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Ni soy una superwoman ni existe la supermamá

En mi barrio somos varias las vecinas que hemos sido mamás con pocos meses de diferencia (está claro que la década de los 30 es clave en este sentido). Como consecuencia, solemos juntarnos casi a diario a las mismas horas y en el mismo banco de la calle para hacer algo así como una concentración de cochecitos y compartir nuestras anécdotas diarias con los peques. Esta mañana he tenido una conversación de lo más interesante con una de ellas. Su niño ya tiene 9 meses y como me saca unos cuantos meses de experiencia de ventaja, siempre charlo con ella y aprovecho para preguntarle una u otra cosa sobre el cuidado del bebé. Hoy estaba bastante agobiada porque le quedaban un millón de cosas por hacer en casa. “¡No tengo tiempo para nada, he dejado de hacer yoga, me duele constantemente la espalda, tengo que sacarme leche y no sé qué voy a poner de comer hoy!”. Todo esto de sopetón y casi antes de decir “Buenos días”. ¡Y yo me sentía súper identificada! Eran las 12 del mediodía… ¡Y yo todavía no me había podido lavar la cara!

Éste es uno de los temas más recurrentes en estas reuniones espontáneas de mamis: la falta de tiempo para hacer nada. ¡Es realmente curioso observar cómo nos tanteamos las unas a las otras sólo para comprobar con alivio que a las demás les pasa lo mismo! “¿Tú puedes leer? ¡Porque yo no puedo ni escuchar música!”, me decía ayer otra mamá. “Bueno, yo puedo leer a la hora de la siesta porque doy el pecho al niño tumbada de costado en la cama y me queda una mano libre para sujetar el e-book… ¡pero a veces no puedo pasar de página!”.

Ni soy una superwoman ni existe la supermamá

No sé porqué se espera que a las mujeres les resulte más creíble la figura de la supermamá que la de Spiderman o Papá Noel. Asumámoslo ya y de una vez por todas: la supermamá no existe. Es un mito sociocultural que se ha inventado el imaginario popular como recompensa por las horas de sueño perdidas, la crianza de los niños, las labores del hogar y el intento desesperado de conciliación de la vida familiar y laboral. Pero lejos de hacernos un cumplido, nos carga con el peso gigantesco de un rol: el de la mujer multitarea. La superwoman que puede con todo y todavía le quedan ganas y fuerzas para depilarse las piernas.

Ni soy una superwoman ni existe la supermamá

En torno a la figura de la moderna mamá se han creado demasiados estereotipos sociales estúpidos, inútiles y abusivos que tienden a generarnos una frustración tremenda. Es algo así como la imagen de todas esas súper modelos que anuncian productos milagrosos que ellas no necesitan con la esperanza de que nos creamos que si los compramos podemos tener su mismo buen aspecto. Algo así… sólo que peor. Porque la supermamá no lleva una imagen asociada. No es un personaje con capa y antifaz que puedas reconocer como un personaje de ficción. El concepto de la supermamá es tan genérico y abarca tanto, que al final cada mujer puede echarse encima sus propias frustraciones en pos de este absurdo ideal.

Creo que se tiende a idealizar demasiado la maternidad. Es cierto que conlleva algunos superpoderes adicionales como ser capaz de escuchar el llanto de un bebé a kilómetros de distancia o despertarte en plena noche porque has intuido que tu bebé se ha destapado… pero tampoco es menos cierto que dejas de comer todo lo que no quepa en el microondas, el polvo se acumula en los rincones, montañas de ropa sucia esperan ser lavadas y montículos de ropa limpia aguardan que los planches, mantienes diariamente una silenciosa lucha hormonal, te vuelves ñoña y dejas de mirarte al espejo porque no tienes tiempo ni ganas de intentar combinar la poca ropa limpia que aún te cabe. Estás siempre cansada y apenas tienes tiempo para ti porque es bastante probable que a las 7 de la mañana ya estés dando vueltas con el cochecito por la calle para intentar calmar el cólico de gases de tu bebé.

Con este panorama, las crisis son normales. El cansancio las agrava y al final se hacen castillos de granos de arena. Hoy mismo, cuando Miguel ha llegado de trabajar me ha encontrado desesperada y al borde del llanto. El peque lleva días sufriendo gasecitos y como parece creer que los brazos de mamá son mágicos y todo lo curan, no quiere estar en ningún otro lugar. Y yo estaba súper agobiada porque, aunque es cierto que no tengo nada mejor que hacer que cuidar de él, hay ciertas cosas deseables (preparar algo sano para cenar, por ejemplo) y otras necesarias (como poder ir al baño antes de hacerte pipi encima) que también me gustaría poder hacer. El día sólo tiene 24 horas y a veces veo cómo se me escurren de las manos sin haber podido terminar ni la mitad de las cosas que quería hacer.

La pregunta que viene a continuación es: “¿compensa?”. Pues curiosamente sí. Compensa porque te hace prescindir de todas las tonterías que antes te preocupaban y te hace concentrarte en las cosas que son realmente importantes. ¿Por qué querer ser una supermamá si puedes ser, sencillamente, humana? Ser una persona normal y corriente te permite un grado de relajación que los superhéroes no pueden tener nunca. Te permite, por ejemplo, ser feliz estando más gorda o teniendo menos tiempo para leer o escuchar música. Y, honestamente, tiene mucho más mérito sobrevivir a los pequeños retos de cada día siendo normal que teniendo injustos superpoderes que, además, son imaginarios. ¿Y cómo se sobrevive sin poderes? Pues como llevamos haciéndolo hasta ahora: cada una como puede y todas buscando soluciones prácticas y realistas. Por ejemplo: yo le he comprado al peque un saquito de dormir para prescindir de las sábanas, mantas, edredones y colchas de cuna. Adiós lavadora y adiós plancha. ¡Y además así puede patalear y no se destapa!

Os confieso que a mí me gusta ser imperfecta. Así puedo tener metas realistas, proponerme tareas modestas y darme el lujo de cometer errores. En definitiva, puedo ser una mujer real. Lo que siempre he sido, lo que siempre seré. Puedo ser yo misma. Ni más, ni menos. ¿O acaso no tiene eso mérito?

Vale, quizás no tanto como escalar fachadas de edificios, volar sobre la ciudad o atravesar paredes, ¿pero para qué quiero yo todo eso si lo único que quiero es ver mi serie favorita cenando en el sofá?. En serio, yo lo único “súper” que quiero tener en mi vida es mi pequeña familia. Porque, tenlo claro: tú sola no, pero juntos podemos con todo.

Ni soy una superwoman ni existe la supermamá

Fuente de imágenes: Pinterest.

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