Teta, brazos, porteo y colecho. Resultado: un niño feliz

Teta, brazos, porteo y colecho. Resultado: un niño feliz y autosuficiente

Una de las cosas que más a menudo dice la gente cuando conocen a Diego es “¡pero qué espabilado está este niño! ¡Y qué feliz es!”.  Así que llevo varias semanas dando forma a este post, pensando en qué métodos de crianza hemos aplicado nosotros y de qué manera pueden ser útiles para otras mamás. Por supuesto, esto no son los 10 mandamientos. Nadie tiene una receta mágica para formar a los padres perfectos y va a ser inevitable que todos nos equivoquemos en algo de vez en cuando. Al fin y al cabo, ¡somos humanos!

Nosotros somos partidarios de la maternidad y la paternidad afectiva y de la crianza con apego, pero no somos fanáticos de los manuales de crianza ni partidarios de posturas radicales e inflexibles. Solemos adoptar posturas intermedias y procuramos tener la mente abierta a nuevas ideas. Nunca vamos por ahí haciendo propaganda de nuestra manera de hacer las cosas. Si alguien nos pide alguna vez un consejo, siempre compartimos nuestra experiencia con quien lo solicita, pero acabamos la frase diciendo: “si te sirve para algo, perfecto, pero no hagas caso ciegamente a lo que te digamos nosotros ni a lo que te diga nadie. Elegid y decidid por vosotros mismos”.

Nosotros practicamos la lactancia materna a demanda, el porteo (en brazos o con mochila ergonómica portabebés), el colecho, la educación emocional y el refuerzo positivo. Como todo en esta vida, cada una de estas cosas tiene sus ventajas y desventajas (de las que ya he hablado de sobra en otros posts así que no voy a extenderme más en este sentido). Está claro que si mantenemos estos métodos, es que a nosotros nos ha ido bien, pero reconozco que, sobre todo el porteo y el colecho, pueden no ser recomendables para todo el mundo. Con 12 meses recién cumplidos, nosotros ya podemos hacer un balance de su eficacia y  de cómo ha incidido este método de crianza en nuestro hijo.

Éstas son las cosas que más suelen llamar la atención de la gente que interactua con él y por las que más nos suelen preguntar:

Sabe dónde están las cosas.

Y no me refiero a saber sólo dónde están “sus cosas” (los niños en seguida aprenden dónde deben buscar sus juguetes). Diego sabe, por ejemplo, dónde se guarda y cómo funciona el robot que barre, dónde guardamos las galletas del desayuno, dónde está la radio y en qué armario se guarda su ropa. Sabe dónde encontrar las cosas que le resultan básicas en su día a día y también sabe dónde están las cosas que compramos habitualmente en el supermercado (cuando nos acercamos a la sección de pan o aceite, dos cosas que le encantan, empieza a dar saltitos y grititos de alegría).

Todo esto no es ningún truco ni exige grandes esfuerzos o una cantidad de tiempo exagerada. Mi hijo se ha criado en brazos y, aunque también usamos sillita de paseo, porteamos muchísimo. Lógicamente, al estar tan cerca de ti, el bebé participa de cada actividad que realizas en el día y como son esponjitas, lo absorben todo. 

Sabe para qué sirven.

Mi hijo interactua muchísimo con su entorno. Si le dais unos zapatos o unos calcetines, en seguida se los llevará a los pies. Evidentemente, aún es muy pequeño para saber ponérselos solo, pero sabe perfectamente “dónde van” y para qué sirven. Lo mismo sucede con los cubiertos, las servilletas, los vasos y botellas, el peine, el teléfono, la radio, la televisión, los libros, los pañales, la silla de paseo, la mochila portabebés y un montón de cosas más que integran su vida cotidiana. Todas ellas son cosas que antes o después los niños terminan por aprender. Diego las ha aprendido pronto porque no dejamos nunca de hablarle. Desde que tenía días, yo le iba diciendo lo que estábamos haciendo mientras lo hacía con él en brazos. Cuando le vestía, por ejemplo, siempre le iba diciendo cosas del estilo: “¿por dónde vamos a meter ahora este bracito? ¡Por aquí!”. Desde nuestro punto de vista, es un error creer que los niños pequeños “no se enteran de nada”. Se enteran de todo. Y mejor de lo que creemos. Lo que no aprenden por repetición, lo aprenden por lógica, asociación e imitación. Y un buen día te sorprenden haciendo ellos solos lo que te han visto a ti hacer tantas veces.

