niños que molestan

Niños que “molestan”: soluciones de emergencia para pequeños alborotadores o cómo entretener a los niños fuera de casa

A veces los peques fuera de casa se desatan y se convierten en niños que molestan. Todos hemos vivido alguna vez, como padres o como espectadores, la familiar escena de un peque corriendo entre las sillas de un restaurante o los pasillos de un supermercado. La verdad es que es un tema que me provoca sensaciones contradictorias… Por un lado, los niños son niños. Por otro, para todo hay límites. A veces nos enfrentamos a problemas de comportamiento, en otras ocasiones basta con saber entretenerles e inculcarles normas positivas de forma correcta y agradable para ellos.

Los niños fuera de casa: buenos hábitos y malas costumbres

La gente no suele ser tan permisiva con el alboroto como los padres de los pequeños, que suelen tener que enfrentarse a las críticas que consideran que los niños que molestan son niños maleducados. Al fin y al cabo, vivimos en sociedad y la convivencia resulta fundamental. Pero ¿cómo dejarles disfrutar sin tener una escena familiar? ¿Dónde están los límites? Éstos son nuestros pequeños trucos familiares.

La diversión acaba cuando comienza a ser molesta para los demás

Hay espacios para correr y espacios de convivencia. Hacer que nuestros hijos aprendan a identificarlos no siempre es fácil, pero resulta fundamental. Seamos honestos, los padres amamos incondicionalmente a nuestros hijos pero nadie tiene porque ser condescendiente con una familia que acusa alboroto allá donde va.

Diego es muy inquieto, su instinto natural es echar a correr y jugar en cualquier parte. Además, manifiesta su alegría con pequeños grititos de felicidad. Todo un espectáculo para ver… excepto si estáis sentados en la mesa de al lado nuestro en un restaurante.

Tampoco es cuestión de hacerle obligarle a estar sentado en una trona o una silla poniéndonos en plan sargento. Generalmente, los padres extra rígidos que suelen presumir de tener a sus hijos muy bien educados… ¡En realidad los tienen atemorizados!

Comunicación positiva

Con casi 2 años, Diego es muy obediente (la mayor parte de las veces, claro) pero su memoria inmediata funciona regular como la de todos los bebés. Necesita que los hábitos y las rutinas le ayuden a adaptarse en su día a día. Los peques aprenden por observación y repetición, así que insistimos mucho en hacerle entender cómo debe comportarse cuando hay gente sentada en pequeños espacios.

A veces resulta agotador repetir lo mismo una y otra vez… Pero es fundamental no acabar perdiendo los nervios ni la paciencia con ellos. Los niños no aprenden solos las normas básicas de convivencia y la comunicación positiva es la mejor forma de inculcárselas. Además, suele resultar mucho más aficaz. Hay que comprender que cuando son chiquititos, por más atención y buena voluntad que le echen… ¡sus ojos y sus piernecitas se irán detrás de la primera mariposa que vean pasar! Así que sí, también hay que levantarse mucho de la silla y echar a correr detrás de ellos.

Para revertir esta situación nosotros usamos varias tácticas de distracción y desvío de atención: reservar un par de juguetes especiales sólo para las salidas a la calle (esto es primordial, si se aburre de ellos ya no causarán el mismo y eficaz efecto en estas situaciones), pedir algo que le guste mucho para que él también se siente a comer (en nuestro caso: pan con aceite, patatas fritas o aceitunas), ir a restaurantes donde les dan manteles para colorear y ceras de colores, etc.

Las normas son buenas

Las normas ayudan a los niños a comprender el mundo que les rodea, a estar seguros y a crecer sanos y felices. Los seres humanos renunciamos a parte de nuestra libertad por un interés mayor: la capacidad de adaptación a nuestro entorno.

Nuestra forma de vida es la sociedad y en ella hay normas de convivencia por el bien de todos. Enseñárselas es nuestra obligación. Ayudarles a conocerlas y entenderlas es básico para su adaptación social e influirá muy positivamente en su futuro de adulto socialmente integrado y feliz.

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Por más que deseemos que el espíritu de nuestros hijos se mantenga libre… Todos estamos de acuerdo en que no es seguro para ellos ir corriendo por una calle cercana a la carretera o deambular a sus anchas bajo las piernas de camareros cargados con bandejas.

