De la cuna a la cama: cuándo y cómo hacer la transición

Cuando los peques cumplen 2 ó 3 años, los niños suelen cambiar la cuna por la cama. A veces, el cambio sucede de forma espontánea. Otras, los papis vamos vamos fomentándolo poco a poco. Y como en toda nueva etapa, surgen miles de dudas. ¿Será el momento adecuado?, ¿qué tipo de cama es mejor para el peque?, ¿qué tipo de colchón necesita? Os damos algunos consejos para hacer una buena elección.

Diego tiene 22 meses. Como nosotros practicamos colecho, hasta ahora el peque no había tenido una habitación propia como tal, sino más bien una especie de cuarto de juegos con una cama nido que estaba más dirigida a las visitas que a él.

Pero de un tiempo a esta parte, hemos notado que el peque reclama su propio espacio. Cada vez pasa más tiempo en su cuarto y, de vez en cuando, se sube a la cama y se estira o juega en ella. Así que creemos que es el momento oportuno para pensar en serio en amueblar y decorar el cuarto infantil.

Así que estamos en plena búsqueda de ideas y navegando por la red, el otro día encontré en Lionshome un montón de cositas chulas que me inspiraron para escribir este post intentando dar respuestas a las miles de dudas que surgen en este momento. 🙂

¿Cuándo es el mejor momento?

No hay una edad concreta en la cual se deba pasar a un niño pequeño de su cuna a una cama infantil, aunque la mayoría de las familias viven este tránsito cuando los peques tienen entre 2 y 3 años de edad.

En mi opinión, lo mejor (a no ser que el propio peque marque un ritmo diferente), es esperar hasta que el niño tenga los 3 años, ya que a esa edad los peques ya son mucho más independientes (van al baño y comen solitos, etc.) y pueden subir y bajarse de la cama por cuenta propia. De hecho, muchos expertos señalan que antes de los 36 meses muchos pequeñines no están listos para este cambio.

Muchas familias, sin embargo, se ven obligadas a hacerlo antes porque su peque es demasiado grande o activo para su cuna y sus papis temen que trate de saltarse la barandilla, lo cual sin duda es una cuestión de seguridad.

Cada niño es un mundo y son ellos quienes, al fin y al cabo, marcan el ritmo en cada etapa de su propio desarrollo. 🙂 En cualquier caso, lo mejor es atender cada caso de forma personalizada ya que sería antiproducente obligarle a vivir un cambio para el que puede que aún no esté listo. Incluso podría ser peligroso para el pequeño si se le cambia a una cama de la cual pueda entrar y salir cuando quiera y caminar por la casa mientras todos duermen.

Seguro que no es el momento si…

Aunque es difícil establecer el momento exacto en que un niño debe pasar de la cuna a la cama, hay determinados momentos en los que con toda certeza no es buena idea intentarlo.

Por ejemplo: si el peque ha sufrido un trauma de algún tipo, se muestra especialmente irritable o nervioso, está sufriendo otros cambios en su vida, está malito o acaba de tener un hermanito.

La llegada de un hermanito es, precisamente, una de las razones más frecuentes por la que los padres a veces adelantan la transición a la cama. Es un error. Bastante habitual, además. Si éste es vuestro caso, aseguraos de realizar el cambio por lo menos de 3 a 4 meses antes de la fecha prevista del nacimiento. La idea es que el peque esté completamente acostumbrado a su nueva cama antes de que su hermanito se haga dueño de “su” cuna.

Lo ideal, de hecho, es retrasar la transferencia del hermano mayor a la cama hasta que el bebé tenga 3 ó 4 meses. Lo más probable es que durante esos primeros meses, el recién nacido duerma en un moisés o mini cuna. Así el hermano mayor tendrá más tiempo para adaptarse a la llegada de su hermanito y no lo culpe por haberle “relegado”.

 

Asegúrate de programar la transición según las necesidades del niño, y no por la necesidad de ganar espacio o de dejar libre la cuna para el nuevo bebé. Es preferible pedir prestada o comprar otra cuna, a pasar al niño mayor a una cama sin que esté listo para ello.

¿Qué tipo de cama es más adecuada?

Hay un dicho inglés que asegura que en la cama y en los zapatos es donde más tiempo pasamos a lo largo del día, por lo que ambas cosas deben ser de buena calidad. Y éste es, precisamente, el primer requisito que debe tener una cama infantil. Ha de ser de buenos materiales, estar bien fabricada y ser resistente. Los peques deben poder dormir, jugar y hasta saltar en ella ya que, al fin y al cabo, todas estas son cosas que se pueden esperar de los niños pequeños. ¡Y su cama debería poder resistir toda esta actividad sin que se deshaga en mil pedazos!

Lo ideal es que el peque disponga de un espacio propio seguro para él. Para conseguirlo, debemos tener ciertas premisas básicas claras a la hora de elegir su cama.

