mama blogger

Querida marca: soy una mamá blogger y esto es lo que NUNCA voy a hacer por ti

Un blog con proyección requiere trabajo, tiempo y esfuerzo. Pero, sobre todo, requiere honestidad. Soy mamá blogger pero ni trabajo gratis, ni me vendo. Mi blog es mi casa y yo soy la única que escoge mi contenido.

Ser mamá blogger me ha permitido compartir mis experiencias sobre la maternidad con muchas otras mamás y nutrirme con sus propias anécdotas. También entrar en contacto con marcas maravillosas que cuidan al detalle sus productos porque realmente respetan la infancia y aman lo que hacen.

Pero desde hace tiempo vengo recibiendo una serie de propuestas por e-mail (coincidiendo “casualmente” con un aumento de visitas del blog) de marcas que quieren “dejarme” probar sus productos 15 días (lo justo para escribir de ellos sin que den un fallo) y después devolverlos, o para hacerme un regalo valorado en 15 euros a cambio de la publicación de un post, o para proponerme que “copie y pegue” su última nota de prensa… Y sinceramente, ya he comenzado a sentirme indignada. Parece que no hay muchos expertos en marketing digital hoy en día que realmente sepan qué es un blogger ni cómo relacionarse con él.

Así que a todas estas personitas, les dedico mi post de hoy (y aviso de antemano que va a ser kilométrico porque, que conste, me he acostado a las 6 de la mañana para escribir esto, así que ya es tiempo dedicado…).

Querida marca:

Aprecio muchísimo tu interés en este mi espacio personal. Tú has venido a buscarme, has llamado a mi puerta. Yo te atiendo, a pesar de que muchas veces ni siquiera sabes mi nombre (aunque aparezca en la portada del blog, bajo una fotografía con mi rostro y un enlace a mi biografía profesional y personal), ni te has molestado en pasarte por la sección de Colaboraciones (en el submenú de Contacto del menú principal) que tanto tiempo me llevó redactar para que quedara claro con qué tipo de marcas me gusta colaborar…

¡Pero no pasa nada, empezamos de cero! Yo me voy a presentar para que tú y yo nos conozcamos mejor. Porque yo también he oído hablar de ti pero, a veces, la primera impresión no es la que cuenta…

Soy mamá blogger

Soy mamá blogger. Lo que significa que soy mamá y tengo un blog en el que vuelco mis experiencias sobre maternidad y crianza. Además de esto, tengo un trabajo que desempeño desde casa (como periodista, escribo contenidos para otros medios) y, como la inmensa mayoría de personas de clase media, comparto las tareas de mi hogar y la crianza de mi hijo junto con mi pareja.

Esto se traduce en 4-6 horas de dedicación diarias a la creación de contenidos. Media jornada que rasco como puedo al tiempo que el peque pasa en la guarde, pasa dormido o pasa haciendo otras cosas que no requieren mi presencia (como bañarse o jugar con papá). Esto es así porque he decidido que quiero disfrutar la infancia de mi hijo y por eso yo prefiero trabajar media jornada y desde casa (con todos los inconvenientes que esto conlleva, porque al final eres multitarea y ni acabas nada, ni desconectas en todo el día).

Escribir un blog exige mucho de ti misma. Exige tiempo y esfuerzo, para empezar. Paso muchas horas leyendo otros blogs, documentándome, consultando, entrevistando e informándome, pensando en posibles temas interesantes, dándoles forma, sacando las fotos o buscándolas, redactando, elaborando el link building y optimizando el SEO, buscando y comparando palabras clave… entre otras cosas.

Tardo una media de 30 minutos-3 horas en redactar un post, dependiendo del tema que sea. Porque no es lo mismo hacer un recopilatorio de manualidades o recetas de cocina, que una reseña de un juguete, un publirreportaje o un artículo sobre educación positiva. No es lo mismo buscar imágenes que hacer las fotografías y editarlas. Y no es lo mismo fotografiar y editar imagen que grabar, montar, editar, postproducir y locutar un vídeo. Por ejemplo.

Mucha gente desconoce cómo es el proceso creativo. Los creadores de contenido partimos siempre de cero, de una página en blanco. Una no se levanta, enciende el portátil y empieza a escribir del tirón. A veces sucede, sí; pero lo normal es que tengas que hacerle un poco la pelota a las musas para que vengan a inspirarte. Normalmente un tema se empieza a fraguar en tu mente, después tomas notas, te documentas, escribes, repasas, reflexionas, reescribes… Porque claro, el tema tiene que resultar atractivo y el enfoque original. Y cuando tienes un blog de periodicidad diaria, esto cada vez es más un reto.

Escribir es algo así como bucear a gran profundidad para observar corales y peces de colores en el fondo del mar. Hace falta sumergirse muchos metros para alcanzar el nivel adecuado a partir del cual fluyen las ideas a través del teclado sin interrupción. El proceso de inmersión es progresivo y subir a la superficie también lleva su tiempo. Si sucede que te ves interrumpida durante el proceso, tienes que volver a la superficie sin haber tocado los corales, tomar oxígeno e intentarlo de nuevo. Así es como funcionan la concentración y la inspiración.

