bebés de alta demanda

Bebés de alta demanda: sí, existen. Te contamos nuestra propia experiencia

Los bebés de alta demanda exigen mucho más de nosotros. No perder la calma ni establecer comparaciones es vital. Cada niño y cada familia es un mundo. Lo primero que debmos hacer para saber cómo actuar, es conocer y comprender mejor a nuestro bebé.

S.O.S. Bebés de alta demanda

Si no podéis separaros de vuestro bebé ni para ir al baño, os cuesta retomar vuestra vida cotidiana, comenzáis a pensar que es “un niño difícil”, os culpáis constantemente pensando que no lo estáis haciendo bien, os comparas constantemente con otros padres y a vuestro pequeño con otros bebés, pensáis que os habéis equivocado en algo y hasta os sentís culpables cuando reclamáis un poco de espacio para vosotros mismos… deteneos y respirad profundamente por un instante.

Es probable que no sea culpa vuestra ni estéis haciendo nada que lo provoque. No estáis solos ni sois unos malos padres. Si la pediatría descarta otras causas, quizás os estéis enfrentando de forma equivocada a un bebé de alta demanda.

Paz y tranquilidad… los primeros 15 días

Cuando Diego nació, los primeros 15 días fueron un remanso de paz y tranquilidad. Era tan bueno y tan tranquilo que se quedaba dormido en mitad de una traca de fuegos artificiales. Podíamos ir con él a cualquier sitio. De hecho, fuimos con él a la boda de unos amigos a los 8 días de su nacimiento y no dio nada de guerra.

Era un auténtico ángel. Se dejaba coger por cualquiera, siempre estaba satisfecho y feliz, dormía muy bien y comía aún mejor. No tenía cólicos de lactante. La gente nos decía constantemente que no sabíamos la suerte que teníamos… Hasta que al cumplir 16 días, todo cambió.

Comenzó a querer pasar todo el tiempo en mis brazos, al pecho. Si se dormía e intentaba soltarle, se despertaba al instante y ya no había forma de volver a dormirle. No podía ducharme ni ir al baño sin que el bebé entrara en ataque de pánico. Viajar en coche era horrible. No aguantaba estar en su propio sitio. Miguel y yo acabábamos angustiados, alternándonos constantemente para hacer de payasos y contorsionistas.

Los paseos por la calle en cochecito se convirtieron en una pesadilla. Cambiamos el carrito por un portabebés ergonómico. Desmontamos la cuna de colecho y le pasamos directamente a nuestra cama. Todo aquello casaba muy bien con nuestra visión de la maternidad/paternidad y además pareció solucionar el problema… Temporalmente.

Cuanto más atención tenía, más quería. Al cabo de 6 meses yo no podía cocinar ni vestirme si estaba sola en casa, porque el peque era incapaz de quedarse sólo 5 minutos sentado en su trona. No soportaba que le depositara en el parque de juegos ni un sólo segundo. No me dejaba hablar por teléfono ni un minuto y estallaba en cólera si veía que alguien me hablaba cuando salíamos a la calle. Si la gente se dirigía a él, inmediatamente se enganchaba al pecho para que le dejaran tranquilo. Mamaba cada 5 minutos (vivía, literalmente, enganchado al pecho).

Si estando mamando el bebé yo intentaba ver una película o hablar con alguien, me giraba la cara hacia él con su manita reclamando para sí toda mi atención… Y bueno, mil detalles más. En resumen: reclamaba mi atención a cada instante y nunca dormía solo. Nunca. Ni una sola vez. Tuve que dejar de hacer todas las actividades que no pudiera realizar con él en brazos porque resultaran imposibles de realizar o peligrosas. Había días en los que, literalmente, yo no tenía tiempo ni de lavarme la cara.

Cuando llegaba su padre del trabajo, su atención se desviaba de uno a otro. Miguel no podía abrazarme ni darme un beso. Tenía que estar de pie con él en brazos todo el tiempo y ninguno de los 3 podíamos separarnos sin afrontar un tremendo berrinche.

Nosotros practicamos la crianza con apego, el colecho y el porteo. Por convicción, pero también por necesidad. Diego se ha criado completamente en brazos y después de 27 meses aún practicamos la lactancia materna.

