Mi peque cumple su primer año

Mi peque cumple su primer año… ¡Madre mía, qué rápido va esto!

Madre mía, hoy nuestro peque cumple su primer año. Y acaba de convertir en realidad una ley natural: los bebés crecen.

Tengo grabada a fuego en la memoria la primera imagen de mi hijo, aún manchado y escurridizo, sobre mi pecho, en su primer segundo de vida, conectado aún a mí por el cordón umbilical. Ese primer momento será siempre único, especial, nuestro. Después llegaron muchos otros momentos especiales, como el del primer agarre al pecho, su primera sonrisa, sus primer dientecito, su primer gateo… Pero por más cosas que viviera nada podrá superar ese instante de tiempo fugaz en el que mi hijo salió de mi interior y convirtió una cita a ciegas en el gran amor de mi vida. Y es que por más recuerdos que atesorase en la memoria, ninguno podrá competir nunca con el momento en que mi hijo y yo nos presentamos el uno al otro por primera vez.

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Mi hijo ya tiene un año… ¡Pero si todo eso fue ayer! Juntos hemos pasado el año más intenso de nuestras vidas: ver cómo crecía enganchado a mi pecho, cómo ganaba peso, los paseos por el parque, sus primeros balbuceos, sus primeras palabras y sus primeros pasos inseguros. Redescubrir el mundo a través de sus ojos es increíble y convierte cada día en una nueva aventura. Ya no me acordaba de lo que era ser tan consciente del mundo que te rodea. Cuando le veo mirar las copas de los árboles agitándose, prestar atención al silbido del viento entre ellas, descubrir la textura de la hierba o el olor de las flores, quedarse extasiado con una caricia, chapotear en el agua o reírse como un loco viendo saltar al gato me doy cuenta de que al nacer todos somos perfectos, capaces de hallar la felicidad en las pequeñas cosas, esas que no se compran, que son gratis, que están siempre ahí y que los adultos hemos perdido la capacidad de ver con el paso del tiempo.

Nuestro hijo ha dado un sentido nuevo a nuestras vidas. Nunca me había importado menos tener o no tener canas o arruguitas, ni ser “perecedera” porque la mejor parte de mí es él y él es el único espejo en el que siempre que me miro me veo perfecta. El amor de un padre hacia su hijo es tan grande, tan incondicional, que cualquiera de nosotros daría la vida por él sin pensarlo ni un segundo ni pararnos a firmar ningún papel.

Su papi y yo hemos sobrevivido a las horas de insomnio, a las interminables visitas y también a los primeros momentos con el bebé solos en casa (¿y ahora qué hacemos?), a los consejos de las abuelas (y del resto del mundo), a los primeros gases, a las primeras vacunas, al colecho, a la pérdida de intimidad y de tiempo propio y en pareja, a la crisis de la lactancia de los 3 meses, a la tortura del sacaleches para hacerle sus primeras papillas de cereales, al primer catarro, a la época de “sólo quiere brazos” y a la de “sólo quiere suelo”, al miedo de los primeros sólidos (¿es un trozo muy grande? ¿se atragantará?) y, en general; al miedo de todas esas primeras veces. 

Nosotros le intentamos enseñar a comer, a caminar, a vestirse, a bañarse, a pasar las hojas de los libros, a manejar los objetos, a establecer rutinas, a entender el mundo y a ser buena persona. Él nos enseña a vivir, a disfrutar, a amar. Nos señala las cosas que de verdad son importantes y nos recuerda su significado. Nos enseña que no nos hacen falta las cosas que no son necesarias ni tenemos que esforzarnos por causar impresiones en personas que no nos importan. El intercambio, por más que se mire, no es justo. Por eso, cada día, sus papis nos esforzamos por ser cada vez mejores personas. Para él y por él. Para merecernos su cariño y admiración, para ser mejores modelos a seguir y que no le falten nunca patrones de referencia.

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Ahora ya está dando sus primeros pasitos y vemos con alegría (pero también con nostalgia), como se aleja cada vez más y más rápido de la primera etapa de su vida, la de bebé. ¡Crecen tan rápido! Ayer parecía que se iba a quedar calvo toda la vida y hoy, no sólo le ha crecido el pelo, sino que ya va demostrando que tiene su propio gusto y sus propias preferencias. Dentro de 5 meses irá a la guardería y comenzará a construir su primer entorno propio, su propia vida. Con sus primeros amigos establecerá sus primeros lazos sociales y emocionales propios, basados en sus propios gustos, en sus propias decisiones, en su propio carácter. Como padres, tan sólo esperamos haberle inculcado los valores adecuados y haberle ayudado a establecer unas sólidas bases sobre las que tomar decisiones certeras para construir una vida feliz. Porque estamos aquí para disfrutar. Viendo a mi hijo vivir y crecer, me doy cuenta.