Como verás, no es como apretar tornillos… No es una labor mecánica ni rudimentaria. Bien. Pues a toda esa labor de contenido, que es muy creativa (un término muy molón, pero que a veces te complica la vida mogollón), hay que sumarle la dedicación a las redes sociales (Facebook, Twitter e Instagram, sí. Pero también YouTube, Google+, Linkedin, Tumblr, Pinterest, etc.) Porque muchos lectores no leen nuestros posts a través del blog, sino por medio de alguna o varias de nuestras RRSS. Y nunca se sabe donde puede estar tu público objetivo el día de mañana (¿y si a Mark Zuckerberg le da porque su plataforma deje de ser gratuita? ¡Ah, pues chincha, que yo estoy antes que nadie en Tumblr!).

Bromas aparte, todo esto es un trabajo mastodóntico. Tanto es así que muchas de vosotras, queridas marcas (las más grandes), lo dividís en varios departamentos (Dpto. de Comunicación, Dpto. de Contenido, Dpto. de Marketing, Dpto. de Diseño, Dpto. de Ventas, Atención al Cliente…), cada uno con todo su propio equipo de profesionales (redactores, Community Manager, publicistas, comerciales, diseñadores, recepcionistas de llamadas, etc).

Ahora échale una media de 30-60 minutos diarios para revisar el correo y contestar e-mails (así es, el tuyo no es el único mensaje con el que desayuno cada mañana, así que por favor: no copies y pegues el texto de tu mensaje ni me mandes nada absolutamente impersonal, tipo nota de prensa o correo masivo, porque normalmente el correo es lo primero que abro en el día después de dar teta y cambiar un pañal. Y a mí, sin cafeína a las 7 de la mañana, me tienes que despertar la atención de otra manera…).

Y luego están los aspectos técnicos, el diseño, el posicionamiento, el SEO, el marketing online… Es decir: la parte menos creativa pero súper necesaria para que el site alcance proyección, se mantenga vivo y los lectores puedan encontrarlo entre los millones de blogs que hay en la red.

También, en cierta medida (en la medida en la que una quiera, en realidad) es una labor que te expone. Los bloggers escribimos por nosotros, para los demás. Escribimos porque a nosotros nos gusta. Nos gusta crear. Y también escribimos para que nos lean los demás, porque nos gusta compartir.

Como quiera que sea, un blogger se expone a diario ante un público que no le conoce… pero que le juzga. Y eso desgasta. Porque oye, bienvenidas las críticas constructivas, pero a veces los bloggers tardamos casi más tiempo en moderar los comentarios malintencionados que en hacer una tarta de 3 chocolates sin la Thermomix… El Spam, los Trolls y los Haters son reales y existen solo para fastidiarnos. Hay personas que se transforman ante un teclado, igual que las hay que se transforman tras un volante de coche o en un partido de fútbol. Y además se cobijan en el anonimato que les ofrece la red. Qué le vamos a hacer… cada trabajo tiene lo suyo y esto, como se suele decir, son gajes del oficio.

¡Y no me estoy quejando, eh! Cada cual tiene sus hobbies y a mí escribir me encanta, oye. Pero sólo trato de contextualizar para que tú, querida marca, sepas todo el trabajo y el tiempo, todos los obstáculos sorteados y la lucha que ha requerido el que tu camino y el mío se hayan podido cruzar en algún punto de nuestra mutua trayectoria profesional.

Un trabajo NO remunerado… que no vende nada

Llevo años escribiendo a diario en el blog. A veces tengo ratos libres en los que redacto temas de reserva, tipo manualidades de otoño o postres caseros para peques que no quieren comer fruta… Son temas útiles y agradecidos porque son amenos y rápidos de escribir (y de leer) que siempre resultan prácticos. No es que me reporten mucha audiencia pero me sirven para refrescar el blog y son socorridos. (Porque, seamos sinceros, tampoco es que yo tenga una vida social tan emocionante como para compartirla a diario). Entre el peque, las mascotas, la casa y el trabajo… Hay días en los que ni siquiera recuerdo haberme peinado antes de salir de casa.

Y luego, de vez en cuando, me pego la paliza y trasnocho alguna noche a la semana para darme el lujo de escribir sobre algo que realmente merece la pena transmitir, para compartir contenido de calidad, contar una vivencia personal o transmitir una reflexión, o mi propia experiencia sobre un tema. Y también, claro está, para alimentar el feedback con mis lectoras. Porque un blog es un espacio vivo que fomenta las relaciones personales. Todo esto, todo el esfuerzo, la dedicación y toda la parte de ti que vuelcas en el blog y que hace que éste tenga proyección, es trabajo diario no remunerado.

Así que por más que después, con el tiempo, lleguen las marcas y las propuestas de colaboración, un blog personal no es Y NUNCA SERÁ un trabajo remunerado. Enteramente no, al menos. ¿Cuántas horas he invertido después de todos estos años, cientos entradas publicadas, miles de comentarios revisados y e-mails contestados y cuántos posts patrocinados tendría que publicar para amortizarlas? Evidentemente, tantos que el contenido dejaría de ser personal y esto en lugar de un blog, se convertiría en un magazine online publicitario.