Sabe cómo funcionan las cosas.

Mi hijo, entre otras cosas, enciende la radio cuando quiere escuchar música desde que empezó a ponerse en pie (ha crecido escuchando música instrumental y le encanta). Desde hace meses, sabe encender su proyector musical y enciende y apaga las luces de las habitaciones (estando en brazos, claro, porque los interruptores están muy altos para él). Cuando estrenamos algún juguete, en seguida entiende la dinámica de uso y cómo funciona y aprende a usarlo sólo sin dificultad como podéis ver en este vídeo.

Evidentemente, si tu bebé está siempre contigo y le haces partícipe de tu día a día, aprenderá más rápido. La explicación es bien sencilla: aprenden a tomarte como punto de referencia para interactuar con el mundo y tratará de imitar todo lo que haces. Los hijos no se quedan en “formato bebé” para toda la vida. Cuanto antes comencemos a tratarles como las personitas que son y nos volquemos en su educación, tanto mejor.

Es autosuficiente e independiente.

Evidentemente, es un bebé, depende de nosotros y recibe toda nuestra atención y nuestros cuidados, pero a pesar de que se ha criado en brazos, de que duerme con nosotros y de que es un niño de pecho, desde que empezó a gatear a Diego le gusta explorar el mundo que le rodea y que le dejen hacer las cosas a él solito y a su manera. No tiene reparos en irse gateando él solito a su cuarto para jugar (lo que exige estar muy pendiente de él para ir detrás, claro) o a nuestro cuarto para indicarte que quiere subirse a la cama porque está cansado o quiere jugar allí un ratito. Y aunque las luces estén apagadas, no tiene miedo y no duda en recorrer el pasillo para llegar a donde a él le de la gana.

Cuando sabe cómo funciona algo, no le gusta que hagan las cosas por él. En seguida te retira la mano para que le dejes interactuar tranquilo a su manera y si insistes mucho, te dejará ahí plantado y buscará otro entretenimiento.

No siente estrés por separación.

Si se siente a gusto y querido y está entretenido, mi hijo es capaz de pasar la tarde con sus abuelos, tíos o primos. Cuando nos ve de nuevo se alegra mucho y nos hace fiesta, pero no nos castiga ni se pega como una lapa.

¿Cómo es posible esto en un niño lactante y tan apegado a nosotros desde que nació? Pues precisamente por eso. Diego ha crecido sintiéndose protegido y feliz. Como consecuencia, es un niño con seguridad y confianza en sí mismo.

Confía en nosotros.

Porque nunca le engañamos. Si, por ejemplo, nos tenemos que ir, no lo hacemos a escondidas y tratando de despistarle. Nos acercamos a él, le abrazamos, le damos un beso y nos despedimos en condiciones. Decimos en voz alta “¡adiós Diego!” y agitamos la mano para que asocie el gesto con la despedida. Así, mi hijo ha ido aprendiendo que no pasa nada si papá o mamá tienen que irse a trabajar un ratito. Puede que tarden, pero siempre volverán.

Es creativo e ingenioso.

Cuando Diego quiere aprender a manipular algo, se fija mucho en cómo lo hacemos nosotros primero y después lo intenta repetir. Cuando controla la “técnica”, empieza a improvisar… ¡y a veces hace cosas muy divertidas como poner su cochecito de juguete encima del robot aspiradora para que se lo lleve al salón en lugar de cargar con él! Los niños son muy creativos y da gusto verles desarrollar la imaginación. Para eso es importante rodearle de los juguetes adecuados. Los juguetes no son sólo “caprichitos”. Los niños aprenden jugando. Los juguetes interactivos con muchos botones, luces y sonido están muy bien y son muy divertidos, pero hay que tener cuidado con los excesos. Si el juguete lo hace todo por él y el niño es mero espectador, poco va a poder hacer, experimentar y aprender. Los juegos que desarrollan la imaginación, como los juguetes de construcción, o los que simulan situaciones reales, como los juguetes de imitación, les ayudan a entender cómo funcionan las cosas mientras se divierten con ellos. Otros juguetes de “toda la vida”, como los bloques o puzzles de madera, les ayudan a desarrollar habilidades espaciales, de lógica y asociación, y además fomentan el desarrollo de sus habilidades de motricidad fina. Aquí podéis comprobarlo:

Y cuidado con las distinciones sexistas en la elección de juguetes. Piensas en lo que quieres para tus hijos antes de comprarles los juguetes. Una niña también será una mujer conductora el día de mañana y un niño tiene que convertirse en un hombre que sabe hacerse la comida. Piensa que los juguetes de los que les rodees hoy y las actividades que os vean hacer a vosotros y que hagáis con ellos, están sentando las bases de su comportamiento futuro. Diego tiene coches y pelotas, pero también una casa de muñecas y comidita de juguete. Evidentemente, tiene sus preferencias. Al final es imposible abstraerle del todo del entorno y los niños crecen viendo a sus padres seguir los partidos de fútbol por la tele, no viendo el patinaje artístico. Tampoco se trata de convertirle en un “friki”. Lógicamente, el carácter del niño y su entorno influyen mucho en esto y al final de lo que se trata es de que el niño se integre bien y con normalidad en la sociedad. Pero la sociedad está cambiando constantemente. No les condicionemos ni limitemos con absurdos estereotipos. Los juguetes favoritos de Diego son los coches, pero también se divierte “barriendo” el suelo con una servilleta y así, de paso, aprende algo útil (¡más que útil diría yo, si quiere encontrar una novia que le aguante y que merezca la pena el día de mañana!). En la medida de lo posible (a veces no hay elección), nosotros evitamos comprar juguetes cuyos fabricantes hacen versiones en rosa y azul. ¡Es que nos da mucho coraje!

También evitamos los juguetes que fomenten actitudes agresivas o violentas. No me importa que los niños jueguen con pistolas de agua o con arcos de flechas de ventosa, pero me niego a regalarles rifles y pistolas de juguete.

Es cuidadoso. Trata bien las cosas.

Una de las cosas que más sorprenden a la gente que nos visita en casa es verle mirar los cuentos. Desde que Diego era muy pequeño, pasa las páginas de los libros con mucho cuidado para ver los dibujos. Miguel y yo leemos mucho y desde el principio hemos intentado fomentar este hábito en él. Cuando veíamos que un personaje de dibujos le gustaba, buscábamos el cuento correspondiente, para que el peque reconociera en los dibujos a sus personajes favoritos y fuera más fácil fomentar la lectura. Además, pasar las páginas fomenta la motricidad fina. Como resultado, le gustan los cuentos y es bastante hábil con sus manitas. Maneja libros de papel muy fino desde que era muy pequeño. Empezamos acostumbrándole con revistas que poníamos en sus manos para que él las pudiera destrozar y ha crecido viendo a diario desde nuestro regazo cómo mamá y papá pasan las hojas de los libros. Como resultado, mi hijo no destroza los libros aunque no sean de páginas gruesas de cartón. También es cuidadoso con sus juguetes y el resto de cosas que coge el solito.

Entiende la palabra “no”.

La entiende perfectamente. Como todos los bebés, intentará siempre salirse con la suya porque su memoria a largo plazo funciona regular y aunque sepa que “no” significa algo así como “stop”, no sabe muy bien qué hacer a continuación. Es entonces cuando le proponemos una alternativa “más divertida” a la que a él se le ha ocurrido.

No grita ni le dan berrinches cuando quiere o no quiere algo

Mi hijo no soporta los cambios de ropa. Tampoco le gusta la sillita de paseo ni estar demasiado tiempo “atado” a la trona. No quiere cuna, tacatá ni parque de juegos y es imposible mantenerle arropado. A los niños pequeños o les gusta una cosa o no les gusta. No hay término intermedio. No dicen: “bueno venga, no me gusta el yogur pero me lo voy a comer por no hacerte un feo”. No. Si no le gusta, no abre la boca y punto.