Consejos para elegir la cama de los niños

Las camas de tamaño infantil son más pequeñas de lo habitual y proporcionan una altura segura para ellos y unas dimensiones cómodas para que no sientan “perdidos” dentro de ellas. Facilitan que el niño pueda bajarse y subirse solo a ellas y hacen que el tránsito sea mucho más suave. Incluso existen camas evolutivas que cuentan con una extensión extra que permite adaptarla al crecimiento del peque.

Las camas tipo “cueva” o “tienda de campaña” suelen encantar a los peques. ¡A todos los niños les gustan los escondites! 🙂 Este tipo de camas les ofrece, no sólo un lugar donde dormir, sino un estupendo espacio exclusivo y versátil donde leer, jugar, dibujar e imaginar todo un mundo de posibilidades.cama infantilLas camas con cajones debajo ofrecen un espacio extra de almacenamiento genial para textiles, ropa o juguetes. Sin embargo, debemos tener en cuenta que esto suele aumentar considerablemente la altura de la cama y dificultar que el peque pueda subir y bajar de ella él solito.

En cualquier caso, una cama infantil a su gusto puede favorecer que el niño quiera pasar tiempo en ella. Las camas con formas divertidas, como literas con forma de autobús o camitas con forma de coche, suelen ser siempre las favoritas de los niños. Los textiles (sábanas, mantas, colchas, fundas nórdicas, cojines o almohadas) en tonos vistosos dan un toque de color. ¡Y si están decorados con dinosaurios, princesas o superhéroes, el éxito está más que asegurado!

cama infantil

Por último, si el dormitorio va a ser compartido por dos hermanitos, quizás debéis plantearos la opción de una cama nido o una litera. Mientras el peque aún sea pequeño, puede ocupar el espacio inferior y mudarse después a la cama más alta para ceder su espacio al menor de los hermanos.

Sea cual sea la cama que escojamos para nuestro peque, lo primordial ha de ser siempre su seguridad. Por lo tanto, es importante que coloquemos una barandilla de protección para evitar que nuestro recién emancipado pequeñín despierte en el suelo.

¿Qué tipo de colchón necesitan?

Hay tantos colchones en el mercado que es muy difícil saber cuál es el más correcto. Lo cierto es que hay muchos adecuados, siempre que cumplan con las siguientes características:

  • Firmeza intermedia-alta. El colchón no debe ser ni muy duro ni muy blando para que su joven espalda no se resienta. Los niños en edad de crecimiento siempre deben descansar sobre firmezas intermedias-altas. Así garantizamos la correcta alineación de su cuerpo y su correcto crecimiento. Los componentes del colchón son los que nos garantizan su firmeza. Las espumaciones de altas densidades (más de 28kgs/m3) o los muelles, suelen ser de firmezas elevadas. Los colchones viscoelásticos son muy adaptables y blandos, por lo que no son aconsejables para los más pequeños.
  • Transpirable. Los niños son mucho más calurosos que los adultos, por lo que es importante que su colchón sea lo más transpirable y fresco posible. Los colchones con muelles dejan un espacio interior entre los muelles que facilita que el aire circule y el colchón transpire mejor. Los colchones de espumación son muy porosos, por lo que también garantizan la correcta transpiración del colchón. Cuando la capa superior sobre la que descansa el cuerpo directamente es de látex o viscoelástica, la sensación de calor es un poco más elevada porque estos materiales retienen el calor corporal. Además, el látex es un material muy delicado con la humedad, por lo que no resulta muy aconsejable para niños.
  • Funda impermeable. Aunque tu hijo nunca haya tenido problemas de escapes o pérdidas nocturnas, tienes que tener en cuenta que, si un día se pone malito y/o vomita en la cama, va a ser muy difícil limpiar el colchón y eliminar el olor. Incluso puede que si el líquido traspasa el núcleo del colchón, podamos tener problemas de moho, lo que haría que tuviéramos que comprar un colchón nuevo. Para evitar esta situación siempre debemos de proteger el colchón con un buen protector impermeable. Aunque también es importante que no sea de tipo plástico, puesto que esos dan más calor y son más incómodos para dormir (ya que “crujen”). En la medida de lo posible, evitad los que no permiten el lavado a máquina, pues dificultan muchísimo más la limpieza.
  • Antiácaros y antibacteriano. A la hora de escoger un colchón para niños, es muy importante que nos fijemos en cómo está fabricado, en su composición y sus materiales. Que sea antiácaros y antibacteriano debe ser una de nuestras prioridades. Si además el colchón dispone de algún otro tratamiento extra, tanto mejor. Hay tratamientos que previenen alergias, que disponen de materiales naturales o que están confeccionados con textiles especiales que les aportan otras cualidades que mejorarán su descanso.

Teniendo en cuenta todos estos consejos, es mucho más fácil elegir el colchón más adecuado para un niño pequeño. No es necesario invertir una millonada para que el peque descanse bien y seguro, sino conocer un poco los materiales y las características del colchón. Los buenos fabricantes proporcionan toda esta información, por lo que es sencillo recabar todos los datos necesarios a la hora de tomar una decisión.

