Gatos y bebés

De gatos y bebés: desmintiendo mitos

Me divierte la cara de algunas personas cuando les cuento que en mi casa convivimos 2 adultos, una Golden Retriever y una pareja de gatos siameses. Y muchos de ellos me preguntan en concreto si los gatos se portan bien con el bebé. ¿Qué esperan que les contestemos? ¿Que nuestros gatos son malos y arañan al niño y nosotros se lo permitimos?

Gatos y bebés

Aunque en casa hemos sido siempre unos grandes amantes de la Naturaleza y los animales, comprendemos y respetamos a los que no lo son. Sin embargo, hay un extensísimo grupo de personas que adoran los perros y, en cambio, odian a los gatos. Esto es algo que siempre me ha llamado mucho la atención.

La gente que detesta la presencia felina suele alegar que no confía en los gatos, que son traicioneros e independientes (como si esto último fuera un defecto, en lugar de una virtud), que no son nada cariñosos y que son desobedientes. En definitiva, que no son como los perros.

¡Éste es un argumento muy injusto! Al fin y al cabo, nadie espera de una tortuga o de un periquito que se comporte como un perro, ¿verdad?

Lo primero que hay que hacer, es desmentir que la naturaleza del gato sea malvada y traicionera y, por lo tanto, no sean mascotas adecuadas para una familia, en general o para un niño pequeño, en particular. Los mayores bulos sobre los gatos provienen del desconocimiento de su naturaleza.

Gatos y bebés

Los gatos tienen una mala fama inmerecida, yo he tenido 4 gatos a lo largo de toda mi vida (3 eran hembras y uno, macho). Todos, menos uno, recogidos de la calle (algunos, incluso ya eran adultos cuando los adopté) y jamás ninguno me arañó a mí o ninguna de mis visitas, destrozó la casa, atacó a ningún niño o se comportaba de manera caprichosa y egoísta. Los gatos no son, ni serán nunca, como los perros. La relación entre un humano y un gato está basada en el respeto mutuo y en la comprensión del humano de la naturaleza del gato. A los gatos no se les puede enseñar trucos (lo que no quiere decir que no puedan aprenderlos: nuestra perra es demasiado vaga para jugar a la pelota, pero en cambio nuestro siamés Siete trae la pelota tantas veces como se la tires… siempre que a él le apetezca jugar a eso, claro está), lo que ocurre es que los felinos no sienten la misma necesidad que el perro de agradar al dueño y, por tanto, no suelen estar interesados en hacer el payaso para satisfacción del amo. Los refuerzos positivos funcionan mejor con ellos que los castigos y también es cierto que son desobedientes  (la rebeldía ha sido siempre un síntoma de inteligencia) y cabezotas (porque son muy muy curiosos), pero en modo alguno son egoístas. Nuestros gatos comparten alimento y bebida sin pelearse y siempre han respetado los juguetes y la comida de nuestra perra Chlôe. Cuando enfermamos, nuestros gatos no se apartan de nuestro lado y cuando llora el bebé, son los primeros en acudir a ver qué le pasa. Y son cariñosos. Buscan el contacto físico tanto o más que nuestra perra y dan lametones igual que ella. Cuando nos vamos sin ellos de vacaciones, a la vuelta nos retiran la palabra durante un par de semanas.

Gatos y bebés

Otro de los mitos que más daño ha hecho a los felinos es el que sostiene que los gatos no pueden estar con bebés. Pero, ¿de verdad es así?

Gatos y bebés

Basta con echar un vistazo a algunos de los millones de vídeos caseros que inundan youtube para darnos cuenta de que un gato puede ser tan buena niñera o compañero de juegos para un niño, como lo son los perros:

Antes de la llegada de nuestro bebé, nuestros gatos estuvieron en contacto con infinidad de visitas que traían a casa a sus niños pequeños y os puedo asegurar que tenían más miedo los gatos a los niños que al revés. Ellos reconocen a los niños como lo que son: crías humanas. Y tienen especial cuidado con ellos. Incluso nuestra siamesa Noah, que normalmente no suele querer estar en brazos, se deja coger amistosamente por nuestras sobrinas y aguanta estoicamente todos los vaivenes a los que la someten cuando vienen a vernos.

Como el contacto con los niños no les resulta ajeno, nuestros gatos no han tardado nada en aprender que no pueden agobiar a nuestro bebé estando encima de él o demasiado cerca y guardan una prudente distancia de seguridad con él. Sólo se acercan si se lo permitimos y en todos los casos, se han mostrado siempre afectuosos con él. Siete, en concreto, desde al principio ha intentado integrar al bebé en sus juegos trayéndole “sus juguetes” (pelotitas de plástico, peluche o papel) y esperando pacientemente a que el bebé se las arroje para ir por ellas (el pobre, no tiene que esperar nada aún…), todo lo cual indica que cuando el peque crezca, ambos serán grandes compañeros de juego. Esto es porque nosotros siempre nos hemos preocupado por educarlos e irlos acostumbrando poco a poco a la presencia del bebé. Sin forzar nada y, por supuesto, vigilando siempre el acercamiento entre ambos. Tener un bebé es una responsabilidad muy grande, pero también lo es tener un animal a cargo. Por supuesto, no se trata de poner al gato en primer lugar ni al bebé en segundo, sino de comprender que se trata de dos vidas que dependen de alguien que los cuide. Y para cuidarlos bien, hay que saber comprenderles. También es importante educar al niño en el correcto cuidado de estos bellos animales, para que no los agobien ni los maltraten sin querer. De la misma manera que nosotros aprendemos a convivir con un gato, ellos en seguida aprenden lo que deben y no deben hacer con las personas y son especialmente cuidadosos con las crías de sus amos por la sencilla razón de que en seguida comprenden lo muy importante que éstas son para ellos.

Gatos y bebés

Así, al igual que un niño entiende porqué no se le debe tirar del rabo a un gato, un gato es perfectamente capaz de darse cuenta de que no debe sacar sus uñas para jugar con un bebé. Por supuesto, por motivos de seguridad es muy importante que no los dejes solos, ya que el bebé podría hacerle daño al gato sin querer, o viceversa. Por lo demás, cuando un gato casero es querido y está bien atendido y el niño es educado en el respeto y el amor hacia los animales, lo normal es que acaben siendo compañeros inseparables.

Gatos y bebés

El tercer mito que hace que muchas familias opten por descartar la presencia de un minino en sus vidas es la recomendación que muchos profesionales sanitarios les siguen haciendo a las mujeres embarazadas: “aléjese de los gatos porque podría contagiarse de toxoplasmosis”. Éste no fue nuestro caso porque nuestro ginecólogo es un profesional bien informado. Y es que los gatos caseros que se alimentan exclusivamente con pienso no pueden transmitir la toxoplasmosis. Por la sencilla razón de que no son portadores de ella. La toxoplasmosis es una enfermedad causada por protozoos que sólo se transmite si el animal o el humano ingiere carne cruda o alimentos infectados por las heces de animales contagiados. La toxoplasmosis pasa a los humanos a través de los gatos por contacto con las heces del minino. En este sentido, es más fácil que te contagies de toxoplasmosis si comes carne en mal estado o verduras mal lavadas que por contacto con tus propios gatos. Si te preocupa que tu gato pueda ser portador porque sale a la calle y caza, acude con él al veterinario para que le hagan la prueba. Pero, aunque salga positivo, debes saber que sólo te podrás contagiar si limpias la bandeja higiénica sin protección (es decir, sin guantes).

(Imagen de portada vía Notigatos)

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