Incluso si comienzas a escribir con vistas a profesionalizar un blog, mientras hay gente que invierte dinero en sus proyectos profesionales, un blogger (que también invierte dinero en sus campañas, el diseño de su página, los pluggins instalados, etc.) siempre invertirá, sobre todo, tiempo y esfuerzo. Y eso no está pagado.

Cuando un blog alcanza cierta proyección, las marcas te buscan. Saben que tus seguidores confían en ti, en tu palabra y en tu criterio. Te consideran una influencer con capacidad para “vender” sus productos…

Esto es del todo incierto. Vender, querida marca, sólo depende de ti. Lo único que yo puedo hacer es presentar tu producto, si me gusta, a mis lectoras (y luego, claro está, a ver si a ellas también les gusta). Resumiendo: lo que yo puedo hacer es conectar tu marca con el público objetivo. Pero una marca sólo se vende si lo vale. Y el valor es algo que nosotros, los bloggers, no podemos otorgar a ningún artículo.

Coca-Cola se gasta una pasta en anuncios de televisión que son fantásticos. Pero no vende solo por eso. Vende porque está tela de buena. Y aunque hay mil refrescos de cola en el mundo, ninguno sabe igual. ¿Verdad?

Así que no te enojes si accedo a colocar un banner con tu logo en mi blog que te deriva un gran tráfico de visitas diarias y resulta que, al cabo de un mes, no has hecho ni una venta. Plantéate el precio de tus productos, el coste de los gastos de envío, el diseño de tu página web… Mira, la verdad: no lo sé. No lo sé porque ese NO es mi trabajo. Yo te he derivado cientos de visitas por día. Desde mi punto de vista, he cumplido con mi labor.

Si tu regalo no es gratis, no me lo hagas. Si lo que quieres es publicidad, eso se paga

Ahora bien, cabe esperar, que cuando por fin has conseguido posicionar tu blog a base de esfuerzo, tiempo (y sí: también recursos económicos) y una marca pretende aprovechar todo ese trabajo como plataforma de lanzamiento de sus productos, no sea a cambio de nada.

Y no, no me vale que me regalen el producto. Ni que me citen en los créditos de un proyecto (a ver, depende del proyecto… ¡que a mí me pirran las causas solidarias como a la que más! De hecho, tengo una sección específica en el blog solo dedicado a ellas). Tampoco “me pone” que me “regalen” un link a mi site desde su web, ni que me den las gracias (que suena a coña, pero me ha pasado de verdad). Ni a mí, ni a ningún blogger profesional que se precie.

Los productos gratis no pagan las facturas ni la guardería de mi hijo, no llenan la cesta de la compra ni liquidan la letra de la hipoteca. No nos hacen más felices, ni más altos, ni más rubios, ni más guapos. Ni falta que nos hace. Mi hijo y yo nos divertimos inventándonos canciones y somos felices haciéndonos cosquillas. Y nos encanta hacer manualidades para regalar a los demás. Así que nos sobra todo, excepto nuestra mutua compañía.

Si me quieres hacer “un regalo”, que no sea “a cambio de”. Que no sea a cambio de dedicarle a tu producto horas de mi tiempo y esfuerzo para redactar una valoración personal de más de 1.000 palabras, publicarla y compartirla con mis seguidores. Si me quieres hacer un regalo, házmelo y ya está. Seguramente te lo agradeceré públicamente a través de las redes y/o el blog porque, como dice mi abuela, es de bien nacidos ser agradecidos… pero no lo hagas pensando conseguir eso (y si está feo pensarlo, imagínate tratar de acordar los términos del “agradecimiento”). ¿Quieres hacernos un regalo a mí o a mi hijo? Hazlo porque te gustamos, porque quieres apoyar el site y darnos ánimos e impulso para seguir creciendo.

En cambio, si lo que quieres es publicitarte en mi espacio, alcanzar a mi público objetivo, aprovechar de forma útil mi experiencia como profesional de la comunicación y mis años de esfuerzo, si lo que deseas es captar la atención de mis seguidores porque confían en mí, si quieres establecer una alianza porque te doy buen rollo y crees que puede haber feeling entre mis contenidos y tu marca, o porque te parece interesante asociar la imagen de nuestro estilo de vida a tu producto porque le otorgaría un valor añadido… Entonces plantéame una propuesta seria. Porque soy blogger, no tonta. La publicidad se paga hasta en las páginas amarillas. Y no me des una respuesta del tipo “sólo pagamos a los famosos o a las revistas” porque pensáis que son los únicos que ofrecen garantías de éxito en términos de alcance y repercusión.

Por favor, no me contestes eso que además de estar feo, me indigna mucho y me haces pasar un mal rato pensando si contestarte mal o no contestarte en absoluto. Si lo tienes tan claro, o estás tan limitado por las directrices de tu empresa, entonces dirígete directamente a ellos: a los famosos y a las revistas (a ver si ellos te quieren trabajar gratis…) No pierdas más tu tiempo con nosotros y déjanos seguir haciéndonos cosquillas y desafinando.

Tampoco me contestes que no puedes correr el riesgo de apoyarme económicamente porque no sabes qué alcance va a tener la publicación… ¿Cuando pagas por un anuncio en prensa, radio o televisión, qué les dices? ¿Qué ya les pagarás si ves que funciona? Yo te paso mis cifras (las de Google Analytics, que los dos sabemos que nunca mienten) y tú ya decides si soy lo que más te interesa o te buscas otra.

