plataforma a través de la que compartir mi propia experiencia personal como madre pero a la vez, proclamar una Maternidad Libre.

Una maternidad sana, libre de prejuicios, de esterotipos y de métodos de crianza encorsetados que no nos dejan disfrutar de nuestra Maternidad y nos dividen. Y lo peor de todo, es que las consecuencias las pagan nuestros hijos.

Maternidad Libre vs Maternidad Tóxica 

Desde el nacimiento del blog, la columna lateral derecha luce un emblema que ilustra mi opinión sobre la Maternidad: Crianza a mi Manera. Y es que creo, sinceramente, que NO hay dos madres iguales y que eso NO nos hace tan diferentes. Y, desde luego, no nos convierte en adversarias, ni en competidoras. Porque a veces, de verdad que convertimos la Maternidad en una competición. ¿Y qué sentido tiene esto? ¿O es que se rifa el Premio a la Mejor Madre del Mundo o algo así y yo no me he enterado? No, en serio: la diferencia no nos aleja, no nos divide. Nos enriquece.

Honestamente, estoy cansada de enfrentarme a comentarios tóxicos cada vez que publico cualquier cosa sobre métodos de crianza y educación. Aburrida de presenciar ataques en las redes y recibir críticas disfrazadas de consejos en la vida real, hastiada de los debates entre madres, asqueada de las opiniones ofensivas en las que pesan más los condicionamientos socioculturales que la razón, la ciencia y la experiencia.

Que digo yo: ¿ya es ganas de echar tiempo no? Porque oye, bienvenida la crítica constructiva y la diversidad de opinión. A mí me encanta cuando otra mamá me dice “pues yo lo hago así y nos va genial”, porque de eso se trata, de que todo vaya bien. Y si a ti te va bien de una manera y a mí de otra, pues oye fenomenal ¿no? ¡Porque nos va bien a las dos!

¿Por qué nos hacemos esto? Y encima nos lo hacemos entre nosotras mismas…

Respeto, tolerancia, empatía. Menos hablar y criticar, más escuchar y compartir

Comprendo y apoyo que una lectora, asidua o no, manifieste su opinión libre sobre todo tipo de temas variados y la exprese también cuando es contraria a la del autor/a de un texto. Faltaría más. Pero ¿en serio? Pues sí: hay gente que se dedica a seguir para fastidiar. ¡Y ni siquiera leen el contenido!

Joe, en serio, hay personas que tienen mucho tiempo libre y están muy aburridas. Y digo yo, ¿por qué no se buscan una vida propia? En fin, parece que les interesa más la de los demás. ¡Pues la mía es bien sencilla! Vive y deja vivir. Es un principio que la resume a la perfección.

Iba a redactar un único post para posicionarme sobre determinados aspectos de la Maternidad y explicar por qué a mí me funcionan, y también por qué me parece fantástico que a otras mamás les funcionen otras cosas… Y así me ahorraría tiempo compartiendo un único link en todas esas ocasiones en las que me veo en la necesidad de justificarme explicarme.

Pero me quedaba tan sumamente largo, que he preferido dividirlo en una serie de posts para entrar más en profundidad en determinados temas. Todos van comenzar con una foto de zapatos, siempre distintos. Y con la misma frase en todos ellos: “Si juzgas mi camino, te presto mis zapatos.” (Es un refrán anónimo que me encanta, por cierto).

Y allá va el primero de ellos porque es un tema recurrente al que me enfrento cada día:

Mi hijo juega con muñecas cuando le apetece. Si el tuyo no quiere, estupendo. Si no puede porque no le dejas, pues qué pena. Tú estás condicionando más que yo

“Eso es un juguete de niña, no de niño”, “Si es varón, no debe jugar con muñecas”“¿Qué hará el niño cuando le toque estar rodeado de otros niños, donde todos jueguen con carros y él con muñecas?”, “El padre que ama corrige (la orientación sexual), así lo dice Dios en su Palabra (la biblia)”.