A nuestro alrededor comenzaron a cuestionar nuestra forma de crianza. Y claro, llegaron las dudas. ¿Le daré demasiado pecho? ¿No será un niño dependiente por dormir con nosotros? ¿Le pasará algo al bebé? ¿Seré yo, que me quejo demasiado? ¿Lo estaré haciendo todo mal? ¿Le estaré perjudicando?

No es tu culpa ni le pasa nada, es un bebé de alta demanda

Lo primero que tienes que hacer es tranquilizarte. Si te estresas, el peque lo notará y será aún peor. Cierra los oídos a las críticas. La reflexión ha de imponerse sobre el malestar. Los niños necesitan serenidad. Son como esponjas: absorben todas las sensaciones que flotan a su alrededor. Si te nota molesta, tensa o irritada, magnificará cada una de esas emociones. Y será aún peor.

Si crees que tus métodos de crianza o educación fallan, consulta a los especialistas. Las teorías siempre generalizan comportamientos, actitudes y conductas. Después cada niño y cada familia son un mundo.  Nosotros tendíamos a compararnos constantemente con otros padres que practicaban métodos de crianza similares a los nuestros. Y también comparábamos a nuestro peque con los suyos. Que absurdo encuentro ahora todo aquello…

En realidad cada niño es un mundo y no hay dos iguales. Los hay tranquilos y los hay inquietos, los hay que necesitan mucha atención y contacto y los hay que no. En resumen: cada uno tiene su personalidad, carácter y necesidades.

Tendemos a pensar que todos los bebés se comportan igual. Tenemos un montón de ideas preconcebidas sobre lo que se supone que se debe sentir en un embarazo, cómo ha de ser un parto o cómo tiene que comportarse un niño pequeño. En realidad cada una de esas experiencias es única, subjetiva, personal e intransferible. Ningún niño es igual a otro. Son personas, y no hay dos personas iguales en el mundo.

Por todo ello, es muy importante que nos esforcemos por conocer a nuestros hijos. Los bebés de alta demanda tienen ciertos rasgos comunes que nos ayudan a entender lo que necesitan de nosotros y también cómo reconducirlos.

Características de los bebés de alta demanda

¿Cómo saber si mi bebé es un bebé de alta demanda? Esta es la principal duda que se tiene ante estos casos. Os aseguro que quien tiene un bebé de alta demanda lo sabe, igual que se sabe que uno está enamorado.

Los bebés de alta demanda sobrepasan el nivel de demanda “normal” que tienen todos los bebés. Ser cogidos en brazos o exigir que atiendan sus necesidades rápidamente es una necesidad natural, normal y saludable que tienen todos los niños pequeños. Son niños que nunca están satisfechos, no se cansan nunca, necesitan más y más… Y, como consecuencia, sus padres acabamos sobrepasados y abrumados por las demandas de nuestro hijo.

Algunas de las características que nos pueden hacer sospechar que nuestro bebé es un niño de alta demanda son:

  • Bebés intensos, insistentes y perseverantes que ponen mucha energía en todo lo que hacen: lloran con insistencia, se alimentan con voracidad, ríen con auténticas ganas y protestan con mucha fuerza.
  • No se relajan con facilidad, descansan y duermen poco, y parecen estar siempre preparados para la acción. Cuando son capaces de empezar a explorar el entorno, no paran quietos ni un momento y no les gusta estar solos.
  • Aunque la hiperactividad es un trastorno independiente, se suele decir que los bebés de alta demanda son hiperactivos porque siempre están buscando cosas que hacer, tocar y experimentar. Es decir, comparados con el resto de niños son más activos que los demás.
  • Son absorbentes. Reclaman atención constantemente y no se entretienen con nada solos. Son auténticos “absorbe-energías” que demandan atención, contacto, cariño, brazos, juegos… ¡Y nunca parecen tener suficiente!
  • Si son lactantes, se alimentan a menudo porque para ellos comer no es tan solo un acto de nutrición. La succión les tranquiliza y el contacto físico y la atención consecuentes les reconforta. Por eso la solicitan a menudo. Alimentarles a demanda hace que lloren menos (la leche materna, ante un bebé que mama a menudo, ajusta su nivel calórico evitando la sobrealimentación y el sobrepeso).
  • Son hipersensibles que absorben rápidamente y con facilidad las emociones de quienes le rodean, necesitan un entorno conocido y seguro y se alteran fácilmente si el equilibrio se altera y es difícil que acepten a un cuidador que no sea su cuidador principal.
  • Necesitan el contacto continuo. Si hay un rasgo que define principalmente a los bebés de alta demanda, es este. Son bebés que reclaman exageradamente brazos, tomas de leche, contacto por la noche, etc. Podéis ahorraros ese precioso móvil de cuna esperando que se quede mirándolo solo (e incluso la cuna esperando que duerma en ella) porque no lo va a utilizar. Tampoco aceptan quedarse “un momentito” sentados en parques de juego, columpios, hamacas o tronas para que puedas remover la comida, y ni hablar de utilizar el cochecito de paseo para sentarlo en la calle… nada de todo eso le parecerá bien, ya que nada de ello supone contacto con sus padres. Los bebés de alta demanda no se duermen en la cuna ni permanecen demasiado tiempo dormidos si los duermes en brazos y después los pasas a ella. Tampoco aceptarán fácilmente ningún sistema de viaje que no sea el porteo desde el nacimiento. En definitiva, no quieren estar en ningún sitio que no sea en los brazos de sus padres.
  • Son muy sensibles a la separación. Son niños que no aceptan a otros cuidadores, aunque les conozcan o sean familiares. Incluso papá o mamá pueden llegar a ser rechazados a veces si observan marcharse al otro cónyuge. Incluso cuando ya son capaces de desplazarse por sí mismos gateando o caminando, persiguen a sus padres a todas partes.
  • Son extremadamente exigentes. Este es uno de sus rasgos de carácter más exasperante: todas sus peticiones son sumamente urgentes y no aceptan alternativas. Lo que provoca que los padres se sientan a menudo desbordados. Tomároslo con calma porque aunque sea desesperante, la exigencia es también un elemento de la personalidad que ayuda mucho a tener éxito y sobresalir en la vida adulta.

¿Hasta cuándo? ¿Mejora con el tiempo?

Los bebés de alta demanda raras veces se convierten en adultos irascibles e insatisfechos, que es la mayor preocupación de sus padres. A menudo solemos imaginar cómo será de mayor nuestro pequeño y nos echamos a temblar… Pero como todos los demás niños, a medida que crecen y van madurando van reclamando más libertad e independencia y el proceso de desapego es natural e innato.

Unos niños tardan más que otros en recorrer este proceso. Cuánto tardará en comenzar a ganar autonomía y seguridad en sí mismo es una respuesta que solo tiene el bebé. Unos empezarán a dejar de llorar cuando les monten en la sillita del coche o comenzarán a quedarse dormidos en el cochecito, mientras otros comenzarán a pasar cada vez más tiempo entretenidos jugando con sus bloques de construcción o le cogerán el gusto a ver dibujos infantiles mientras meriendan solitos en su trona. Cada niño tiene su propio ritmo de aprendizaje y desarrollo.

En el caso de Diego, empezar a ir a la guardería tuvo sus frutos. Se acostumbró a “despegarse” de nosotros y a disfrutar con otras personas y niños de su edad. Aprendió a hacer muchas cosas divertidas y reconfortantes él solito como pintar, comer, tirarse por el tobogán, saltar en la cama elástica o echar una cabezadita.

A los 24 meses el cambio era más que evidente. Le sigue gustando estar con nosotros, pero cada vez se entretiene más tiempo jugando solo, no exige tanta atención, las más de 20 tomas de pecho diarias se han reducido a 3 ó 4 al día y se lo pasa muy bien jugando con sus amiguitos, abuelos y primos aunque nosotros no estemos presentes.

También le ha cogido el gusto a los paseos en sillita, en la que incluso se echa alguna que otra siesta en movimiento de vez en cuando (lo que cada vez es menos habitual porque, como es natural, ya prefiere caminar y correr). Tampoco protesta ya cuando viajamos en coche. Sabe que debe permanecer en su silla durante todo el tiempo que dure el trayecto (aunque sigue siendo muy pequeño para aguantar más de media hora sin nadie a su lado que juegue con él durante el viaje, en caso de que no vaya dormido).

Chicco Ohlalá

Es muy importante destacar y tener siempre presente que se trata de una etapa, como todas las demás, y por larga o difícil que parezca, es finita. Con el tiempo los niños de alta demanda comienzan a hacer las cosas sin la constante presencia de sus padres. Es una fase que deben pasar y no implica necesariamente que no vayan a ser niños independientes y/o autónomos en el futuro.

