enseñanza alternativa Montessori

Educación reglada o enseñanza alternativa: cada vez más centros públicos se rebelan

Centros escolares sin asignaturas, sin libros y con libertad para los alumnos. Cada vez más colegios públicos optan por las pedagogías alternativas y cada vez más familias los demandan. Y no es para menos: los resultados de la enseñanza alternativa son tan sorprendentes como los métodos.

Enseñanza alternativa: sencillamente una educación que respeta la individualidad y el ritmo de cada niño

Hace solo un par de días participé en una conversación en Twitter en la que una madre decía que se “moría de pena” teniendo que ayudar a su hijo de 6 años a hacer el planning de los exámenes. Adjuntaba una fotografía del calendario semanal del chiquillo. Y añadía con pesar y frustración: “Los coles con otras metodologías no están a mi alcance”.

En menos de una semana, el chiquillo tenía media docena de evaluaciones. Algunas de ellas, de varios temas… Con 6 años.

Hubo reacciones de todo tipo a su lamento. De solidaridad y hasta de enojo porque una madre osara colaborar con su hijo para elaborar un calendario de exámenes que le ayudara a visualizar metas y a organizarse.

La tacharon de madre estresada y sobreprotectora. Algún padre aún se atrevió a acusarla de confiar en “vendedores de humo” en lugar de en los profesores del crío, y hasta hubo quien le echó en cara que asumiera responsabilidades que no le correspondían. Que estudiar era cosa del niño, no de ella.

Pues qué tristeza la de quien defiende una infancia sin presencia de las figuras de referencia. Yo, en cambio, veo como algo positivo el que hoy en día los padres nos involucremos cada vez más en la educación de nuestros hijos. Apoyo y vivo una maternidad/paternidad consciente que no deja en manos ajenas la enseñanza ni la educación en valores de sus hijos.

Metodologías como Montessori a menudo son repudiadas y rechazadas sin ser conocidas en profundidad (¿qué es eso de enseñar sin libros? ¡menuda barbaridad! ¡seguro que no aprenden nada!), cuando en realidad son métodos de enseñanza que exigen muchísimo más de los profesores, de las familias y de los niños… Pero de otra manera.

En los colegios “sin libros” los alumnos no se limitan a aprender las lecciones y rellenar las fichas, sino que tienen que investigar por su cuenta y elaborar cuadernos con sus propios textos y dibujos. Así es como interiorizan los conocimientos.

El colegio de mi cuñada enseña botánica y ciencias naturales, como cualquier otro. Solo que en lugar de pasar a los niños láminas fotocopiadas de semillas para que las coloreen y se aprendan los nombres de sus diferentes partes en casa, allí tienen un huerto. Y así los niños no solo aprenden de memorieta las partes de una planta que les presentan escritas en un libro, sino que la plantan, la cuidan, la dibujan y la estudian de forma práctica. Y además se da seguimiento a las materias, porque observan su desarrollo a lo largo de cada una de sus fases del año.

Allí las materias no se inculcan con los libros. Son parte del día a día, de los hábitos y rutinas de los niños. El conocimiento se traspasa mediante actividades y tareas, juegos y trabajos en equipo en espacios abiertos, inclusivos y colaborativos.

El método de acercamiento a los niños, y de estos al conocimiento, es más natural, más adaptado a su etapa evolutiva. No es una barbaridad enseñar a los niños jugando, haciéndoles tocar, ver, oler, experimentar, comprobar por ellos mismos.

enseñanza alternativa: cilindros Montessori
Mi hijo aprendiendo formas, colores, tamaños y matemáticas con uno de los materiales de juego que tenemos en casa: cilindros de madera encajables, un material afín a la pedagogía Montessori. Con dos años y medio, se sabe todos los colores y todas las figuras geométricas. También cuenta y lee números de 1 al 20.

Barbaridad es memorizar para pasar un examen y olvidar después. Barbaridad es cargar con deberes absurdos a niños que aún no aguantan ni 5 minutos sentados quietos en la silla (hay padres que aún conciben esto como falta de disciplina, para mí lo contrario es no respetar la etapa infantil y desconocer por completo sus necesidades).