Pero, querida marca, si te gusto precisamente yo… Entonces YO soy el filtro entre tu marca y mi gente: tu marca me tiene que gustar primero a mí para que la recomiende. Así que no sé… dime “qué bonitos ojos tienes” y pídeme el número de teléfono. Mi voz es muy dulce y agradable, no me tengas miedo. Seguro que la tuya está genial también. Llámame y charlamos… O escríbeme, como prefieras. Pero antes, apréndete mi nombre por favor. Por lo menos, apréndete mi nombre…

Y si te sabes el de mi hijo o te interesas por la edad que tiene y sus aficiones… Ya me derrites, querida marca. Porque, recuérdalo: soy una mamá blogger.

Nuestra bonita relación… 

Las relaciones entre bloggers y marcas deberían estar siempre basadas en la honestidad. Yo sólo colaboro con marcas que me gustan, en las que confío y puedo recomendar. Creo que cualquier buen blogger hace lo mismo, porque lo principal para que tu blog tenga éxito es NO buscarlo a costa de lo que sea.

La clave está en no dejar nunca de ser fiel a ti misma. No traicionar tus valores ni los de tus lectores. Generar contenido de calidad, original y personal. Mostrarte tal y como eres. Ser tú. Yo prefiero perder un patrocinador que mil lectores. Porque de lo primero te recuperas seguro. De lo segundo a lo mejor no.

Evidentemente, me puedo equivocar. Soy humana (¡s-o-r-p-r-e-s-a!). Por eso, si con el tiempo he tenido que hacer una actualización para puntualizar determinados aspectos tras el uso de un artículo, la he hecho (por ejemplo: aquí y aquí). Hasta ese punto llega mi COMPROMISO con mi blog, con mis lectores, conmigo misma.

Y es que creo firmemente que en la vida, cuando una persona deja de gustarte, tienes que dejar de quedar con ella. ¡Porque la vida es corta y no estamos para gastarla en tonterías! Así que nuestra relación, como las de las películas, será bonita o no será. Porque si no, ¿qué sentido tiene?

Ni trabajo gratis, ni me vendo

Suena contradictorio. Pero no lo es. Y es que a veces el problema no está en que la marca no valore tu trabajo, sino en que confía en que estarás dispuesta a presentar su producto y/o hablar bien de él si te pagan por ello. O mejor dicho: SOLO porque te pagan por ello. Pues no es así.

Las familias son un público sensible. Son el escudo protector del mayor tesoro que toda sociedad tiene: los niños. Así que yo no voy a recomendar un producto A SABIENDAS de que no es un buen artículo, de que no va en la onda del blog o de que cuesta un pastizal que las familias se pueden ahorrar porque no sirve para nada o porque sirve exactamente para lo mismo que otro muchísimo más barato. Porque aunque estés dispuesta a pagarme, querida marca… No me merece la pena el cargo de conciencia. 

Como patrocinador, eres necesario para que un blog de periodicidad diaria como éste se mantenga a lo largo del tiempo. Sin tu valiosa ayuda y tu respaldo, yo no podría dedicar media jornada de trabajo a esta actividad, por amor al arte. Por eso y por tus principios, tus valores, tu ilusión, tu trabajo y tu filosofía yo te respeto. Por favor, respétame tú a mí también. Porque yo ni trabajo gratis, ni me vendo.

Te pongo un ejemplo (real): no me escribas para promocionar apps que “calman” al niño ellas solas si el bebé se despierta por la noche y llora. Porque yo duermo con mi hijo desde hace casi dos años y medio, y su padre y yo nos hemos levantado cada vez que ha tenido fiebre, dolor de tripita, una pesadilla o simplemente se ha desvelado. Esa es la madre que yo soy y una app no puede hacer mi trabajo ni saber qué necesita mi bebé o qué le pasa cuando llora porque… ¡Porque es una app, leches! El día que las madres puedan ser sustituidas por aplicaciones móviles habremos fracasado como sociedad, como civilización, como especie… Ese día llegará la extinción del ser humano. Yo no voy a contribuir a ello. No sé a ti, pero a mí me da un miedo que te cagas el fin del mundo. Y si tú no eres una máquina sin corazón ni cerebro no sé en qué narices estabas pensando al crear algo por el estilo… Mejor ni me contestes. Lo que sí sé es que ni conoces mi blog ni lo lees, porque de lo contrario no me habrías escrito nunca.

En otras ocasiones tu marca me encanta y tus productos son fantásticos, pero no tiene mucho sentido crear necesidades innecesarias metiendo con calzador artículos que no tienen nada que ver con la línea editorial del blog. Así que si eres una firma cosmética, no me regales productos para estar guapa que necesitan aplicarse en un tratamiento diario de 2 horas, porque ni yo ni mis lectoras tenemos tiempo para usarlos (somos mamás, ni siquiera nos lavamos el pelo a diario…) Tampoco me regales artículos que dañan la capa de ozono, porque le prometí a mi hijo que lucharía contra el cambio climático y adoramos a nuestras mascotas (y a nuestros cactus).

