happy family sleeping together. mother embraces the newborn baby in bed

Colecho, sí o no

En primer lugar, me gustaría destacar que, aunque nosotros practicamos el colecho desde las primeras horas de vida de nuestro bebé, la decisión de dormir con los hijos es algo personal y no existe una situación perfecta y única para todos. ¡Por la sencilla razón de que no hay dos bebés, dos mamás ni dos familias iguales!

Yo duermo con mi bebé desde su primeras horas de vida porque es lo que nos ha resultado más cómodo, práctico y reconfortante para ambos desde el principio, pero soy de la opinión de que cada familia se organice como quiera en cuanto a la forma de dormir de sus hijos. Si los niños y sus padres están bien durmiendo juntos compartiendo la misma cama, se puede continuar de esa forma. Por el contrario, si se sienten cómodos y tranquilos durmiendo de manera independiente entonces esa será la manera más adecuada para ellos. Lo importante es que el método escogido sea apropiado y al gusto de todos los integrantes de la familia.

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Suelo sentir cierto rechazo hacía las teorías y posiciones fundamentalistas que defienden a capa y espada una única forma idónea de hacer las cosas. Cada familia, cada situación, cada pareja, cada hijo son únicos. A veces lo que sirve para uno no sirve para otro e incluso para la misma persona, lo que sirve hoy; no sirve mañana.

Hay miles de circunstancias que influyen en las técnicas de crianza: la simpatía que sientan los progenitores hacía un enfoque u otro, la personalidad o necesidades del niño, el ritmo de vida de la familia, sus horarios, el que haya situaciones excepcionales que modifiquen rutinas preestablecidas como unas vacaciones o una mudanza, si la madre trabaja o no fuera de casa, si empezamos o dejamos de trabajar, si se tienen varios hijos, si nace otro hijo… ¡o cualquier otro de los miles de cambios que las personas siempre están experimentando!

El colecho, como todo en esta vida, tiene sus ventajas y sus desventajas. Sobre los beneficios del colecho, ya he hablado largo y tendido en otro post. Se pueden resumir, siendo muy escuetos, con el siguiente esquema:

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El gran mito, la gran reticencia que causa en muchos padres, quizás sea lo mucho que se dice acerca de que si los niños se acostumbran a dormir en la cama con sus padres, se les malacostumbran y después cuesta mucho que duerman solos en la suya. Curiosamente, esta afirmación la suelen manifestar siempre personas que se niegan a meter a los niños en su cama. No es cierto que cueste más que el niño después abandone la cama de matrimonio porque, como dice el prestigioso pediatra Carlos González:

“Un niño que duerme con sus padres desde un principio, seguro que a los 3 años ya querrá dormir sólo. Porque no tuvo que invertir esos 3 años de su vida intentando, noche tras noche, conseguir lo que tanto necesitaba”.

De hecho, conozco a varias parejas de padres que han practicado colecho con sus peques y después no han tenido ningún problema a la hora de que los niños durmieran en su propio cuarto a los 2 años o incluso antes.

colecho-si-o-no-02-una-mama-novataEn su libro Cómo criar hijos con amor, Carlos González habla de los mitos de colecho. Nada tiene que ver con las creencias de la sociedad ni con los supuestos peligros de compartir la cama. este experto afirma que supone un riesgo mucho mayor el que un bebé duerma en una habitación separada de sus padres durante los primeros meses. El rechazo que sentimos hacía el colecho es un 50% una cuestión de desconocimiento y otro 50% una cuestión sociocultural (en otros países el colecho es una práctica actual habitual que nadie cuestiona y en el pasado era habitual que, incluso los países en los que ahora no se practica, las familias durmieran en una misma habitación y nadie se sorprendía por ello ni estaba mal visto porque no había recursos para hacer las cosas de otra manera). Mi propia madre compartió habitación junto con su hermana y sus padres durante prácticamente toda su infancia.