Estos son ejemplos de las lindeces que me dedican cuando publico algún tema de Educación Igualitaria. Los he recopilado de mis redes sociales porque en el blog se ve que no entran a leer (no sea que se les pegue algo malo…). El caso es que el último comentario me gusta especialmente. Sé que la fe es importante para muchas personas (mi madre es una de ellas), pero honestamente… dejar la educación de tu hijo en manos de un libro que tiene miles de años… Pues no sé yo. ¿Os imagináis la educación y los métodos de crianza que existían en aquella época? La gente mataba y moría por sus ideas religiosas, para que os hagáis una idea. Aunque, pensándolo mejor, en esto no hemos evolucionado nada…

No es que me tome este tipo de comentarios de forma personal, pero de verdad que a veces alucino con la mentalidad de ciertas personas a estas alturas de la vida…

De religión yo no sé mucho, pero sí lo suficiente para saber que la Biblia (tal y como la conocemos hoy en día) se “decidió” en el Concilio de Hipona (383 d.C). Ese “Canon bíblico” fue aprobado posteriormente en los Concilios de Cartago (397 y 419 d.C.). Así que la Biblia no es la palabra de ningún dios, sino un conjunto de textos escritos y recopilados por un conjunto de hombres bajo las órdenes de otros que tenían el poder de decidir (con lo cual dejarían fuera todo aquello que no les interesara divulgar por motivos sociales, culturales o económicos).

Pero bueno, como esto es algo que hoy en día todo el mundo puede averiguar (si quiere) leyendo la Wikipedia o acudiendo a una biblioteca municipal, doy por hecho que el razonamiento no es el punto fuerte de las personas que practican una fe ciega.

Yo no tengo nada en contra del sentimiento o las creencias religiosas, que conste. Todo lo que sirva para hacernos sentir mejor sin hacer mal a nadie me parece más divino que la Biblia (literalmente, además, si tenemos en cuenta su origen histórico). Lo que sucede es que como muy pocas veces se escoge la religión voluntariamente y suele ser una creencia derivada de la zona geográfica en la que se nace, la sociedad en la que se crece, la cultura que te inculcan o la simple tendencia familiar, pues no me parece ninguna mejor que otra. Quien abraza una religión sin conocer las otras, me parece más bien que en lugar de adoptar una fe, es adoptado por ella. Si a la persona le vale, estupendo. Eso no va conmigo, así que yo simplemente respeto todas las opciones y condeno de la misma forma todas las posturas fanáticas y extremistas de uno y otro lado (que, por supuesto, no definen o no deberían definir ninguna religión… porque a lo demás se le llama “secta”).

Pero es que además se da el caso de que no creo que todas las personas religiosas del mundo condenen la homosexualidad (o estén tan preocupadas por ella). ¡Mira que Papa tan moderno tenemos en la actualidad! Dice, entre otras cosas, que la Iglesia le debe una disculpa a las personas gays porque (cito literalmente): “El catecismo dice que no deben ser discriminados. Deben ser respetados, acompañados pastoralmente.” No sé, ¿no era la humildad un principio cristiano? ¡No me digas entonces que tú sabes más que el Papa! (literalmente, además.)

La Iglesia debería ser un lugar abierto a todas las personas, porque todas son hijos de Dios, ¿no? Así que si a todos nos ha creado Él, es que todos somos perfectos. Así, tal y como somos. Porque Dios nunca se equivoca. Siempre tiene una Razón para todo. Aunque tú, quizás, no la entiendas…

La religión es una parte importante de la vida de muchos niños y forma parte de la cultura social. Pero yo no veo ninguna incompatibilidad entre ella y la condición sexual de una persona. Y mucho menos entre el Sentimiento Religioso y la Educación Igualitaria.

