Tetas o misiles

¿Tetas o misiles?

Haces topless en la playa y no pasa nada, pero sacas la teta para amamantar a tus hijos y se lía la de Dios. Todavía hay quien se siente amenazado por la sexualidad femenina. Como si, en lugar de senos, tuviésemos misiles. ¿Por qué dan tanto miedo los pechos femeninos?

Ayer, curioseando por Instagram, me topé con la última imagen subida a esta red social de Verdeliss. No es que yo sea muy fan de sus vídeos, pero no pude pasar por alto el contenido. La vlogger hacía públicos algunos de los comentarios negativos y los ataques directamente personales recibidos a raíz de su último vídeo, en el que amamanta a sus hijas de 21 meses.

Por momentos pensaba tener dos misiles nucleares en vez de dos tetas

Esta es la imagen que ha suscitado la increíble polémica: una madre dándole el pecho a su hija de 21 meses. En el comentario se pueden leer algunas de las críticas recibidas, transcritas por Verdeliss.

“Basta de la secta proteta”, “Este tema empieza a ser enfermizo”, “Me parece una aberración”, “Muy desagradable”, “Resulta grotesco ver a niñas de ese tamaño estar mamando”, “Te recomiendo ir a un profesional y hacer lo que es bueno”, “Le puede afectar hasta psicológicamente”, “Qué asco”, “No somos vacas, somos mujeres”, “Crean un apego negativo en este tipo de niños” o “Este ya es mal ejemplo”.

Estas son solo algunas de las frases que demuestran que la lactancia materna sigue sin estar normalizada, que hay mucha desinformación e ignorancia al respecto, y que a las madres se nos sigue juzgando sea cual sea el método elegido para la crianza de nuestros hijos.

– Eres como un juguete más que da leche – Parece un surtidor – Basta de la secta proteta – Este tema empieza a ser enfermizo – Me parece una aberración – Muy desagradable – Deberías cortarlo ya – Es mala crianza que te estén sacando y toqueteando la teta – Resulta grotesco ver a niñas de ese tamaño estar mamando – Cogen el pecho de chupete, no por hambre – Esa leche ya no aporta nada, será aguachirri – Son adictas a las tetas – Eso no es alimentación, es un vicio – Te recomiendo ir a un profesional y hacer lo que es bueno – Le puede afectar hasta psicológicamente – Qué asco – No somos vacas, somos mujeres – Crean un apego negativo en este tipo de niños – La lactancia se te fue de las manos – Este ya es mal ejemplo – Te chupan todos los nutrientes, manda esas chiquillas a tomar leche de vaca – Mejor implántate pechos —————————————————————————-Anne, 21 meses y lactancia materna a demanda. Por si no era suficiente, su hermana, Eider, también obedece al comportamiento para el que la naturaleza la ha progamado. Éste es sólo un pequeño extracto de los comentarios a mi último vídeo…y por momentos pensaba tener dos misiles nucleares en vez de dos tetas. Por qué ofende tanto esta estampa? Más bien: por qué horrorizada un bebé “grande” lactando? De qué tenemos miedo? Acaso el exceso de amor, cobijo, confort fue en algún momento peligroso? En qué mundo vivimos que se empeña en criminalizar vínculos, desapegarnos de nuestras crías. ❌NO, no es un debate de lactancia materna vs lactancia artificial❌ #BastaDeJuicios #BastaDeMitos #LactanciaMaterna

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La propia vlogger asegura sorprendida que “por momentos pensaba tener dos misiles nucleares en vez de dos tetas” y plantea una batería de preguntas a sus seguidores: “¿Por qué ofende tanto esta estampa? Más bien: ¿por qué horroriza un bebé ‘grande’ lactando? ¿De qué tenemos miedo? ¿Acaso el exceso de amor, cobijo, confort fue en algún momento peligroso? En qué mundo vivimos que se empeña en criminalizar vínculos, desapegarnos de nuestras crías.”