¿Qué podemos hacer para llevarlo mejor?

Cada niño es un mundo y es importante adaptarse. No existe un estilo educativo ni un método de crianza únicos que funcione para todos los niños o para todas sus familias. La convivencia pacífica y el manejo exitoso de las situaciones cotidianas dependen mucho de las necesidades y carácter del niño. Hay peques que responden muy bien a las explicaciones, mientras que otros necesitan que se les enseñe de forma práctica lo que queremos de ellos, en lugar de insistirles y enfadarnos.

Por eso, cuando la convivencia no funciona, se impone el esfuerzo de probar fórmulas nuevas, aunque a priori nos parezcan totalmente contrarias a nuestras ideas. ¿Es posible que mi hijo se sienta más cómodo en la trona que en la bandolera? Pues sí, ¡es posible! En la trona la estimulación que recibe es diferente. Así que si las cosas van mal, es importante liberarse de prejuicios y probar hasta dar con la solución.

Los padres de estos niños necesitamos armarnos de paciencia y de actitud positiva. En la crianza no existen recetas mágicas y esta no es una excepción. A cada familia le podrían ir bien unos trucos diferentes, aunque todos debemos respetar la dependencia del peque.

Un niño cuyo nivel de demanda es elevado no es lo mismo que un niño con carácter dependiente. Debemos considerar y respetar su ritmo de desarrollo y de maduración para no forzar situaciones. Actitudes como hacer que mamá se vaya o duerma en otro cuarto pueden generar justo el efecto contrario al deseado y provocar en el pequeño todavía más ansiedad e inseguridad.

Algunos consejos útiles que nos pueden ayudar con la crianza de bebés de alta demanda son:

  • Comprender que no nos están manipulando. Simplemente necesitan más de nosotros que la media de los demás bebés. Entender que cada vez que lloran están sufriendo tanto o más que nosotros es un factor clave para no desesperar ni decaer.
  • Atender sus necesidades. Darles lo que necesitan, cuando lo necesitan (siempre que se pueda y sea posible, claro). Muchas personas a vuestro alrededor os dirán constantemente que nunca le sacaréis de la cama si dormís con el bebé, que hasta cuándo pensáis seguir dándole el pecho, que nos tiene cogida la medida, que es un caprichoso o un mimado… No hagáis caso. Ni son ciertas sus previsiones ni tiene sentido perder el tiempo en rebatirlas. Para ser independientes todos los bebés necesitan, en mayor o menor medida, ser primero dependientes. Debemos tener claro que no van a ser así toda la vida. Tampoco se trata de darle todo lo que pida, sino de darle aquello que necesite y que podamos darle. Cuando no pueda ser así o, a medida que el peque crezca y consideremos que no debe ser así, debemos hacérselo saber razonando el por qué.
  • Pedir ayuda. Si para criar a un niño hacen falta varias manos, para criar a un bebé de alta demanda se necesita toda una tribu. No hay que dudar a la hora de pedir ayuda y decir claramente lo que necesitamos. Si el pequeño no acepta quedarse con otras personas, echa mano de amigos y familiares para que os liberen de ciertas tareas (como hacer la compra, cocinar, poner un poco de orden en la casa o hacer la colada) para que no se os acumule el trabajo en casa mientras satisfacéis las demandas de vuestro bebé.
  • Intentar salir. El cambio de ambiente, el aire fresco y la luz del sol siempre vienen bien y son unos estupendos antidepresivos naturales. Debemos tratar de dar al menos un paseo diario (aunque sea en chandal y con el pelo sin lavar). Es saludable tanto para el bebé como para nosotros.
  • Cuidarnos y cuidar nuestra pareja. De la misma forma, desconectar un ratito (aunque sean 15 minutos) para disfrutar de un baño relajante, una siesta reparadora, un café con las amigas, irse de compras o, simplemente, leer un buen libro o escuchar nuestra música favorita, es una potente terapia personal. Disfrutar de actividades a solas con la pareja también es necesario para cuidar nuestra relación. A veces basta con una conversación mientras cenamos o cocinamos juntos, una serie de televisión compartida, un masaje antes de dormir o un paseo por el parque. Es necesario buscar momentos en el día para nosotros mismos, obligarnos a quitarnos al menos el pijama, darnos una ducha y arreglarnos un poquito aunque estemos agotados. También es recomendable buscar al menos un par de pequeños espacios de tiempo semanales para compartir experiencias con nuestra pareja.
  • Rodearse de gente que nos comprenda y ayude. Es vital buscar papás que estén pasando lo mismo que vosotros, que apoyen vuestros métodos de crianza y no os critiquen, que empaticen con vuestra situación y con los que podamos hablar, desahogarnos y compartir experiencias, anécdotas y dudas. Todo esto nos ayuda a comprender que no estamos solos.
  • No sentirse culpables si el bebé llora. Con un nivel de demanda tan alto, algunas veces será imposible evitar que llore. Antes de explotar, es mejor asumir que no podemos satisfacer todas sus necesidades a su gusto todas las veces que lo demande.
  • Enseñarle a solicitar las cosas de una manera más racional y menos insistente. A medida que el bebé de alta demanda crece,