Todos los bebés comienzan a manifestar sus propios gustos y preferencias desde edad muy temprana. Y a mi hijo, como a todos, hay cosas que le disgustan y protesta cuando hay que hacerlas. Algunas, como el tacatá o el parque de juegos, son prescindibles. No hace falta acostumbrar a un niño a hacer todas aquellas cosas que le molestan. Así sólo conseguiremos que se frustre. Sólo es necesario que haga las necesarias. El aseo es algo necesario. Estar en la trona no. Para acostumbrar a Diego a hacer todas esas cosas que son necesarias aunque le resulten un poco fastidiosas (como el cambio de pañal), procuramos convertirlas en un juego.

No es cierto que los niños que se crían en brazos son unos malcriados o están súper mimados. Todos los bebés protestan, gritan, patalean y lloran cuando no están a gusto. Es una conducta innata y natural en ellos. No es que quieran “echarte un pulso” ni que estén “malcriados”. Sencillamente, es el mecanismo que ellos ponen en marcha para manifestar claramente que no están a gusto con “eso”. No saben hablar y eso les obliga a ser aún más expresivos. Diego, como todos los niños a su edad, tiene sus momentos de enfado, pero calmarle es tan sencillo como comenzar a hablarle con serenidad y sin perder la calma. Así evitamos la pataleta en lugar de alimentarla.

Por supuesto, en nuestra casa no nos gritamos cuando no estamos de acuerdo con algo. Nos tratamos con respeto y no nos quitamos la razón. No amenazamos con castigar si después no lo vamos a llevar a cabo, y cuando uno de los dos le dice algo, el otro le apoya al 100%. Cuando tenemos diferencias de opinión, las debatimos en privado. Frente al niño, somos uno solo. Así evitamos confundirle y tratamos de ser buenos patrones de conducta. A veces es más importante lo que ven una vez, que lo que se les dice cientos de veces. Por eso intentamos predicar con el ejemplo.

Cuando hace algo bien, lo celebramos.

Esto no significa salir corriendo a comprarle el juguete más caro y más grande de la juguetería. No. Cuando Diego hace algo bien, gritamos “¡bravo! ¡bien por Diego!”, teatralizamos mucho y damos palmas. Es un refuerzo positivo.Los niños pequeños están constantemente intentando atraer la atención de sus papis y les encanta obtener su beneplácito. Él en seguida entiende que le estamos felicitando por su buen comportamiento, se ríe, da palmitas y lo repite tantas veces como sea necesario para conseguir más aplausos.

Los bebés aprenden rutinas y hábitos por repetición, así que este método resulta mucho más útil para animarles a hacer las cosas bien que dar cachetes cuando cometen un error. Estamos hablando de niños muy pequeñitos. Los bebés no tienen malicia. No actúan con mala atención. Simplemente, a veces “se equivocan”. ¿A ti te gustaría que te dieran un cachete cuando se te quema la comida o se te rompe un vaso?

No le premiamos con cosas materiales por las cosas que tiene que hacer sencillamente porque es la forma correcta de hacerlo. Nada de “si te comes la fruta, te compro un muñeco”. Se tiene que comer la fruta porque es sana para él. Y ya está. A cambio, le compensamos con todo nuestro tiempo, cariño y atención. Cuanto menos tarde en comerse la verdura, antes nos ponemos a jugar todos juntos. Para nosotros, ése es el mejor de los refuerzos positivos. Par él, también 🙂

 Ordena sus cosas.

Esto lo ha empezado a hacer recientemente y es otra de las cosas que a la gente le llama mucho la atención en un niño tan pequeño. Es organizado, le encanta poner cada cosa en su lugar y recoge sus juguetes cuando termina de jugar desde que tenía 10 meses. ¿Que cómo es posible? ¡Muy fácil! A los niños les encanta asociar, apilar y encajar objetos. Nosotros sólo hemos aprovechado ese instinto natural para enseñarle a poner cada cosa en su lugar cuando acabamos de jugar. Nosotros le ayudamos, pero no lo hacemos por él.