Las tetas ofenden y dan miedo… cuando hay un niño pegado a ellas

Creo que vivimos en una sociedad enferma si todavía existen personas que denominan de “desagradable” y “asquerosa” la imagen de una madre amamantando a su bebé.

Paradójicamente, estamos tan acostumbrados al desnudo femenino que ni siquiera nos choca que las modelos ocupen fachadas enteras anunciando medias de invierno con el el torso desnudo.

Hemos sexualizado los pechos femeninos hasta el punto de que no pasa nada si los enseñamos constantemente, porque los escotes son bonitos. Pero en cambio, aún hay gente a la que le da asco (literalmente) ver a un niño alimentándose de ellos, sobre todo si este ya no es un bebé pequeño.

Qué absurdo, desde el punto de vista social. Qué lamentable, desde el punto de vista cultural. Que frustrante, para las madres. Qué injusto, para nuestros hijos. 

Sobre todo, qué injusto para ellos.

No es un debate de lactancia materna contra lactancia artificial

No, no lo es. Porque de la misma forma que a mí no me ofende que una madre bilingüe enseñe dos idiomas a su bebé (lo cual es claramente ventajoso para él), no veo por qué ha de ofenderle a una madre que da el biberón a su hijo que yo le de el pecho al mío, con todos los beneficios que esto tiene para él.

Y cuanto más tiempo, más beneficios. Eso es una realidad científica. De la misma forma que es una evidencia natural que no se puede medir la “cantidad de madre” que eres por la forma en la que alimentas a tu hijo. La madre que da biberón no es peor ni menos madre. Igual que la que da el pecho, tampoco es más madre o mejor que ninguna.

Extremistas hay en todas partes, pero personalmente yo no juzgo ni critico a la madre que no da el pecho. No le pregunto por qué no lo hace ni me planteo si necesitará ayuda para ello si no me ha consultado al respecto antes. Y lamento profundamente que haya madres que se sientan atacadas a nivel personal cuando defiendo la lactancia materna.

El apego no consiste solo en dar el pecho. El apego es un vínculo afectivo y una forma de crianza, una manera de responder a las necesidades de nuestros bebés y una forma de relacionamos con ellos. Es una manera de cuidarles, de amarles, de criarles. E incluye muchas más prácticas que la lactancia.

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Cada día coincido en el parque con madres que dan el biberón a sus hijos. Mi hijo y yo nos sentamos en el mismo banco que ellas y los niños juegan juntos mientras nosotras charlamos de lo que más nos apetezca.

A veces mi hijo aún me pide pecho en la calle. Y nunca, jamás, ninguna otra madre me ha criticado o se ha sentido molesta u ofendida por nuestra presencia. Y a mí ninguna mamá me ha parecido nunca una madre menos abnegada o capacitada que yo por darle biberón a su bebé. Está por demás decir que tampoco he apreciado nunca que sus pequeños estén menos apegados a ellas que mi hijo a mí.

Basta de juicios. Basta de mitos. No es verdad, no hay dos equipos. Todas estamos en el mismo barco.

Seguro que a las demás madres les molesta tanto como a mí que cuestionen sus métodos de crianza o su capacidad como madres, porque todas somos humanas, mujeres, madres. Y queremos a nuestros hijos. Ninguna de nosotras somos bichos verdes con antenas amarillas y cuernos en la frente.

No me juzgues, yo también soy madre  

Como profesionales, como amigas, como hijas, como parejas… Las mujeres no somos criticadas nunca tan abierta y hostilmente como en nuestro papel de madres. Como madres, tenemos constantemente una diana colocada en la frente.

Y lo peor de todo es que todo este daño nos lo hacemos entre nosotras mismas. ¿Por qué nos atacamos tanto las unas a las otras? ¿Por qué somos las más misóginas, las más machistas, las más intolerantes? ¿Por qué nos sentimos constantemente atacas, amenazadas, insultadas por otras mujeres-madres? ¿Por qué no puede haber tantas maternidades distintas como mujeres, niños y familias?