Consejos para facilitar el tránsito y la adaptación

Algunos niños se adaptan fácilmente al cambio, mientras que a otros les puede costar mucho. Cada niño es diferente, aunque los primogénitos suelen ser los que más se resisten a esta transición. Por lo general, todos los peques suelen estar apegados a su cuna (o a la cama de sus papis) hasta más o menos los 36 meses. No es sólo una cuestión de costumbre (que también), sino que también hay en juego un importante elemento emocional, ya que hay multitud de sentimientos que asocia con ella (comodidad, seguridad, protección, tranquilidad, etc.).

Además, el cambio a una cama grande es uno de los muchos cambios que suelen ocurrir en esta etapa de su vida, y podría coincidir con su entrenamiento para ir al baño, el comienzo de la etapa preescolar y otras presiones sociales para que se porte como un “niño mayor” que podrían desorientarle o ponerle nervioso.

Si también hay un hermanito en camino, puede que tu niño se sienta muy posesivo con sus cosas (incluyendo su cuna o su lugar en el cuarto de papá y mamá) y se muestre especialmente receloso. A los niños que nacen en segundo o tercer lugar les cuesta menos adaptarse al cambio porque tienen al hermanito mayor como ejemplo y quieren ser como él.

Hay una serie de reglas sencillas que tienen como objetivo facilitar la transición:

  • Sitúa la cama nueva del peque en el mismo lugar donde antes estaba su cuna.
  • No tienes que empezar a usar inmediatamente sábanas y mantas de adultos. Quizás sea buena idea rodear este nuevo espacio con sus viejas pertenencias. Le resultan familiares y le darán seguridad hasta que se adapte al cambio.
  • Ten en cuenta su opinión y sus gustos a la hora de elegir la decoración y los muebles de su cuarto. Por más que te guste el color rosa para tu pequeña, no conseguirás que sienta como propio su nuevo espacio si resulta que su color favorito es el azul.
  • Dale ánimos acompañando a tu peque a su nueva cama y ten paciencia. Necesita tiempo para adaptarse a ella. Muéstrate comprensiva y sé tolerante. Ponte en su lugar y deja que vaya familiarizándose con ella poco a poco, a su propio ritmo. Intenta que acumule buenas experiencias en ella y que la asocie a momentos positivos leyéndole cuentos en ella, por ejemplo. Quizás sea buena idea centrarse en conseguir que duerma las siestas en ella en lugar de tratar que se quede solo por las noches desde el primer momento.
  • Algunos padres transforman el cambio a la cama grande en una celebración, como forma de motivar a su hijo, organizando una “fiesta de niños grandes”. Eligen una fecha para la “inauguración” de la cama grande y empiezan a motivar al niño una semana antes. Cuando llega el gran día, hacen una fiesta con sus amiguitos, primos, abuelos, etc.
  • Por último, si te das cuenta de que has sacado a tu hijo de la cuna demasiado pronto y ahora él no quiere dormir en la nueva cama, no desistas inmediatamente pero tampoco le obligues. Motívalo a que la pruebe, pero si al cabo de unos días sigue molesto, vuelve a sacar su antigua cunita. Algunos niños simplemente no están listos para hacer la transición a la cama grande. Obligar a un niño pequeño a realizar este tránsito antes de tiempo puede resultar contraproducente. Merece la pena dar un paso atrás a tiempo y volverlo a intentarlo más adelante. Pero es muy importante que no veas el regreso a la cuna como un retroceso en el desarrollo de tu hijo, que no se lo recrimines ni se lo tengas en cuenta.

cama infantil

La transición de la cuna a la cama es una etapa muy importante del desarrollo de los bebés… pero también lo es para nosotros como padres. ¡Es una señal evidente de que nuestros pequeños crecen y se hacen mayores! A menudo resulta difícil aprender a soltar lazos y dejar a nuestros hijos el sano espacio que necesitan y que, a medida que crecen, van demandando. 🙂

Son estos momentos los que nos hacen recordar los primeros meses de vida de nuestros pequeñines y lo rápido que pasa el tiempo… Pero también nos hacen sentir orgullosos porque, en cierto modo, los logros de nuestros enanos son también nuestras conquistas. ¡Así que debemos celebrar este gran paso como otro de los hitos de la familia! 😀

2 thoughts on “De la cuna a la cama: cuándo y cómo hacer la transición

  1. Muy completo el post. Nuestro peque cumple los dos en verano, pero yo creo que no por asomo le cambiaremos tan pronto. Me parece que no está preparado para eso todavía, aunque nunca se sabe en estos meses. Alguna vez que le veo intentar subir pienso que si le viera con fuerza le cambiaría para evitar que se hiciera daño. Nosotros compramos desde el principio una cuna que se hace cama, así el cambio no parece tan brusco.

    1. ¡Hola Bea! El mío los cumple en abril y a mí me pasa igual, le veo chiquitín aún. 🙂 Además, nosotros practicamos colecho, con lo cual la reticencia del niño a abandonar el nido es aún mayor, jejeje. Lo que sí voy notando es que le apetece pasar más tiempo en su cuarto con sus cositas, así que voy a adecuarle una camita para que pueda echarse la siesta en su habitación si le apetece… ¡A ver qué tal! ;P

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