Yo no soy una fashion blogger, no distingo una barra de labios roja de una color coral (en serio: ¿de verdad hay tantos tonos de rojo en el mundo? Guau…). No tengo tiempo para pintarme las uñas y ni idea de las últimas tendencias (a mí me encanta mi ropa vieja y cuando se me estropea una camiseta intento sustituirla por otra EXACTAMENTE igual). Así que no me envíes bases de maquillaje, que ni siquiera uso crema hidratante (es que no me gusta echarme nada pringoso en la piel, ¿sabes? Es una manía personal…), ni prendas de ropa por las que no puedo sacar la teta porque a mi hijo y a mí nos estresan muchísimo y termino usándolas para hacer trapos con los que limpiar las ventanas. Aunque eso sí: probablemente sean los trapos más bonitos del mundo…

A ver, que no soy una madre-mujer-persona-ejemplar (no celebro funerales por los peces, los tiro por la taza del water cuando mi hijo no me ve), pero intento dar lo mejor de mí misma cada día. Me gusta hablar desde mi propia experiencia y me siento incómoda e insegura repitiendo como un loro las palabras que se me indican sin saber lo que significan…

Mención especial para los que les gusta tanto mi blog que intentan “colar” (por la cara) el link de su tienda, producto o página web en los comentarios a los posts del blog (aunque no venga a cuento y el comentario revele la falta de conocimiento del contenido del post). Amigos míos: eso está muy, PERO QUE MUY, feo. Todos los comentarios del blog (absolutamente TODOS) están moderados. Es un espacio familiar, ¿que esperabais?

En mi blog, sólo serán aceptados los enlaces que deriven a otros sitios con información útil relacionada con el tema, que amplíe la que yo proporciono o profundice más en ella (sí: me leo TODAS las sugerencias que enlazan los lectores. Y no: la santería NO entra en esta categoría). Así que os lo ruego: NO me hagáis perder aún más tiempo en mandaros a la carpeta de Spam.

Y si eres una agencia de viajes, o una cadena de hoteles, no me regales una estancia de 2 noches en un resort para parejas sin niños. Mi familia está compuesta por 2 adultos, un niño y 3 mascotas. A los gatos no les gusta viajar, pero nuestra Golden Retriever va siempre que podemos con nosotros (mientras no tenga que subir a un tren o un avión, que lo pasa fatal). Y si somos ese tipo de personas que nunca deja atrás a su perro, a nuestro hijo ya NI TE CUENTO.

Yo escojo a la marca, la marca no me escoge a mí

Esto me lleva de vuelta al tema principal: la honestidad. El contenido patrocinado es vital para que mi blog continúe creciendo. Pero claro, ni puedo estar siempre reseñando artículos de puericultura… ni todo es material susceptible de ser compartido. Ante todo, coherencia.

Lo cierto es que no siempre me apetece hablar de mi vida ni de las decisiones que tomo como madre, mujer o persona. Por otra parte, si no lo hago mi contenido deja de ser personal, único y original. Y por lo tanto, carece de interés. Así que lo morrocotudo de todo esto es que hay que estar siempre buscando el equilibrio perfecto y haciendo malabares mientras fríes albóndigas y cambias pañales. Difícil, ¿verdad?

Una forma de conseguirlo es apoyando a marcas que defienden y simpatizan con valores como los míos. Me encanta poder probar sus artículos, usarlos en mi vida diaria y darlos a conocer porque de verdad son geniales. Me encanta poder escribir un post y darme cuenta de que en realidad lo hubiera escrito incluso aunque no me lo hubieran pedido si hubiera conocido antes la firma por mí misma. Me encanta enlazar el patrocinio con el sentimiento. Es un trabajo genial y me siento muy afortunada por contar con la confianza y el apoyo de grandes y pequeñas marcas con profundos valores y conciencia social.

Los artículos en la línea de maternidad y crianza que adoptamos a diario en mi familia me sirven para resaltar aspectos de la maternidad consciente y la crianza respetuosa que nosotros practicamos. Por ejemplo: qué tipo de juegos pedagógicos desarrollar con el peque o cómo fomentar su autonomía de forma positiva. A mí me encantan, me dan pie a enseñar cómo es mi vida cotidiana, ayudan a mi hijo a crecer sano y feliz, y sé que las lectoras agradecen que los comparta porque cuando los prueban me dan las gracias por habérselos enseñado. Y todo eso al final es muy satisfactorio, la verdad. Para todas las partes, además.

Soy una buena marca pero no tengo dinero: ¿nunca recomiendas productos gratis?

Para empezar, el contenido principal de este blog versa sobre maternidad e infancia. No siempre reseño productos testados. Pero la respuesta es SÍ, lo hago. Y lo hago incluso sin que me lo pidan. Como madre compro a diario artículos para mi hijo: desde una barra de pan hasta unos zapatos nuevos. Cuando me dan buen resultado y me súper encantan los recomiendo. Y soy tan bienintencionada que cuando no me dan buen resultado ni los menciono a no ser que una lectora me pregunte directamente por ellos. Por lo general, si tengo una mala experiencia, siempre y cuando no afecte a la integridad física, moral, la salud, la seguridad o el bienestar de mi hijo, lo dejo estar.