Si Verdeliss da el pecho, malo. Si Tania Llasera no lo hace, malo también. ¿Pero qué es lo que nos pasa? ¿Por qué nos empeñamos en juzgarnos y hacernos sufrir las unas a las otras? ¿No merecemos todas el mismo respeto? ¿Qué amenaza supone para la propia familia el que otra madre aplique métodos de crianza diferentes? ¿Quién es cada cual para juzgar al prójimo?

¿Qué es lo que tendría que haber hecho Tania Llasera para no levantar polémica? ¿Quedarse ciega con tal de dar el pecho a su bebé? ¿Sería mejor madre por hacer tremendo sacrificio? ¿Estaría bien visto entonces que contara con apoyo para ocuparse de sus hijos?

Me parece agotador que las mujeres seamos tan críticas las unas con las otras. El feminismo empieza por pedir igualdad en derechos y demás, y prosigue por defendernos, ayudarnos y auparnos las unas a las otras. BASTA YA con si es mejor dar pecho o biberón o de opinar sobre cómo es madre cada mamá. Cada mujer hace lo mejor que puede con sus circunstancias y sus hijos, y ¿quién eres tú para decirme a mí que es mejor para mí? Céntrate en tu vida y déjame vivir la mía tranquila. Os prometo que no busco polemica(yo no elijo el titular de la entrevista de @divinity – reportaje al completo en www.divinity.es) solamente intento ser sincera con mi realidad. Di pecho a Pepe y lo pase muy mal por una herida en el ojo, pasé tanto dolor que no me atrevo a dar el pecho de nuevo y los médicos además me lo desaconsejaron. Y después de consultarlo con mi pareja, hemos decido contratar una #salus para ayudarnos por las noches porque en septiembre mi chico tiene varios viajes y yo mucho trabajo. Y cuanto mejor estemos nosotros a nivel descanso, mejor estaremos todos a nivel familiar. FIN. Fotos hechas por @avanstokkum

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¿Y qué tendría que hacer Verdeliss? ¿Dar el pecho, pero solo en su “justa medida”? ¿Y cuál es esa medida? ¿La que decide ella o la que tratan de decidir por ella los demás? ¿Cuál es la edad natural del destete? ¿Lo decidimos entre todas? ¿Se lo comunicamos cuando lo hayamos decidido? “Oye, mira Verdeliss, que a ti te faltan 3 canas y a tus hijas 3 dientes más para que abandonéis la lactancia materna.”

Qué absurdo y desproporcionado todo. La Crianza Respetuosa no nos exige convertirnos en mártires ni en gurús. No incluye protocolos de actuación, no existen normas correctas de obligada aplicación. No implica, ni mucho menos, que se critique de forma hiriente y sistemática a quien no las aplique. Y, desde luego, no implica considerar como madres incompetentes a quienes no cumplen ciertas “normas de crianza”.

¿O es que existe un Manual de la perfecta mamá que yo me he perdido? Es igual. Si existiera, no creo que lo leyera. Hay materias sobre las que sobra postular… Y cuando se intenta, lo único que se consigue es dividir.

Basta de juicios. Es nuestro derecho ejercer la maternidad como nos plazca.

La Maternidad Consciente y la Crianza Respetuosa son un derecho, no una obligación ni un delito

La Maternidad Consciente y la Crianza Respetuosa se basan en conocimiento de las necesidades del niño en cada una de sus etapas. Informarse para conocer cuáles son las mejores opciones y buscar un equilibrio que permita cubrir esas necesidades de la mejor forma posible, al mismo tiempo que se procura el bienestar de todos los miembros de la familia. Priorizando las del pequeño y sus hermanos, siguiendo por las de la madre y el padre.

Cada familia, cada madre, cada niño, depende de sus propias circunstancias. No hay dos bebés iguales ni dos madres idénticas. No hay dos familias exactas ni dos seres humanos exactos. Tendemos a generalizar con demasiada facilidad, y a intentar provocar sentimientos de culpabilidad con demasiada alegría en las madres que consideramos no se adaptan a nuestra versión de la “perfecta maternidad”. Una visión idealizada que no es real y que, por tanto, es imposible de alcanzar.

