decir no a un bebé

¿Sabías que tu bebé de 6 meses entiende el No aunque no te haga caso?

A los 3 meses un bebé ya llora si le regañamos o ve fruncido el ceño de sus padres y a los 6 entiende perfectamente el significado de la palabra “No”. Pero, ¿sabes cómo decir no a un bebé de meses?

Saben que “No” significa “alto ahí, no hagas eso”. Lo que no tienen claro es porqué se lo decimos. 

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Muchos papás con bebés de entre 6 y 8 meses aseguran que sus bebés entienden perfectamente la palabra “no”, pero no hacen ni caso. Los pequeños suelen reaccionar parándose un momento, mirando a sus padres, riéndose y finalmente continúan haciendo lo que estaban haciendo.

Ante esta reacción, muchos padres se enfadan con el peque interpretan mal su reacción, la confunden con desobediencia y con una actitud retadora. De ahí la famosa frase: “Me está echando un pulso”.

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En Bebés y Más lo explican muy bien:

Imaginad que vais por la calle caminando tranquilamente cuando alguien os dice “No, no, ¡no!”. Os detenéis, miráis alrededor buscando el peligro, miráis detrás por si habéis pisado algo que no debíais y al no ver nada extraño miráis a la persona para que se explique. Si se explica, sabréis por qué os decía que no, pero si no lo hace, buscaréis la cámara oculta, pensaréis que le falta un tornillo y seguiréis caminando tratando de encontrar la explicación a lo que acaba de suceder. ¿Por qué seguís caminando? ¿Por qué no le hacéis caso? Pues porque no entendéis por qué os dicen que no.

Un niño de 8 meses o un niño de 15, cuando entienden la palabra “No” la mayoría, es capaz de saber que quiere decir algo, pero no es capaz de entender todo lo que viene después. Quizás porque no entiende nuestra explicación, quizás porque no es capaz aún de razonar.

¿Qué hacemos entonces?

Dialogar con el niño y explicarle las cosas, no enfadarnos con él ni regañarlo. Tampoco se debe dejarlo solo porque lo más probable es que lo vuelva a intentar.

Obviamente, no pegarles, castigarles ni pensar que nos están retando, o que son “muy malos” porque no nos hacen caso, porque ni son métodos adecuados para ninguna edad ni tienen sentido alguno cuando no es eso lo que está sucediendo.

El “No” en las primeras etapas de vida de un niño, debe ir acompañado siempre de un acción que refuerce su significado como quitar el objeto del alcance del niño o llevárselo a hacer otra cosa, y explicarles por qué no se puede. Con paciencia, y con el tiempo, llegará un día en que entenderá por qué eso no se puede hacer.

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Pero se enfada, se tira al suelo y llora…

Pues claro, así son los niños. Si quiere hacer una cosa, le dices que no y no es capaz de entender por qué no, ¿cómo no se va a enfadar? ¿No te enfadarías tú si el día que vas a coger vacaciones en el trabajo te dijeran que no y el motivo fuera absurdo?

Pues ellos igual, no lo entienden y por eso se enfadan. Por eso los padres tenemos que hacer uso de nuestras armas más valiosas, el diálogo, la paciencia y los abrazos calentitos. Con cariño, les explicamos por qué no, por qué no es posible, cuál es el riesgo, el motivo y les ofrecemos nuestros brazos mientras les sugerimos, como hablamos el otro día, qué es lo que sí podemos hacer, que seguro que será tan o más divertido que lo que él quería hacer.

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la importancia del momento

Si el niño está todo el día escuchando “no, no, no… esto no se hace, no toques eso, no hagas lo otro, estate quieto, para un momento, sé bueno…”, desconectará y las palabras perderán su sentido. Restringir el uso de esta palabra y sustituirla por explicaciones comprensibles para él, resultará mucho más eficaz a la larga.

En la comunicación niño-adulto hay una clara diferencia en la capacidad de razonamiento. Así que debemos esforzarnos por adecuar nuestro mensaje a la capacidad de comprensión del niño y acompañarlo siempre de una explicación adecuada a su edad y razonamiento en lugar de enfadarnos con él o repetirle constantemente “eres malo, eres malo” porque con el tiempo podría llegar a creérselo y esta sensación influirá negativamente en su visión de sí mismo.

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