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Estoy harta de hacer que la infancia de mis hijos sea mágica

Si nuestras abuelas y bisabuelas vieran la presión que las madres de hoy en día se autoimponen, pensarían que estamos enfermas.

¿Desde cuándo ser una buena madre significa pasarse los días haciendo manualidades complicadas para los niños, convirtiendo sus habitaciones en portadas de revista con obras de arte de Ikea y vistiéndoles a la última moda, siempre combinados?

No creo en absoluto que las madres modernas quieran más a sus hijos de lo que nuestras bisabuelas querían a los suyos. Simplemente, nos sentimos obligadas a demostrarlo con ridículas y caras fiestas de cumpleaños repletas de cupcakes caseros con 18 toppings diferentes y un sinfín de regalos.

En los últimos años, me he visto metida en ese modelo paternal de cualquier cosa que hagas, yo puedo hacerla mejor, que se basa en buscar ideas en Pinterest, reproducirlas a la perfección y compartir la foto con desconocidos y amigos a través de blogs y de Facebook.

De repente, me di cuenta: no tenemos por qué hacer que la infancia de nuestros hijos sea mágica. La infancia ya es mágica de por sí, incluso cuando no es perfecta. Mi infancia no fue perfecta y no éramos ricos, pero me lo pasaba muy bien en mis cumpleaños porque mis amigos venían. Lo importante no eran los regalos, ni la decoración al detalle, ni nada de eso. Nos bastaba con explotar globos, correr por el patio y comer tarta. Bastante simple, pero mágico.

Podéis leer el resto de esta genial reflexión de la mamá y escritora Bunmi Laditan (autora de The Honest Toddler: A Child’s Guide to Parenting) en este enlace de El Huffington Post.

Hace poco, precisamente, publicaba un post muy similar sobre este mismo tema pero en clave de ironía: Y además, magia y no podía dejar pasar la ocasión de compartir este artículo que recordaba haber leído.

2 comentarios en “Estoy harta de hacer que la infancia de mis hijos sea mágica

  1. maybeadreamblog dijo:

    La infancia es mágica de por sí, ¡ que ra´zon tienes!, a veces, queriendo dar el “Do de pecho” como madres se nos olvida que lo grande está en lo simple y que aprendemos más nosotros de ellos que ellos de nosotros.
    Los cuentos…mi debilidad ¡
    felicidades por tu blog.

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