Nunca hemos dejado los juguetes esparcidos por el suelo ni un adulto ha ido después a recoger por él. Siempre lo hemos hecho juntos. Así que para él es una rutina más, algo lógico y natural y no una tarea aburrida que haya que intentar evitar. ¡Ha aprendido que recoger es parte del juego! Por ejemplo, cuando acaba de jugar con su grúa o su garaje de coches, pone cada vehículo en su espacio correspondiente. Y aunque los niños juegan mezclando todos los juguetes, a la hora de recoger, Diego guarda sus cochecitos dentro de la grúa y los que van con el garaje, los guarda en el garaje. Con las figuritas hace lo mismo: las guarda todas dentro de sus respectivas cajas o juguetes. No se equivoca nunca: los animales van a la granja y las personas a la casa.

Evidentemente, esto lo ha aprendido porque nos ha visto hacerlo con él muchas veces, pero al final y con el paso del tiempo, ha comenzado a hacerlo él solito sin que nadie le diga nada. Tengo un vídeo de Diego con 10 meses intentando meter sus cochecitos en la grúa. Tardó más de 20 minutos en colocarlos todos porque se le caían, o no entraban bien porque los colocaba mal. Cogí la cámara y comencé a grabar porque me pareció un momento increíble de su desarrollo. Llegue a tiempo de guardar para la posteridad los últimos 5 minutos de actividad. Diego no se cansó ni pasó a hacer otra cosa cuando vio que a la primera no le salían las cosas como él quería. Demostró ser muy paciente y metódico. Está claro que él no tenía el concepto de “recoger y ordenar” en mente en ese momento. Con menos de 12 meses, lo que estaba haciendo era jugar a apilar y encajar. Pero aún así, demostró tener mucha paciencia y ser metódico y persistente, y me sentí muy orgullosa de él… ¡Y también de nosotros como papis! (¡Darse una palmadita en la espalda uno mismo de vez en cuando y celebrar los éxitos también es importante!)

 Come sólidos él solito.

No hemos seguido el método BLW, pero siempre hemos fomentado la iniciativa del niño para probar nuevos alimentos en estado sólido y hemos dejado que coma él solo cuándo y cuánto quisiera.

En esto, como casi en todo, depende de cada niño. Pero también depende mucho de sus padres. Si te da miedo darle sólidos porque temes que se atragante, y prolongas la época de los triturados más de la cuenta, el niño se acostumbrará y después costará más trabajo que acepte los alimentos en estado sólido. Es inevitable que las primeras veces nos den miedo, pero no podemos consentir que el temor nos domine. ¡No es sano para el peque! La mayoría de los niños gestionan de maravilla la comida en la boca y lo normal es que, bajo supervisión, no suceda nada extraño. Atragantarse se va a atragantar de vez en cuando, igual que se caerá cuando comience a caminar. ¡Pero no podemos dejar de darle de comer ni impedir que ande! Atragantarse y asfixiarse son cosas muy diferentes y hay un océano de distancia entre una y otra. Infórmate sobre los mejores alimentos sólidos para empezar a darle a tu bebé, en qué estado y de qué tamaño. Consulta todas tus dudas con tu pediatra y ten confianza en tu hijo.

Nosotros, siempre que el alimento no tuviera riesgo de asfixia y fuera saludable para él, si Diego quería llevárselo a la boca, le dejábamos cogerlo. No nos hemos comido mucho la cabeza con el tema de la introducción de alimentos porque las nuevas teorías demuestran que es mejor que el niño pruebe cuanto antes todo lo recomendable para su edad.

Como resultado, con 12 meses nuestro peque come de todo y en estado sólido. Lo cual desmonta el mito de que los niños de pecho tardan mucho más en comenzar a tomar sólidos o el que sostiene que si no se aplica la alimentación BLW, es más fácil que tarden mucho más en dejar atrás la época de las papillas y los purés. Y, como nosotros comemos sano y equilibrado, en la actualidad ya prácticamente no hay que hacerle una comida diferente a la nuestra casi nunca. Cuando los alimentos son piezas enteras, Diego los coge con las manos y se los come bajo supervisión divinamente solo. Y no, no se atraganta.

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Arroz con pollo y verduritas.