También he realizado (y realizo) infinidad de colaboraciones gratis (muchas más que las recompensadas económicamente), como muchas otras buenas mamás bloggers que conozco, a cambio solo del producto (para poderlo probar te lo tienen que enviar, claro está) o ni eso. Lo hago porque así puedo reseñar artículos que me enamoran porque son de calidad, novedosos y útiles para las familias. O por agradecimiento, porque me han apoyado desde el principio, cuando ni siquiera les resultaba rentable hacerlo y aún así apostaron por mi trabajo.

Desde mi blog también enlazo a otros blogs y sitios de interés que yo misma sigo, sin preocuparme de que sean o no competencia directa. Porque son sitios guays que ofrecen buen contenido y si mis lectores conectan conmigo, probablemente, y por afinidad, también lo harán con ellos. La cultura de internet es la cultura del enlace. No hay que tenerle miedo al link externo. Más bien, éste enriquece y amplia nuestro contenido.

Y si eres mamá blogger y alguna vez me has escrito pidiéndome consejo, sabrás que siempre contesto. ¿Por qué no iba a hacerlo? Al fin y al cabo, yo no voy a escribir tu blog por ti ni a elegir tus contenidos. No voy a gustar o a disgutar por ti. Eres tú la que te lo estás currando solita y no me debes nada porque te de un consejo. Los consejos son gratis. Ayudar es bonito. Soy de las que piensan que los vínculos nos unen y nos hacen más fuertes.

Así que si me quieres escribir, yo estaré encantada de echar el rato charlando contigo. Este blog se nutre con todos vuestros comentarios y participación. Y a mí me gusta pensar que soy una persona cercana y accesible para los demás. No soy ninguna diva, soy una mamá normal y corriente, ni más ni menos que las demás.

Cuando colaboro y ayudo a una marca gratis lo hago porque son proyectos solidarios, causas que me emocionan, sites que me gustan, artesanos locales, productos que me enamoran, tiendas pequeñas o marcas nuevas detrás de las que hay una empresa familiar que empieza su proyecto con mucha ilusión. Yo he tenido tienda online y sé lo que cuesta levantar un e-commerce y darse a conocer. Cuando me enamora el proyecto y me gusta la idea, lo hago y ya está.

A veces también acepto colaboraciones con marcas potentes a cambio de sortear artículos de gran valor entre mis lectoras. Yo no gano nada y organizar un sorteo conlleva un montón de tiempo y esfuerzo extra (redactar las bases, promocionarlo, publicarlo, compartirlo en redes, hacer un seguimiento diario, contabilizar las participaciones -que a veces son cientos o miles-, comprobar UNA A UNA que cumplen los requisitos, anunciar el ganador y actuar de intercomunicador entre él y la marca). Es un palizón, de verdad, y a partir de x número de seguidores ya ni siquiera te merece la pena a nivel de promoción, porque echando 20 euritos de publi en Facebook obtienes la misma repercusión a cambio de cero curro… Pero lo hago, contenta e ilusionada, porque el premio me permite recompensarlas de alguna manera por su fidelidad y para que ellas también se puedan beneficiar de alguna manera de este blog, que hemos creado entre todas.

Cuando una marca se basa en los valores adecuados (como las jugueteras cuya producción es sostenible, los artículos infantiles ecológicos, los juguetes pedagógicos y respetuosos con los peques, las editoriales independientes que educan en igualdad a niños y niñas, los proyectos de crowdfunding que merecen la pena, etc.) y surge por los motivos correctos (muchas “pequeñas grandes marcas” infantiles surgen en el seno de las propias familias y sus necesidades de crianza) me apetece apoyarla.

A veces me equivoco, porque soy humana. Rectificar es de sabios, dicen. Por eso presto mucha atención a los comentarios de mis lectoras. Ellas son una auténtica mina de información. Entre ellas hay psicólogas, maestras, médicos, amas de casa con experiencia práctica en casi todo, pedagogas, empresarias y hasta profesionales de la información. Les agradezco cada minuto de tiempo que pasan leyéndome y aún más cada palabra que me escriben para comunicarme sus impresiones.

Todas ellas tienen una titulación común: son madres. Y la maternidad nos hace querer ser mejor personas, más infalibles, más rigurosas. Por eso las madres somos el público más exigente, y aunque yo paso tiempo documentándome, buscando fuentes fiables y probando por mí misma muchas cosas, si a veces sucede que meto la pata, ellas no me pasan ni una. Y muy bien que hacen. Les agradezco infinito cuando me abren nuevas líneas de investigación. Gracias a una de ellas hoy mi hijo viaja en el coche a contramarcha.

Tampoco merece mucho la pena entretenerse mucho más en esto. A veces, sencillamente, me llamas por ni nombre, me miras a los ojos… Y me gustas. 

Cuando una marca merece la pena

Para ser completamente honesta, no todas las firmas están interesadas tan solo en las cifras de un blog. Hay marcas y tiendas que prefieren apostar por valores y contactan con bloggers porque les gusta cómo escriben, los temas que tratan, su estilo de vida o la filosofía de sus blogs.