Sin embargo, sí es que es verdad que la pareja tiene que renunciar a gran parte de su intimidad y de su vida sexual si deciden practicar el colecho con sus hijos. No obstante, cuando un bebé no duerme bien, llora, se desvela a menudo, demanda muchas tomas de pecho por la noche, no quiere quedarse solito en su cuna, exige que te levantes a consolarle varias veces durante una noche, le tienes que dormir paseándole en brazos en estado zombie durante horas, te interrumpe el sueño cada dos por tres y, en definitiva, las horas nocturnas se convierten en una pesadilla para toda la familia… Tampoco es que te queden muchas ganas ni energía para hacer nada de nada, ¿verdad? No sólo se pierde tiempo de calidad para estar junto a la pareja… ¡Sino que además ni siquiera vais a conseguir estar descansados por la mañana!

Con esto no pretendo decir que los niños que duermen mal son problemáticos. ¡En absoluto! Que un niño llore mucho por la noche porque se sienta solo en su cuna, o no duerma bien, o se despierte a menudo, no es menos normal que el que duerme del tirón toda la noche porque cada enano es un mundo. Pero sí que influye en el bienestar de toda la familia el que lo haga o no y con el colecho la familia consigue descansar bien y del tirón toda la noche. Desde luego, habrá mamás a las que no les importa tener que interrumpir el sueño y levantarse las veces que haga falta y bebés que no piden apenas atención y brazos. Ambos los habrá, seguro… ¡aunque yo no conozco a ninguno!

A veces he oído a algún padre o a alguna madre decir que si le dan a su hijo el capricho de dormir con ellos, se le malcría y el niño aprende a salirse siempre con la suya. ¡Pero es que la necesidad de estar junto a sus padres durante los primeros meses o años de vida no es, en absoluto, un capricho del niño! El ser humano que conoce el mundo por primera vez es completamente dependiente de sus padres y es del todo natural que estar junto a ellos le haga sentirse protegido.

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Un bebé necesita realmente sentir cerca a los suyos para sentirse bien. ¡Y ésta es una necesidad tan real como el hambre, el frío o la sed! Además, aunque siempre se suele suele hablar de la necesidad que el bebé tiene de su madre, con el colecho también se reduce la ansiedad de la madre por la separación de su bebé. ¿Sabéis cuántas veces se levanta una mamá primeriza para comprobar si su bebé respira mientras duerme? Al estar junto a él, la madre puede descansar tranquila, cuidarle y proteger a su hijo en todo momento, velar su descanso y anticiparse a todas las necesidades de su pequeño. Todo lo cual, es beneficioso para ambos y además repercute en beneficio de toda la familia. No en vano, el colecho está muy ligado a los métodos de crianza con apego y al concepto de maternidad afectiva y/o de contacto.

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Hay otra gran causa que influye mucho a la hora de tomar la decisión de colechar con nuestros hijos. Y es que el colecho está muy unido a la lactancia materna. Esto no significa que las madres que quieran practicarlo en base a sus múltiples beneficios psicológicos para el bebé y la familia no puedan colechar si dan el biberón, ¡por supuesto que sí! Pero es cierto que el colecho ayuda como ninguna otra cosa a establecer la lactancia materna. Yo no he pasado ni una mala noche desde que Diego nació porque al dormir juntos, ninguno de los dos se despierta del todo en las tomas nocturnas.colecho-si-o-no-03-una-mama-novata

Otro de los grandes miedos que se tienen al colecho es la posibilidad de aplastar a nuestro bebé mientras dormimos. Cuando digo que duermo con mi hijo, muchas mamas me preguntan si no tengo miedo a aplastarlo. Curiosamente, cuando yo les pregunto si nunca se han quedado dormidas durante una toma nocturna con el bebé en brazos en un mal sitio (como un sofá o una butaca), en una mala posición (por ejemplo, sentadas con el niño en brazos) o de una mala manera (en una cama con mantas, cojines, almohadones o nórdicos que suponen un gran riesgo de asfixia), todas confiesan hacerlo habitual u ocasionalmente porque al final son humanas y el cansancio acumulado las vence. Pues resulta que todas esas malas prácticas suponen un riesgo mucho mayor de caída, aplastamiento o asfixia para el niño que un colecho seguro que se practica en una cama preparada para ello por una mamá que conscientemente decide hacerlo y toma todas medidas necesarias para que sea seguro.