Así que como en este punto ya tienes claro que me parece genial que tu religión (tal y como te de la gana entenderla y practicarla) rija tu vida y apoyo tu derecho a ello, pero no te consiento que me la impongas en la mía (básicamente porque el mismo artículo constitucional – art. 16 CE – vela por ambos derechos), ¡pues déjame tranquila de una vez! ¡Mujer, si es que estás gastando saliva a lo tonto! Y a mí, la verdad, se me aburren las orejas.

No te preocupes tanto por mi hijo, que no es el tuyo. Yo al mío le voy a querer sea como sea. Y desde luego jugar con muñecas o carritos de la compra no le va a condicionar para nada. Bueno sí, de hecho: influye muy positivamente en su desarrollo.

Los juguetes no entienden de género. ¡En serio! Mira: ¿sabes cómo elijo yo los juguetes para mi hijo? Me planteo lo siguiente: ¿tienen los peques que utilizar los genitales para jugar con ellos? Que no, entonces pueden jugar con él, tanto los niños como las niñas. Que sí, entonces es que ese juguete no es ni para niños, ni para niñas.

Yo respeto a mi hijo. Por eso le dejo escoger sus juguetes. Lo único que me preocupa de ellos es que sean sexistas, racistas, violentos o peligrosos.

Honestamente, no creo que haya que enseñar a los niños y a las niñas a ser hombres o mujeres, sino PERSONAS. Y mi hijo, desde luego, seguirá jugando con LO QUE LE DÉ LA GANA. Con coches, si quiere. O con muñecas, si quiere. Porque me preocupa más que tenga una infancia sana que su orientación sexual (en la que, dicho sea de paso, no influye el juego, la religión ni la cultura).

Y sea cual sea su sexualidad, es solo suya. Y cualquiera que sea su orientación sexual, será igual de genial. El amor, el respeto, la aceptación y la tolerancia, parten de casa. Y eso es todo lo que ellos necesitan para convertirse en adultos plenos y felices.

Todos los niños nacen libres. Somos nosotros los que les condicionamos. Así que preocúpate menos de la orientación sexual de tu hijo y más de que tenga una infancia plena y feliz. Y, desde luego, despreocúpate de la de mi hijo. Esa sí que NO TE CONCIERNE para nada.

Por qué mi hijo SÍ juega con muñecas y demás cosas “de niñas” (cuando le apetece)

Los niños pueden jugar con muñecas, si quieren. Y las niñas pueden jugar con coches, si quieren. Y ya está. A ver: ¿qué parte no se entiende? ¡Si es que es así de sencillo! ¡Que no hay nada más detrás! ¡Que no!

Los juguetes favoritos de mi hijo no son ni las muñecas ni los coches, todo sea dicho. Él prefiere los puzzles y los juegos de construcción. Pero de vez en cuando coge una muñeca y la cuida. Lo hace porque quiere imitar a su papá, que le cuida a él. Me parece súper sano. Tanto que lo haga, como el motivo por el que lo hace. Y el día de mañana este tipo de juegos simbólicos le ayudarán a ser un buen papá a él también, si es que decide serlo algún día.

Si tú no dejas jugar a tu hijo con muñecas, o a tu hija con coches, porque te preocupa el qué dirán… Sorry. Las consecuencias de tu falta de libertad y valentía las sufre tu hijo. El juego libre  influye positivamente en su desarrollo. Es la forma en la que los niños aprenden a interpretar el mundo que les rodea y a asumir roles que les preparan para la edad adulta. Y resulta que ni a mi hijo ni a mí nos da el aire que respiramos la opinión de los demás (sí, en serio: la tuya tampoco).

Si se lo impides por condicionamiento sociocultural, es una lástima que su papá no le dedique tanto tiempo como para que el peque se sienta inspirado a imitarle. Don’t worry. No es el caso de mi hijo. Preocúpate del hambre en el mundo o de los perros abandonados. Ellos te necesitan más que nosotros. Nosotros estamos bien tal y como estamos.