Nosotros, simplemente, hemos confiado en el instinto natural de nuestro bebé. Supervisando su actividad durante las comidas, no tiene porqué suceder nada extraño. Y como desde el principio ha manipulado él solito los alimentos, ahora que tiene un añito no tira la comida ni se pone perdido cuando come. La mayoría de las veces, prescindimos hasta del babero. ¡Y él está igual de feliz comiendo judías verdes que macarrones con tomate! Si vosotros lleváis una dieta equilibrada en casa, aprenderá a comer de todo porque los bebés suelen mostrar curiosidad por probar lo que comen sus papás. 

Lavarse los dientes no es nada traumático.

Hay rutinas que cuanto antes se aprendan, mejor. En cuanto salen los dientes de leche, lo mejor es comenzar a enseñar al niño a lavárselos. No tanto porque sea absolutamente necesario que el peque se lave los 2 dientes que tiene, sino por la necesidad de inculcar el hábito.

Nosotros le compramos un set de cepillos de aprendizaje muy útiles en este sentido. Vienen 3 cepillos en una funda. Uno es un mordedor normal y corriente con forma de cepillo de dientes, el segundo es un cepillo de dientes con cerdas de goma y el tercero un mini cepillo de dientes en toda regla.

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Los primeros cepillos de dientes de Diego eran un set similar a éste.

Con 6 meses, comenzamos a darle de vez en cuando el mordedor después de las comidas, para que se acostumbra a metérselo en la boca y experimentara con él. Cuando le empezaron a salir los dientes, le dábamos el segundo cepillo, el que es de goma pero imita a un cepillo de dientes normal y corriente. Ahora tiene 6 dientecitos y usa el tercer cepillo después de cada comida con una crema dental adecuada (indicada para niños a partir de un año). Como los niños tan pequeños no saben enjuagarse la boca (ellos tragan agua y ya está), todas las cremas dentales infantiles son comestibles y tienen un agradable sabor a frutas (fresa, generalmente).

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El actual cepillo de dientes de mi hijo es éste. Tiene un mordedor en el extremo con un práctico agujero para que el adulto pase el dedo índice y maneje el cepillo con facilidad.

Portear no impide que los niños empiecen a caminar a su debido tiempo.

¡Por supuesto que no! Esto es una soberana tontería. “Pero si siempre le llevas ‘ahí’ no va a tener fuerza en las piernas para sostenerse después”. ¡No os riáis! ¡A mí me lo han dicho alguna vez! Todavía hay gente que piensa que las mochilas portabebés inducen el sedentarismo en los niños. Que cada mami decida lo que más la convence a la hora de transportar a su pequeño, pero vamos a desmontar falsos mitos…

No, no nos duele la espalda. Si la mochila es la adecuada, el porteo es mucho más cómodo que empujar el cochecito de paseo. Sí, las buenas mochilas ergonómicas cuestan dinero. Igual que las buenas sillitas de paseo. Pero no hace falta gastarse más de 100 euros para tener una buena mochila portabebés. La nuestra es de Molto, una marca que tiene mochilas ergonómicas portabebés (las ergonómicas son las que lo especifican en la caja) a precios bastante razonables. Podéis buscar en Amazon las opiniones de muchos padres expertos en porteo que han usado estas mochilas después de usar otras marcas más caras. La nuestra la compramos ahí por 28 euros en oferta. Es este modelo:

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Sí, le seguimos cogiendo en brazos con un año y no nos duelen los brazos. De hecho, a mí me pesa mucho menos mi hijo ahora que pesa casi 10 kilos que cuando era un bebé de 3 kilos. Puede que me haya acostumbrado a llevar peso en brazos sí, pero también es cierto que un bebé es un peso “muerto” y un niño de un año ya sabe cómo colocarse en tus brazos y se adapta perfectamente a tu cuerpo.

Mi hijo “tolera” la sillita de paseo durante los paseos, mientras está en movimiento, pero en cuanto nos paramos, hay que sacarle de ella sí o sí. Se siente “atado”. En cambio, con la mochila ergonómica portabebés, está en contacto directo con nosotros y se siente “abrazado”. ¿Hay una gran diferencia, verdad?