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Nunca he conocido ni me ha llegado el rumor de una madre o un padre que hayan aplastado a su hijo mientras dormían con él. La psicología humana es algo increíble y cuando te conviertes en madre/padre adquieres habilidades que antes creías desconocer. La naturaleza es muy sabia y no hay ejemplos reales de seres vivos que hayan aplastado a sus crías mientras dormían aunque muchas especies duermen incluso con ellas debajo para proporcionarles alimento y/o calor.

Por último, sois vosotros quienes en última instancia, tenéis que valorar las necesidades de vuestra familia y decidáis en base a ellas lo que es mejor para todos. Da igual las ventajas o inconvenientes que pueda tener el colecho porque como María Fox, otra mamá que practica colecho, dice en su blog:

El colecho es un gran cambio en la vida de la familia y no es para todo el mundo. Hay tantas formas de criar hijos como padres en el mundo y descubrir si el colecho es la solución ideal en tu caso depende solo de ti. Si sientes que quieres probarlo sigue estos consejos simples para para practicar dormir en “cama familiar” de forma segura.

Por último, el colecho no siempre funciona y algunos padres simplemente no quieren dormir con su bebé. Y eso también está bien. No te conviertes en mejor o peor padre por hacerlo. Pero si sientes que quieres darle una oportunidad, inténtalo. Si funciona y es una experiencia agradable para toda la familia, continua. Si no, prueba otras cosas pero recuerda, no hay receta mejor que la que funciona para ti y para tu bebe.

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También hay casos en los que se practica el colecho “a la fuerza” y “por obligación”. Muchos padres tienden a desesperarse con sus pequeños porque éstos se niegan en redondo a dormir solos. Hace poco encontré esta explicación de Carlos González en el Edén de las Palabras que me encantó y que considero que puede ayudar a naturalizar la situación a todos esos padres que ven con alarma cómo se prolonga en el tiempo un comportamiento de su hijo que ellos no ven “normal” o no conciben como natural.

