Operación de oídos en los niños

Operación de oídos en los niños o miringotomía y colocación de drenajes timpánicos: nuestra propia experiencia

Alrededor de los 18 meses, Diego comenzó a sufrir otitis media aguda de forma cíclica. En cuanto se acatarraba llegaba la temida infección de oídos. Y tras cada infección, ahí quedaba el depósito de mocos. Tras un par de meses sufriendo esta situación, entró en “grupo de riesgo” y pasó a ser controlado por una otorrina que le examinaba periódicamente. Tras una espera más que aceptable para dejar actuar a todo tipo de antibiótico sin que la situación mejorase, y ante el riesgo de sordera, el diagnóstico no se hizo esperar: había que practicarle una operación de oídos.

La verdad es que da mucha cosita ver entrar a quirófano a un niño tan chiquitito, pero nos quedamos sorprendidos de la rapidez con la que se efectúa todo. Desde que Diego entró consciente a quirófano, hasta que de nuevo estuvo (ya despierto) en nuestros brazos, no pasaron ni 15 minutos. Y desde entonces su calidad de vida (la de toda la familia, en realidad), ha mejorado considerablemente.

¿En qué consiste la operación?

La miringotomía y colocación de drenajes timpánicos es una intervención muy rápida, sencilla y habitual que se realiza para insertar unos tubitos de drenaje en los oídos de los niños que padecen otitis media aguda de repetición o acumulación de moco en el oído medio debido a un mal funcionamiento de la trompa de Eustaquio (lo cual es muy frecuente durante los primeros años de vida de un niño, en los que sus oídos aún no están desarrollados por completo y les resulta difícil evacuar los depósitos de mocos).

La intervención dura de 10 a 15 minutos y en ella se siguen los siguientes pasos:

  • Se le aplica al niño una cantidad realmente mínima de anestesia total, por lo que ha de llevarse a cabo en un hospital para que un anestesista controle al niño y realizarse con anterioridad un estudio preanestésico (que consiste en unos análisis de sangre y un control de peso). La cirugía es prácticamente indolora ya que las incisiones que se realizan son mínimas, pero de esta manera los médicos se aseguran que el niño no se mueve y no hay riesgo de perforarle el tímpano.
  • El cirujano hace una pequeña punción en el tímpano por donde aspira el moco del oído medio para dejarlo totalmente limpio. No quedan marcas ni suturas visibles.
  • Por último, el cirujano inserta un tubito diminuto de plástico con forma de diábolo (drenaje timpánico) en el orificio que ha abierto en el tímpano. Este drenaje permitirá que el oído medio se mantenga aireado. Así también se equilibra la presión dentro del oído y se consigue que el líquido pueda drenarse hacia fuera. Los tubos no son visibles ya que su tamaño es menor al de un grano de arroz.
  • Después de la intervención, el niño despierta en la sala de recuperación, ya en compañía de sus padres.

El tiempo total de permanencia en el hospital suele ser de un par de horas (realmente, lo más tedioso es el ingreso) y el niño puede irse a la casa el mismo día del procedimiento (en nuestro caso, media hora después de la salida de quirófano).

A los pocos días de la operación, su otorrino habitual comprobará el resultado de la misma y concertará citas periódicas con el pequeño paciente para comprobar la evolución. El tubito se cae solo en unos meses (entre 6 y 18 meses).

Operación de oídos en los niños

Cuándo se recomienda la intervención

La primera alternativa de tratamiento para tratar las infecciones de oído de origen bacteriano son los antibióticos. Sin embargo, el otorrinolaringólogo puede decidir realizar la cirugía en varias circunstancias:

  • Si se padecen un número importante de otitis agudas.
  • Si el depósito de moco permanece en el tiempo.
  • Si aparecen alteraciones anatómicas en la membrana timpánica.
  • Si el paciente presenta una pérdida de audición (susceptible de provocar un retraso en el habla, como fue nuestro caso).

Consejos para acudir al hospital

Aunque se trata de una “operación relámpago” e indolora, los pequeños suelen asustarse bastante cuando entran solitos a quirófano y despertar alarmados y desorientados tras la intervención.

Nosotros nos llevamos un poco de plastilina y un cuento para matar el tiempo de espera, y también un par de los juguetes favoritos de Diego para consolarle en el postoperatorio y en el trayecto en coche de vuelta a casa.

Pertenencias personales, objetos conocidos y juguetes favoritos son buenos aliados para el ingreso hospitalario de los niños, ya que les aportan seguridad y les dan tranquilidad

Una vez de vuelta en el hogar, se le pasaron todos los males y para recompensarle por el mal trago vivido, le hicimos una de sus comidas favoritas: filete de pollo empanado con patatas fritas ¡y tarta de chocolate de postre!

Por la tarde ya estaba hecho un terremoto ¡y no tuvo inconveniente ninguno en agotar toda la energía de sus agotados padres con una larga sesión en el tobogán del parque!

Durante los siguientes días, y aunque él se encontraba perfectamente, vino a verle mucha gente a casa y a veces le traían regalitos sorpresa, así que finalmente se borró todo posible mal recuerdo de la experiencia.