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Tiene mi boca y los ojos de su padre, pero no es nuestro. Le buscamos, le gestamos, le trajimos al mundo, le queremos y le cuidamos y protegemos, pero es una persona que se pertenece solo a sí misma y el día de mañana será un adulto independiente y único. Aprender a ir soltando lazos, a darle su propia libertad y espacio es casi tan duro como acostumbrarse al principio a no volver a estar solos nunca. Le enseñaremos o intentaremos enseñarle todo cuánto sabemos para que después él tome sus propias decisiones. Descartaremos todo lo que no sea útil, intentaremos que cometa sólo sus propios errores, no los nuestros. Trataremos de que no tenga nunca miedo a nada y decida siempre con libertad sus propias opciones. Y con suerte, si lo hacemos bien, cuando crezca él será mejor que nosotros y nos sentiremos orgullosos de haberle dado una infancia feliz y segura y haber aportado nuestro granito de arena a su vida.

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Si tuviera que darle ahora mismo un único consejo a unos padres primerizos les diría: disfrutad de vuestro bebé al máximo. Disfrutad de él mientras duerma, mientras esté despierto, apagad la cámara de fotos, olvidad la de vídeo, y salid a pasear juntos. Llevadle al parque, enseñadle a qué huelen las flores y saltad con él las olas en la orilla de la playa. Dejadle sentir las gotas de lluvia en su manita, saltar en charcos y poneos a recoger hojas juntos. Disfrutad de cada momento como si fuera oro porque es efímero, irrepetible, único. Exprimid al máximo cada instante con él y atesorarlo en la memoria porque en cuanto se vive, pasa y no vuelve. ¡Que es de verdad, que los bebés crecen, que no van a quedarse así toda la vida!

Entiendo perfectamente a todas esas mujeres que no quieren tener hijos, que defienden a capa y espada su independencia, sus carreras, sus otras facetas como mujer y persona. Las entiendo porque hace no tanto tiempo yo era una de ellas. La maternidad me vino tarde y sin instinto. Me vino de la mano de una pareja que había nacido para ser padre, con un embarazo plagado de tantas náuseas como dudas, sembrado de inseguridades y dolores de espalda. Dolores de espalda que eran fruto tanto del peso del embarazo como de la responsabilidad de esa nueva vida. No me sentí madre hasta ese primer momento juntos, en el que posaron a mi hijo manchado de sangre sobre mi pecho y ya con los ojos abiertos en su primer segundo de vida, me miró y nos cogimos de la mano. No sé si fue él o fui yo o fuimos los dos los que buscamos ese primer contacto. De eso no me acuerdo, fue un acto instintivo. Y ese primer contacto físico, piel con piel, lo cambió todo. Todavía recuerdo el peso liviano de su cuerpecito en posición fetal contra mi pecho y de la increíble y sorprendente fuerza con la que su manita agarraba mi dedo índice como si fuera un ancla. Si cierro los ojos, aún puedo sentirla. De hecho, creo que es el único momento de mi vida en el que la mente se me quedó en blanco. No pensaba en nada, tan sólo sentía. 

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Mi vida hoy no es más plena por ser madre, ésa es tan sólo una de mis facetas como mujer y también como persona. Cuidarle y protegerle no es algo digno de mérito, es algo instintivo. Mi vida hoy es más plena porque él está en ella y así puedo vivir cada día la experiencia de amar incondicionalmente a otro ser humano. Darle el pecho no me ha hecho sentirme más realizada, ni más mujer, sino más afortunada. Me siento más realizada como persona porque mi hijo es feliz y me hace feliz a mí. Vivir un embarazo y un parto no me han hecho sentir más completa. Me hace sentir más completa el amor que nos une. 

En definitiva, mi mundo es más bonito y mejor porque mi hijo está en él.

Son las cosas invisibles las que han dado un nuevo sentido a mi vida. Las que no puedo explicar con palabras. Las que sólo se pueden sentir en el ámbito personal y privado de la esfera íntima e individual. El número 3 transciende su propia importancia: él convirtió nuestro mundo de 2 en una familia y hoy somos parte de algo más grande que nosotros mismos gracias a él.