Yo he tenido y tengo la enorme suerte y satisfacción de haber contado con el apoyo de algunas de ellas desde prácticamente los comienzos del blog, cuando mis cifras eran prácticamente insignificantes. Marcas y tiendas detrás de las cuales hay gente que te cuida y te valora, que defienden la infancia y cuentan con verdaderos profesionales que se interesan por saber cómo te va la vida o cómo le va a tu peque en la guarde, si a tu marido ya se le paso la gripe o has conseguido que tu perra pierda esos kilos de más que le sobraban.

Son marcas y tiendas con auténticos expertos en marketing que no dejan de ser seres humanos y que saben cultivar las relaciones personales. Gente que hace el esfuerzo de conocerte en persona, o a través del teléfono o por medio de Skype. Que no ahorra tiempo en un e-mail y que echa ratitos de conversación contigo aún de madrugada o en fines de semana. Marcas que te prestan su apoyo porque valoran tu esfuerzo y la calidad de un post bien hecho, que confían en tu criterio y en la proyección de tu trabajo. Marcas, tiendas, distribuidores, artesanos o fabricantes con los que da gusto trabajar.

Las marcas que te preguntan “¿qué tal la mudanza?” porque son las primeras que te siguen en las redes y están al tanto de tu vida son, en definitiva, marcas coherentes con sus patrocinios, marcas humanas, MARCAS INTELIGENTES.

Querida marca, lo que NO voy a hacer por ti:

Mi blog es mi casa y, de la misma manera que no cualquiera tiene cabida en mi hogar, tampoco le abro las puertas de mi blog a cualquier patrocinador. No todo vale. Escojo productos y marcas respetuosas con la infancia y la maternidad, cuya filosofía y valores coincidan con los míos y siempre y cuando el contenido, aunque patrocinado, sea de interés para mis lectoras.

En este sentido, mi opinión siempre es sincera y mis recomendaciones se basan en mi propia experiencia personal y en mi propio criterio. No acepto que me impongan conclusiones, ni copio y pego notas de prensa (por favor, querida marca: no me envíes notas de prensa porque irán directamente a la carpeta de spam).

Y por favor, NO os escudéis en el mito de que las relaciones online son más frías e impersonales porque mientras sigan existiendo personas detrás de los teclados, siguen siendo relaciones humanas. Si me empezáis tratando a mí como si fuera un ente virtual incorpóreo, sin nombre, identidad, alma ni criterio… ¿Cómo pretendéis que os sirva de puente con mis lectoras? ¿Cómo puedo confiar en que las tratéis con el RESPETO que se merecen?

Tampoco admito correcciones de estilo en mis textos (ni ninguna otra que no se refiera a la exactitud de los datos, a decir verdad). Mi blog es MI espacio, lleva mi sello, mi impronta personal, mi personalidad, toda mi propia esencia e identidad. No es ni mejor ni peor que otra, pero es la mía. Quiéreme o déjame, pero por favor NO INTENTES CAMBIARME.

Soy madre, quiero lo mejor para mi hijo y mi familia. De la misma forma, no sería capaz de recomendar a otros papis un producto que desconozco, que no haya probado antes o que no me convenza. Si recomiendo un artículo tengo que estar completamente satisfecha con él. Si, desde mi punto de vista, tiene sus más y sus menos, así lo transmitiré.

Generalmente, a estas alturas la criba ya está hecha. Porque si has seguido leyendo muy probablemente tu propuesta me súper encante y puede que hasta ya conozca tu marca, la usemos en casa, haya oído hablar de ella o me apetezca mucho probarla.

Pero… Puede suceder que no me guste. A estas alturas no parece probable, pero ¡oye, es una posibilidad! ¿O no? Si esto pasa, como en cualquier relación de pareja, tú y yo solo tenemos una opción válida: olvidarnos mutuamente de que existimos y seguir nuestros caminos por separado, de buen rollo y sin exigirnos nada a cambio (así en plan “tan amigos”), pensando que tal vez podamos conectar en un futuro…

A ver, que soy una persona razonable. Que si me mandas un parchís y falta el dado, te aviso para que lo tengas en cuenta en la línea de producción y ni lo menciono en el post. Que todos cometemos errores y los fallos son humanos. Pero si me dices que me mandas un parchís y me envías sólo un dado… Mira bonita, a ver cómo te lo explico yo: sin parchís no se juega al parchís.

Por lo general, prefiero recomendar artículos útiles y valiosos que perjudicar a nadie con juicios de valor que podrían no coincidir con los de otros papás, consumidores o usuarios. Al fin y al cabo, ¡cada familia es un mundo! Siempre que el artículo en cuestión NO haya afectado a la salud, la seguridad o el bienestar de mi familia, yo prefiero no publicar comentarios negativos. Si se trataba de un patrocinio acordado, no lo cobraré y tú serás libre de mandar un mensajero para recuperar el producto. Así yo no gano nada. Y tú no pierdes nada tampoco. 🙂

Es un trato justo. Que de eso se trata, al fin y al cabo. A veces me ha pasado, que no me ha convencido o no me ha gustado para nada un artículo y he tenido que negarme a reseñarlo. En esto también se distinguen las marcas buenas y malas. Porque la buena ha sido siempre súper comprensiva y lo ha sustituido por otro o por otra forma de colaboración. De verdad que, cuando esto sucede, yo paso mucho apuro… Pero no lo consiento. No en mi blog.