Barbaridad es que los padres se tengan que poner con los críos en casa a enseñarles lo que los profesores no son capaces en el aula, porque los temarios son tan amplios que no les da tiempo a profundizar bien en ellos. Eso no es educar, no es aprender.

Los “deberes” bien planteados deberían de ser otra cosa. Los deberes deberían de ser para los niños oportunidades de observación, exploración y experimentación del mundo que les rodea. Deberían alentar la curiosidad innata de los pequeños, las ansias de saber, porque las tienen, todos ellos, de sobra las traen consigo al nacer. Somos nosotros los que, después, se las matamos a base de mantenerles sentados en una silla.

Mi cuñada no es vendedora de humo, es profesora Montessori. Y es una profesional como la copa de un pino. Es profesora Montessori porque después de ejercer durante más de 10 años como profesora “tradicional” (previas oposiciones) de un centro educativo público, decidió formarse en esta pedagogía porque se dio cuenta de que esa forma ayudaba más y mejor a los niños.

Ella enseña a niños de 3 a 6 años. Y desde que descartó la educación reglada el porcentaje de peques que pasa al siguiente ciclo sin saber leer o escribir ha disminuido considerablemente. Es más, ahora puede construir un currículum académico enriquecido con las habilidades únicas de cada niño.

Cuando habla de sus niños se refiere a personas, a seres humanos individuales y únicos, nunca a una masa homogénea denominada alumnado. Y creedme cuando os digo que realmente emociona escucharla hablar de ellos y de las dinámicas de trabajo que propone en clase. Para ella, ninguno de sus alumnos es “un niño” más.

Los resultados son tan excelentes, que actualmente hay una apuesta firme por parte de Educación de extender este método al resto de escuelas de la zona, porque se ha comprobado que es mucho más eficaz dentro del aula.

En la zona en la que vivo, por cierto, hay un colegio privado de muy alto nivel y otro bilingüe… cuyas profesoras han acudido a reciclarse a los cursos que se imparten en el colegio Montessori de mi cuñada.

Un método distinto con resultados sorprendentes

Si os interesa el tema, informaros. Solo eso. Después, decidís. Pero no llevéis a vuestro hijo al colegio que está justo en la acera de enfrente porque solo porque sea cómodo o las instalaciones “estén bien” y las aulas tengan “buena pinta”.

No dejes que te llamen neurótica ni estresada, ni que critiquen la forma que tienes de acompañar a vuestros hijos en su infancia. Escucha alrededor y distingue el diálogo razonado de la pura demagogia, absurda y reduccionista. Y, sobre todo, escúchate a ti misma. Sigue tu instinto. Nadie mejor que tú sabe qué es lo mejor para tu hijo. Y que les den tres duros a todos los demás. Ni a ti ni a tu hijo os da la opinión de los demás el aire que respiráis.

Cada madre tiene derecho a escoger el método de enseñanza que mejor considere que se adapte a las necesidades de sus hijos. ¿Qué escoges A? Perfecto. ¿Qué escoges B? Estupendo. Pero que sepas que hay alternativas. Y que puedes escoger.

Hay muchos niños (y no me refiero a malos estudiantes ni a niños con necesidades educativas especiales que, por cierto, no tienen porque coincidir ambas características en una misma persona y esta es otra de las barbaridades que leí el otro día…) que se quedan fuera del actual sistema educativo y tienen mentes brillantes.

No me digáis que vosotros no conocéis el típico caso de fracaso: “¡Pero si es el más inteligente de la familia! Lo que pasa es que no quería estudiar…”; o de éxito: “Fíjate hasta donde ha llegado fulano… ¡y eso que en colegio siempre suspendía!” Yo he trabajado con magníficos profesionales en mi campo a los que el colegio se les daba fatal. Y en su trabajo, en cambio, son auténticos portentos.

Ahora imaginaos que existe una metodología capaz de alcanzar a todos y cada uno de los niños, por diferentes que sean. De tener en cuenta sus necesidades y habilidades específicas e individuales y adaptarse a cada uno de ellos. Una metodología capaz de hacerles pensar y deducir, en lugar de obligarles a memorizar…

juegos infantiles didácticos: Contador de bolas Wonderworld
Mi hijo aprendiendo matemáticas con el contador de bolas afín a la pedagogía Montessori. Al mismo tiempo aprende a contar, sumar, restar, los colores, el principio de causa-efecto, las leyes físicas de velocidad y gravedad, y las posiciones “arriba y abajo”. Todo eso… mientras “juega”.