Una mamá le pregunta al pediatra Carlos González, preocupadísima, qué hacer con su hija que “no puede dormir solita”
-…Finalmente, la situación ha degenerado y prácticamente dormimos juntos los tres durante toda la noche (ella, mi marido y yo).»- Hola. Eso no es degenerar, eso es normalizarse. Los niños pequeños necesitan dormir con su madre. Eso es lo normal. Hacia los tres o cuatro años suelen aceptar el dormir solos si se les pide educadamente (aunque, por supuesto, ellos preferirían seguir durmiendo con su madres hasta los 10 o 12).Es muy importante que aprendan desde pequeñitos a dormir acompañados, porque así es como solemos dormir los adultos. Imagínate que no aprende a dormir con otras personas, y que cuando sea mayor no se quiere acostar con su marido. ¡Sería terrible! ¡No la conseguirías casar! ¡Tendríais que aguantarla en casa toda la vida! (o meterla monja…)De todos modos, si encuentras que tres en la cama es demasiado incómodo, habrá que sacar a alguien. Se puede usar un criterio de antigüedad (que se vaya quien más tiempo lleve durmiendo en tu cama), un criterio de maduración (que se vaya el más maduro), un criterio de espacio (que se vaya el que haga más bulto), un criterio de contaminación sonora (que se vaya el que ronque más fuerte), o un criterio operativo (que se vaya el que menos llore al sacarle de la cama). Me temo que todos los criterios apuntan hacia tu marido… :-)Lo de los tres o cuatro años lo baso en experiencia personal, y en haber hablado con otras madres (huy, qué he dicho, si yo no soy una madre… creo que se me está pegando algo) que han practicado el colecho. Me temo que falta por hacer un estudio descriptivo-observacional sobre la duración habitual del colecho en las familias que lo practican.También precisamente por experiencia, en que hay niños que, habiendo dormido solos, es hacia los tres años cuando quieren dormir con su madre. Mi idea personal (sólo una interpretación, probablemente sesgada y basada en datos incompletos) es la siguiente:
1.- Lo biológicamente normal en nuestra especie, lo que ocurría antes de que las distintas culturas impusieran distintas normas, probablemente era que los niños dormían con su madre hasta los 10 o 12 años, y puede que más. Me baso en que los chimpancés duermen con su madre hasta los 5 (y tienen la pubertad a los 7), y en que no logro imaginarme a un niño de menos de 10 años durmiendo sólo y desnudo en el suelo, bajo las estrellas, y sobreviviendo.
2.- Vestidos, en una cuna, en una habitación, bajo un techo, evidentemente los niños sí que pueden dormir solos y sobrevivir. El problema es que ellos no lo saben.
3.- Hacia los 3 o 4 años, los niños empiezan a comprender que, en efecto, no corren ningún peligro durmiendo solos. Si los padres quieren que duerman solos, y se lo dicen con gracia, pueden convencerlos. Digo por experiencia que preferirían dormir acompañados hasta los 10 o 12, porque más o menos hasta esa edad quieren que les hagas mimitos, que les vayas a arropar, o intentan venir a tu cama ocasionalmente, o aparecen de visita el domingo por la mañana… Los de 15, en cambio, creo que no permitirían tales cosas ni pidiéndoselas por favor.Creo que muchos niños que han dormido con su madre desde el principio, hacia los 3 o 4 se sienten lo bastante seguros para dormir solos sin quejarse mucho.
4.- Este es el punto más polémico, pero también lo creo: pienso que aquellos niños que desde el nacimiento han dormido solos se sienten más inseguros, y que su evolución es precisamente la contraria. Un niño de un año que jamás ha dormido con su madre es incapaz siquiera de imaginar que eso es posible. Nota que le falta algo, pero no sabe el qué. Por eso los libros clásicos de pediatría y puericultura (como el Spock o el mismísimo Nelson) insisten en que «ni una sola noche los admitas en tu cama, porque se acostumbrarán y querrán volver cada noche». ¡Es como descubrir un nuevo mundo de posibilidades! Pero, si no lo ha descubierto antes, hacia los 3 o 4 años probablemente llega a imaginarlo, o a enterarse de alguna manera, y al mismo tiempo tiene más capacidad física para hablar, desplazarse y en definitiva imponer su voluntad. Así que es entonces cuando por fin consigue ir a dormir con sus padres, y luego tardará más en llegar a dormir solo, precisamente porque, al haberle faltado el colecho al principio, se sentirá más inseguro.Desde luego, no es que yo recomiende sacar al niño de la cama a los 3 o 4 años. Como tampoco recomiendo meterlo. Cada familia hará lo que crean conveniente. Lo que quiero es explicar, a aquellas familias que ya lo han metido en su cama (o están pensando hacerlo) que no están haciendo nada malo, que tienen perfecto derecho a seguir así. A quienes preferirían sacar al niño lo antes posible, puedo explicarles que, probablemente, hacia los 3 o 4 años lo conseguirán. Si alguien no ve motivo para sacarlo, y prefiere esperar a que el niño se vaya de puro aburrimiento, también me parece perfecto. Estoy seguro de que todos los niños se irían, tarde o temprano (de esto sí que tengo bibiografía, porque está escrito: «por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne». Eso lo dijo uno que sabía más que Freud, así que no creo que lo discuta nadie :-)Lo de sacar a alguien de la cama, evidentemente era en broma. Nosotros hemos estado la mar de bien tres en la cama, y nadie se tuvo que ir. Lo que pretendo señalar con mi broma es que nuestra sociedad ve perfectamente normal que un adulto de 30 años necesite compañía para dormir, pero no admite que un niño necesite lo mismo. Tanto que los que hablamos de que se vaya el padre lo decimos en broma… pero algunos dicen que se vaya el niño, ¡y lo dicen en serio! Mi mujer me dejó entrar en su cama hace casi 22 años, y todavía no me ha sacado, por lo que le estoy muy agradecido.Por cierto, creo que las necesidades del bebé, la mamá y el papá no son necesariamente incompatibles. Me consta que muchos padres disfrutamos enormemente de esos años en que tenemos niños en la cama. Es algo que más adelante se echa de menos.

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