¿No sentís como yo lo absurdo que es intentar “protocolizar” la maternidad? ¿Que va incluso en contra de la emancipación de la mujer que se nos trate de enseñar a ser madres “de la forma correcta”?

Todas somos madres. Igual de válidas, igual de buenas. Y cada niño es un mundo, y sus necesidades pueden variar mucho de un niño a otro.

Yo le doy el pecho a mi hijo con dos años y medio. Otras madres con niños de la edad de mi hijo han dejado de dárselo porque su trabajo se lo ha ido impidiendo cada vez más. Yo me siento afortunada en este aspecto porque, aunque con esfuerzo y haciendo malabares, trabajar desde casa me permite conciliar. Otras mamás, en cambio, abandonaron la lactancia cuando el niño se fue desprendiendo progresivamente de ellas de forma natural.

Ni Carlos González ni Eduard Estivill, nadie más que yo puede decidir qué es lo mejor para mi hijo

Yo no le doy el pecho a mi hijo porque Carlos González diga que tengo que hacerlo. Lo hago porque me informé en profundidad (y no solo leyéndole a él), y me pareció lo mejor para mi hijo. Y luego está el hecho de que todo fue un camino de rosas. Y sigo dándole el pecho porque él lo necesita Porque, aunque cada vez menos, lo sigue buscando. Y porque puedo. Porque mis circunstancias me permiten hacerlo. No me planteo si mi leche le alimenta o no a estas alturas. Mi hijo me busca de esta manera porque, sencillamente, para él es la forma más instintiva y natural de relacionarse conmigo.

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La lactancia materna nunca es obscena. Ni al principio ni al final, ni dependiendo de la edad del niño. La lactancia materna de larga duración no es aberrante. No genera un apego negativo, no crea traumas de ningún tipo y no influye negativamente en el desarrollo psicológico ni cognitivo de los niños, ni en su autonomía personal.

Todas estas afirmaciones son una barbaridad y no están avaladas médica ni científicamente. Más bien al contrario, reporta muchísimos beneficios tanto al niño como a la madre. Y esto no es una opinión personal, es un hecho científicamente comprobado.

Todas esas opiniones obedecen a una visión enfermiza del cuerpo femenino y a una castración sociocultural de su sexualidad que se remonta a siglos atrás.

Yo amamanto a mi hijo en cualquier lugar, en cualquier circunstancia. En la calle, en un bar, en una tienda, en el parque, con gente o sin ella. Nunca nos hemos escondido porque no hacemos nada malo ni antinatural. Amamantar a un niño no es exhibicionismo. 

Y a quien le guste comer en los servicios públicos, que se vaya a ellos. Mi hijo no se alimentará nunca en la taza de un water porque no me parece un ambiente saluble ni adecuado para nosotros. Tampoco le taparé la cabeza con un pañuelo, porque me resulta una situación agobiante. Pero en mi ánimo está que a quien le plazca comer bajo una manta, lo haga. Allá cada cual con sus rarezas…

Mientras tanto, yo le seguiré dando el pecho a mi hijo hasta que él lo siga necesitando. Que no es algo que pueda decidir nadie más que él. Nuestra lactancia durará lo que él, lo que yo, lo que ambos decidamos. Y nos sobran las opiniones gratuitas disfrazadas de “consejos bienintencionados” (o no tanto) del resto del mundo.

Y cuando comience el destete natural, entonces abandonaremos progresivamente la lactancia materna, al ritmo que él necesite. Entonces sí, diremos adiós a la lactancia sin penas ni dramas. Sencillamente, pasaremos a la siguiente etapa natural en la que, desgraciadamente, con toda probabilidad, seguiremos siendo criticados, juzgados y condenados por cualquier otro motivo.

C’est la vie.

¿Por qué nos resulta tan difícil tolerar, respetar, convivir en paz? 


Por cierto, Facebook no me deja compartir este post. Sospecho que es porque considera su imagen de portada obscena y la lactancia materna, pornografía.

¿Hasta cuándo?

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