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Y además, magia

Mi bebé está a punto de cumplir los 3 meses y hasta hace nada yo me sentía súper orgullosa de haberme ido organizando cada vez un poquito mejor con las tareas cotidianas. Al principio apenas me daba tiempo para nada más que dar el pecho y cambiar pañales, y casi no comía nada que no entrara en el microondas.

Ahora, me las apaño para dar el pecho 12 veces al día, salir a dar un paseo de al menos una hora diario con mi bebé y mi perrita, vuelvo a tener la casa más o menos recogida, cocino al menos 5 veces por semana (¡benditos tuppers de mi suegro y de mi madre que nos mantienen con vida el resto de la semana!), me cambio de ropa a diario (¡y a veces, hasta está planchada!) en lugar de plantarme de cualquier manera lo primero que pillo con los ojos aún cerrados a las 5 de la mañana, salgo a la calle peinada, ya he terminado el primer álbum de fotos del peque y hasta actualizo el blog. Todo esto a costa de levantarme a las 7 de la mañana, no dormir siesta y no acostarme hasta la 1 de la madrugada, claro.

Y además magia

Bueno, pues como os iba diciendo, yo me sentía súper orgullosa por haber conseguido que mis tan solo 24 horas me cundieran como si fueran 72, hasta que empecé a leeros y a seguiros a todas vosotras, mamás-emprendedoras-blogueras, que compartís a través de vuestros blogs y las redes sociales todos vuestros trucos de magia.

Os leo cuando puedo, claro (que suele ser sentada en la taza del water o dando el pecho a las 3 de la mañana). Os leo y me emociono y me divierto con todas vuestras anécdotas y aventuras. Os leo y también me acomplejo de lo lindo, porque yo que creía que estaba consiguiendo “hacer-las-cosas-bien” (bueno, para que nos vamos a engañar: “hacer-las-cosas” a secas, y ya está), resulta que ahora, además, ¡tengo que hacer magia!

Sí, sí, magia. MAGIA con mayúsculas. M-A-G-I-A de verdad. Porque, ¿de qué otras manera se consigue hacer tanto y tan bien, como lo hacéis vosotras?

Leo a todas esas mamas que son lactivistas, que cambian pañales con una mano y con la otra hacen tartas (a mí no me compensa lo que lío en la cocina, las compro ya hechas en Mercadona), que llevan con orgullo su barriga (yo me arrastraba como podía con la mía) y hasta son capaces de bailar el Lago de los Cisnes estando embarazadas de 9 meses, que sacan unas fotos preciosas y súper creativas de cada momento del día (yo tengo mezclados los cables de mi cámara con los trastos de la Thermomix), que comparten sus recetas rápidas de comida sana (que alguien redefina el concepto de “receta-express”, por favor, porque mi peque tarda menos en romper a llorar que en lo que tardan en hacerse unas natillas de sobre), que cuelgan increíbles video tutoriales diy (lo más diy que he hecho yo últimamente ha sido montar la minicuna en el salón para después darme cuenta de que no cabía por las puertas hasta la habitación estando montada…), que salen en el Vogue por el emplatado de la comida para sus bebés (yo estoy aún en la fase-teta, así que esto me da menos envidia y me genera menos presión por el momento), que gestionan tan bien la economía doméstica que consiguen ahorran para comprar la sillita de paseo Maclaren (yo he conseguido ahorrar para ir a Kiabi) y además sacan tiempo para estimular a sus peques enseñándoles la lengua de signos para bebés (van a conseguir que me sienta culpable cada vez que le suelto en brazos a mi bebé a la primera visita que entra por la puerta para poder poner un lavaplatos), leyéndose todos los best sellers de maternidad afectiva y educación emocional que se han traducido en nuestra lengua (o no, porque algunas también son bilingües y esas son las peores, porque además presumen de lo que tú no puedes aprender a hacer por no haberte matriculado en la escuela nocturna de japonés). Y lo que es aún más importante: a todas estas mamás-magas les da tiempo a lavarse el pelo. ¡Sí! ¡En serio!

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Lee Samantha, una mamá-cocinera que se ha hecho famosa a través de Instagram.

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Queenie Liao, una mamá-artista. Las fotografías que hace a su bebé han dado la vuelta al mundo.

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Adele Enersen, una mamá ilustradora con 2 libros ilustrados publicados en relación a su maternidad.

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Mary Hellen Bowers. Una célebre bailarina profesional que estuvo bailando con agilidad y gracia increíbles durante los 9 meses de embarazo.

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Bowers llevando el cochecito de su bebé con una mano mientras hace piruetas.

Yo he conseguido cubrir las necesidades básicas de mi familia (que incluye a 1 bebé, 2 adultos, 2 gatos y 1 perra) y además, disfrutar de mi bebé y de mi recién estrenada maternidad (tanto que a veces hasta lloro. De felicidad, se entiende…) e, incluso, soy capaz de centrarme en lo que sea que esté haciendo sin fustigarme por la cantidad de cosas que aún tengo que hacer mientras hago sólo una de ellas… Pero todavía se me acumula por montañas la ropa para planchar (Miguel no para de poner lavadoras diarias, y de tenderlas, también), los gatos campan a sus anchas por la encimera de la cocina y sigo teniendo 157 mensajes de correo electrónico sin leer (la mayoría de marcas infantiles con un radar para detectar mamás-novatas con tendencia a acumular trastos-súper-útiles-que-se-acumulan-sin-usar).

Así que, desde aquí, expreso toda mi enorme admiración y mi humilde reconocimiento a todas esas orgullosas madres-estrellas (yo, que vivo instalada en mi cómoda mediocridad) que consiguen generar y repartir tanta felicidad y tener al mismo tiempo las uñas siempre recién pintadas (que os las veo en las fotos de vuestros posts, malditas).

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Y ahora os dejo, porque me he dado cuenta de que la semana pasada me di cuenta de que me tenía que cortar ya las uñas de los pies y a ver si, al mismo tiempo, puedo hacerle a mi bebé de casi 3 meses la sesión de fotos de los 2 meses y medio (que me salté no porque no pudiera hacerlo, sino porque a mí no me gusta hacer las cosas a su debido tiempo… Es como que funciono mejor bajo presión, vaya). Por cierto, una pregunta para las mamás-fotógrafas (que son todas, hagan lo que hagan): ¿cómo conseguís esa nitidez en interiores? ¿Vivís en una casa de cristal en la playa, montáis focos en casa o qué? Si es lo último, chivadme el equipo que utilizáis y, por favor, ¡que pueda adquirirse por Internet! Porque a mí, ni me da tiempo a salir de compras ni me cabe el carrito del niño en el maletero del Micra. Voy a apuntarlo en mi lista de cosas por hacer (que nunca llega a estar ni medio tachada), entre “depilarme las piernas” y “estudiar a fondo las sillas de paseo ligeras” (estudiar a fondo… jajaja, ¡qué gracia!), justo al lado de “comprar calabacines” (que ya igual ni es época…), voy a poner: “Y ahora, además, magia”.

Y además magia

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