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Niños lectores: cómo conseguir que a nuestros hijos les guste leer

A los niños se les da fatal hacer algo por obligación. Es casi imposible obligar a un niño pequeño a hacer algo que no quiere o no le gusta hacer. Por tanto, el truco para que nuestros hijos lean más consiste en conseguir que les guste leer.

En la actualidad, los cuentos infantil son muy atrayentes para los niños, pero muchas veces los peques asocian los libros al estudio o a la obligación. La clave para que nuestros hijos lean más, está en despertar su interés para conseguir que adquieran el hábito de la lectura por el placer de leer.

Niños lectores

RECOMENDACIONES Y TRUCOS PARA QUE A NUESTROS HIJOS LES GUSTE LEER

Esforzarnos para que a nuestros hijos les guste leer merece la pena, ya que la lectura tiene múltiples beneficios para los niños. Desarrolla su inteligencia, les aporta cultura, imaginación, creatividad, etc. Pero para conseguir que un peque establezca un hábito de lectura, es imprescindible conseguir despertar en ellos el interés por los libros.

1. Empezar a edad temprana

Resulta fundamental comenzar a inculcarles la pasión por la lectura y el hábito de leer desde una edad muy temprana. El interés por la lectura puede ser estimulado desde que los niños son muy pequeños, antes incluso de que aprendan a leer. A partir de los 2 meses, ya puedes empezar a leerle cuentos para bebés. A esa edad, a los niños les encanta escuchar la voz de sus padres y comienzan a prestar atención a las ilustraciones.

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2. libros adecuados a su edad

Los niños tienen que considerar a los libros como una forma más de diversión, como una alternativa más de juego, para que les resulten atrayentes.

Existen libros de todo tipo y temática, diseñados específicamente para el disfrute de los más pequeños de la casa: cuentos de tela, cuentos para sacar de paseo en el cochecito, cuentos para meter en la bañera, libros con texturas, libros con ilustraciones sencillas que enseñarán a nuestro hijo objetos cotidianos, cuentos con ventanas, solapas o desplegables, cuentos con sonidos, cuentos para que les leamos antes de dormir, libros de animales y bichos, pequeñas enciclopedias, etc.

La mejor estrategia es que el peque os acompañe a escoger un libro para él en una librería especializada. Centraros en la sección de libros indicados para su edad y mostradle varias alternativas. No escojáis demasiados cuentos para que el peque no se agobie o su atención se disperse. Y observad por cuál muestra mayor interés o curiosidad.

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3. establecer una rutina

Una vez en casa, deja siempre un libro a mano para que se acostumbre a verlo cerca y pueda cogerlo siempre que quiera. Estableced como rutina ojear un libro juntos o sentarles en nuestro regazo para leerles un cuento a determinadas horas del día: antes de ir a dormir, por ejemplo. De esta forma, el niño comenzará a concebir los libros como un objeto cotidiano y desarrollará un hábito diario de lectura.

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4. Si nosotros leemos. ellos también lo harán

Es aquello que decían antiguamente nuestras madres: “se predica con el ejemplo”. Efectivamente: el mejor ejemplo para nuestros hijos somos nosotros. Los niños imitan todo lo que ven y sus padres son el modelo de referencia por excelencia para cualquier niño pequeño.

Si nos ven leer, aunque sea el periódico, ellos también querrán compartir junto a nosotros ese espacio de lectura. Debemos esforzarnos por conseguir ser un buen ejemplo para nuestros hijos. Al fin y al cabo, ¿no consiste en eso la paternidad/maternidad?

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5. Leerles en voz alta, teatralizando la historia

De esta manera se divertirán con las historias. Ellos pueden ir viendo los dibujos mientras tú le lees los cuentos en voz alta. Así no perderán la atención y conseguirás despertar su interés por la narración.

6. Ir a la biblioteca juntos

Aunque con los libros electrónicos este hábito está cayendo cada vez más en desuso, es un ejercicio ideal para enseñarles a mantener el silencio necesario para leer, darles la opción de escoger entre una gran variedad de títulos e inculcar en ellos el respeto por los libros.

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5. Regalar libros o premiar con ellos al niño Y VISITAR A MENUDO LAS LIBRERÍAS

En determinadas épocas del año (cumpleaños, Navidad, Reyes, etc.) los niños se encuentran con una acumulación muchas veces excesiva de juguetes. Regalarles libros y premiarles con ellos cuando hagan algo bien, hará que los peques asocien valores positivos a la lectura. Si un libro es un regalo, entonces es algo especial.