Decidir portear o usar cochecito de paseo es una decisión muy personal, no todos los bebés admiten ambas cosas (el nuestro no quiere sillita ni loco) y no a todas las mamás les gusta uno u otro sistema. Nosotros, por ejemplo, empleamos ambos sistemas y los vamos alternando para según qué cosas. Nuestra primera mochila portabebés fue un regalo, no era ergonómica y era una tortura para todos. Después nos informamos mejor y pasamos a una mochila adecuada y resultó ser un alivio. Seguimos usándola aún con el año cumplido. ¡Es que el peso del niño (que ya tiene casi 10 kilos) de verdad que ni se nota! Y no ha afectado para nada al desarrollo del niño. Mi hijo comenzó a ponerse en pie él solo antes incluso que a gatear, con 8 meses. Y aunque es verdad que aún no camina y, por lo tanto, en este sentido mi hijo no es precoz (hay bebés que caminan solos antes de los 12 meses), su evolución es completamente normal para su edad. Está en esa etapa en la que quiere caminar agarradito de las manos de sus papis y no para de ponerse en pie solo y dar pasitos agarrado a los muebles. ¡En breve se soltará! ¡Es cuestión de tiempo! Más tarde o más temprano, todos terminamos caminando. ¿O conocéis a algún adulto que no camine porque de pequeño su madre lo cogiera en brazos?

En la calle es sociable y se puede ir con él a cualquier parte.

Me sorprende mucho que haya padres que se acerquen a decirnos “¡pero qué bueno es este niño!” cuando salimos a comer o a cenar fuera o estamos en una terraza tomando algo con amigos. Ser padres no significa quedarte recluido en casa. Es cierto que con un bebé no se puede ir al cine o entrar en un pub, pero nosotros no hemos dejado de hacer vida social dentro y fuera de casa en ningún momento. Siempre, desde recién nacido, le hemos llevado con nosotros a todas partes. Fue a su primer boda como invitado con 8 días de vida. Sale todos los días a la calle y vamos a menudo al parque, donde se relaciona con otros niños. Como resultado, mi hijo no es tímido, no se agarra a nuestras piernas desesperado cuando alguien interactua con él, le encanta salir de casa y pasear, y se lo pasa bien en restaurantes y centros comerciales.

Es un niño sano y feliz. Y sí, sigue con la teta, gracias por preguntar.

Nuestra experiencia con la lactancia materna no ha podido ser mejor desde el principio y ahora, con 12 meses recién cumplidos, sigue tomando pecho. Me enfrento muchas veces a la pregunta de “¿y hasta cuándo le piensas seguir dando pecho?”. Pues sinceramente, ni siquiera me lo he planteado. Desde que nació, mi hijo se ha puesto malo exactamente 3 días. Ni uno más ni uno menos. Dar el pecho puede llegar a ser muy sacrificado, pero merece de sobra la pena. Al margen de todas sus ventajas emocionales, al recibir las defensas de la madre, la leche materna es una estupenda vacuna natural.

Con esto no pretendo hacer sentir mal a las mamás que dan bibi a sus hijos. Siempre he dicho que si yo me hubiera tenido que enfrentar a grietas y mastitis o mi bebé hubiera rechazado el pecho, no sé qué hubiera hecho porque soy de la opinión de que la Maternidad hay que disfrutarla. No merece la pena convertirla en un drama o una batalla diaria. Conozco madres que han dado el pecho mordiendo una toalla para no llorar del daño que sentían, sólo porque si decidían dar un biberón a su bebé eran criticadas y se sentían malas madres. Y también me resulta curioso que las mismas personas que a mí me animaban a dar el pecho cuando Diego tenía meses de vida, ahora me miren “raro” porque con un año el niño sigue “enganchado”.

Nadie puede decidir por vosotros cuál es la mejor fórmula para ambos ni hasta cuándo debes aplicarla. Es una pena que una madre se sienta desanimada a dar el pecho por falta de información o apoyo, pero también lo es que una mujer sea constantemente atacada por cualquiera que sea su decisión consciente al respecto. No sé qué pasa con este tema que todo el mundo se siente con el derecho a decirle a una lo qué debe hacer. Y además a decirlo 100 veces, como si a la primera no te enteraras porque resulta evidente que si lo hicieras ya hubieras hecho caso a la primera.