Hay muchísima diferencia entre una educación memorizada y una enseñanza activa y participativa que tiene en cuenta al niño como elemento dinamizador. Actualmente hay un listado bastante amplio de centros públicos que apuestan por las pedagogías alternativas. Y seguro que cada año las listas se actualizan e incrementan cada vez más.

También os recomiendo, si os interesa, leer esta entrevista a Cynthia Ramos, maestra y directora de un centro educativos Montessori pionero en Sevilla. Os transcribo algunos fragmentos:

-¿En qué se diferencia su centro de otros colegios reglados?

-La principal diferencia es que respetamos la individualidad y los intereses de cada niño, y en base a eso construimos el currículum, que enriquecemos con cinco líneas adicionales: ecología, arquitectura, arte, música y robótica. (…)

¿Cómo encajáis los contenidos obligatorios?

– El material Montessori es buenísimo para el cálculo y para la lectoescritura, dos pilares básicos de la enseñanza que suelen ser muy tediosos en la escuela, a base de repetir, de fichas. Aquí es todo lo contrario: a través de juegos. Son materiales que parecen puzles y contamos, por ejemplo, con castañas, piñas, nueces. En verano cogemos flores. Cambiamos según la época del año. A los niños les gusta hacerlo.

-¿Y con la lectura?

-Darle un lápiz y papel a los niños de 3 años para empezar a escribir es un error enorme. En lectoescritura empezamos con una bandeja de harina: trabajan la escritura de una forma más sensorial, el cerebro interioriza mejor el aprendizaje y no tienes la dificultad añadida del trazo. Muchos niños reconocen que saben las letras pero tienen dificultad en la psicomotricidad de escribirla con trazo fino. De la bandeja de harina pasamos a la pizarra grande con tiza. Y de ahí a papel. (…)

-¿En qué radica el éxito del modelo?

-Este sistema necesita mucha creatividad e implicación docente y de las familias, profesores con muchas ganas de funcionar así y de buscar soluciones a las necesidades de cada niño.

-¿Qué elementos favorecen el aprendizaje?

-Es muy importante que el mobiliario se pueda mover para que sea versátil y adaptable a las actividades, porque la libertad de movimiento favorece el aprendizaje. (…) una clase debe de ser versátil y adaptarse a los alumnos y no al revés.

No es una moda, no es una secta, no es algo nuevo. Es simplemente, lo que mejor funciona

En mis tiempos ya había profesores en contra del sistema de evaluación mediante exámenes. Ya había quien daba las clases fuera del aula, quien no nos hacía abrir un libro, quien no necesitaba un temario oficial para transmitir su pasión por la materia que impartía y sus conocimientos de ella.

Aquellos profesores, los apasionados, eran siempre los favoritos de los niños, a los que más escuchábamos, cuyas lecciones más y mejor atendíamos y aprendíamos. Todos ellos, sin excepción, eran profesionales cercanos, que sabían cómo dirigirse a un público joven ávido de conocimiento y trabajar hábilmente las materias de manera que suscitará su curiosidad e interés en ellas.

Eran personas que se dejaban la piel en cada clase y echaban a su espalda horas de preparación previa de cada una de las clases que después se impartían en el aula.

También eran los que nos sacaban del cole, nos hacían ir de excursión, nos llevaban a museos y parques naturales, científicos o tecnológicos…

Y, claro, también había profesores que no sabían dar la clase sin leer, que no se la “preparaban”, que tenían miedo a los alumnos y nunca nos miraban a la cara, que no se paseaban por clase, que se quedaban sentados tras su mesa y se limitaban a dictar en voz alta, a mandar ejercicios y poner exámenes.

Para gustos, colores.

Yo desde luego tengo claro que, si puedo elegir, mi hijo al año que viene NO va a ir al colegio bilingüe para superdotados de mi barrio.

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