Lo cierto es que se trata de una época muy dura en la que los padres tienen siempre sueño, están cansados y sin energías. Pero al final es una etapa más que llega a su fin antes o después. Si un bebé siente que sus padres le ayudan y atienden siempre que lo necesita, crece más seguro de sí mismo, confiando en que sus padres estarán a su lado en el camino.

A medida que crecen y van siendo capaces de razonas y entender lo que se les dice, es importante reconducir el fuerte carácter de estos niños para evitar que terminen acostumbrándose a conseguirlo todo con rabietas y berrinches. Existe toda una serie de estrategias para conseguir educar de forma positiva a los pequeños más desobedientes sin morir en el intento.

Para facilitar la convivencia con un niño de alta demanda podemos tener en cuenta los siguientes consejos de especialistas:

  • Evitar las palabras negativas. Aunque parezca que no nos entienden, los niños pequeños captan a la perfección el sentido de todas nuestras palabras, consejos y órdenes. Si no somos capaces de evitar los comentarios negativos o de desesperación (del tipo “no lo aguanto más”, “esto es insoportable”, “déjame tranquila un rato”), estos mensajes serán los primeros que el pequeño reciba sobre sí mismo. Y la opinión que sus padres tienen sobre él marca mucho a un niño durante su infancia. Por eso hay determinadas cosas que nunca debemos decirle a un hijo. Debemos esforzarnos por no etiquetar al pequeño para no distorsionar su visión de sí mismo durante la infancia.
  • No complacerle a toda costa. Un error tan común como humano es caer en la tentación y el mal hábito de claudicar para evitar situaciones complicadas, peleas y gritos. A corto plazo puede que esta estrategia funcione, pero en poco tiempo tendrá el efecto contrario.
  • Reforzar las actitudes positivas. Otro error muy común que cometemos los padres es dejar al niño solo cuando está tranquilo o portándose bien, por miedo a que nuestra intervención acabe con la paz del momento. Lo adecuado en realidad es justo lo contrario: no consentir que el pequeño acapare nuestra atención recurriendo a la pataleta y premiándole con nuestra atención cuando se porta adecuadamente. En estos casos podemos, por ejemplo, jugar con él un rato a su juego favorito como premio por su buena conducta. Es importante alegrarnos de forma visible para él cuando está siendo tranquilo, alegre, cariñoso, divertido… Siempre es mejor reforzar las conductas positivas que castigar las negativas.
  • No retirarle el afecto ni gritarle. Responder a los retos infantiles con calma, firmeza, amor y un tono de voz suave es mucho más eficaz que el más duro de los castigos.

Aunque suponga todo un reto educativo para sus padres, tener un carácter y una personalidad exigentes también tiene sus beneficios durante la infancia y la adolescencia (y muchos más durante la edad adulta). De hecho, la personalidad inquieta e inconformista y la capacidad innata de estos niños de reconocer y expresar sus necesidades, son un arma muy poderosa en el futuro que les permite convertirse en personas proactivas y seguras de sí mismas que saben elegir el camino que deben tomar, se sienten seguras con las opciones escogidas y fomentan el cambio en el mundo, ya que no se conforman con lo establecido, necesitan hacer cosas nuevas y vivir experiencias.

Deja un comentario