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A pesar de que mi hijo nos ha dado una familia a Miguel y a mí, cuando nació, no se me ocurrió nada mejor que decirle “bienvenido”. Ahora que va a cumplir un año, no se me ocurre mejor forma de desearle un feliz cumpleaños que hacer mío este pensamiento:

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Cuando abrí este blog, no pretendía que se convirtiera en la panacea de nada. Tan sólo quería compartir experiencias, aciertos, errores y consejos prácticos que a mí, como madre primeriza, me habían ayudado y resultado útiles. Nunca he estado pendiente de los rankings ni de las estadísticas y os doy las gracias de corazón a todos los que me seguís, leéis y comentáis cada día. Si algunos de mis posts os resultan útiles, me alegro sinceramente. Si vivís vuestra maternidad de forma plena de otra manera o vuestros métodos de crianza son efectivos y diferentes, también me alegro enormemente. Aquí siempre va a haber espacio para todas nosotras/vosotras. Porque creo firmemente que no hay una única forma válida de hacer las cosas, ni existe una fórmula mágica que nos convierta en padres perfectos. Cada bebé, cada mamá, cada familia y cada circunstancia es un mundo y todos merecen el mismo respeto y tolerancia. El cariño, las ganas, el instinto y el sentido común son nuestros únicos faros.

Ahora que el blog, como mi hijo, también va a cumplir su primer año de vida, a veces se me pasa por la cabeza que el nombre de Una Mamá Novata pueda quedar desfasado con el tiempo. Pero luego me doy cuenta de que no, de que nunca se llega a ser un experto padre porque los hijos crecen y cambian y cada etapa es única, maravillosa y diferente. Por más cosas que pasemos juntos, como familia, siempre seremos novatos. ¡Y ojalá no dejemos nunca de aprender y algún día nos convirtamos también en abuelos novatos!

Porque los niños son grandes maestros 🙂

¡Y ahora me voy corriendo que mi peque se está despertando y no quiero perderme ni un instante de este día!

8 comentarios en “Mi peque cumple su primer año… ¡Madre mía, qué rápido va esto!

  1. Silvia dijo:

    Te sigo casi desde el primer día. He leído ésta entrada a ratitos y, coincido con otras seguidoras, es el post más bello que he leído. Lo siento muy mío también, aunque no lo habría escrito tan bonito. Ésta bella aventura la de ser madre… Yo entré en ella también un poco por temor a arrepentirme si renunciaba a ser mamá pero después del miedo inicial al saber que estábamos embarazados lo disfruté muchísimo a partir de ese primer instante. Doy gracias por poder vivirlo!

    • Una Mamá Novata dijo:

      ¡Mil gracias por tus palabras! Me alegra que te sientas identificada 🙂 Yo siempre digo que la Maternidad está para disfrutarla 🙂 No vamos a ser Madres Perfectas porque no somos personas perfectas, sólo humanas. Pero sí podemos disfrutar sin límite de nuestra Maternidad y de nuestros Hijos 🙂

  2. BlogSerMadres dijo:

    He leído muchas entradas desde que estoy en el mundo bloguer, pocas tan bonitas como ésta. Suscribo cada una de tus palabras, me he sentido muy reflejada en ellas. El tiempo se nos escapa, crecen muy rápido, demasiado. Veo fotos y pienso ¿en qué momento ha crecido y no me he dado cuenta? Y si eso me pasa en tan pocos meses, me imagino que dentro de unos años tendré la sensación de que ha pasado volando sin darme cuenta. Espero que hayáis disfrutado mucho del día familia. Las fotos son una preciosidad. Un abrazo.

    • Una Mamá Novata dijo:

      ¡Lo pasamos genial! ¡Mil gracias por tus palabras! Éste es mi segundo Día de la Madre (el primero Diego tenía un día de vida), ¡así que es como si también fuera mi cumpleaños! jeje Yo también, cuando me pongo a mirar fotos, me digo “¡¿pero en qué momento mi bebé ha crecido tanto?!”. Cada etapa es distinta, única y maravillosa y me alegra verle crecer feliz como un cascabel y sano como un roble… ¡Pero me da tanta penita que deje de ser un bebé! jajaja ¡Un beso!

  3. Arusca dijo:

    Qué entrada tan bonita… ¡Muchas felicidades al peque y a vosotros, familia! Los primeros instantes de la vida de un bebé son hermosos, una página en blanco, y enamorar y aterran a partes iguales. El camino hacia los dos años es más movido y muy divertido, sigue saboreando cada momento 🙂
    Sobre el nombre del blog, si me permites mi opinión, no lo cambies. Yo tengo tres renacuajos y sigo sintiéndome novata cada día 😀

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