¿Qué método de crianza utilizo? Yo, la crianza a mi manera.

Una madre primeriza no es tonta. Sabe a quién preguntar y cómo informarse debidamente. Hoy en día la información está al alcance de todos y a su lado hay personal altamente cualificado que puede apoyarla y asesorarla sea cuál sea el método de crianza que decida más conveniente. Las matronas son personas maravillosas, sensibles y empáticas cuya misión es preparar a las mamás para el momento del parto e instruirlas en los primeros cuidados de su bebé. Y los pediatras merecen todo nuestro respeto por dedicar su vida a proteger la salud de nuestros hijos. Confía en ellos y si no sientes “feeling” con el especialista que “te ha tocado”, cambia de especialista. Rodeáte de otras mamás y toma ejemplo de aquellas a las que les ha ido bien con los métodos que tú también quieres aplicar. No te sientas obligada a seguir los consejos de la vecina del 5º sólo porque ella lo hizo todo de otra manera. Ser novata no significa que lo vayas a hacer mal. Ni siquiera que no sepas hacerlo. La crianza es muy instintiva. Si te apetece consultar una duda con tu madre o tu suegra, genial. Pero si crees que sus métodos de crianza están desfasados porque su último hijo ya tiene más de 30 años, no te sientas obligada a obedecer. Pon siempre por delante los intereses de tu hijo y que no te de apuro decir “no, yo lo voy a hacer de otra manera”. Ten en cuenta que, hagas lo que hagas, siempre va a haber quien te diga que lo haría de otra manera. Como no vas a poder controlar lo que piensen o digan los demás, despreocúpate. No te sientas obligada a dar mil explicaciones para justificar cada decisión. Si te equivocas, puedes rectificar. Puede que una teoría resulte preciosa en las páginas de un libro y después no te resulte nada práctica a la hora de llevarla a cabo. No existe la madre perfecta ni el perfecto manual para ser madre. El método de aprendizaje más antiguo del mundo es el de ensayo-error. Infórmate, utiliza la lógica y haz caso a tu instinto. En el día a día os iréis dando cuenta de qué es lo más adecuado para vosotros. Puede que lo que os venga bien a vosotros no coincida con lo que le viene de maravilla a tu mejor amiga. Cada familia, cada mamá, cada bebé, es un mundo.

Como os decía al principio, ésta no es la tabla de los 10 mandamientos. Son sólo trucos que a nosotros, haciendo balance, resulta que nos han ido bien. La mayoría son comportamientos muy obvios. Algunos los hemos imitado de otros papis o nos los han aconsejado personas y/o especialistas de confianza, nos han parecido coherentes y los hemos adoptado, adaptados a nuestra propia familia. Otros, son consecuencia de nuestro día a día, de nuestra personalidad, nuestra forma de pensar y sentir las cosas. Igual vosotros no estáis de acuerdo con algunos de nuestros puntos o preferís hacerlo de otra manera como padres y educadores. ¡Perfecto! Cada familia es un universo único y especial. No hay una única manera de hacer las cosas. La mayoría de las veces, ni siquiera hay una única forma para hacerlas bien. ¡Y sólo vosotros tenéis la clave para que todo funcione!

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Un comentario en “Teta, brazos, porteo y colecho. Resultado: un niño feliz y autosuficiente

  1. hosoyafamily dijo:

    comparto tu punto de vista, mi hijo lactancia materna a demanda, porteo, colecho… jamás me enfado con él, aunque no pare de llorar, porque se que el no llora por placer, llora con su motivo, el cual yo tengo que aprender a saber cual es.
    Cada dia tengo que oir lo típico, lo malacostumbraras, verás como te toma el pelo… pero mi hijo es sociable, sonrie casi 24 horas (exagerando un poco claro) para calmarlo, siempre mami, porque he aprendido a tener paciencia e intentar entenderlo. y puedo decir que veo a mi hijo crecer feliz, y aprender cada dia algo nuevo. Además, y lo que disfrutamos nosotras? dormi a su lado, cargarlo en brazos y abrazarle, pronto ya no querrán, pero lo habremos disfrutado.
    vaya rollo te he metido jaja.
    Un abrazo!

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