Conocer a nuestro hijo, clave para su educación y su integración social

Hay niños tranquilos y niños nerviosos. ¡Y tan normal es lo uno como lo otro! Aunque tendemos a comparar constantemente a nuestros hijos con los de los demás, cada niño es una persona única. ¿Cómo te sentaría a ti que tu pequeño te comparará con otras mamás?

A los niños más serenos y reflexivos puede que les valgan unas meras explicaciones para entender y acatar ciertas reglas básicas. Sin embargo, la mayoría de niños pequeños son despistados, olvidadizos, alocados y juguetones. ¡Dejarse llevar por el instinto sin reconocer ninguna responsabilidad es parte de la magia de la infancia!

No podemos pretender que los niños reflexionen y razonen como lo hacemos los adultos. Adaptar nuestro mensaje a ellos resulta básico si queremos ser comprendidos. Explícale las cosas de la mejor manera posible para que él las entienda. El sí porque sí no es un razonamiento válido ni consistente para nadie.

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Tú conoces a tu hijo mejor que nadie. Lo primero de todo es captar su atención. Háblale con suavidad y firmeza y ponle ejemplos para que comprenda mejor el mensaje. Los niños captan mejor las ideas cuando éstas implican una acción práctica. Por ejemplo, decirle cosas como “aquí no se corre” o “ven aquí y siéntate” no resultan eficaces ya qe el niño no tiene constancia de estar haciendo nada malo y no entenderá por qué no puede correr allá donde él quiere. ¡Con lo divertido que es!

En nuestro caso, lo que solemos hacer es ir a por él y cogerle de la mano para traerle de vuelta. Una vez en nuestra mesa, nos agachamos para hablarle cara a cara y mirarle a los ojos mientras le explicamos que correr entre las mesas puede hacer que la gente se sienta incómoda y además puede resultar peligroso para ellos, ya que podrían tropezarse o chocar con alguien y tirar o derramar algo.

Niños que molestan: remedios infalibles para torbellinos imparables

Fíjate en las cosas que más le gustan a tu hijo para llevarlas contigo y que pueda entretenerse cuando salgáis fuera de casa. Hay varios trucos que a nosotros nos funcionan con Diego:

  • El peque debe tener su propio espacio. Si le relegáis a una trona apartada en la esquina de la mesa o le dejáis amarrado en la sillita de paseo al margen de vuestra conversación y de cualquier actividad que tenga lugar en la mesa, sin duda se aburrirá. Buscad la mejor forma de integrarle en la unidad familiar. Los niños se entretienen mucho observando lo que hacen los adultos e imitando su actividad.
  • Llevar plastilina. ¡Les chifla modelar! La plastilina potencia la relajación y la concentración en los niños y puede jugar con ella en prácticamente cualquier lugar en el que haya una mesa. Un bote pequeño ocupa menos espacio que un vaso y no pesa nada. La pasta de modelar especial para bebés es extra blanda y suave. Hay muchos tipos de plastilina con purpurina, pintitas de colores, tornasolada, con brillo, imantada, que cambian de color cuando se les aplica calor con las manos, etc.
  • Un juguete favorito y especial. Un truco infalible suele consistir en reservar uno o dos juguetes muy especiales sólo para las ocasiones en las que necesitamos entretener a nuestro peque en la calle, el médico, una sala de espera, etc. Puede ser un pequeño kit de construcción, un cubo rompecabezas, un cochecito de carreras, una tableta magnética, etc. Juegos y juguetes de pequeño tamaño que les maravillan y entretienen. O, si les gusta leer, otra opción es llevar en el bolso pequeños cuentos ilustrados de bolsillo.

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Dónde ir y qué hacer con pequeños alborotadores

Al igual que existen hoteles sólo aptos para parejas sin niños, hay multitud de alternativas de ocio y expansión para familias jóvenes con niños pequeños. Muchas cafeterías y restaurantes incorporan áreas de juego seguras y controladas donde los peques pueden saltar y correr a sus anchas bajo la mirada de un supervisor o de sus propios padres, ubicados en alguna mesa cercana.

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Si el tiempo lo permite, salir a comer o a tomar algo al aire libre es una solución perfecta para todos. Los quioscos de los parques sueñen estar ubicados en la zona más cercana a las zonas de juego de los más pequeños. ¡Disfrutad de vuestro tentempié mientras vuestro peque se divierte! Y no os preocupéis si quiere jugar antes que comer. Hacer ejercicio le vendrá bien para abrir el apetito. 🙂

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