Cuidados especiales tras el procedimiento

Durante los primeros días el especialista prescribe al pequeño unas gotas antibióticas y analgésicos para calmar las molestias (que en nuestro caso fueron inexistentes). La mayoría de los niños, no obstante, se siente bien tras la intervención y puede retomar sus actividades habituales de inmediato, como jugar en el parque o ir a la guarde el día después del procedimiento.

El mismo día de la operación, se solicita la primera visita de control a la clínica de otorrinolaringología. Si todo marcha bien, que es lo habitual, las visitas se espaciarán en el tiempo (cada 4 ó 6 meses aproximadamente) y hasta que los tubos se caigan.

Es posible que de los oídos del niño drene líquido durante los primeros días tras la colocación de los tubos (no fue nuestro caso pero es algo completamente normal). No debemos introducir nada en el oído del niño para intentar limpiarlo ya que podríamos causar una perforación en el tímpano. Para limpiar el oído del pequeño por fuera y de manera superficial, podemos utilizar un paño húmedo y limpio.

Lo más importante tras la miringotomía es que no entre agua en los oídos del niño

Para prevenir infecciones del oído, lo más es importante es evitar que el agua entre en el oído. este es el único y sencillo cuidado que debemos observar tras la operación. La prohibición atañe tanto al agua jabonosa del baño, como al agua de mar o de la piscina. Para evitarlo, el otorrino prescribe el uso de tapones para proteger los oídos durante el baño.

Si el oído del niño no deja de drenar líquido tras varios días, si tiene fiebre superior a los 38,5°C o si al niño le empiezan a doler los oídos, debemos acudir al médico de cabecera o al otorrino.

Tapones de baño a medida

En la actualidad, el sistema más efectivo para evitar la entrada de agua en el oído de los peques es el uso de tapones de silicona a medida fabricados en un centro audiológico. Podemos solicitar una lista de estos centros al personal de la clínica de otorrinolaringología.

El oído de los niños presenta ciertas particularidades que lo diferencian del de los adultos. Por este motivo a ellos no les da buen resultado el uso de tapones estándar. Tras concertar una cita previa para que los especialistas atiendan al niño, un técnico rellenará su oído con silicona (no duele, aunque a ellos no les gusta nada) para poder tomar las medidas adecuadamente. Después, nos ofrecerán una carta de materiales y colores para que personalicemos sus tapones.

El material base es siempre la silicona pero la hay transparente, de colores sólidos, en tonos flúor, flotante e incluso con purpurina. Pueden mezclarse hasta 3 colores del mismo material y os aconsejo pagar un poquito más por unos tapones que floten en el agua. Así, en caso de perderlos accidentalmente en la piscina, los localizaréis al instante (algo muy de agradecer ya que no son precisamente baratos).

Operación de oídos en los niños

Los tapones tardarán entre una y dos semanas en estar listos y se realiza una prueba para comprobar que su medida es correcta el día de su recogida. El técnico os enseñará a colocarlos adecuadamente (no tiene misterio ninguno) para que cumplan su función.

Son fáciles de colocar y de extraer. Son ligeros, no molestan y el niño tarda poco en acostumbrarse a ellos (en el caso de Diego, al tercer baño ya se había habituado por completo). Si están bien puestos, es casi imposible que se desprendan solos, aunque a veces los peques no pueden evitar toquetearse los oídos.

A nosotros los tapones a medida de Diego, fabricados en silicona flotante de 2 colores (lo de los colores no varía el precio) nos costaron 80€ (su precio habitual es entre 80 y 100€) e incluían una cajita de plástico para guardarlos con agujeros de ventilación y otra con tapón a rosca y cordón para el cuello muy útil para llevarlos a la piscina o la playa.

Evolución después de la cirugía

Normalmente los tubos se caen solos varios meses después de la operación y a medida que son empujados por el tímpano que se va curando. Es muy posible que no nos demos cuenta de su desaparición, ya que son realmente diminutos (del tamaño de un granito de arroz).

Sin embargo, en algunas ocasiones, es el otorrinolaringólogo quien los retira si no se caen solos. De cualquier forma, su médico estará pendiente de su evolución en las visitas de control que se establecen periódicamente.

Los tubos de drenaje suelen poner fin a los problemas de infección de oído

Aunque no suele suceder, si el oído se infecta o la audición de su niño empeora, debemos acudir al especialista ya que los tubos pueden haberse salido o bloqueado y el líquido podría estar acumulándose nuevamente.

Aunque algunos de los niños que necesitan tubos en un momento dado, pueden llegar a necesitarlos nuevamente (por la reaparición de los problemas iniciales con el paso del tiempo, o porque los tubitos se hayan caído antes de tiempo), lo habitual es que los tubos de drenaje pongan fin a los problemas de infección de oído de los niños pequeños.

En nuestro caso, desde luego, así ha sido. Hemos dicho adiós de forma definitiva a las infecciones de oído, los dolores agudos, las madrugadas en urgencias, las visitas constantes al médico, los antibióticos, los berrinches nocturnos y los problemas de habla y audición.

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