Y, en la medida de lo posible, siempre debemos intentar que sean ellos mismos los que elijan el libro que más les guste. Para ello, no hay nada mejor que llevarles con nosotros a la librería.

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6. Asegurarnos de que entienden el contenido

Si no entienden lo que leen, no podrán disfrutar de la lectura. Para estar seguros de que entienden lo que se les cuenta o lo que ellos mismos leen, podemos hacerles partícipes de la historia haciéndoles preguntas sobre la trama o pidiendo su opinión sobre lo escuchado o leído.

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7. Enseñarles a hacer una lectura reflexiva

Todas las historias encierran una moraleja o lección que podemos deducir. Podemos aprovechar los cuentos para darles enseñanzas o mostrarles conductas adecuadas o inadecuadas que puedan desprenderse de la lectura.

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8. Mantener siempre vivo el interés

La lectura es el fundamento de todo conocimiento posterior. Potenciar la lectura de cuentos es potenciar el éxito en los estudios y el interés por aprender. Para ello, podemos abastecer su habitación con una pequeña biblioteca, que quede al alcance de sus manos y que vaya creciendo con ellos. También podemos reservarles un rinconcito de lectura en el salón.

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9. MANifestarles nuestro agrado cuando leen

Todos los niños necesitan el reconocimiento de sus padres. Por eso, si premiamos sus conductas positivas aumentamos la posibilidad de que las repitan en un futuro.

10. vamos a leer juntos

A los peques les encantan las actividades que comparten con sus padres. Les hacen sentirse partícipes y así estrechan sus lazos afectivos. Leer libros con nuestros hijos es un pasatiempo maravilloso que te permitirá atesorar incalculables recuerdos de su infancia y fortalecer vuestro vínculo familiar.

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Lo que nunca se debe hacer

Con frecuencia, adoptamos determinadas conductas que, sin darnos cuenta, consiguen el objetivo contrario: alejar a nuestros hijos de los libros. Por ejemplo:

  • Restringir temáticas. Todo tipo de lectura es buena si es adecuada a su edad: libros de aventuras, misterio, cómics, etc. Los niños desarrollan sus propios gustos, intereses y preferencias es de muy temprana edad. Condicionarles los contenidos y obligarles a leer cuentos que no quieren leer, hará que pierdan por completo el interés por los libros. Cada libro es una experiencia única y enriquecedora y, del mismo modo que hay distintos tipos de viajeros, también existen diversas clases de lectores.
  • Obligar a leer. Gran error. El niño tiene que leer por su cuenta. Eso sólo sucederá si asocia la lectura a un buen rato, a una satisfacción. Y tal cosa ocurre sólo en un entorno de libertad.

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  • Forzar su ritmo o enfadarnos con él porque no lee. Cada niño tiene su propio ritmo. Habrá niños que lean con 4 años y otros que con 6 apenas deletreen las palabras. El ritmo en el desarrollo de los niños no está en absoluto relacionado con su nivel de inteligencia. De hecho, los docentes se esfuerzan constantemente por hacernos entender esto y evitar que comparemos constantemente el desarrollo de los niños. Eso sí,  partir de los 8 ó 9 años, resultará alarmante si un niño no lee nada por propia iniciativa.
  • Usar la lectura como castigo. “Si no lees un poco, no saldrás a la calle a jugar” o “¡Como no te comas todo, apago la tele y te vas a tu cuarto a estudiar”. Si haces esto, el niño identificará la lectura con una experiencia desagradable o algo que debe hacerse por obligación para conseguir un objetivo mejor y más deseable.
  • Exigirle que termine un libro que ha dejado a la mitad. Un error muy común, incluso en los lectores adultos. Si el libro le aburría o la historia no le ha gustado, no tiene porque perder el tiempo con él. ¡Hay muchos títulos publicados aún por descubrir!
  • Darle la brasa con sermones. A un niño le importa un pimiento que la lectura “sea el alimento del alma, la gimnasia del espíritu o la base de la cultura”. Si no le resulta una actividad atractiva, no leerá. Y sermoneándole no vas a conseguir que vea la lectura como un placer.

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