Y si le limitas este tipo de juegos porque crees que influyen en su orientación sexual, la respuesta para ti es fácil: intenta sacar unos minutitos al día para leer más. En el mundo hay muchos otros libros (además de la Biblia).

La orientación sexual de un niño la determina su propia naturaleza. Tu hijo no eres tú. Él/ella es un ser humano único y especial, digno de cariño y respeto tal y como es. Jugar con muñecas no va a hacer que un niño sea gay el día de mañana. Igual que jugar con coches no va a hacer que una niña sea una marimacho.

Y oye, si resulta que un niño o una niña es gay, pues ¿y qué pasa? No es una enfermedad ni nada así, ¿sabes? A mí me gustaría ser capaz de inculcarle a mi hijo que sea siempre él mismo y, que solo por eso, va a ser amado. Tal y como es.

Porque no hay nada más incondicional, generoso y desinteresado que el amor de una madre hacía sus hijos.

Si no te gusta lo que oyes, “con esto y un bizcocho hasta mañana a las ocho” (¿a ti no te molan los refranes o qué?)

Si no te gusta lo que digo, lo tienes fácil: ¡deja de leerme! Que digo yo que nadie te coloca alfileres en los párpados, ¿no? Si tú y yo no somos ni parecidas, y nuestra diferencia no te aporta nada o te ofende, no me sigas en las redes. Unfollow me. Forever. Bye, bye. See you. The End.

Bueno, el caso es que hasta ahora he perdido mucho tiempo en moderar comentarios, contestar algunos y eliminar otros. Pero he decidido que ya no voy a perder más tiempo de mi vida en tenerlos en cuenta, porque se me cansan los dedos de escribir siempre las mismas respuestas.

A partir de hoy los voy a dejar ahí, para que hablen por sí mismos de sus autores/as. Pero eso sí, cuidado porque los comentarios (también en las redes) que afectan a la dignidad/honor de las personas (los menores también son personas, ¿sabes?) son un delito. Se denuncia. Y se condena.

Me equivocaré mil veces, pero la mejor madre para mi hijo SOY YO. Si crees lo contrario, te dedico esta efusiva despedida…

Soy una madre REAL. No un prototipo, ni la imagen de una revista, ni el personaje de un anuncio de televisión. Me equivocaré muchas veces, seguro, porque soy humana. Pero como la mía es una maternidad consciente y me informo de lo lindo antes de tomar una decisión que atañe a mi hijo, lo que nunca haré será hacer nada a sabiendas de que está mal hecho.

Partiendo de esta base, todo lo demás tiene solución. Porque hay ganas de aprender, de mejorar y de ser mejor persona. Por él, por mi familia, por mí.

Y hay algo que, para tu completa tranquilidad, quiero que sepas: además de madre soy periodista, así que si hay algo que se me da especialmente bien, es informarme.

Yo no nací siendo madre (que igual tú sí), pero elegí serlo.

Yo, como tú, quiero ser la MEJOR MADRE DEL MUNDO. Para mi hijo. No así, en plan abstracto, para todos los niños del mundo. Eso es imposible. Y como cada niño es un mundo, no te atrevas a pensar, ni por un solo momento, que conoces a mi hijo mejor que yo solo por el hecho de que conoces bien al tuyo. 

Quiero ser una buena madre, la mejor, para mi hijo. Me esfuerzo por ello cada día. Mi hijo es mi única fuente de inspiración para ello. Y él me ayuda un montón. Porque cada día que pasamos juntos (trabajo desde casa como bien puedo, así que pasamos juntos todo el tiempo del mundo) nos conocemos un poquito mejor.

Y así es como va a terminar siempre este carrusel de posts: si sigues creyendo que eres mejor madre que yo solo porque tu método de crianza o de educación es diferente al mío, te dedico (con todo mi generoso cariño) un inmenso CORTE DE MANGAS.

Porque la mejor madre para mi hijo, SOY YO.

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