Creo que este punto ha quedado claro: lo que NUNCA voy a hacer por ti es mentir. Por respeto a mis lectoras, sí. Pero también por respeto a este espacio que nació con mi hijo ha crecido de forma paralela nutriéndose de la transformación que la maternidad ha producido en mi mundo. Por respeto también a tanto esfuerzo como me ha costado levantarlo y mantenerlo. Y por respeto a mí misma, a la persona que soy y a la que quiero ser, a mi familia y SOBRE TODO a mi hijo, que cree que soy la mejor persona y la tía más guay del planeta (entre tú y yo: no lo soy, pero trato de estar a la altura). Soy humana y altamente imperfecta, pero me gusta pensar que si de verdad intento con fuerza ser mejor y superarme a mí misma cada día, quizás eso valga para que siga confiando en mí toda su vida.

21 thoughts on “Querida marca: soy una mamá blogger y esto es lo que NUNCA voy a hacer por ti

  1. Por la parte que me toca, me quito el sombrero ante tu post. Como blogger me reconozco en muchas de tus palabras (aunque no soy mami blogger) y como Marca este tipo de cosas me ayudan a seguir aprendiendo. Una siempre trata de ser cercana, correcta y valorar el trabajo de los bloggers pero siempre se le escapan cosas o no me doy cuenta de que podría ir más allá y mejorar esa comunicación. También te digo que como Marca recibimos cada mail que me tienta a mi escribir un post sobre como NO ponerse en contacto con una marca.

    En fin, felicidades por este post y espero que much@s (marcas y bloggers) aprendan de él.
    Un abrazo

    1. Muchas gracias por tu apoyo y tus palabras Iraya. Sí, soy consciente de que se cometen errores en ambas direcciones. Al fin y al cabo, todos somos humanos. 🙂 Ambas partes debemos esforzarnos por alcanzar una mejor comprensión del trabajo de cada una, así como establecer una colaboración basada en el respeto, la empatía y la comunicación. 🙂 ¡Un abrazo!

  2. Solo puedo decirte Tania que OLE OLE Y OLE
    Yo también tengo blog y pienso lo mismo que tú
    No se dan cuenta del trabajo que hay detrás de un post
    No se dan cuenta de que las notas de prensa de sus maravillosos productos, pero impersonales para mí forma de ver no nos interesan
    Me ofende que digan que siguen mi blog pero a mí me llaman Paula
    Y mil cosas más…
    No dudaré en mandar un enlace de tu post a cada marca que me mande un correo con una nota de prensa jjjj es tan bueno que solo me puedo quitar el sombrero
    Yo no escribo tan bien pero para lo que quieras en las cosas de paula tienes a alguien que empatiza con tu forma de ver las marcas
    Un beso desde León

  3. Creo que no he leído un post de una blogger más completo que este en toda mi vida. Te doy mi enhorabuena y estoy totalmente de acuerdo contigo en la definición de blogger, en la relación con las marcas, en cómo debería ser esa relación, etc. Pero también te digo por experiencia que, ni todas las marcas somos iguales ni todas las bloggers lo sois…
    Enhorabuena buena por tu blog!
    Tienes una nueva seguidora!

    Un saludo
    Ángela

    1. Muchas gracias por tus palabras Ángela. 🙂 Estoy de acuerdo contigo, hay fantásticas marcas y tiendas impulsadas por una maravillosa filosofía y unos magníficos valores que además trasladan a sus productos porque se les nota que aman lo que hacen. Y sí, es verdad: ni bloggers ni marcas son todos iguales. Por cierto, ¡muy bonitas tus creaciones! 😀

  4. Hola Tania!
    Acabo de conocerte. El post me gusto mucho, sincero y humano.
    Soy una marca pequeña y también mamá.
    Desde hace un año he hecho alguna colaboración y aún que sea triste, es verdad que en muchas ocasiones se han perdido el lado humano, pero me alegra saber que no todas sois así!
    Muchas veces recibo email para colaboraciones de “bloggers” que hacen un copiar/pegar a diferentes artesanas y eso desanima (por eso entiendo bien tu lado de recibir mensajes así, que ni siquiera sepan tu nombre)!
    Encantada de haber encontrado tu blog/casa.
    Seguiré leyéndote
    Un beso

  5. Ole tu post hartita estoy de ver como bloggers dicen que hoy es buenisimo esto y mañana lo contrario. Me ha encantado leerlo y ole ole

  6. Que post más genial! Yo tengo un blog, que no llega ni a verde, por lo que no me considero ni de lejos blogger, como ni para pensar en “monetizar” un blog o convertirlo en una parte de mi labor (laboral). Es un hobbie.
    El post que has escrito es un pedazo de “statement”, una perfecta guía a seguir por otras mamis bloggers que quieran hacer de su blog un (medio)medio de vida, pero incluso para las que nos vemos muy lejos de todo esto, es una maravillosa reflexión.
    Una reflexión sobre como hablar, de que hablar, de como ser honesto en la vida (las relaciones laborales son una inmensa parte de ella) y como aportar a la comunidad sin perderse por el camino.
    Muy grande!!! Gracias!
    PD: Me voy a quedar por aquí. Amo como escribes!

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